No soy muy amigo de las supersticiones. No creo en nada que no tenga una explicación racional -y razonable- detrás. Sin embargo, como muchos me habéis echado en cara el que no haya hablado de la eurocopa de fútbol en el blog, pues lo voy a explicar. El motivo es precisamente supersticioso e irracional a más no poder: cuando hace unos meses hablé de la copa del rey, mi Racing se quedó en semis. Así que por lo que pudiera pasar, decidí no hablar del tema, y ver qué pasaba. Total, el que quisiera leer de la euro para eso tiene el Marca. Y, evidentemente que no debido a esta manía absurda que me ha dado, resulta que España es campeona de Europa. Tampoco soy nacionalista -ni español, ni cántabro ni de nada-. No me gusta lo de la defensa de la patria y los valores de la tierra. No soy más o menos que nadie por haber nacido aleatoriamente donde nací. Es más, desde que se inventó internet tengo más claro que puedo tener más cosas en común con un quinceañero de Minnesota que con mi vecino de enfrente. Y sin embargo, cuando juega la selección española me mola por un solo motivo: es la única vez que todos remamos en la misma dirección. La única vez que puedo llamar a mi amigo Ramón sin hablar de su equipo, que celebro con Obélix el buen partido de Puyol o que canto canciones de Manolo Escobar con el que esté cerca de mí.
Así que ayer me encantó ver el partido con catalanes, murcianos, franceses hijos de inmigrantes y hasta algún alemán. Durante 90 minutos, uno se olvida de la crisis económica también llamada desaceleración, de la sequía generalizada que se nos avecina, de lo caro que es comprarse un piso o de las hazañas de Sabino Arana y sus colegas gudaris. Ya habrá tiempo -siendo como somos, que nadie dude que sucederá- de volver a la mediocridad mañana.
Por todo esto, bravo a Luis Aragonés, bravo a los chavales -San Iker a la cabeza-, bravo a la gente que salió a celebrarlo en masa en Barcelona, y bravo a la madre que me parió que después de toda la Euro no vio a mi vera el partido más bonito. Olé.
Pd: por si os lo preguntáis, he elegido una imagen inédita en los medios españoles, como es la fuente de St. Michel en París con su correspondiente bandera rojigualda.
Si bien la mayor parte de los chinos me parecen unos empanaos, todo el día medios dormidos, hay una variante de chinos que me dan yuyu, casi miedito. No me refiero a los que secuestraron a ya-sabéis-quién (no quiero desvelarlo para no joder a los que no han visto ya-sabéis-qué), sino a los chinos calvos y con el pelo largo.
Mi trauma viene de Al Leong, el mítico chino doble de acción que ha salido en todas las películas y series míticas de los 80 y 90. Ojo porque la filmografía del colega no tiene desperdicio: el coche fantástico, el equipo A, Arma letal, Acción jackson (!), MacGyver, Jungla de cristal, Superdetective en Hollywood 3, 2013: escape from LA, Godzilla e incluso... 24. Y yo juraría -confírmamelo Blaski- que sale en El último gran héroe, pero no aparece en Imdb. Y siempre haciendo de malo. A lo que voy. Que iba esta mañana en el metro, a lo calcomanía contra un cristal, y en esto que se abre la puerta y entra un chino de pelo largo. Era bajito, el jodío, y fingía leer un periódico de esos que te dan gratis a la entrada del metro por la mañana. Pero yo sabía que tramaba algo.
Arriesgando mi vida en pos de la actualidad periodística y la relevancia de este blog, saqué mi teléfono móvil y, disimuladamente, logré hacerle una foto. Sólo cuando estuve lo suficientemente cerca de su melena de león pekinés pude apreciar el tamaño de la caspa china. Cual si le hubieran desmigado un trozo de forespán en la cabeza, oiga. Eso sí que me ha dado yuyu. Lástima que la calidad de mi cámara en el móvil no refleje con justicia a semejante chino inquietante... y casposo.
Hacía tiempo que tenía pendiente un post sobre uno de los grupos más divertidos que he escuchado últimamente: Trébol. Trébol fue un grupo de música español formado por tres chavales a finales de los 60 / principios de los 70. Su gran momento llegó en el 71, cuando colocaron a "Carmen" en el número 1 de las listas de éxitos en España. No es mi favorita, ya que yo me quedo con "Marilyn", cuya letra dice Marilyn, Marilyn, Marilyn, Marilyn, te quiero tantooooooooo...
Además de todo esto, el padre del colega Dani Crespo era uno de sus miembros. El propio Dani se ha currado un MySpace homenaje a los Trébol en los que describe la fuerte influencia que en ellos tuvieron grupos de referencia como los Beatles y los Brincos. Él fue el que me pasó también un CD con los greatest hits de los Trébol, que me he metido en mi ipod y voy escuchando, tralarí, tralarí, en el metro parisino. Por lo visto hace algunos años, un tema suyo (creo que la misma "Carmen") aparecía en la BSO de Torremolinos 73 y hubo una especie de furor minoritario por los Trébol.
Os dejo aquí el vídeo-foto que ilustra ese gran tema de la historia de la música española. Fundamental para cualquier guateque veraniego que se precie.
Leo en el periódico de hoy que el pasado domingo murió Stan Winston, maestro de los efectos especiales y el maquillaje en múltiples clásicos de los 80 y los 90. Él fue, por ejemplo, el responsable del diseño del terminator, de darle vida a los dinosaurios de Jurassic Park, de crear las manos de Eduardo Manostijeras, de montar un bicho de cuatro metros de alto que se convirtió en la reina Alien, del traje de Predator y, últimamente, del diseño de la armadura de Iron Man. Escenas como el estornudo del brachiosaurus sobre la niña repelente en JP, la batalla final de Aliens o aquella en la que Schwarzenegger se abría el brazo en canal y dejaba al desnudo su esqueleto mecánico salieron de las manos de este genio bajito y feucho llamado Stan Winston.
Tremenda la labor de Stan, no sólo en los 80, donde los efectos mecánicos eran los reyes, sino a partir de Terminator 2 y Jurassic Park con la tecnología digital de por medio, gracias a la cual supo confundir a la gente hasta el punto de que todavía hoy resulta difícil determinar qué plano es digital y en cual sale una marioneta de Stan. Más aún, yo diría que el gran error del inefable George Lucas ha sido olvidarse completamente del mundo de Stan y lanzarse en los brazos del pixel mágico que muchas veces no aporta nada. Gracias Stan, nuestra infancia no habría sido la misma sin ti.
Acabo de leerme mi tercer libro en tres semanas. En esta ocasión, ha caído Un día de cólera (por si lo estáis pensando, la película era un día de furia), de Arturín Pérez-Reverte a propósito de los sucesos del 2 de mayo de 1808 en Madrid. Siempre he dicho que Reverte es un diez como articulista/ensayista y un cinco como novelista. Depende de la novela (El club Dumas, El maestro de esgrima) puede subir hasta el siete, pero no más.
Sin embargo, oh mustios collados, en Un día de cólera nos ofrece una descripción narrada del dos de mayo espectacular. No es ya el hecho de que Reverte se lo curre como en él es habitual, presentando nombres y apellidos, bares, calles y circunstancias que sucedieron allí con total exactitud, sino que encima consigue entretejer historias de una manera fascinante. La más importante de ellas, claro está, la de los capitanes Daoiz y Velarde en el parque de artilleros de Monteleón.
Pero lo fundamental del libro, hecho un aparte con la heróica defensa de Monteleón y el consiguiente mosqueo de Murat (entonces gobernador militar de Madrid nombrado a dedo por un tal Napoleón), es la disección de la lógica -no añadiré el epíteto racional en este caso- que movió a esos hombres y mujeres a batirse armados de navajas, escopetas de caza y macetas con el mejor ejército del mundo. Motivos que van desde el orgullo patrio hasta el propio, pasando por vendettas personales, provocación del invasor, compañerismo y por qué no locura. Y sólo leyendo cómo era Madrid -cómo éramos nosotros- hace doscientos años es cuando uno se pregunta si queda algo de aquellos españoles en los que hoy llevamos el DNI en la cartera. Y sólo entonces uno se plantea si hemos cambiado, y si lo hemos hecho para bien, o para mal.
Desde la misma nación que nos dejó a los Monty Python, llega un vídeo buenísimo en el que se anima a los futboleros ingleses, ante la eliminación de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda de la Eurocopa, a apoyar a España. Tremendo vídeo. PD: ¿podemos?
Resulta que, si muchas veces hago comentarios mordaces de los chinos, he descubierto una gente todavía más comentable: los filipinos. ¿Cuál es la diferencia entre un chino y un filipino? Pues que unos fueron un imperio toda su vida y los otros fueron colonizados... por nuestro imperio. Es decir, tenemos a unos seres humanos por cuya sangre corre sangre china y española. Lo máximo. Sólo hay que ver el país cómo es de maravilloso.
A lo que voy. Si hace un par de años hablábamos del boom de los back dormitory boys, esos dos chinos que se ponían delante de una webcam a cantar canciones -el mote les vino de la primera de ellas, I want it that way, de los Backstreet Boys-, ahora os pongo aquí a estos dos maravillosos filipinos sin nombre comercial asignado, que nos deleitan no sólo con sus expresiones faciales, dignas de encomio, sino también con unas coreografías trabajadísimas -ojo al solo de guitarra de Brian May en Bohemian Rhapsody, reinterpretado para fregona- y un decorado típicamente filipino -ojo al presumible bote de Cola Cao en las estanterías de la izquierda-.Os dejo los dos mejores, pero tenéis más en youtube. Enjoy-
El otro día salió un estudio que dice que siete de cada diez españoles prefieren el fútbol al sexo, y el 63% de ellos planifica su vida en torno a los partidos de fútbol.
Lo primero que hay que decir es que es un mal estudio. Hablar de "sexo" y de "fútbol", en genérico, es distinto que "ir de compras" o "ir de compras por los Campos Elíseos" o "ver una película en el cine" y "ver Indiana Jones y el Guión de la Muerte". Habrá que precisar, pues, de qué "fútbol" y de qué "sexo" estamos hablando."Fútbol", así en general, hay todas las semanas. Puede ser un Madrid-Barça o un Extremadura-Pontejos, pero haberlo, haylo. Así que lo primero será preguntarse: ¿tiene usted sexo todas las semanas? De acuerdo con la media europea, que creo que es de tres relaciones sexuales a la semana, la respuesta parece que es afirmativa.
Ahora bien, hay partidos y partidos, igual que hay polvos y polvos. Preguntarle por ejemplo esta cuestión a mi primo Obelix o a mi amigo el señor Argelina cuando el Madrid juega una final de Champions es ridículo. De hecho, no creo que a ninguna mujer con cabeza sobre los hombros -y corazón en el pecho- se le ocurriera ponerles en la disyuntiva. O ahora que vienen los partidos de la selección, que son una vez cada dos años -según toque Eurocopa o Mundial-, idem de lienzo.
Sin embargo, también habría que haber preguntado por la alternativa, es decir, el sujeto pasivo del polvo. Porque no es lo mismo sexo con la pareja habitual que con, pongamos un ejemplo elegido al azar, Laetitia Casta, que de casta debe tener bien poco.Lo cual me lleva a formularme la pregunta definitiva en torno a este tema: ¿es mejor ver una final del Mundial con España metida o tirarse a Laetitia Casta?
Ahí os dejo la reflexión, y cierro el post antes de buscarme un lío...