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Las Increíbles Aventuras de Tony Stark (o Iron Man 3)

Hoy he hecho mi primera maratón. No ha sido en la carretera, sino en una sala de cine. Desde la una de la tarde hasta las once y cuarenta de la noche, diez horas y media en las que hemos repasado las dos primeras Iron Man, hemos revisitado Los Vengadores y hemos descubierto Iron Man 3 en preestreno. 

Del ambiente, muy geek, me han sorprendido dos cosas: la cantidad de mujeres que había (no todas gordas y feas) y la moda del cosplay, el disfrazarse para ir a eventos. El premio se lo hemos dado a una moza que iba con top y minifalda con motivos ironmanianos. Iron Slut, la hemos bautizado merecidamente.

Mi primera conclusión: el primer Iron Man es una gran película de superhéroes, probablemente mi favorita de Marvel con X-Men 2 y X-Men Orígenes. A pesar de tener cinco años los efectos son impresionantes, y el resto, del guión a la música (importante detalle) está muy bien cuidado. 

Iron Man 2 sufrió el síndrome del taquillazo: antes el (inesperado) éxito de la primera, Marvel buscó sacar una secuela mientras el Hombre de Hierro todavía estaba candente, y lo hizo pese a un guión que se sostiene con pinzas. 

Los Vengadores es un guilty pleasure: cuando la vi por primera vez no me encantó, pero a base de insistir mi amigo Cyril, al final la he cogido cariño, y la BSO me parece de lo mejorcito que ha hecho Alan Silvestri desde Forrest Gump.

Todo eso para decir que esperaba bastante de Iron Man 3. Hacer una película peor que la 2 con Robert Downey Jr. era complicado. La presión era para Shane Black, guionista de las Arma Letal en los 80 y con poca experiencia detrás de la cámara. Pero hey, Jon Favreau venía de haber sido novio de Mónica en Friends. 

El problema de las terceras partes es que nadie -ahí el mérito de Chris Nolan- piensa en ellas cuando escriben un arco argumental. Así uno se encuentra con la ridiculez que fue Superman III después de dos grandes películas, el delirio de Batman Forever o el Peter Parker cantarín de Spider-Man 3. 

Iron Man 3 sufre el mismo problema, con el añadido de que llega un director nuevo con un ego tan grande que no cabe en una armadura, y se fija como objetivo hacer una película de superhéroes a la vez inteligente y espectacular. Y Shane Black fracasa estrepitosamente en ambos puntos. Porque los efectos han progresado cero desde 2008. Porque la historia es tonta -a pesar del potencial que tenía la premisa de una armadura integrada en el cuerpo de Tony Stark-, incluida un final que parece una venganza contra Richard Donner y su final en Arma Letal 2. Y sobre todo y principalmente porque Iron Man 3 se podía haber llamado "Las Increíbles Aventuras de Tony Stark" y habría sido menos mentiroso. 

Die Hard 5: un buen día para matar una saga

El título es fácil pero creo que resume el propósito: la quinta película de Die Hard / La Jungla de Cristal, es tan innecesaria y prescindible como la anterior, y me hace temer que, sí amigos, es el momento en el que Bruce Willis debe dejar a John McClane -su personaje fetiche- de lado y disfrutar de un final de carrera lo más digno posible. 

El problema de esta saga es que alguien en la Fox no ha entendido la ecuación de Die Hard: Bruce Willis, una unidad de espacio (un edificio, un aeropuerto, una ciudad), un malo que mole y un giro argumental que te deja patedefuá. Ah, y un yippee-ka-yay motherfucker al final.

Esta quinta parte arrastra un guión absurdo en Rusia en el que Bruce Willis apenas tiene tiempo de encajar un par de chistes, de los cuales uno sobre la guerra fría. Jai Courtney, que me encantó en Jack Reacher, aquí pasa sin pena ni gloria. Y para colmo el malo no es ni amenazador ni especialmente brillante. Eso sí, la peli tiene una persecución en coche por el centro de Moscú nada inteligentemente rodada pero sobrecogedora en medios (por una vez no son Ford Escorts los destrozados, sino hasta un Porsche Boxter) y un par de planos de acción al final de la peli bastante logrados. 

A pesar de las dos últimas, yo creo que se podrían seguir haciendo películas de la John McClane con dos condiciones: un buen guión menos megalomaniaco y un director que sepa mover la cámara se ocupe del tema. Ninguno de estos requisitos se cumplieron en las dos últimas entregas de la saga.

Bruce Willis ha anunciado que habrá sexta parte. Sea lo que sea, para mí, la Jungla de Cristal sigue siendo, un pelo por encima de Indiana Jones y ahí ahí con el Batman de Nolan, la mejor trilogía (mejor = mayor calidad media de las tres primeras películas) que hay ahí fuera. Yippee-ki-yay, John McClane.

La realidad siempre supera a la ficción: Zero Dark Thirty

Como lo oyen. Zero Dark Thirty es la historia de la mayor caza al hombre de la historia de la humanidad, la que lideró Estados Unidos contra Bin Laden después del 11-S. Y Zero Dark Thirty es una gran película porque en casi ningún momento -los actores conocidos la delatan- se da uno cuenta de que está viendo una película, y no un documental. 

A eso contribuyen dos cosas: la dirección de Kathryn Bigelow y Jessica Chastain. La primera, como demostró en su Hurt Locker, sabe exprimir la tensión de escenas de transición como una hamburguesa a mediodía en la cantina del trabajo. La segunda, una total desconocida para mí, compone un personaje central increíblemente creíble. Uno acaba convencido de que sí, que es una mujer cuya única obsesión, el hombre de su vida, es el terrorista más buscado del mundo. 

Lo único que le achaco es que, como casi todos los documentales, se hace demasiado denso (¿demasiado real?) en ocasiones. Pero por lo demás Zero Dark Thirty, la historia de la caza de Osama Bin Laden es una muestra más de que, casi siempre, la realidad supera la ficción.

Django, chained

Hay pocos directores que generen tanto amor y odio como Quentin Tarantino. Sus interminables diálogos, su violencia brutal, sus actores insólitos, sus bandas sonoras inconexas, forman un universo único, personal. Django Unchained forma parte de la mitología tarantiniana al ir poniendo una equis en todas y cada una de las casillas mencionadas. 

Desde mi punto de vista la filmografía de Tarantino es consistente en estilo, pero no en calidad. Para mí tiene una película por encima del resto -Pulp Fiction-, un par de ellas que cualquier director habría considerado su obra maestra -Kill Bill y quizá Reservoir Dogs-, un puñado de películas con momentos brillantes -Jackie Brown, Inglorious Basterds- y un par de mierdas -El bulevar de la muerte, Four rooms-. Pues bien, además de los ya mencionados, para mí todas esas películas tienen un punto en común: nunca me aburrí viéndolas. Con Django Unchained me he aburrido. Me he aburrido un huevo.

Y es que dos horas y tres cuartos de película, en la era de YouTube, hay que saberlos llevar. Y Tarantino, en este caso, no sabe. Por hacer una analogía baloncescística, el segundo y el cuarto cuarto se hacen largos. Es especialmente llamativo que la última media hora se haga tan cuesta arriba. Sí, acaba con un BANG como todos los Tarantinos, pero cuando llega el momento de la explosión uno lleva un rato deseando que se acabe. 

No es el principal problema de la película, pero los actores están regular en su gran mayoría. Jamie Foxx no es carismático en ningún momento y no da esa sensación de estar desatado que, según el título de la película, debería dar. Christoph Waltz tiene un personaje de brillante diálogo pero interés limitado, y Leonardo Di Caprio mola pero le cortan el rollo demasiado pronto para mi gusto. Ah, y alguien tendrá que explicarnos por qué el padre de Dexter está en todas partes. 

Ojalá QT hubiese tenido la misma facilidad que tiene para sacar el revólver a la hora de sacar la tijera. En su estado actual, Django está encadenado. Encadenado a interminables bobinas de metraje.


PS tras acabar esta crítica leo que es el primer Tarantino no editado por Sally Menke, su montadora habitual, que murió en 2010. Tout s'explique.


Get Jack Reacher

El otro día mientras escribía sobre Batman para JotDown lo pensaba: desde que tenemos internet nos pasamos meses esperando películas, viendo fotos, clips, making ofs y cosas así. Y perdemos el efecto sorpresa de meterse en una sala de cine a ciegas, sin saber qué va a pasar. 

A mí hacía mucho tiempo que esto no me sucedía. Y me ha pasado con Jack Reacher, la última película de Tom Cruise. Ni leí el artículo en Empire. Ni siquiera había visto el tráiler. Nada. Mi única referencia era el prejuicio de un actor que me conozco de memoria. Y al pensar en Tom Cruise + película de acción, la ecuación dice que el resultado es un familiar de Mission Impossible. 

Jack Reacher parece una película de los setenta, aquella época de acción con cámara fija y efectos hechos a mano. Aquella época en la que los malos tenían un plan simple y los buenos eran personajes a contrapelo. Jack Reacher podía haber sido protagonizada por Clint Eastwood en 1977 y habría sido la misma película.

Podría darle todo el mérito a Christopher McQuarrie, guionista de Sospechosos Habituales y responsable de guión y dirección en Jack Reacher. Sin embargo, le voy a dar su parte a Tom Cruise: hace años que no me aburro con una película protagonizada por nuestro cienciólogo favorito. A ver con cuántos actores pasa lo mismo.

Argo pasa con Ben Affleck

Nunca me ha caído especialmente bien el actor Ben Affleck. Sin embargo, desde que hace un par de años vi The Town empecé a sentir respeto por el realizador Ben Affleck.

Argo es, como The Town, una película con un ritmo fascinante, de esas que te dejan pegado a la butaca hasta que ruedan los créditos. Una película basada en una historia real que, como The Town, podría haber sido hecha hoy o hace veinticinco años. Actores sobrios -Bryan Cranston con pelo pierde... un pelo-, fotografía cuidada, banda sonora que suma sin estorbar y un montaje milimétrico son los ingredientes de Argo. Más que suficiente para mí. 

Como decía Goldfinger, dos veces son coincidencia. Voy a tener que ponerme un día de estos Gone baby gone y comprobar si la cosa es para tanto.

El Hobbit, una película innecesaria

Nunca es bueno ir al cine con pereza. Las tres primeras películas de El Señor de los Anillos me gustaron sin entusiasmarme, y aún creyendo que la cosa va de más a menos. Después de recaudar muchísima pasta con la anterior trilogía, era cuestión de tiempo que adaptaran El Hobbit (y ojo al Sylmarilion coming soon). Al final no sólo han adaptado El Hobbit, sino que lo han exprimido en tres películas, de las cuales la primera es Un viaje inesperado. Tres horas de viaje con hobbits, enanos y Gandalf perseguidos por orcos a través de Nueva Zelanda. Sólo nos falta Viggo Mortensen para volver a 2001. 

Técnicamente, la novedad de la película es haberla rodado a 48 fotogramas por segundo en lugar de los 24 habituales. Luego está el tema del 3D, que yo hábilmente volví a evitar. Pues bien, visualmente la película está al mismo nivel visual de sus tres predecesoras, lo cual no está mal si pasamos por alto los nueve años que han pasado de El retorno del rey. 

El guión no ayuda en la tarea. No he leído El Hobbit -suficiente tiempo perdí en las páginas de Los Anillos- pero da la impresión que la estructura es exactamente la misma, sustituyendo al Monte del Destino por la Montaña Solitaria y poco más. Sólo hay una escena para el recuerdo, en la que Gollum se enfrenta a un duelo de adivinanzas con Bilbo con un tono más cercano a Monkey Island que a Tolkien. 

Y ahí está el punto fuerte del Hobbit, en el propio protagonista: Martin Freeman, el oficinista de The Office y doble de luces en un rodaje porno en Love Actually lo borda como ser pequeño y peludo, muy superior al melodramático Elijah Wood de la trilogía anterior. El resto del cast está bien, sobre todo un Ian McKellen de vuelta de todo y Andy Serkis y un montón de motion capture como Gollum. 

La pregunta que me queda en la cabeza es qué necesidad tenían de hacer esta película. ¿Artístico? Dudoso, pues la película no tiene mayor interés. Económico, sin duda, puesto que llevan 445 millones de dólares recaudados. Con ventas de deuvedés y tal llegará a 600 fácil. Aún así, otra vez un pálido reflejo de sus predecesoras. 

No tengo ningún interés en ver más aventuras en la Tierra Media. Y aún así -maldita sea- estoy seguro de que iré, arrastrando a mi pereza, a ver la siguiente parte de esta historia interminable. 


Taken, take 2.


Por alguna razón que se me escapa, a todo el mundo que vio Taken le gustó. Una película de acción como hay cientos, pero quizá con una mezcla un tanto particular entre la falta de complejos del guión, el ritmo del montaje y un Liam Neeson espectacular, empezando todas sus frases con un "listen to me very carefully..." y acabando por su lista de habilidades muy particulares.

Lo más interesante del fenómeno Taken es cómo la cultura internet ha convertido al propio Liam Neeson en un meme, en un Chuck Norris 2.0, y cómo el actor irlandés ha aceptado encantado el papel, y se cachondea de sí mismo a la menor oportunidad.

Como era de esperar, la segunda parte ha tardado en llegar pero ha llegado. El problema es que, como suele pasar en las secuelas, intenta parecerse demasiado al original. Ahora el giro es que el secuestrado es el propio Liam Neeson, y es su hija la que debe rescatarle. La cosa da para lo que da, hora y media de persecuciones y el antiguo agente de la CIA Bryan Mills matando gente con o sin arma. 

Para el recuerdo queda el método que enseña Liam a su hija para localizarle a base de lanzar granadas en pleno centro de Estambul. Aparte de eso no hay gran cosa, ninguna pelea o persecución particularmente para el recuerdo, ninguna frase como en la primera película. Ni siquiera el malo, el gran Rade Serbedzija (Boris the Blade en Snatch), parece una gran amenaza para una walking killing machine como Bryan Mills. 

Harán tercera parte, seguro. El guión será igual de previsible. Y aún así, iremos a ver a Liam Neeson una vez más. Es lo que tienen los actores con una lista de habilidades muy particulares

The Dark Knight Rises: el verdadero Batman forever

Superman 3 estaba protagonizada por un cómico negro y alcohólico.
En Spider-man 3, Peter Parker cantaba por la calle.
Los ewoks salían en la tercera parte de Star Wars. 
En Robocop 3,  Robocop volaba. 
Y El Padrino parte III es directamente una puta mierda de película. 

Toda esta introducción para explicar hasta qué punto es jodido hacer una tercera parte buena, y más después de dos primeras partes brillantes.

Christopher Nolan venía de reinventar a Batman en cine con Batman Begins, y a hacer una obra maestra que iba mucho más allá del cine de superhéroes en The Dark Knight. El problema era manejar las expectativas de la gente. Como dice Empire en su crítica de la peli, The Dark Knight Rises podía haber tenido un unicornio que echase rayos arcoiris por los ojos, y aún así el personal seguiría diciendo que no es tan buena como The Dark Knight. 

Bueno, pues yo voy a decirlo: The Dark Knight Rises es otro peliculón. 

Si Batman Begins era la puerta de entrada a un universo en el que Batman es creíble, y The Dark Knight era una película de Michael Mann con un payaso, TDKR es una película de acción dentro de una película de catástrofes que cierra la historia de Bruce Wayne, versión Christopher Nolan. Y cómo la cierra. 

Como en las dos anteriores películas, el reparto es tremendo. Si bien Christian Bale me parece mejorable como Bruce Wayne y sobre todo como Batman, los dos secundarios principales (sí, han leído bien), Gary Oldman y Michael Caine, lo bordan. Además, fantásticos los tres fichajes de Anne Hathaway -y su Catwoman en la bisectriz entre Michelle Pfeiffer y la vecina del quinto-, del pobre Tom Hardy, que tiene que basar su interpretación en su físico y su mirada, y de Joseph Gordon-Levitt, que hace serio un personaje que siempre ha sido de risa. 

Otra novedad es la fotografía: TDKR es la primera película de Batman que sucede de día. La música de Hans Zimmer, en cambio, recupera temas ya existentes y añade una pieza tan brutal como el malo de la función, Bane. 

Pero bueno, que el mérito de la función tiene nombre y apellido, y es el de Christopher Nolan. Un tipo que supo ver a Batman como algo más que un personaje de cómic, y supo integrarlo en el mundo real hasta convertir su historia en algo real, en algo creíble. Y lo hizo a través de tres películas increíbles. 

La revancha de los frikis: The Amazing Spider-Man

La película definitiva sobre Spider-Man todavía no ha llegado. Esta es la conclusión que saco después de ver la cuarta versión del trepamuros en diez años. 


Relanzar la franquicia no me pareció mal, porque después del Spider-Man 3 de Sam Raimi, en el que Tobey Maguire iba cantando por la calle, falta le hacía un lavado de cara a la cosa. El lavado de cara se llama Marc Webb y Andrew Garfield. El problema del lavado de cara se llama Vic Amstrong y James Horner. 


Por un lado, tanto director como protagonista cumplen. Webb -qué apropiado nombre para ocuparse del hombre araña, pardiez- parece más interesado en hacer una película sobre Peter Parker que sobre su alter ego. Y, como pasaba en Batman Begins, tarda una hora en sacar al héroe en pantalla. Y, como Batman Begins, consigue que la espera no se nos haga pesada.


Garfield es un Peter Parker totalmente distinto del anterior. Si el otro era un nerd de perfil bajo, éste es un geek de la era Facebook: va en skate, tiene sentido del humor y un pelín de mala leche. Estos dos últimos puntos fundamentales para componer un buen trepamuros.


Lo malo de rebootear una franquicia como Spider-Man, es que hay que hacerlo entero. Aparte de que los productores siguen siendo los mismos, la acción no aporta nada y la música es sonido de fondo. Esto se debe a que la segunda unidad la lleva Vic Amstrong, que para hacerse a una idea de lo fresco del personaje, doblaba a Harrison Ford como Indiana Jones. La música es de James Titanic Horner. Al menos, eso sí, nos hemos quitado de en medio al pelma de Danny Elfman.


En fin, que aún dejándose ver, The Amazing Spider-Man no está al nivel de otras pelis de Marvel como la primera Iron Man o la precuela de X-Men que vimos el verano pasado. Así que a la espera de que alguien se decida a hacer la película de Spider-Man definitiva, seguiremos esperando la conclusión de la trilogía de Batman made in Christopher Nolan.

Prometheus y el efecto overpromise

Varias precisiones preliminares sobre Alien:
- tardé veinticinco años en ver Alien, y eso a pesar de que se rodó tres años antes de que yo naciese. 
- la mejor me parece la segunda, con James Cameron convirtiendo una saga de terror una película de acción acojonante
- la cuarta me negué a verla por ser del mismo realizador que Amélie.


Dicho lo cual, me apetecía mucho ver Prometheus. Entre otras cosas porque, aparte del gran Ridley Scott, uno de los protagonistas es Michael Fassbender, posiblemente el mejor actor ahí fuera hoy en día.  Prometheus se anunció durante mucho tiempo como un proyecto de ciencia ficción totalmente independiente de cualquier película. Sin embargo, hace ya unos meses que Scott admitió que, efectivamente, él también se había subido al carro de las secuelas. Y, honestamente, me parece más el carro de Star Wars que el de El planeta de los simios. 


Vaya por delante que, visualmente, la película es la rehostia. El diseño de vestuario, la fotografía, los decorados, los efectos... todo una pasada. A partir de ahí, la cosa decae. Sobre todo por el guión, creo yo. Aún a sabiendas de que se trata de la primera de una trilogía que debería llevar hasta el Nostromo de Alien 1, creo que deja demasiadas cosas en el aire y el guionista del invento se fuma bastantes puros.


Creía que Prometheus iba a ser la película del verano, y acabó siendo, como decimos en publicidad, un overpromise. Ahora ya sabemos que ese título va por defecto al nuevo y último Batman de Chris Nolan. Esperemos.

Los Vengadores: las partes y el todo

Iron Man, Hulk, Capitán América y Thor. Todos ellos con su(s) propia(s) película(s), todas ellas comentadas en este blog. Los Vengadores (que creo que en España mantiene su título en inglés, vaya usted a saber por qué) es una reunión de las virtudes y los defectos de cada uno de esos títulos. 


El resultado de Los Vengadores es que la suma de sus partes es lo que prometía: dos personajes mal concebidos, mal escritos y mal interpretados -Thor y sobre todo el Capitán América-, un personaje mejor de lo esperado -el Bruce Banner / Hulk de Mark Ruffalo- y un personaje maravilloso como siempre -Robert Downey Jr / Iron Man-. 


El problema de las películas corales es que es muy difícil conseguir que a uno le interesen no ya cada personaje de manera individual, sino la interacciones entre ellos. Por eso hay que reconocerle el mérito a Peter Jackson y su Señor de los Anillos. El caso de los Vengadores no es el mismo: en la primera mitad de la cinta da la impresión de que Josh Whedon, el director de la función, cronometra el tiempo en pantalla de cada personaje, saltando de uno a otro según marque el reloj. Así que, con contadas excepciones, me aburrí bastante en toda la parte introductora de buenos, malos, amigos y enemigos. 


Eso sí, si pasamos por alto el guión escrito en torno a un MacGuffin guarro al más puro estilo Transformers, y nos olvidamos del papelón del pobre Chris Evans, que es tan expresivo como lo que es, una bandera estadounidense con patas, los Vengadores tiene sus momentos. Los mejores, siempre, protagonizados por Tony Stark y por Hulk. Y la batalla final, que es un in your face en toda regla a Michael Bay.


La duda que me queda es qué pasaría si en esta película hubieran tenido cabida los otros dos personajes clave del universo Marvel, Lobezno y Spider-Man, cuyos derechos fueron vendidos de manera separada para sacar más pasta, y ahora seguro que en Marvel se dan cabezazos contra la pared. 


Así las cosas, no me he quedado con más ganas de Vengadores... y en cambio no puedo esperar para otra ronda de Iron Man.


PD: la imagen que dejo es de una maravillosa campaña de promo de la película, cortesía de la agencia Wieden & Kennedy para el supermercado Tesco. La campaña entera está aquí.

The Grey: Liam Neeson (contra)ataca

Desde que vi Taken tengo una especial debilidad por Liam Neeson. Quizá la cosa venía de antes, de su papelón en Love Actually. O quizás por ser de lo poco rescatable de La Amenaza Fantasma. En cualquier caso, Taken le convirtió en un héroe de acción fundamental.


Así que cuando anunciaron The Grey, me pasé meses esperando el estreno de la que en internet titularon extraoficialmente "The Wolf Puncher". Y la verdad es que valió la pena. 


The Grey es, sin duda, la película más intensa que he visto en los últimos tiempos. No intensa de acción -puesto que no sucede gran cosa- sino intensa precisamente por aquello que esperas que pase... y casi nunca llega. 


A diferencia de Taken, que era una maravillosa cinta de acción que en ningún momento se tomaba en serio, The Grey es una historia de un realismo escalofriante, y he ahí su fortaleza: consigue que el espectador pase el mismo frío y la misma angustia que los protagonistas. Aunque, eso sí, los once euros pagados garantizan salir con vida de la sala.


Liam Neeson, protagonista absoluto de cada una de las escenas de la peli, justifica su sueldo bordando el papel de John Ottway, un tipo que se gana la vida defendiendo a los trabajadores de una instalación petrolífera del ataque de lobos. Cuando sufre un accidente de avión en medio de las montañas, Ottway y una serie de supervivientes tienen que enfrentarse a una manada de lobos. A partir de ahí, lo demás es un cruce de "¡Viven!" con "Diez Negritos" con Liam Neeson de protagonista. Y sólo por él, ya vale la pena comprarse la entrada. 

Chronicle: superhéroes como nosotros

X-Men meets Heroes meets La Bruja de Blair. 
Con este planteamiento me fui a ver hoy, noche de Oscars, una película que no entra en el radar de la Academia: Chronicle. 


Se trata de un falso documental sobre tres adolescentes que reciben superpoderes y tienen que aprender a la fuerza aquello que decía el tío de Spider-man de que todo poder conlleva una responsabilidad. De hecho uno de los personajes explica en un momento dado que los superpoderes son como un músculo: hay que hacerlo fuerte poco a poco, o se corre el riesgo de que se rompa.


Dicho esto, Chronicle vale la pena. Es la primera vez, Batman Begins incluido, en el que me creo a pies juntillas el arco que lleva a tres pajilleros a convertirse en superhombres. Eso sí, lo del estilo de falso documental me parece totalmente prescindible, porque una cosa es creerse la historia dentro del marco de ficción y otra llegarse a plantear que la cosa es real... lo que en La Bruja de Blair, que me pilló con quince años y sin escepticismo googleiano, sí que sucedía.


En cualquier caso, antes del atracón de máscaras y leotardos que nos vamos a pegar este verano entre The Dark Knight Rises, The Amazing Spider-Man y Los Vengadores, Chronicle -como Kick Ass en 2009- viene bien para desengrasar el género y hacernos creer que otro tipo de película superheróica es posible.




J Edgar: la larga vida del oficinista

J Edgar Hoover fue, durante años, el tipo más influyente en la política norteamericana. Desde su despacho de director del FBI acumulaba montañas de información privada de políticos, banqueros, actores y un largo etcétera, recogida de manera mayoritariamente ilegal a lo largo de cuarenta y ocho años de mandato. 


El problema de todo esto es que casi todo lo hizo sentado en una silla, con un teléfono a su lado. Y con semejante panorama es difícil hacer una película.


Quizá es por eso que Clint Eastwood parece interesarse más por el lado personal de Hoover, atrapado entre una madre ultraconservadora (y que acojona, puesto que la interpreta Judi Dench) y una cierta pulsión homosexual.


El segundo problema de la película es, para mí, el cásting. Contratar a Leonardo Di Caprio para encarnar al protagonista me parece un error de bulto. Di Caprio es demasiado conocido y tiene demasiada mili a la espalda como para resultar creíble. Además, más o menos la mitad del metraje -que se estructura en torno a demasiados flashbacks y flashforwards- muestra a un anciano Edgar Hoover, lo que implica un Di Caprio maquillado hasta el absurdo. 


En fin, que J Edgar me parece un biopic fallido. Lo cual no quiere decir que a Leonardo Di Caprio no le pueda caer un Oscar por ello. 

Misión imposible con estos mimbres

Le tengo un cierto cariño a la saga de Misión:Imposible. La primera me pareció maravillosa, una especie de James Bond con una trama más cerebral y tramposa. La segunda fue como una montaña rusa, descerebrada pero espectacular. Luego llegó Bourne y redibujó el panorama del cine de espías, haciéndolo más realista, más sucio. Bond respondió con Daniel Craig y Casino Royale, M:I con una tercera parte mucho más intensa que cualquiera de sus predecesoras que se abría con una escena de tortura cojonuda. 


Al igual que Bond, las películas de M:I siempre tienen un director diferente. A diferencia de Bond, los guionistas de M:I siempre son distintos. Y una cosa es darle un guión parecido a Brian de Palma, John Woo y JJ Abrams, y otra que cada película se parezca a la anterior en que sale Tom Cruise y poco más. 


En esas estábamos cuando se estrenó Misión:Impossible 4: Protocolo Fantasma. El director elegido esta vez es Brad Bird, que venía de firmar una película que podía haber sido genial y que en cambio es aburridota como Los Increíbles. 


Por su parte, el guión podría ser perfectamente el de uno de los Bonds de Pierce Brosnan, product placement de BMW y Apple incluidos. 


Pero lo que más me ha sorprendido de la película es la poca acción que hay. Poquísima. Y en una película así, o contratas a Paul Haggis para que te escriba los diálogos como hicieron en Casino Royale, o tienes un guión a prueba de bombas, o tienes un Michael Bay moviendo la cámara. Y M:I:4 no tiene ninguna de las tres cosas. 


Después de cuatro películas, dos cosas son evidentes:
1) Tom Cruise tiene 50 años y se empieza a notar. Si el relevo es Jeremy Renner -que ya tiene 40- mal vamos.
2) Ya nadie sabe de qué va la saga Misión:Imposible. ¿Es cine de espías para adolescentes? ¿Es cine de acción inteligente? ¿Es parodia de 007 y Jason Bourne? Personalmente creo que el desafío como el título indica, es 
conseguir plantear escenarios inconcebibles para el espectador a priori, y que sin embargo después se resuelvan de manera creíble. 


No sé qué taquilla hará este M:I:4, y tampoco sé si Tom Cruise resistirá una entrega más. Yo si fuera el propio Cruise, a la sazón productor del invento, haría lo que nadie ha tenido el coraje de hacer hasta la fecha: envolver Misión:Imposible 5 con un lacito y regalársela a Quentin Tarantino.


PD: de imagen os dejo lo mejor de la cinta, las dos mozas del invento. Cada una en su estilo, tremendísimas.

Tintín: GRACIAS Mr Spielberg

Vaya por delante que una de las dicotomías que me corroen por dentro -creo que de esto ya hemos hablado aquí- es la que separa a Tintín de Astérix. Pues bien, desde que ayer vi El Secreto del Unicornio, versión Spielberg, la dicotomía está un pelín decantada hacia el reportero belga dibujado por Hergé.


La película me ha parecido, sencillamente, tal cual yo lo imaginaba cuando recorría las viñetas de Hergé con mis ojos de niño primero, y de (algo) mayor también. Como me la describió mi tintinófago amigo Sebas, la película es sobrecogedora. Y así me sentí en el cine, con la boca abierta y acertando sólo a mascullar "joder" de vez en cuando. 


Además, El Secreto del Unicornio siempre fue mi álbum favorito de Tintín, con ese velero con un unicornio en proa y toda la historia que lleva a descubrirnos Moulinsart por vez primera. Para ser estrictos, la película es una mezcla de las historias de El Secreto del Unicornio, El Tesoro de Rackham el Rojo y El Cangrejo de las Pinzas de Oro. Sin embargo, el guión está tan bien tejido que parece que los tres álbumes jamás hubiesen sido publicados por separado. 


Siempre he sido muy de Spielberg, aunque tras la última y penosa aventura de Indiana Jones me empecé a plantear si no se estaría haciendo mayor. Cual paloma de Alberti, me equivocaba. Vaya si me equivocaba. Tintín es sin duda la mejor película de aventuras que he visto en años, me pregunto si desde -glups- La Última Cruzada. Todo es perfecto desde los maravillosos títulos de crédito hasta el gran primer plano de Milú con el que, como hacía Hergé, cierra la historia.


La pregunta es ¿qué opinarán de ella los pobres desgraciados que nunca leyeron a Hergé? Spielberg explicaba en una entrevista que la idea es que se acerquen a la película como lo hicieron a, por ejemplo, Shrek, con la ventaja añadida de descubrir el universo de Tintín por vez primera. En cualquier caso, para los tintinófilos, la película es una delicia de guiños (¡Hergé caricatura a Tintín! ¡Un periódico habla del Cetro de Ottokar! ¡Latas de cangrejo en conserva! ¡Un jarrón de China!) que invita a no pestañear en todo el metraje.


¡Y los personajes! Tenía mis dudas en este punto, porque a) dudaba que la recta moral norteamericana fuese a sacar a Haddock bebiendo whisky Loch Lomond; b) Hernández y Fernández podían ser cargantes o si c) Milú sería el típico animal que no se sabe muy bien qué pinta. Además, no tenía nada claro que fuesen a sacar el flashback al Caballero de Hadoque, sin duda mi parte preferida del libro. Pues todo esto es tal cual debería ser. Incluso los secundarios (Allan el contramaestre, Néstor el mayordomo, la Castafiore) son tal cual los pintó Hergé. Y la batalla de Hadoque contra Rackham el Rojo es magnífica, probablemente la mejor batalla naval que yo he visto en una sala de cine. 


En fin, que no puedo recomendaros suficientemente que la veáis. El Tintín de Spielberg es de esas cintas mágicas que te devuelven la capacidad de emocionarte delante de una pantalla como cuando eras un niño. Y de esas hay muy, muy pocas películas.

Películas y generaciones

He visto por fin Lawrence de Arabia. Tenía 216 razones para no verla, tantas como minutos de metraje tiene la película. Aún a riesgo de que suene petulante, me cuesta encontrar tres horas y media para pasarlas delante de una película. 

Los estudios dicen que pertenezco a la generación Y, esa en la que los niños nos criamos entre ordenadores, videoconsolas y mandos a distancia. Y reconozco que me cuesta mucho mantener la concentración durante más de dos horas. Demasiados estímulos externos -internet, móvil, etc.- y demasiadas cosas en la cabeza pendientes por hacer. 

Aún así, me senté conmigo mismo a ver la que dicen es la obra maestra de David Lean. La película que se disputa con Ciudadano Kane y alguna otra el honor de ser La Mejor Película de la Historia del Cine. La favorita e inspiración de Steven Spielberg. Guau.

La historia me la sabía antes de verla: TE Lawrence, oficial del ejército inglés que lideró la insurrección de los árabes contra los turcos en la Primera Guerra Mundial. Suficiente para que me interesase. 

La cosa es que, hablando pronto y mal, Lawrence de Arabia me ha parecido un aburrimiento. 

Sé que es políticamente incorrecto decirlo y probablemente merezco que me lapiden a los pies del Muro de las lamentaciones, pero qué queréis que os diga. Esos planos interminables. Esa acción estática. Esas secuencias que no aportan nada. Esos actores que parecen recién salidos de una representación de Othello en un teatro londinense. Ese Obi Wan Kenobi haciendo de árabe. Esa música machacona. Esas tres horas y pico de peli. Se me ha hecho duro.

Una de mis grandes ilusiones es sentarme un día con mis hijos y ponerles todas esas películas que me hicieron amar el cine desde que era pequeño: Indiana Jones, Regreso al Futuro, las veintidós de 007, el Lebowski, Toy Story, Superman II, Jurassic Park... los que me conocéis ya sabéis de qué hablo. Y después de haberme aburrido con Lawrence de Arabia, una película realizada sólo veinte años antes de que yo naciera, me pregunto si algún día mis hijos no bostezarán viendo las películas con las que yo crecí. Ahora al menos sé que no les culparé por ello. 

Es más, me temo que serán ellos los que tendrán que sentarme a ver sus películas favoritas, y no al revés.

Drive: ¿y si Michael Mann hubiera dirigido Transporter?

Hoy he hecho algo que me encanta y que, por mi amor por el control de las situaciones, no suelo hacer: ir al cine a ver una película sin haber visto antes el tráiler. 


Drive se llama la afortunada. Protagonizada por Ryan Gosling, al que hasta que no he mirado su ficha en IMDB creía que había interpretado a Shaggy en Scooby Doo, y dirigida por un realizador danés que se llevó la Palma de Oro en Cannes al mejor realizador por esta peli.


Si tuviera que resumir Drive en una frase, diría que es la intersección entre Transporter y el Collateral de Michael Mann.


Drive es la historia del personaje de Gosling, un tipo que es doble de acción en Hollywood y mecánico de coches de día, y chófer de criminales de noche. Gosling, que entiendo que tenga su público, no mola tanto como Jason Statham.


La historia, por mucho pajilleo en torno al guión que estoy seguro irá in crescendo en los próximos meses, es bastante corriente, e incluye varios de los clichés que hemos visto en el cine de acción más palomitero: el ex-convicto, el malo malísimo, el maestro jedi, la chica traidora... Con todo, los secundarios televisivos (Bryan Cranston, Christina Hendricks y Ron Perlman) se salen como era de esperar. 


Aunque sin duda lo que queda en la retina de Drive es la mano de su director, el (para mí) desconocido Nicolas Winding Refn, que se toma su tiempo en cada plano sin hacer que al espectador se le haga larga la espera hasta el siguiente corte. Lo contrario que el cine de acción actual, que parece editado por la asociación de montadores epilépticos de Los Angeles. Quizá Winding Refn a veces peca de preciosismo, incluso puede resultar un poco petulante en su manera de enfocar según qué escenas, pero viniendo del mismo país que el soporífero Lars Von Trier, vamos a darle un margen.


Me ha parecido tan original la peli, que voy a pasar por alto que los títulos de crédito del principio estén escritos en Mistral, probablemente la tipografía más guarra de las que incluye Microsoft Office, después de nuestra detestada Comic Sans.


Ah, y ojo a la música de Drive, clara candidata a mejor banda sonora de 2011. 


En fin, Drive es la nueva película de la gente cool. Y si no, al tiempo.

Horrible bosses: motherfucking risas

Hacía tiempo que me apetecía ver una comedia chorra, de esas que apagas el móvil y el cerebro al entrar al cine y te pasas dos horas descojonándote sin motivo aparente. Y ésta es del nivel de descerebre visto en "The Hangover", que si no me equivoco en España fue creativamente traducida como "Resacón en Las Vegas". 


La película elegida ha sido "Horrible Bosses", una comedia farrellyesca protagonizada por Jason Bateman, Jason Sudeikis y otro tipo chiquitín. Los tres tipos bordan sus respectivos papeles, pero como era de esperar la función la roban Jennifer Aniston, Kevin Spaceym Colin Farrell y, sobre todo, Jamie Foxx en sus papeles secundarios. La historia es bastante simple: Spacey, Aniston y Farrell son los jefes de los tres protagonistas, a los que hacen la vida imposible. Y Jamie Foxx es un consultor de asesino llamado Motherfucking Jones, nombre que me hizo reír a cada vez que lo pronunciaron en pantalla.


Que no, que probablemente no vale la pena pagar una entrada de cine para ver esta peli, pero que a veces una sala del cine, sin teléfono, ni internet, ni prisas, es la única manera de pasar dos horas concentrado tan sólo en dejar salir tu propia risa.