"Ea" es el recurso lingüístico conquense que mi amiga Irene utiliza para dejar una conversación vista para sentencia, y ahí todos sabemos que no tenemos nada más que añadir.
Esto viene a cuento por una historia de 2007, pero que conocí ayer sin ir más lejos. Resulta que un chaval americano estaba jugando en su Xbox 360 al Tiger Woods 08, cuando en un swing pasado de vueltas, la bola se le va al agua. Ni corto ni perezoso, la versión pixelada del golfista americano, da unos pasos sobre la superficie del agua, balancea un swing y continúa tranquilamente con su hoyo.
El chaval, con el nick Leviatan25, lo graba en vídeo y lo sube a YouTube. A partir de ahí, la marimorena habitual: miles de visionados del vídeo, y un montón de comentarios sobre la cagada de programación, LOL, que si los de Electronic Arts son cada vez peores, MEGALOL, que si para esto me dejo yo la pasta y un largo etcétera. El Jesus shot le llamaron con mucha y brillante mala leche.
Ni cortos ni perezosos, los amigos de EA (entiendo que su agencia de comunicación tuvo algo que ver en ello) convocan al Tiger de carne y hueso y suben su propia versión de la historia a internet.
Así funciona el márketing hoy. Tremenda lección.
O como diría mi amiga Irene, ea.
Una de Urban Football
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Hace unos días, unos chavales de la agencia me llamaron para que me apuntara a un equipo de fútbol que habían hecho para participar en un torneo entre empresas. Me apunté, y ayer por la noche los Didiers des Champs participamos en el susodicho torneo.De camino hacia el campo, me dijeron que en realidad no era fútbol normal, ni tampoco fútbol siete, y como en este país no juegan jamás a futbito, yo ya no estaba muy seguro de a qué íbamos a jugar. La respuesta es "Urban Football", una modalidad que se han inventado y que se juega en un terreno de hierba artificial del tamaño de una pista de tenis, cinco contra cinco.
Las novedades: no hay fuera de banda ni corners y sobre todo está prohibido entrar en el área (o salir, para los porteros) so pena de penalti. Esta última regla me parece un poco desmesurada, y de hecho más adelante casi nos costó eliminación, cuando nuestro portero -el que se la ponía en ese momento, en realidad- osó sobrepasar con un pie la línea de cal al despejar un balón.
La cosa estaba bien montada, a lo grande. Patrocinado por Nike, había siete campos al aire libre y uno cubierto. Cada terreno tenía el nombre de un estadio -nosotros jugamos en el Bernabéu y el Camp Nou- y cada taquilla de la ropa tenía el nombre de un jugador patrocinado por Nike. Como la de Cantona estaba cogida, me conformé con la taquilla de Luis Figo. Nike estaba presente por todos lados: en los balones, en el uniforme de los árbitros, en los petos (chasubles en francés) y hasta en la ropa de las masajistas.
Además de Nike, Powerade, Konami con su ProEvolution y Alfa Romeo también paseaban sus logos y productos por el evento.
Me gustaría ver el rendimiento que le saca Nike a este evento. No sé cuánta sería la inversión, pero por el grado de detalle y el nivel de la organización -más los 35 euros que costaba la inscripción par tête-, yo apostaría a que se han dejado 100K euros tranquilamente. Y todo eso, para 200 tíos que estábamos ahí, no sé si no se me hace demasiado. Sirva el boca a oreja de este post para contribuir a amortizar la inversión de Nike, y que sigan montando saraos de estos for the love of the game de cuando en cuando.
Treinta y cinco años y un millón de personas por detrás de Francia
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Hay días en que le dan ganas a uno de devolver el pasaporte. Llego esta mañana a trabajar, y en lugar de preguntarme por el finde, lo primero que me lanzan es qué coño ha sido la manifestación en España en contra del aborto. Intento explicarles que no, que es una cosa de la Iglesia católica, y que habrán ido los integristas de siempre.
Pero es que luego leo el artículo de Le Figaro, y dicen que ha habido más de un millón de personas, entre los cuales, además de lo mejor de la iglesia católica, se encuentra la flor y nata del pepé, nuestro querido ex-presidente Ánsar incluido.
Más tarde descubro que el alucine de los franceses -y de las francesas- viene del hecho de que el aborto está liberalizado hasta las diez primeras semanas desde 1974 (o lo que es lo mismo, hace 35 años, cuando nosotros seguíamos acaudillados), y hasta doce semanas desde 2001.
Hoy ha salido el cardenal Rouco ha explicar que el Estado no es el dueño de la vida, ya que la vida, como la ciencia ha ampliamente demostrado, sólo es de Dios (supongo que habría que matizar que del dios de los católicos). Añade, ufano como es él, que esa manera de tratar la vida no se veía desde la II Guerra Mundial.
Y claro, a uno ya le toca un poquito el orgullo patrio, y un muchito las pelotas.
Punto primero: ¿por qué la iglesia católica sólo se dedica a montar marchas contra cosas? Antes contra el matrimonio de los gays, ahora contra el aborto. Que dejen a la gente en libertad, y que cada uno haga lo que crea oportuno.
Punto segundo: ¿Por qué el pepé no cambió nada durante los cuatro años de mayoría absoluta que tuvo? La perspectiva de volver a tener un gobierno rehén del crucifijo me pone malo. ¿Cuándo tendremos en España un partido de derechas laico?
Punto tercero: ¿por qué Rouco no recuerda que muchas muchísimas de las deportaciones de judíos, eslavos y un largo etcétera que incluye republicanos españoles se realizaron con la vista gorda cuando no la colaboración directa de la iglesia católica?
Creo que ya es hora de quitarnos la careta con la iglesia católica en España. De entrada, que le cierren de una el grifo del Estado, y que como establishment que son, pasen a gestionarse como una empresa privada. Si lo hemos conseguido (o casi) con Iberia y Telefónica, por qué no con éstos.
Pero es que luego leo el artículo de Le Figaro, y dicen que ha habido más de un millón de personas, entre los cuales, además de lo mejor de la iglesia católica, se encuentra la flor y nata del pepé, nuestro querido ex-presidente Ánsar incluido.
Más tarde descubro que el alucine de los franceses -y de las francesas- viene del hecho de que el aborto está liberalizado hasta las diez primeras semanas desde 1974 (o lo que es lo mismo, hace 35 años, cuando nosotros seguíamos acaudillados), y hasta doce semanas desde 2001.
Hoy ha salido el cardenal Rouco ha explicar que el Estado no es el dueño de la vida, ya que la vida, como la ciencia ha ampliamente demostrado, sólo es de Dios (supongo que habría que matizar que del dios de los católicos). Añade, ufano como es él, que esa manera de tratar la vida no se veía desde la II Guerra Mundial.
Y claro, a uno ya le toca un poquito el orgullo patrio, y un muchito las pelotas.
Punto primero: ¿por qué la iglesia católica sólo se dedica a montar marchas contra cosas? Antes contra el matrimonio de los gays, ahora contra el aborto. Que dejen a la gente en libertad, y que cada uno haga lo que crea oportuno.
Punto segundo: ¿Por qué el pepé no cambió nada durante los cuatro años de mayoría absoluta que tuvo? La perspectiva de volver a tener un gobierno rehén del crucifijo me pone malo. ¿Cuándo tendremos en España un partido de derechas laico?
Punto tercero: ¿por qué Rouco no recuerda que muchas muchísimas de las deportaciones de judíos, eslavos y un largo etcétera que incluye republicanos españoles se realizaron con la vista gorda cuando no la colaboración directa de la iglesia católica?
Creo que ya es hora de quitarnos la careta con la iglesia católica en España. De entrada, que le cierren de una el grifo del Estado, y que como establishment que son, pasen a gestionarse como una empresa privada. Si lo hemos conseguido (o casi) con Iberia y Telefónica, por qué no con éstos.
The Power Of Fun
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Los amigos de Volkswagen han montado una cosa que se llama The Fun Theory, en la que básicamente quieren demostrar que haciendo las cosas divertidas, podemos conseguir mejorar el planeta.
Constryendo marca a tope, y sin poner coches en ningún sitio.
PD: lo mismo un día consiguen que hasta yo recicle...
Constryendo marca a tope, y sin poner coches en ningún sitio.
PD: lo mismo un día consiguen que hasta yo recicle...
De vuelta a la guitarra de John Lennon
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Supongo que cada uno tenemos nuestras influencias musicales. En mi caso, las mías van desde mi madre, que me ponía la Sinfonía de los Juguetes de Leopold Mozart para dormir, hasta mi primo Obelix, que me descubrió Siniestro Total o Led Zeppelin, pasando por Álvaro Álvaro que me introdujo al maravilloso mundo coral de Manolo Kabezabolo o los memorables Buffalo Springfield. Tanta variedad de gusto, tanta heterogeneidad de criterios, y sólo un grupo incuestionable para todos, unánimemente celebrado: The Beatles.
Así, tuve la suerte de crecer al lado de George, John, Paul y Ringo, iniciándome con la armónica de Lennon en Love me do y acabando con el Let it be de Macca. Tu primer A hard day's night, el viaje iniciático a través de Sargent Pepper's o la locura de Helter Skelter son cosas que se te quedan huecograbadas en la memoria.
Los Beatles fueron mi primera frikada: enseguida me hice coleccionista de todo tipo de cosas relacionadas con ellos, desde libros -aquel maravilloso pop-up que me regaló Paco Recio- hasta vídeos, camisetas, imanes, pins y hasta un reloj. En Santander tengo una balda con la discografía completa, singles, rarities y demás historias de los Fab Four.
Con el paso de los años, me fui dando cuenta de que, aparte de dejarme una pasta en el coleccionismo, la cosa parecía no tener fondo. Además, no es lo mismo que tu dinero repercuta en los artistas que se lo curraron, a que los millones le lluevan a una colección de viudas, hijos y directivos de Apple Corps.
Desde el 95, cuando sacaron el álbum inédito "Live at the BBC", la cantidad de merchandising de los Beatles ha explotado, hasta el punto que han conseguido sacar hasta tres álbumes nuevos de un grupo extinto en 1970: Anthology, One y Love. Todos ellos, por cierto, éxitos de ventas. La cosa es que ahora, al borde del 40 aniversario de la ruptura, vivimos una nueva ola de merchandising beatlemaniaco: una nueva ola de cam
isetas, tazas, libros y hasta un videojuego invaden las tiendas.Aunque el plato fuerte es la remasterización de la discografía completa, re digitalizada a partir de las grabaciones originales -que se conservan en una caja fuerte en Abbey Road Studios- y que, según los críticos, dejan en ridículos los "patéticos" CDs existentes hasta ahora. Además, ha sacado una caja con toda la discografía en mono -tal y como fue concebida y como sonaba cuando fue publicada en LP por primera vez- que tiene su rollete, si no fuera por los 339 euros que cuesta.
Como beatlemaniaco que soy, creo que sólo el videojuego Rock Band: aporta algo nuevo, y da un valor añadido al legado de, porqué no decirlo, la marca The Beatles. La remasterización de los álbums no creo que ofrezca nada a la gente que está habituada a la calidad mp3; es más, me encantó escuchar al propio Paul McCartney comentar que a él los Beatles le gustaban hasta en la radio de la playa. Y la remasterización de los álbums, por mucho que la vendan como deluxe, está editada en cartón.
Para llegar a erosionar una marca tan fuerte como The Beatles tendrían que hacer algo muy gordo, como una película de su vida con Orlando Bloom en el papel de John Lennon. Y quizá ni aún así.
Aunque, por mucho que me moleste la sobreexplotación de los chicos de Liverpool, siempre es y será un gustazo darle al play y empezar otra vez por el principio, por la armónica de John Lennon.
Madrid 2016: porque no.
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Porque dónde vamos con dos Bobones entre los ocho ponentes españoles.Porque nadie sabe quién cojones es Mercedes Coghen.
Porque Samaranch no pinta nada a estas alturas, y en 2016 es probable que esté en la Almudena.
Por hacer un vídeo titulado "Vente pa Madrí" con guitarritas y sevillanas.
Porque, asumámoslo, España no es tan importante como para montar dos Juegos Olímpicos en sólo 24 años.
Porque no puede ser que ZP, Gallardón & Co salgan haciendo la presentación en español porque no hablan una palabra de inglés.
Porque dónde van con Raúl hablando en público (había anunciado horas antes en el As que estaba "haciendo de lobby").
Porque lo de la rotación de continentes debería pasar ya a ser norma escrita, y así nos habríamos ahorrado mucha pasta.
Porque en 2020 nos esperan los franceses con los cuchillos afilados.
Porque mola mucho más que nos den el Mundial de fútbol de 2018.
¿The fall of Fallon?
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Una de las agencias que más admiro es la inglesa Fallon. Hace un par de años, sacaron una campaña tremenda para Cadbury, dejando de mostrar gente feliz comiendo chocolate y compartiendo el sentimiento de felicidad que nos produce comer chocolate.
La campaña resultó una de esas alineaciones planetarias que consiguen un Gran Prix de Cannes y a la vez aumenta las ventas de la marca. Además, generó un sinfín de conversaciones on y offline, desde grupos de fans en Facebook hasta remakes en YouTube, hasta rumores de que, en realidad, Phil Collins se escondía bajo el disfraz del gorila. El director creativo, el argentino Juan Cabral, se convirtió en una superestrella y dejó Londres para trabajar como un rey desde Argentina.
Sin embargo, lo realmente difícil no ha sido llegar a la cima, sino mantenerse. La continuación de la campaña fue un spot plano con una música equivocada, que no convenció al personal. El gorila parecía difícil de superar.
La siguiente pieza de "A Glass and a Half of Milk" fue otro flop. La historia de dos niños que se aburren en una sesión de fotos de carnet y deciden animar sus cejas por ordenador, no tenía la frescura del gorila, y parecía -lo era- muy prefabricada.
Ahora nos llega la última pieza de este puzzle, que por lo visto quiere contar que Cadbury es buenrollista al comprar su cacao en Ghana. O eso.
Mi amigo Dan dice que el problema es que, una vez más, los propios creativos no han sabido cuál era la idea creativa, o no han sabido transmitirla igual de bien. Yo creo que a la gente sencillamente le molaba la idea de ver a un gorila tocando la batería...
La campaña resultó una de esas alineaciones planetarias que consiguen un Gran Prix de Cannes y a la vez aumenta las ventas de la marca. Además, generó un sinfín de conversaciones on y offline, desde grupos de fans en Facebook hasta remakes en YouTube, hasta rumores de que, en realidad, Phil Collins se escondía bajo el disfraz del gorila. El director creativo, el argentino Juan Cabral, se convirtió en una superestrella y dejó Londres para trabajar como un rey desde Argentina.
Sin embargo, lo realmente difícil no ha sido llegar a la cima, sino mantenerse. La continuación de la campaña fue un spot plano con una música equivocada, que no convenció al personal. El gorila parecía difícil de superar.
La siguiente pieza de "A Glass and a Half of Milk" fue otro flop. La historia de dos niños que se aburren en una sesión de fotos de carnet y deciden animar sus cejas por ordenador, no tenía la frescura del gorila, y parecía -lo era- muy prefabricada.
Ahora nos llega la última pieza de este puzzle, que por lo visto quiere contar que Cadbury es buenrollista al comprar su cacao en Ghana. O eso.
Mi amigo Dan dice que el problema es que, una vez más, los propios creativos no han sabido cuál era la idea creativa, o no han sabido transmitirla igual de bien. Yo creo que a la gente sencillamente le molaba la idea de ver a un gorila tocando la batería...
