Ale, que es gerundio

Hora de cerrar el año. Echando un poco la vista atrás, encuentro en un post del pasado enero mis objtivos para 2009:

1- Volver al fútbol después de 8 años y medio. Conseguido con bastante éxito, a pesar de descubrir dolores en músculos que no era consciente de tener.

2- Hacer la vuelta a la Galia de Astérix. Fracaso relativo, porque sigo teniendo una semana de vacaciones pendiente con este propósito.

3- Retomar (y acabar) al menos una de las tres historias que tengo a medio escribir. Facaso absoluto. Aunque he conseguido mantener dos blogs y que me publiquen un artículo en una revista este próximo mes de enero.

4- Conseguir que el Chucho, Obelix y Blaski pisen París. 33% logrado. Obélix está por fin recibiendo presiones de su Falbalá particular para venir. A papá Blaski no se le espera hasta que su miniyo tenga edad para ir a Eurodisney.

5- No tener apendicitis. Este era fácil. Ni un problema médico serio en todo el año. Yes we can!
 
La mejor peli del año ha sido "Taken", y la peor, hasta el extremo de no conseguir acabarla, "Radio encubierta". Decepciones han sido casi todas las secuelas que se han estrenado: Lobezno, Terminator, Star Trek... Faltan ideas frescas ahí. Y hablando de ideas, lo mejor que he visto en publicidad ha sido el Hey Jude de T-Mobile.

Como dicen en Spanish Movie, ale, que es gerundio.

A los de aquí y a los de allí, bonne année 2010 a todos!
 

Medio, agencia y ahora anunciante: la esquizofrenia de Google no tiene fin

Con Google ya no hay quien se aclare. Cuando parecía que se habían quitado la máscara con la puesta en marcha de su propio equipo creativo, ahora resulta que para el (re)lanzamiento de su navegador Chrome, han contratado no una sino dos agencias publicitarias: BBH y Glue. Entre las dos han creado una serie de cuatro vídeos en los que se explican los principales beneficios de Chrome, a saber: velocidad, estabilidad, seguridad y personalización. Igualito que un coche, vamos.
El resultado son unos spots para YouTube que están bien, sobre todo por el contraste artesanal vs Google, pero que tampoco parece que se vayan a convertir en lo más compartido de 2009. Y desde luego no me parece que cumplan su objetivo, que no debería ser otro que demostrar que han hecho un navegador mejor que Firefox.



Personalmente, no me he pasado a Chrome porque no me gusta poner todos los huevos en la misma cesta, y además Firefox cumple su función de requetesobra. Y, qué coño, porque siempre me caerá mejor una Fundación como Mozilla que unos tíos que cada día se parecen más a Skynet.

The (Marketing) Empire Strikes Back

Ya me han vuelto a engañar. Desde hace un tiempo, vengo protestando en este blog ante el desenfreno marketiniano del amigo Lucas en torno al rollo de Star Wars. Aparte de habernos regalado dos precuelas y media infumables y una serie de animación estúpida, los chicos de Lucasfilm se empeñan en vendernos cualquier cosa bajo su galáctica marca.

En cambio, últimamente han debido contratar a algún ser humano con el cerebro bien amueblado, porque empiezan a tirar de pensamiento lateral para sacar cositas chachis. De hecho, yo he sucumbido finalmente a la tentación, y me he comprado entradas para el concierto con orquesta sinfónica que interpreta temas de la banda sonora de John Williams. No aspiro a que la orquesta sean los Boston Pops (eso sería la releche), pero unos chicos checos, londinenses o berlineses podrían hacer un papel muy digno.

La última cosa que he descubierto es el lanzamiento de las Adidas Star Wars, un tie-in bastante sorprendente, que en cambio tiene bastante sentido, especialmente al ver los modelos.


















En cualquier caso, espero que algún día rectifiquen, y acaben lanzando, para regocijo del amigo Atilakis, el grill de la Estrella de la Muerte.

Dupontel le vilain

Aconsejado hasta el aburrimiento por mi ch'ti amigo Mathieu, ayer estuve viendo una comedia francesa, Le vilain. Escrita, realizada y co-protagonizada por el cómico francés Albert Dupontel, narra la historia de un atracador de bancos que tiene que volver a vivir a casa de su madre.
El tono de la peli es una mezcla del surrealismo de Fesser en El milagro de P. Tinto, con la teatralidad de la también francesa La cena de los idiotas.
Sobre todo, la película me ha permitido descubrir a Dupontel, cómico francés formado en los one-man shows, que desde 1996 escribe y realiza sus propias pelis. Más raro que un perro verde, Dupontel vive alejado del follón mediático francés, y rechaza promocionar sus obras apareciendo en el plató de Le grand journal -el equivalente francés al difunto Lo + Plus- como todos los demás artistas gabachos hacen. Aquí podéis verle en una de las pocas entrevistas promocionales que ha hecho para Le vilain, mandando a la mierda al presentador porque se atreve a hablarle del film a pesar de no haberlo visto.

Increíble decepción navideña

El Corte Inglés + Señora Rushmore = la misma mierda de todos los años
Los Reyes se han dejado la creatividad en casa este año...


María

Creo que esta es la primera vez que me pongo música para escribir un post. No una música cualquiera, sino una específica: Giselle, de Adolphe Adam.
Los que me conocen hace más tiempo intuyen ahora de qué voy a hablar.


Mi prima María tiene un talento excepcional. La mayoría de la gente hace algunas cosas bien, otras regular, y otras mal. María es una bailarina excepcional, la mejor.
En su caso, le educaron el oído desde bien pequeña -con tres años se recorría el pasillo del auditorio nacional moviendo los brazos como si dirigiese la orquesta-, y ella decidió desde niña que lo suyo era la danza.
Mucho sudor, muchas puntas gastadas y muchos metros de venda después, María hizo su debut en el teatro Arriaga de Bilbao en 1988.

Mientras se acumulaban los premios, los halagos, el dinero y la fama, María pasaba su juventud metida en una burbuja de jabón, la misma en la que viven muchos deportistas, bailarines y cantantes al principio de su carrera. En lugar de ir a clase, al cine y tomarse algo con los amigos, María se pasó años y años encerrada con un grupo de bailarines (con sus correspondientes egos y envidias, una especie de Gran Hermano interminable), de teatro en teatro, de ciudad en ciudad, con el tutú en la maleta.

En nuestra familia, María era tratada de manera distinta a los demás, y no había una gran actuación suya en la que no estuviera alguno de nosotros entre el público, y su camerino lleno de flores.
Pero valía la pena ir a verla bailar. La diferencia entre ella y las demás era salvaje; llegaba un punto que no se sabía si ella seguía la música, o la música a ella.

Bailó muchas obras -El Quijote, Cascanueces, El lago de los cisnes y un larguísimo etcétera- pero yo me quedo con su Giselle. Tuve la suerte de presenciar aquel espectáculo muchas veces, y todavía hoy, si pongo la música de Giselle y cierro los ojos, puedo verla vestida de blanco, bajo los focos, recorriendo el escenario en puntas. De hecho, no me equivoco si digo que por lo menos tres o cuatro mediavillas además de mí nos aprendimos y nos seguimos sabiendo hoy la coreografía de Giselle a base de disfrutarla con María. Y sí, se me siguen poniendo los pelos de punta al escuchar las partes en las que ella hacía un solo.


Siempre he pensado que el problema de María es que su sitio era el escenario, y el público su verdadera familia. Por eso, cuando el telón se bajaba, era como cuando Campanilla se ponía mustia y se apagaba. Y también por eso, cuando su carrera sobre el escenario se acabó, tuvo que aprender a vivir en un mundo extraño, al que no estaba acostumbrada.


En fin, que estas líneas sirvan como agradecimiento a mi prima María, por todos los pelos que nos puso como escarpias, todos los aplausos que nos arrancó y todo lo orgullosos que nos hizo sentir. Mucha mierda, bailarina.

Una de pósters polacos

Desde hace una temporada, me he autoconvencido de que el 99% de las campañas de publicidad no pueden ser globales. Yo pueden serlo porque, por mucho que la globalización, internet y McDonald’s nos hayan acercado a todos un poquito, un labrador guatemalteco y un farmacéutico taiwanés se siguen pareciendo como un huevo a una castaña.

En lo que sí creo, en cambio, es en las ideas globales con ejecuciones locales. Eso es lo que lleva haciendo toda la vida Coca-Cola, que tiene por bandera la felicidad, la famosa “chispa de la vida”, y en cada país declina esta idea tomando en cuenta las particularidades de la gente local.
Sin embargo, hay una serie de empresas multinacionales que se empeñan en contar lo mismo de exactamente la misma manera en sus campañas a lo largo y ancho del globo. Esas empresas vienen todas del mismo sitio, y se dedican todas al mismo negocio. No hablo de los productores de jamón ibérico –que también-, sino de las majors de Hollywood.

En todo el mundo encontramos los mismos pósters promocionales. Además, desde un punto de vista publicitario, las campañas de las películas de Hollywood no tienen concepto, ni idea creativa, ni toman en consideración lo que el consumidor pueda pensar, sino que se limitan a retratar lo que pasa durante el film. Normalmente, el tamaño de la cara de los protagonistas es directamente proporcional a su salario por participar en la peli. De hecho, estoy de acuerdo con mi ex-jefa y amiga Kátia en que el único póster con concepto detrás es el de El Padrino con una mano moviendo la cruceta de un títere.
De hecho, el coste de adaptación de la campaña es sólo la impresión y la colocación en paradas de autobús, etc., porque el diseño y la traducción se pueden hacer desde un estudio gráfico en Los Ángeles sin problema.

Sin embargo, hay un país que se ha revelado contra este sistema: Polonia. Allí, por razones que escapan a mi comprensión, han decidido históricamente hacer su propia interpretación de las películas a través de sus pósters. Supongo que debieron coger práctica en el tema de la propaganda durante la II Guerra Mundial. El caso es que, bien por el concepto, bien por la ejecución, me parecen obras maestras. A continuación pongo unos cuantos junto al póster original.

Tenéis más aquí.

Porsches pour tout le monde

Sin duda la campaña de televisión más rara de los últimos tiempos es la que acaba de lanzar Porsche en Francia.
Resulta que la marca jamás había utilizado la tele para anunciar sus modelos, pero después de una caída del segmento de deportivos de dos plazas del 35% y una hundimiento del 12% de la cifra de negocio, Porsche se ha tenido que agarrar a un clavo ardiendo, y han aceptado el consejo de su agencia en Francia, la parisina Dufresne Corrigan Scarlett, de pasar por la tele.
Cuando hace unos meses se anunció a bombo y platillo que los europeos ya pasamos más tiempo en internet que viendo televisión, resulta un consejo un tanto cuestionable. O quizá es que las tarifas publicitarias han bajado tanto, que te hacen un emita tres y pague sólo dos en los descansos de la Champions.

El tema no acaba aquí. En un país con una conciencia cívica anti-comunicación comercial tan desarrollada que raya la censura, los anunciantes de coches se tienen que ceñir a una serie de límites: por ejemplo, no pueden utilizar el ruido del motor, porque puede inducir a conducir a mayor velocidad. Hábrase visto tamaña gilipollez. Es una idea tan estúpida, que como se entere el gobierno español, lo mismo la copian. Huelga decir que eso para una marca como Porsche, cuyo -como Harley Davidson- ruido del motor forma parte de su identidad, es mortal.

El último detalle que hace especial a este spot está casi al final: por 550 euros al mes, aseguran, te llevas todo un Porsche à la maison. De hecho, lo que la marca alemana propone es un leasing por el que se pagan 550 euros durante 36 meses, y luego si te apetece, pones otros 32.000 y te lo quedas para siempre. La democratización de los coches de Stuttgart. ¿Qué es lo próximo, teléfonos Vertu desechables?

El resultado es un spot sencillamente aburrido, todo lo contrario que debería inspirar el sentarse al volante de una máquina tan perfecta como un Porsche.


Si Ferdinand Porsche levantara la cabeza...

Not hard enough


En 1962, cansados de ser la segunda empresa más importante de alquiler de coches después de Hertz, Avis decidió crear un slogan que reflejase su voluntad de ser mejor, y crease una promesa superior a la del líder. Un cambio genial en aquel momento, que les trasnformaba de eterna segundona a aspirante a campeón: "We try harder".

Este fin de semana, tenía que alquilar un coche para ir a Estrasburgo (la razón son los desorbitados 480 euros por tres billetes París-Estrasburgo). Me decidí por Avis, sobre todo porque me dieron un código de descuento que me hacía una rebaja de un 10%. Pensando en los más de 900 km a recorrer, entré en su web y elegí un coche de la clase C (como referencia me daban un VW Golf VI). El precio me parecía bien: 150 euros por 36 horas de alquiler.


Al llegar a la agencia, resulta que de Golf no sabían nada, y dentro de la misma categoría me ofrecían una... ¡Renault Partner! Como evidentemente no era cuestión de emular una gira francesa de los Gipsy Kings, me propusieron esperar a un Nissan Nosequé que llegaba del garaje.
Media hora más tarde, el Nissan seguía sin llegar, así que decidimos pagar 30 euros más y llevarnos un Renault Laguna break, ideal para meter los esquíes o un ataúd. Al mirar el contrato, descubro que sólo estaban incluidos en el precio 400 km. A partir del 401, se pagaba 0,20€ por kilómetro recorrido. Con más de 900 km en el bolsillo, me temo que se van a traducir en otros 100 euros del ala. Súmesele gasolina (70 euros de diesel) más peajes (35 a la ida y otros 35 a la vuelta) y sale casi tan caro como el TGV, y se tarda casi el doble.


A la vuelta, aparcamos el coche en zona ilegal -el párking de Avis estaba hasta arriba- y un tipo detrás del mostrador nos recoge la llave y nos pregunta si el depósito está lleno. Ni un gracias, ni un hasta la próxima.

En 2009, o lo que es lo mismo 47 años después, Avis sigue detrás de Hertz. Ya me dirán a mí qué clase de promesa es creíble casi medio siglo más tarde. We try harder, sigue diciendo su logo. Visiblemente, not hard enough.

Peperami: aviso para navegantes


El mundo del márketing y la comunicación tiene cosas que son de partirse. La historia es la siguiente: Unilever, el gigante detrás de marcas como Axe, Dove, Persil o Knorr, tiene en el Reino Unido una marca llamada Peperami, que es esa especie de tiras de carne plasticosa que sólo venden en los países anglosajones.

Vaya por delante que, como dice Unilever en su web, Peperami es la marca líder en su segmento de mercado en el Reino Unido. Aparentemente aburrido de Lowe, su agencia de publicidad tradicional, algún brillante ejecutivo decide ser creativo, y subir el brief para una nueva campaña a un sitio llamado Idea Bounty. El premio: 10.000 dólares para el ganador. Cojonudo, debió pensar el tipo en cuestión, me convierto en cool al apelar al crowdsourcing y la creatividad de las masas, y de paso me ahorro el pastón que me cuestan contratar una agencia. Luego le paso la idea ganadora a mi productora, y me hace un spot en un periquete.

Pues bien, como dice el anuncio oficial, más de 1.185 ideas después (¿serán 1.186? ¿1.187?), habemus ganadores: Kevin Baldwin, un ciudadano de Londres, y Rowland Davies, un alemán. Lo cojonudo es que Baldwin no es un estudiante con ansias de fama, ni un parado con exceso de tiempo libre: es un copywriter publicitario. Y Davies no es un celador de hospital aburrido ni un profesor de colegio con la tarde libre: es un ex-director creativo en Alemania. Según AdAge, entre los dos acumulan más de 50 años de experiencia en el mundo de la publicidad.

Sin querer entrar en el debate ético que esto plantea (¿han utilizado el hardware de las agencias que les pagan el sueldo para trabajar en esto? ¿qué pasaría si alguno de los dos trabajase en Lowe?), creo que la reflexión es clara: las agencias cada vez son percibidas menos como un motor de ideas, y más como un proveedor de "cosas bonitas".
Es decir, que si un anunciante como Unilever, en el top ten mundial en inversión publicitaria, cree que puede cambiar una agencia internacional como Lowe por un concurso de "creatividad" en internet, Houston tenemos un problema.

El consuelo para las agencias es que esto no ha sido una demostración de crowdsourcing, sino un concurso de freelances a escala planetaria. Y los ganadores son dos tíos que saben de lo que están hablando, aunque su cliente a estas alturas haya demostrado que no lo sabe.


Esta historia de Peperami's me demuestra algo que ya tenía muy claro: las agencias (los profesionales que trabajamos en ellas) todavía aportamos un valor añadido a las marcas. Sin embargo, las propias ineficiencias de sus sistemas de trabajo (burocracia, mediocridad, costes, etc.) hace que dejen de ser una solución efectiva para los clientes.
En este contexto, nuevos modelos de agencia parecen urgentemente necesarios. ¿Quién tira la primera piedra?

La experiencia Eurostar

Pocas marcas tienen la posibilidad de ofrecer una experiencia tan intensa como los medios de transporte. Una de las más fascinantes es sin duda el tren que une París con Londres, el Eurostar.

El concepto ya es de por sí revolucionario, impensable hace sólo unas décadas: unir el continente europeo con una isla. Tiene ese punto de ingeniería genial francesa que tenía el Concorde, con un toque de pragmatismo cortesía de los anglosajones. La mezcla da como resultado un invento genial que funciona en el mundo real.

El Eurostar tiene como principal ventaja para el usuario el ahorrarse el infierno en el que se han convertido los aeropuertos, especialmente desde el 11-S. Basta con aparecer media hora antes de la salida, y los trámites pre-embarque son una comprobación del pasaporte de puro trámite, y un detector de metales que no requiere quitarse ni el reloj, ni los zapatos, ni el cinturón, con lo cual el pasajero se ahorra el humillante ritual que se ha convertido en norma antes de coger un avión. Además, el Eurostar sale y llega al corazón de la ciudad, a menos de media hora de casi cualquier punto. Nada que ver con los lejanísimos aeropuertos de Heathrow o Charles De Gaulle.

En mi experiencia personal, tardé una hora desde que salí de casa hasta que subí al tren, más dos horas y cuarto de viaje y otra media hasta el punto de destino. No es un gran ahorro de tiempo, pero sí que resulta mucho más productivo estar sentado en el tren escribiendo estas líneas en lugar de esperar en la cinta de equipajes u, horror, en un tren de cercanías hasta la bandera. Por cierto, pequeño detalle: los seis Eurostars que he cogido han salido a su hora.

El viaje en sí, para qué nos vamos a engañar, tiene bastante margen de mejora. Hoy, es como cualquier tren normal y corriente. Los asientos no son especialmente cómodos (no he probado la clase business aún), las piernas del señor sentado frente a ti se entrecruzan con las tuyas, y la cabeza se te cae hacia los lados cuando intentas echar una cabezada. En el último viaje, además, tuve la mala suerte de ir junto a una familia india con un recién nacido aspirante a soprano. Entiendaseme, no censuro el hecho de viajar con un bebé (posiblemente más coñazo para los propios padres que para los demás), por lo que decidí contraatacar los berridos del crío con su propia medicina: puse a todo tren la banda sonora de Slumdog Millionaire en mis auriculares Bose. ¡Ja! Fin del problema.


La experiencia Eurostar es una de las pocas -ahora mismo la otra que se me viene a la cabeza es la invención del radiador secatoallas- que le hacen a uno sentirse orgulloso de su condición de humano. Y mucho me temo que pocas marcas pueden aspirar a ofrecer una sensación parecida.

De catástrofes verosímiles y catástrofes verídicas


Ante la sequía cinematográfica generalizada -de la penúltima que vi, Surrogates, con Bruce Willis, no me alcanzó el entusiasmo para escribir un post- ayer fuimos a ver 2012, la nueva y definitiva película de catástrofes del amigo Roland Emmerich.
Después de hacer que los extraterrestres arrasaran la Tierra en Independence Day y que la era glacial se llevara por delante la Estatua de la Libertad en El día de mañana,
el director alemán nos plantea ahora una destrucción por... bueno, porque el sol se recalienta, y el núcleo de la Tierra se vuelve loco. Whatever.
Tan complicada es de explicar la razón de todo este cirio, que algunos americanos se lo han tomado en serio, y la NASA ha tenido que montar una rueda de prensa para confirmar que la Tierra seguirá en su sitio dentro de tres años. En fin.

Los efectos son cojonudos, o casi tan cojonudos como se pueden hacer con un presupuesto de 250 millones de dólares. ¿Credibilidad? Hombre, por muchos píxeles que se le echen, resulta complicado creerse al monte Everest en primera línea de playa.
2012 es una película que, si se quiere ver, hay que hacerlo en un cine. Es más, si se puede elegir, lo ideal sería verla en una sala Imax, o en 3D, con un buen cubo de palomitas entre las piernas. La escena, por ejemplo, en la que los protagonistas tratan de escapar de Los Ángeles en avioneta, tiene que ser impresionante vista así.

Entre tanta destrucción, de vez en cuando aparece algún actor. El protagonista máximo, John Cusack, parece recién salido del rodaje de Con Air. El mismo aire de empanado, y la misma capacidad de resolver situaciones límite sin darse cuenta. El único que parece disfrutar entre tanta pantalla verde es Woody Harrelson, que se pasa lo que dura su papel -pequeño- con cara de esperar a cobrar el cheque -grande-.

De la película me quedo con dos cosas: una, ese presidente español entre el top ten de líderes mundiales dispuestos a decidir el futuro de la raza humana, y dos, con esa escena totalmente gratuita pero siempre resultona de la destrucción del Vaticano.

Aunque para catástrofe de verdad, la que se vivió el pasado sábado en París. La historia es que un sitio web llamado Mailorama había anunciado como show de relaciones públicas en el que iba a repartir 100.000 euros por la patilla debajo de la Torre Eiffel. Evidentemente, 5.000 personas se dieron cita allí, esperando la oportunidad de rascar algo, aunque si hacemos la media, cada uno de ellos habría perdido la mañana para irse a casa con... 20 euros. En fin, que me pierdo.

Total, que los diez agentes de seguridad privados contratados por Mailorama se vieron desbordados por semejante avalancha humana, y la policía decidió anular el espectáculo. Esto no terminó de convencer a los allí reunidos, que ni cortos ni perezosos comenzaron a lanzar de todo, y en un momento de calentón, alehop, pusieron un coche ruedas arriba. Diez arrestos y unos cuantos porrazos después, las cosas volvieron a su cauce. Ahora, eso sí, parece que será Mailorama la que tendrá que utilizar los 100.000 euros que pretendía distribuir para pagar la cuenta de los desperfectos. Seguro que si el presidente de Mailorama va al cine, 2012 le parece baba de caracol al lado de la que le han preparado sus chicos de márketing.

De la puerta entreabierta al pasen y vean


Supongo que, si no fuera porque este blog no aparece indexado en los resultados de Google, alguien de Microsoft ya me habría enviado un email para pedirme explicaciones.
Después de hablar el otro día sobre Bing, hoy me toca hablar sobre el otro proyecto estrella de los chicos de Bill Gates: Windows 7. Para empezar, esta mañana vi las estadísticas de u
so de sistemas operativos, y ocho años después de su lanzamiento, Windows XP sigue moviendo la mitad de los ordenadores del mundo.

Después de haber tenido que admitir que Windows Vista es un mal producto -apostaría a que el 99,9% de personas que lo usan, compraron el ordenador con Vista preinstalado-, parece que quieren hacer las cosas bien con Windows 7. El pasado día 11, en un ataque de sinceridad, un directivo de Microsoft admitió que se habían inspirado en Mac para hacer el diseño gráfico de W7.

La cosa no acaba ahí. Porque anteayer Microsoft anunció el lanzamiento de un programa para vender publicidad sobre el escritorio de Windows 7. En principio, lo que están proponiendo es la descarga opcional de "themes" de marcas; es decir, que el usuario puede descarga
rse desde la web de Microsoft un salvapantallas de Coca-Cola, customizar los sonidos para que al abrir una ventana suene como el motor de un Porsche o colocar de fondo de pantalla una película de la Fox.

No tengo Windows 7, pero si el sistema es así, opcional y no intrusivo, me parece bien. Es decir, me parece bien moralmente, aunque desde el punto de vista de márketing me parece estú
pido que por ejemplo la Fox pague a Microsoft por alojar los fondos de pantalla de Avatar en una web de Microsoft. El usuario que quiera bajarse un fondo de pantalla de Avatar hará lo que ha hecho siempre: irse a la web oficial de la película, y bajarlo. O, más rápido, abrir Google Images y seleccionar una entre las decenas de posibilidades disponibles.

Lo inquietante de esta noticia es lo complicado que parece abrir la puerta del sistema operativo a los anunciantes, y mantenerlos a raya para que no dañen la experiencia del producto. Que los anuncios no den el coñazo cada vez que encendemos el ordenador, vamos.
La publicidad en el mundo online puede ser cualquier cosa menos intrusiva. Como muestra, un botón: mi proveedor de internet, Orange, me ha obsequiado con un pop up que
aparece cada media hora en pantalla acompañado de un sonido (chaaaaaaaaaaaaaaan!) que me interrumpe lo que sea que estoy haciendo. Lógicamente, a cada aparición del dichoso pop up (que es imposible de desinstalar), mi odio por la marca va creciendo exponencialmente.

¿Es posible dejar entreabierta la puerta del sistema operativo a la publicidad? Es una cuestión de fondo para la que no estoy seguro que Microsoft tenga una respuesta clara. Igual se trata de cambiar el modelo de negocio, y regalar el producto a cambio de recibir publicidad. En otras palabras, hacer lo que hace Google.


Y hablando de Wind
ows 7, no puedo dejar pasar por alto algo tan brillante y sencillo como lo que han hecho los chicos de Mac en Adwords. Genial.

Cien años de efectos en cinco minutos

Bing, en toda la boca


El pasado mes de mayo, la prensa mundial apareció invadida de entrevistas con Steve Ballmer y comunicados de prensa de Microsoft. El objetivo: promocionar el lanzamiento de Bing, el nuevo y revolucionario motor de búsqueda con el que los chicos de Redmond quieren hacer frente a Google.

Supongo que como la mayoría del personal que se pasa media vida conectado a internet, mi reacción fue automática: tecleé bing.com y me puse a probar el nuevo buscador.
Lo primero que ves es una foto aleatoria en el fondo. Esto, independientemente de que implique tiempo de carga de la página adicional, tiene cero valor añadido. Si por lo menos te pusiesen en un pie de foto "Tribu Atagualpa degustando sopa de ñu" o la imagen fuera de un fotógrafo conocido, o Natalie Portman... lo que sea, pero así, no.

Hice un par de búsquedas (sí, una de ellas fue mi nombre) y me quedé como estaba. La única novedad es que no había publicidad ni en el lateral, ni sobre los resultados de la búsqueda.

Así que lo cerré y seguí utilizando Google. En la web no hay segundas oportunidades.


Ayer, día 10, abro la edición digital de El País, y leo una entrevista con Jordi Ribas, un español encargado del desarrollo de Bing. El titular prometía: "En diez años, si todo va bien, queremos superar a Google". Empiezo a leer el intercambio de preguntas y respuestas, y me bloqueo en la tercera:

P. ¿Cuánto queda para que Bing esté completamente listo en Europa y en España?

R. Aún no hemos anunciado nada en ningún mercado europeo, en parte para que nuestros competidores no lo sepan. Queremos estar preparados. No nos vamos a poner de momento una fecha, vamos a ponernos un nivel de calidad. Y cuando la consigamos, entonces lo lanzaremos.

Lo vuelvo a leer. Alucino. Busco (en Google) uno de los comunicados de prensa de mayo. Lo encuentro. Y es verdad: Microsoft lanzó en mayo Bing... en EE UU. El resto del mundo estamos utilizando el mismo churribuscador antiguo, Live, pero con el logo de Bing en su lugar.

¿Cómo se puede ser tan torpe? ¿Cómo aspiran estos señores a competir con Google, si ni siquiera saben lanzar un producto? Lo primero en lo que pensé fue en el estreno de Batman, cuando -como conté en mi anterior post- las películas americanas llegaban a Europa con meses de retraso.

Es ridículo pretender lanzar un producto online y restringir geográficamente ese lanzamiento. Lo que ya me parece que no tiene nombre es lanzar una nueva marca -Bing- para envolver un producto fracasado bajo otra marca -Live-. Es como, qué sé yo, si Nintendo hubiese lanzado la Wii, y al abrir la caja te encuentras con la Nintendo 64. O como si Coca-Cola lanzase una nueva bebida y dentro de las latas metiese Cherry Coke. Absolutamente demencial.

Y pretenden superar a Google en diez años. Les sugiero que empiecen por la base: no le tomen el pelo al consumidor.

Batman, 20 años después

Para los de mi quinta, que no vivimos las colas en el cine en el estreno de Star Wars, el murciélago fue nuestra primera gran experiencia en un cine. El 29 de septiembre de 1989, o lo que es lo mismo hace la friolera de veinte años, mi madre me llevó al cine a ver la película que más había esperado en mi entonces corta vida.
En aquella época, las películas se estrenaban meses antes al otro lado del Atlántico, y sólo nos enterábamos de ellas cuando veíamos el póster pegado en la puerta del cine.
No fue mi caso con Batman: mi padre había ido unos meses antes a Nueva York y a la vuelta me trajo en lugar del coche metálico de Burago habitual, una camiseta negra con el murciélago sobre fondo amarillo. Huelga decir que la llevé al colegio al día siguiente para envidia cochina de muchos...

Ayer, más de dos décadas más tarde, me senté otra vez a ver el Batman de Tim Burton. En general, no fue una buena experiencia: los infinitos making of que he visto me hacen pensar en las mil maquetas y matte paintings de la película, la música de Danny Elfman -tema principal aparte- me parece fuera de tono y el Joker de Nicholson está lejos de la perfección que tenía en la memoria.

La narrativa también ha cambiado en estos años, o por lo menos yo me he habituado a otro estilo. En ese sentido, el Batman del 89 me parece hoy una película lenta. Qué demonios, hasta el tráiler, que en su momento me ponía los pelos como escarpias, me parece aburrido hoy.



Aunque lo más sorprendente es que es muchísimo más de plástico de lo que recordaba. Me explico: si en su momento la innovación de esta película fue la aproximación seria al personaje de Batman, hoy parece una extensión del mundo exagerado del cómic. Y es que los dos peliculones de Christopher Nolan han hecho mucho daño a la película de Tim Burton.

Eso sí, Michael Keaton sigue siendo un error de cásting tan grande como veinte años atrás; de hecho, Imdb cuenta que en su momento los fans enviaron 50,000 cartas de protesta a la Warner. Se habría montado un pollo si hubiera existido entonces Internet.
Lo único que sigue vigente después de tanto tiempo es el Batmóvil, una obra maestra de diseño con la que el troncomóvil del actual Batman no puede competir.


La lección que extraigo de esta revisión al Batman de Tim Burton es que el tiempo nos cambia la perspectiva de las cosas, y en el caso del cine sólo las obras maestras -sí, estoy pensando en La ventana indiscreta, Goldfinger o Star Wars- resisten imperturbables el paso del tiempo.

EA

"Ea" es el recurso lingüístico conquense que mi amiga Irene utiliza para dejar una conversación vista para sentencia, y ahí todos sabemos que no tenemos nada más que añadir.
Esto viene a cuento por una historia de 2007, pero que conocí ayer sin ir más lejos. Resulta que un chaval americano estaba jugando en su Xbox 360 al Tiger Woods 08, cuando en un swing pasado de vueltas, la bola se le va al agua. Ni corto ni perezoso, la versión pixelada del golfista americano, da unos pasos sobre la superficie del agua, balancea un swing y continúa tranquilamente con su hoyo.

El chaval, con el nick Leviatan25, lo graba en vídeo y lo sube a YouTube. A partir de ahí, la marimorena habitual: miles de visionados del vídeo, y un montón de comentarios sobre la cagada de programación, LOL, que si los de Electronic Arts son cada vez peores, MEGALOL, que si para esto me dejo yo la pasta y un largo etcétera. El Jesus shot le llamaron con mucha y brillante mala leche.


Ni cortos ni perezosos, los amigos de EA (entiendo que su agencia de comunicación tuvo algo que ver en ello) convocan al Tiger de carne y hueso y suben su propia versión de la historia a internet.
Así funciona el márketing hoy. Tremenda lección.
O como diría mi amiga Irene, ea.

20 segundos para destruir Windows 7

Una de Urban Football

Hace unos días, unos chavales de la agencia me llamaron para que me apuntara a un equipo de fútbol que habían hecho para participar en un torneo entre empresas. Me apunté, y ayer por la noche los Didiers des Champs participamos en el susodicho torneo.

De camino hacia el campo, me dijeron que en realidad no era fútbol normal, ni tampoco fútbol siete, y como en este país no juegan jamás a futbito, yo ya no estaba muy seguro de a qué íbamos a jugar. La respuesta es "Urban Football", una modalidad que se han inventado y que se juega en un terreno de hierba artificial del tamaño de una pista de tenis, cinco contra cinco.
Las novedades: no hay fuera de banda ni corners y sobre todo está prohibido entrar en el área (o salir, para los porteros) so pena de penalti. Esta última regla me parece un poco desmesurada, y de hecho más adelante casi nos costó eliminación, cuando nuestro portero -el que se la ponía en ese momento, en realidad- osó sobrepasar con un pie la línea de cal al despejar un balón.


La cosa estaba bien montada, a lo grande. Patrocinado por Nike, había siete campos al aire libre y uno cubierto. Cada terreno tenía el nombre de un estadio -nosotros jugamos en el Bernabéu y el Camp Nou- y cada taquilla de la ropa tenía el nombre de un jugador patrocinado por Nike. Como la de Cantona estaba cogida, me conformé con la taquilla de Luis Figo.
Nike estaba presente por todos lados: en los balones, en el uniforme de los árbitros, en los petos (chasubles en francés) y hasta en la ropa de las masajistas.
Además de Nike, Powerade, Konami con su ProEvolution y Alfa Romeo también paseaban sus logos y productos por el evento.

Me gustaría ver el rendimiento que le saca Nike a este evento. No sé cuánta sería la inversión, pero por el grado de detalle y el nivel de la organización -más los 35 euros que costaba la inscripción par tête-, yo apostaría a que se han dejado 100K euros tranquilamente. Y todo eso, para 200 tíos que estábamos ahí, no sé si no se me hace demasiado. Sirva el boca a oreja de este post para contribuir a amortizar la inversión de Nike, y que sigan montando saraos de estos for the love of the game de cuando en cuando.

Treinta y cinco años y un millón de personas por detrás de Francia

Hay días en que le dan ganas a uno de devolver el pasaporte. Llego esta mañana a trabajar, y en lugar de preguntarme por el finde, lo primero que me lanzan es qué coño ha sido la manifestación en España en contra del aborto. Intento explicarles que no, que es una cosa de la Iglesia católica, y que habrán ido los integristas de siempre.
Pero es que luego leo el artículo de Le Figaro, y dicen que ha habido más de un millón de personas, entre los cuales, además de lo mejor de la iglesia católica, se encuentra la flor y nata del pepé, nuestro querido ex-presidente Ánsar incluido.

Más tarde descubro que el alucine de los franceses -y de las francesas- viene del hecho de que el aborto está liberalizado hasta las diez primeras semanas desde 1974 (o lo que es lo mismo, hace 35 años, cuando nosotros seguíamos acaudillados), y hasta doce semanas desde 2001.
Hoy ha salido el cardenal Rouco ha explicar que el Estado no es el dueño de la vida, ya que la vida, como la ciencia ha ampliamente demostrado, sólo es de Dios (supongo que habría que matizar que del dios de los católicos). Añade, ufano como es él, que esa manera de tratar la vida no se veía desde la II Guerra Mundial.

Y claro, a uno ya le toca un poquito el orgullo patrio, y un muchito las pelotas.

Punto primero: ¿por qué la iglesia católica sólo se dedica a montar marchas contra cosas? Antes contra el matrimonio de los gays, ahora contra el aborto. Que dejen a la gente en libertad, y que cada uno haga lo que crea oportuno.
Punto segundo: ¿Por qué el pepé no cambió nada durante los cuatro años de mayoría absoluta que tuvo? La perspectiva de volver a tener un gobierno rehén del crucifijo me pone malo. ¿Cuándo tendremos en España un partido de derechas laico?
Punto tercero: ¿por qué Rouco no recuerda que muchas muchísimas de las deportaciones de judíos, eslavos y un largo etcétera que incluye republicanos españoles se realizaron con la vista gorda cuando no la colaboración directa de la iglesia católica?

Creo que ya es hora de quitarnos la careta con la iglesia católica en España. De entrada, que le cierren de una el grifo del Estado, y que como establishment que son, pasen a gestionarse como una empresa privada. Si lo hemos conseguido (o casi) con Iberia y Telefónica, por qué no con éstos.

The Power Of Fun

Los amigos de Volkswagen han montado una cosa que se llama The Fun Theory, en la que básicamente quieren demostrar que haciendo las cosas divertidas, podemos conseguir mejorar el planeta.
Constryendo marca a tope, y sin poner coches en ningún sitio.







PD: lo mismo un día consiguen que hasta yo recicle...

De vuelta a la guitarra de John Lennon

Supongo que cada uno tenemos nuestras influencias musicales. En mi caso, las mías van desde mi madre, que me ponía la Sinfonía de los Juguetes de Leopold Mozart para dormir, hasta mi primo Obelix, que me descubrió Siniestro Total o Led Zeppelin, pasando por Álvaro Álvaro que me introdujo al maravilloso mundo coral de Manolo Kabezabolo o los memorables Buffalo Springfield.
Tanta variedad de gusto, tanta heterogeneidad de criterios, y sólo un grupo incuestionable para todos, unánimemente celebrado: The Beatles.


Así, tuve la suerte de crecer al lado de George, John, Paul y Ringo, iniciándome con la armónica de Lennon en Love me do y acabando con el Let it be de Macca. Tu primer A hard day's night, el viaje iniciático a través de Sargent Pepper's o la locura de Helter Skelter son cosas que se te quedan huecograbadas en la memoria.
Los Beatles fueron mi primera frikada: enseguida me hice coleccionista de todo tipo de cosas relacionadas con ellos, desde libros -aquel maravilloso pop-up q
ue me regaló Paco Recio- hasta vídeos, camisetas, imanes, pins y hasta un reloj. En Santander tengo una balda con la discografía completa, singles, rarities y demás historias de los Fab Four.

Con el paso de los años, me fui dando cuenta de que, aparte de dejarme una pasta en el coleccionismo, la cosa parecía no tener fondo. Además, no es lo mismo que tu dinero repercuta en los artistas que se lo curraron, a que los millones le lluevan a una colección de viudas, hijos y directivos de Apple Corps.


Desde el 95, cuando sacaron el álbum inédito "Live at the BBC", la cantidad de merchandising de los Beatles ha explotado, hasta el punto que han conseguido sacar hasta tres álbumes nuevos de un grupo extinto en 1970: Anthology, One y Love. Todos ellos, por cierto, éxitos de ventas.
La cosa es que ahora, al borde del 40 aniversario de la ruptura, vivimos una nueva ola de merchandising beatlemaniaco: una nueva ola de camisetas, tazas, libros y hasta un videojuego invaden las tiendas.
Aunque el plato fuerte es la remasterización de la discografía completa, re digitalizada a partir de las grabaciones originales -que se conservan en una caja fuerte en Abbey Road Studios- y que, según los críticos, dejan en ridículos los "patéticos" CDs existentes hasta ahora. Además, ha sacado una caja con toda la discografía en mono -tal y como fue concebida y como sonaba cuando fue publicada en LP por primera vez- que tiene su rollete, si no fuera por los 339 euros que cuesta.


Como beatlemaniaco que soy, creo que sólo el videojuego Rock Band: aporta algo nuevo, y da un valor añadido al legado de, porqué no decirlo, la marca The Beatles. La remasterización de los álbums no creo que ofrezca nada a la gente que está habituada a la calidad mp3; es más, me encantó escuchar al propio Paul McCartney comentar que a él los Beatles le gustaban hasta en la radio de la playa. Y la remasterización de los álbums, por mucho que la vendan como deluxe, está editada en cartón.


Para llegar a erosionar una marca tan fuerte como The Beatles tendrían que hacer algo muy gordo, como una película de su vida con Orlando Bloom en el papel de John Lennon. Y quizá ni aún así.

Aunque, por mucho que me moleste la sobreexplotación de los chicos de Liverpool, siempre es y será un gustazo darle al play y empezar otra vez por el principio, por la armónica de John Lennon.

Madrid 2016: porque no.

Porque dónde vamos con dos Bobones entre los ocho ponentes españoles.

Porque nadie sabe quién cojones es Mercedes Coghen.


Porque Samaranch no pinta nada a estas alturas, y en 2016 es probable que esté en la Almudena.


Por hacer un vídeo titulado "Vente pa Madrí" con guitarritas y sevillanas.

Porque, asumámoslo, España no es tan importante como para montar dos Juegos Olímpicos en sólo 24 años.

Porque no puede ser que ZP, Gallardón & Co salgan haciendo la presentación en español porque no hablan una palabra de inglés.

Porque dónde van con Raúl hablando en público (había anunciado horas antes en el As que estaba "haciendo de lobby").

Porque lo de la rotación de continentes debería pasar ya a ser norma escrita, y así nos habríamos ahorrado mucha pasta.

Porque en 2020 nos esperan los franceses con los cuchillos afilados.

Porque mola mucho más que nos den el Mundial de fútbol de 2018.

¿The fall of Fallon?

Una de las agencias que más admiro es la inglesa Fallon. Hace un par de años, sacaron una campaña tremenda para Cadbury, dejando de mostrar gente feliz comiendo chocolate y compartiendo el sentimiento de felicidad que nos produce comer chocolate.

La campaña resultó una de esas alineaciones planetarias que consiguen un Gran Prix de Cannes y a la vez aumenta las ventas de la marca. Además, generó un sinfín de conversaciones on y offline, desde grupos de fans en Facebook hasta remakes en YouTube, hasta rumores de que, en realidad, Phil Collins se escondía bajo el disfraz del gorila. El director creativo, el argentino Juan Cabral, se convirtió en una superestrella y dejó Londres para trabajar como un rey desde Argentina.
Sin embargo, lo realmente difícil no ha sido llegar a la cima, sino mantenerse. La continuación de la campaña fue un spot plano con una música equivocada, que no convenció al personal. El gorila parecía difícil de superar.

La siguiente pieza de "A Glass and a Half of Milk" fue otro flop. La historia de dos niños que se aburren en una sesión de fotos de carnet y deciden animar sus cejas por ordenador, no tenía la frescura del gorila, y parecía -lo era- muy prefabricada.

Ahora nos llega la última pieza de este puzzle, que por lo visto quiere contar que Cadbury es buenrollista al comprar su cacao en Ghana. O eso.

Mi amigo Dan dice que el problema es que, una vez más, los propios creativos no han sabido cuál era la idea creativa, o no han sabido transmitirla igual de bien. Yo creo que a la gente sencillamente le molaba la idea de ver a un gorila tocando la batería...

Un libro ideal para el siglo XXI: The Lost Symbol

Una cosa que vengo observando en los últimos tiempos -y no me tengo por una persona particularmente rápida a la hora de detectar este tipo de cosas- es el ansia de la gente por consumir novedades. Antes, podíamos esperar un tiempo antes de ver una película, comprar un pantalón o escuchar una canción. Ya no es así: ahora lo queremos todo ya. En Zara, por ejemplo, tardan tres semanas desde que deciden hacer una prenda hasta que la venden, y normalmente no estará a la venta más que una semana. Los blockbusters de Hollywood hacen entre un tercio y la mitad de su recaudación total durante el primer fin de semana de exhibición. Y yo llevo dos semanas considerando seriamente romper mi auto-promesa y no esperar a Navidad para comprarme el nuevo juego de Batman para la PlayStation.
El siglo XXI parece que está hecho de experiencias breves, intensas y olvidables.


Será para calmar la ansiedad que acepté a préstamo "The lost symbol", el nuevo libro de Dan Brown. Tengo que reconocer que leí "El código Da Vinci" tarde, cuando ya era un boom, y más obligado por la sociedad (y cuando digo la sociedad, digo mi querido amigo Blaski) que por interés propio. Pues bien, aquel libro me duró 48 horas. "The lost symbol" me ha durado un poco más: del jueves al lunes.

Se puede discutir la calidad escritora de Dan Brown (
"La Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini glorificaba los cuatro mayores ríos del Mundo Antiguo - el Nilo, el Ganges, el Danubio y el Río de la Plata" suelta tan tranquilo en el Código Da Vinci), pero está claro que el tipo ha dado con una fórmula que domina, y que además funciona a las mil maravillas.
"The lost symbol" vuelve a seguir las aventuras de Robert Langdon -aquí sin el espantoso corte de pelo de Tom Hanks- a través de una ciudad -Washington donde antes estuvieron París y Roma- con una malo malísimo que le persigue, una científica que le acompaña y en medio de una conspiración religiosoide que amenaza con acabar con algo importante.

El libro vuelve a estar dividido en infinidad de capítulos cortos, como secuencias de una película, cada uno de ellos rematado por un cliffhanger, un momento emocionante que te deja, literalmente, colgado del acantilado.

Hay dos cosas que no puedo aguantar de Dan Brown: una, su manía de enfatizar frases importantes en cursiva (será para que los lectores americanos no se pierdan) y dos, las veintisiete veces que utiliza en cada novela frases del estilo "y entonces, como golpeado por un rayo, supo la verdad".
"The lost symbol", más allá de las pajas mentales de los rompecabezas religiosos, que a mí me importan más bien poco, está bien narrada, y hasta tiene una escena (la persecución a oscuras) bastante brillante. Tengo la suerte, además, de que no soy de esos (y a la cabeza de "esos" vuelve a estar el inefable Blaski) que se adelantan al giro final de una trama. Al llegar a ese punto del relato, una vez más me di cabezazos contra la pared al comprobar que todas las piezas encajaban por fin.

El final de la historia, como pasaba en sus novelas precedentes, es intrascendente. La conspiración no es para tanto, y después del gran giro hay treinta páginas de epílogo morralloso que deberían venir impresas con un trepado para ser arrancadas directamente sin estropear el resto del libro.
Eso no quita para que la nueva novela de Dan Brown sea un libro ideal para el siglo XXI: breve, intenso y olvidable.

Apocalipsis


El mejor documental que he visto desde hace mucho es sin duda la serie que ha sacado National Geographic para conmemorar el 70 aniversario del comienzo de la guerra. Apocalipsis, que así se llama la cosa, es una coproducción anglo-francesa que, a lo largo de seis capítulos, narra la Segunda Guerra Mundial de cabo a rabo. La novedad de la propuesta radica en el uso de multitud de imágenes inéditas, así como otra gran cantidad de imágenes hábilmente coloreadas. Apocalipsis -uno no entiende lo acertado del título hasta que ve las imágenes- es una síntesis casi perfecta del mayor conflicto armado de la historia de la humanidad: 60 millones de víctimas así lo demuestran. Personalmente, el documental me ha aportado poca información nueva, aunque sí me ha sorprendido ver ciertas imágenes que no conocía, como por ejemplo los campos de trabajo para prisioneros alemanes que montaron en Texas y Virginia los americanos. También he aprendido que la segunda ciudad más machacada por la guerra, después de Varsovia, fue contra todo pronóstico Manila. Otra imagen tremenda, que yo no había visto hasta hoy -y que pego aquí- es el cadáver de Goebbels, el ministro de propaganda del Tercer Reich. Antes de inmolarse, Goebbels había envenenado uno por uno a sus siete hijos y, junto a su esposa, había proclamado su orgullo por tener el honor de morir junto a Hitler.

Aunque lo mejor de Apocalipsis es, sin duda, poder ver las imágenes en color. Puede parecer una obviedad, porque no por ser en color debería cambiar nada, pero el hecho de ver la carne de su color y la sangre del suyo, hace que uno caiga en la cuenta de que ese drama mundial no tuvo lugar hace tanto tiempo. El único fallo que le echo en cara es que, si bien uno de los dos factores clave de la derrota nazi, la apertura de un frente en el Este, se detalla ampliamente, el otro, la ruptura del código secreto alemán Enigma por los ingleses desde prácticamente el principio de la guerra. Esto fue clave, por ejemplo, en la famosa batalla de El Alamein, en la que Montgomery jugó viendo las cartas de su adversario Rommel.

La Segunda Guerra Mundial es un tema fascinante que nunca se termina de descubrir. El otro día apareció un viejecito italiano diciendo que había sido enviado por Mussolini para ver las pruebas atómicas de Alemania. ¿Cuánto le faltó a los alemanes para dejar Londres como Nagasaki? Lo dicho, acojonante.

Bastardos sin (pena ni) gloria

El verano cinematográfico echó por fin su telón para mí anoche, cuando vi Inglourious Basterds, la última de Tarantino. Tarantino + Segunda Guerra Mundial es a priori un cóctel explosivo, y encima Brad Pitt aparecía como protagonista en los posters. Hablando del tema, alguien tendrá que explicarnos por qué demonios en la versión francesa del cartel de la película han decidido quitar la esvástica que aparece dentro de la O del título originalmente.

Parto de la base de qu
e IB dura dos horas y media. En cualquier otro director -Spielberg incluido- me parecería una locura, una ida de olla. En el caso de QT, me dije qué coño, Kill Bill y Pulp Fiction también eran películas largas y al salir parecía que habían durado un suspiro.
No es el caso de los Bastardos. La película está dividida en capítulos, como suele hacer Tarantino, y casi me atrevería a decir que cada capítulo es una escena de veinticinco minutos. Alguna tremenda -el interrogatorio a los soldados alemanes en el bosque- y otras -las demás- sencillamente demas
iado largas.

Además, no tardamos en descubrir que, en realidad, Brad Pitt no es el protagonista de la peli. Aunque eso al final no es necesariamente malo, porque Christoph Waltz borda el papel de oficial cazajudíos nazi, aunque sí es verdad que nos quedamos con ganas de más minutos de Brad, que se nota que está tan en su salsa como hace unos años en Snatch.
De hecho, me quedé un poco sorprendido de que los Bastardos Sin Gloria al final fuesen un accesorio más -y como todo accesorio, posiblemente prescindible- del guión de Tarantino.


Aún pasando por alto todas las incoherencias del guión de QT -ese pastor francés que habla inglés perfectamente, ese Hitler en París en junio del 44-, la música por primera vez intrascendente e incluso dejando de lado lo previsible del guión, el principal problema de IB es su ritmo. Supongo que Quentin, siempre obsesionado con hacer versiones modernas de los spaghetti westerns de Sergio Leone, estaba convencido de que su habilidad para el diálogo le permitiría mantener al personal pegado a la pantalla. En mi caso personal, no fue así: encontré a mi cerebro en la escena cumbre de la película divagando sobre cosas totalmente alejadas de lo que aparecía en pantalla.


Y luego, una vez más, está el mensaje de fondo sobre los judíos asesinados por los nazis. Que sí, que fue una putada, que pobre gente... pero también hay que recordar que por cada judío muerto en la Segunda Guerra Mundial, hubo diez víctimas que no eran de esa religión. Un día habría que hacer las cuentas para ver cuántas películas sobre la IIGM narran el Holocausto. Me juego el cuello a que son bastantes más del 10%.


En fin, que el autor de estas líneas se va una semana de vacaciones a la maravillosa isla de Menorca. Para ambientarme, he empezado a leer un libro sobre la isla durante la Guerra de Sucesión. A la vuelta más. Sed buenos.

Summer's almost gone


El verano da sus últimos coletazos, y paradójicamente hoy ha sido uno de los días de más calor en París.

El pasado finde estuve de visita en Rouen. Hace justo diez años, en el verano del 99, me pasé un mes en la Alliance Française que estaba entonces en el muelle junto al Sena. Pasé un mes aprendiendo francés allí, viviendo en casa de Madame Dussart y dividiendo mis días entre las clases y el O'Kallaghans, un pub irlandés frente a la iglesia de St Ouen. Allí, como buen hispanoparlante imbécil, me hice amigo de un venezolano llamado Chespi, que entonces sabía tan poco francés como yo.

Diez años más tarde, la catedral sigue ahí, la iglesia de St Ouen y el Grand Horloge, también. Y también sigue ahí mi amigo Chespi, ahora arquitecto, ex-jugador de la primera división de béisbol en Francia y experto rouennais que hizo de cicerone. Y también sigue allí el O'Kallaghan's, aunque han quitado las mesas de picnic de la terraza en la que tantas horas invertimos. Una ciudad fantástica Rouen, muy parecida a Estrasburgo, pero con la ventaja añadida de que, una vez que pongan el TGV, uno se podrá plantar en París en media hora.

Como decía Morrison, summer's almost gone. Almost.

El reloj de Ca la Xiqueta

En Ca la Xiqueta, una casa de pueblo en pleno Ripollés catalán, mi abuela Roser ha pasado prácticamente todos los veranos de su vida. Una de sus pocas aficiones es el coleccionismo de relojes baratos, que distribuye más o menos aleatoriamente por estanterías, paredes, mesas y mesillas. Pero la mayoría de sus relojes no funcionan. Se han ido apagando poco a poco, sus manecillas abiertas en todo tipo de ángulos extravagantes, marcando horas ficticias de días que no volverán.

No muy lejos de su casa fue por donde, en febrero de 1939, tuvo que cruzar hacia Francia, parte de una marea humana que arrastró a medio millón de españoles hacia un exilio forzoso. Me habló del campo de Argelès Sur Mer, y de los ocho largos meses que pasó allí, compartiendo nueve metros cuadrados con otras ocho personas, las maletas colgadas de las vigas del techo, sus vidas en suspenso en una playa al sur de Francia. Tuvo suerte de no formar parte de la primera oleada de emigrantes que llegó a Argelès, cuyos hombres montaban los barracones mientras las mujeres dormían en la húmeda arena.
Pasaban los días sin nada que hacer, custodiados por soldados senegaleses que debían ocuparse de que nadie abandonara aquel campo provisional, como le llamaban los franceses. En aquel invierno del 39, si el gélido viento que barría el litoral no les dejaba salir del barracón, pasaban el día matando pulgas. De ahí, según ella, viene la idea de llamar al dedo gordo el pulgar.

Luego, en mayo de 1940, pudo irse con sus padres a Toulouse, donde pasaron tres años, los últimos bajo dominio alemán, trabajando para la Asociación Católica de Ayuda a los Refugiados por las mañanas y con los cuáqueros americanos -una secta benevolente, precursora de lo que ahora llamaríamos ONG- por las tardes. Tres años más tarde, en mayo del 43, mi abuela y sus padres decidieron que era complicado que la España franquista fuese mucho peor que la Francia ocupada, y emprendieron el camino a casa. Muchos otros jamás regresarían.

Le hemos comprado un reloj nuevo a Roser. De esfera grande y clara, para que pueda leerlo sin mucho esfuerzo. Nos pidió que le ajustásemos la alarma a las ocho en punto. Aún no se pone el sol en Ca la Xiqueta.

THE Rock Band



El próximo 9 del 9 del 09 sale a la venta Rock Band: The Beatles, que supone el primer juego de música para consola que no sólo incluye canciones de los Beatles, sino que está dedicado íntegramente a los Fab Four.

Pues bien, acaba de salir el tercer tráiler del juego, y lo que es todavía mejor, se ha filtrado la que parece será la track list definitiva. Hela aquí:

Singles:
I Want To Hold Your Hand
I Feel Fine
Day Tripper
Paperback Writer
Revolution
Don’t Let Me Down

Please Please Me:
I Saw Her Standing There
Boys
Do You Want To Know A Secret
Twist and Shout

With the Beatles:
I Wanna Be Your Man

A Hard Day’s Night:
A Hard Day’s Night
Can’t Buy Me Love

Beatles For Sale:
Eight Days a Week

Help!:
Ticket To Ride

Rubber Soul:
Drive My Car
I’m Looking Through You
If I Needed Someone

Revolver:
Taxman
Yellow Submarine
And Your Bird Can Sing

Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band:
Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band/With a Little Help From My Friends
Lucy In The Sky With Diamonds
Getting Better
Good Morning Good Morning

Magical Mystery Tour:
I Am The Walrus
Hello Goodbye

The Beatles (White Album):
Dear Prudence
Back In the U.S.S.R.
While My Guitar Gently Weeps
Birthday
Helter Skelter

Yellow Submarine:
Hey Bulldog

Abbey Road:
Come Together
Something
Octopus’s Garden
I Want You (She’s So Heavy)
Here Comes the Sun

Let It Be:
Dig a Pony
I Me Mine
I Got a Feeling
Get Back

Love:
Within You Without You/Tomorrow Never Knows

Aunque me hubiese gustado que pusieran albums enteros (para mí Sgt Pepper's es un loop que empieza y acaba como diría Joaquín Luqui con el Sargento Pimienta y su Banda de Corazones Solitarios), mi primera valoración no puede ser más positiva.

Revisando la track list, me he dado cuenta de la cantidad de temas gigantes que tienen los Beatles. Es verdad que echo en falta una serie de canciones, algunas de ellas fundamentales e imperdonables -Love me do, You've got to hide your love away, In my life, Eleanor Rigby, A day in the life, Strawberry fields, All you need is love, Across the universe- y otras favoritas mías como I don't want to spoil the party, You're going to lose that girl, She said she said o I will. Espero que las vayan sacando poco a poco.

No me va a quedar más remedio que invitar a mi primo Álvaro a tocarnos un Birthday a coro. Se van a cagar los de la Alltogether Band.

Un anuncio turbador

De las cosas que más nervioso me ponen -intento deliberadamente evitar el verbo turbar, que me parece tan inmaduramente cómico- es la publicidad que no entiendo. Posiblemente haya veces que me falte el contexto adecuado o simplemente el conocimiento para decodificar una campaña, aunque la mayoría de las veces me temo que la desconexión es más voluntad del emisor (la marca o, específicamente, el equipo creativo que trabaja para la marca) que incapacidad del receptor, o sea yo.

El caso es que desde hace un par de semanas, llevo viendo en los mupis -los posters de las paradas de autobús- y en el metro a lo largo y ancho de París una campaña que me trae de cabeza. De hecho, ni siquiera estoy seguro de que se trate de una campaña.
La cosa es que se ve a Darth Vader haciendo levitar una bandeja en McDonald's. "Venez commes vous êtes" (ven tal como eres) reza el titular. Aparte del pequeño detalle de que este póster no tiene ninguna relación con el rollo que se trae McDo de un tiempo a esta parte ("I'm lovin' it"), nada que añadir.

¿O sí?


He pasado bastante tiempo esperando el metro delante de esta imagen, y me he planteado ciertas cuestiones a propósito de ella. Por ejemplo ¿qué hace Darth Vader comiendo en McDonald's? ¿Han montado un McDo para el personal imperial en la Estrella de la Muerte? Más aún: ¿qué hace Darth Vader comiendo solo? ¿no tiene ni un mísero storm trooper que le dé charla en plan hay que ver cómo está el tema de la rebelión? ¿no se le ha ocurrido invitar al Emperador, y ya de paso sacar el tema de su subida salarial? Y a todo esto, ¿por qué hace levitar la bandeja? ¿cómo hace para comerse un Big Mac sin quitarse el casco? ¿y por qué ha metido la pajita -con perdón- en el vaso ANTES de llegar a la mesa?

Pero lo que más me mosquea de este asunto no es el propio Vader, que al final es un trabajador por cuenta ajena, sino la pareja de detrás. ¿Qué demonios hace una pareja, su mano en el muslo de ella, dándose el lote en una publicidad de McDonald's? Y por si eso fuera poco, ¿qué demonios hace una pareja dándose el lote detrás de Darth Vader en un McDonald's?

Sospecho que en algún lugar hay unos creativos partiéndose de la risa. Riéndose de mí.
Los hijoputas.

El extraordinario Jacinto Antón

No todos los días se puede decir que se ha leído un libro genial. Yo, hoy, tengo ese privilegio.

Bueno, sin nos ponemos puntillistas como Seurat, no se trata de un libro per se, sino más bien una recopilación de artículos que Jacinto Antón ha venido publicando en El País edición de Cataluña, a lo largo de los últimos catorce años.


"Pilotos, caimanes y otras aventuras extraordinarias", que así se llama el libro, llegó a mis manos previa recomendación de mi mediático amigo Javi.
La señorita que me atendió en El Corte Inglés se pasó un rato escrutando su base de datos para saber si tenía el título de marras. He de reconocer que, aunque recordaba íntegro el título, preferí darle el nombre del autor para no pasar vergüenza.


En fin, que Jacinto Antón es un autor extraordinario. Se aproxima a la realidad desde una inocencia impropia de un periodista de su experiencia -me atrevería a describirlo como el reverso luminoso de Pérez-Reverte-, y consigue hacer de lo cotidiano algo maravilloso. A los ojos de Antón, la compra de un hámster puede ser una epopeya ("En qué momento se convierte la vida en destino? El otro día, sin ir más lejos, cuando me compré un hámster", comienza el artículo en cuestión) y el desmontaje del árbol de Navidad, en una operación de alto riesgo.
A lo largo de las 344 páginas de aventuras, Jacinto Antón habla de temas tan dispares como los indios Sioux, el standartenführer Skorzeny, su miedo al telesilla, los gorilas que han sido descubiertos en plena postura del misionero o su obsesión particular, el explorador, aventurero y falso noble húngaro Laszlo Almásy. Además, cita a uno de mis héroes particulares, el piloto alemán Hans Rudel, y su maravillosa biografía "Piloto de stukas", de la que creo que ya hablé en su momento.

Antón deja muchas joyitas a lo largo del camino ("Adoro los submarinos: combinan de mis grandes miedos, el mar y los ascensores"), y personalmente me identifico con el artículo en el que confiesa que, de vez en cuando, extravía algún libro interesante en las librerías, a la espera de una mejor ocasión para hacerse con él.

Tengo que admitir lo he pasado mal con los ataques de risa que me ha provocado "Pilotos, caimanes y otras aventuras extraordinarias" en el metro de París. Incluso una vez estaba tan metido en la historia, que tuve que cruzar el vagón de un salto para no pasarme de estación.
No habría sido tan grave; al fin y al cabo, no
tiene uno todos los días la suerte de encontrarse con un libro tan maravilloso como el de Jacinto Antón.