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Rango: sopor animado

Lo malo de las dicotomías es que uno siempre se queda, como en los libros de Elige Tu Propia Aventura, con las ganas de saber cómo habría sido la otra alternativa. 


Mi dicotomía de hoy era Sucker Punch o Rango, y al final acabé viendo esta última. Y, a pesar de las terribles críticas de Sucker Punch, dudo que fuera peor alternativa.


Rango es la primera película de animación de Industrial Light and Magic, la mítica empresa de efectos visuales de George Lucas, responsable entre otros de Regreso al Futuro o Jurassic Park. Como vuestros relojes internos os dirán, el problema es que esas pelis datan de hace mil años, y la ILM había visto cómo las Pixar y compañía les pasaban por la derecha en animación por ordenador, e incluso cómo la Weta de Peter Jackson les discutía el dominio en su propio territorio, el del efecto especial de toda la vida.


Y tengo que decir que, en lo que respecta a la animación, Rango es una película impecable. Lástima que no sea suficiente.


Cada vez se acerca más el punto en el que cine con actores y cine de animación converge. Hasta ahora todo han sido halagos a la verosimulitud de la animación (esos pelos en Monstruos SA, esos reflejos en Cars, esos humanos en Toy Story 3), pero como dice el refrán friki, todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. O lo que es lo mismo, se acerca el día en el que las películas de animación dejarán de ser evaluadas por la calidad de su factura visual, y pasarán bajo el microscopio como el resto de obras audiovisuales: por su guión, sus actores, su dirección, su fotografía, y ese largo etcétera.


Todo esto para decir que Rango, a pesar de la brillantez de sus pixels, es un coñazo de tomo y lomo. La historia no tiene ni pies ni cabeza, los personajes no molan, el ritmo es soporífero, y tanto Johnny Depp como el director del invento, Gore Verbinski, demuestran que juntarles de nuevo sólo sirve para repetir los resultados de Piratas del Caribe 2 y 3: películas espantosas, y taquillazos insospechados. 


La duda es si es que me estoy volviendo muy gourmet, o si las tragaderas del personal cada vez son más generosas con la mierda en pantalla grande.