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Unbroken: el libro de 2011

A diferencia de mi gemelo malo, no acostumbro a escribir sobre lo que leo. Desde 2010, es verdad, apunto en la columnita a la izquierda de estas líneas los títulos de los libros que voy leyendo.

En esa lista sólo están los libros que acabo, pues desde hace años decidí no perder el tiempo acabando historias que no me gustan o interesan. Así, he abandonado tres o cuatro libros desde enero pasado.

"Unbroken", en cambio, es de esos libros que uno no olvida. Si Louie Zamperini, el protagonista de esta historia real, hubiese vivido solo un tercio de las cosas que le han pasado, ya habría valido la pena escribir sobre él. Un tipo que participó en los Juegos de Berlin en el 36 y acabó dando la mano a Hitler, que se hizo bombardero en la Air Force americana después del ataque a Pearl Harbor, que sobrevivió 47 días en una balsa en el pacifico, bebiendo lluvia y comiendo gaviotas, que resistió 25 meses en campos de concentración en Japón, y que hoy, a los 94 años, vive para contarlo.

No os digo más. Id a una librería, compradlo ("Invencible", en castellano), y alucinad con la increíble historia de Louie Zamperini.

What if? ma non troppo

Cuando era más joven y vehemente, solía decir que los What if?, esos ejercicios condicionales que planteaban una realidad alternativa, eran una parida.
Los años pasan, y me he ido convenciendo de que, cuando están bien hechos, cuando se construyen a partir de una hipótesis posible, los What if? pueden ser un ejercicio válido.

Todo esto viene a cuento de Fatherland, la novela de Thomas Harris, escrita en 1992, que me acabo de ventilar en poco más de una semana. Fatherland es una historieta policiaca en una Alemania nazi de 1964, vencedora de la II Guerra Mundial.
El libro está bien escrito -no podía esperar menos del autor de El Dragón Rojo-, los personajes son creíbles, la Alemania nazi descrita es interesante, y hasta aporta un dato que yo desconocía: se tardaba unas doce horas en ir en tren desde Berlín hasta Auschwitz. Esto es, doce horas compartiendo vagón sin ventilación con otras 59 personas.

El problema de Harris es que basa su hipotético mundo en la victoria alemana en la Operación Barbarroja, la invasión de la URSS. El libro plantea entonces un Reich paneuropeo que va de Londres a Moscú, de Helsinki a Madrid, con Churchill refugiado en Canadá y con los Estados Unidos viviendo una Guerra Fría alternativa con los nazis al otro lado del Atlántico.

Muchos autores se han hecho pajas mentales con este tema, y la conclusión generalizada es que a Hitler le pudo, como a Napoleón un siglo y medio antes, la megalomanía. Si no hubiese abierto el frente ruso (tenía un tratado de no agresión firmado con el hijoputa sanguinario de Stalin), podría haber completado la invasión de Gran Bretaña con calma. Y después, ya con detenimiento, decidir cómo hincarle el diente a los ruskis.

Afortunadamente para todos -o para casi todos- Hitler metió la gamba.