No soy muy de Woody Allen. No he visto sus clásicos básicos (Annie Hall & Co.) y sus maravillas modernas (Match Ball) no me gustaron un pimiento. Lo pasé bien con las comedietas de los 90 (Poderosa Afrodita, etc.) pero sin más.
Sin embargo decidí ir a ver Midnight in Paris más que nada por curiosidad, y por comprobar si, después de cuatro años, me falta por ver algo básico. Y no: cada uno de los rincones los conozco al dedillo, e incluso sé dónde encontrar el despacho de abogados que aparece en la peli. Lo único que no he hecho es pasar una noche en el Bristol. La peli de Allen es una brochure de tópicos parisiens; sólo le falta el cruasán y el café au lait.
Midnight in Paris es, como Vicky Cristina Barcelona, una historieta woodyallenesca dentro de un folleto turístico. En este caso tiene un componente fantástico que no está mal: el prota, Owen Wilson, viaja a los años veinte y se encuentra con la fauna parisina de la época, desde Gertrude Stein y Picasso hasta Hemingway, Buñuel, Man Ray y Dalí. Precisamente lo mejor de la película es el Dalí de Adrian Brody, que en poco más de cinco minutos de pantalla borda al histriónico genio catalán.
Por lo demás, lo de siempre en Allen: mujeres tontitas, música de jazz y créditos al principio.
Mucho mejor un finde semana chez adrimedia.
Después de los créditos, por cierto, se descubre que no sólo la productora española y privada Mediapro ha puesto pasta en la peli, sino que también cuenta con la ayuda de TV3 y del Ministerio Español de Cultura, los dos igualmente españolas pero, oh sorpresa, pagadas con la pasta de los contribuyentes. Me pregunto qué interés puede tener España en promocionar París...
Sin embargo decidí ir a ver Midnight in Paris más que nada por curiosidad, y por comprobar si, después de cuatro años, me falta por ver algo básico. Y no: cada uno de los rincones los conozco al dedillo, e incluso sé dónde encontrar el despacho de abogados que aparece en la peli. Lo único que no he hecho es pasar una noche en el Bristol. La peli de Allen es una brochure de tópicos parisiens; sólo le falta el cruasán y el café au lait.
Midnight in Paris es, como Vicky Cristina Barcelona, una historieta woodyallenesca dentro de un folleto turístico. En este caso tiene un componente fantástico que no está mal: el prota, Owen Wilson, viaja a los años veinte y se encuentra con la fauna parisina de la época, desde Gertrude Stein y Picasso hasta Hemingway, Buñuel, Man Ray y Dalí. Precisamente lo mejor de la película es el Dalí de Adrian Brody, que en poco más de cinco minutos de pantalla borda al histriónico genio catalán.
Por lo demás, lo de siempre en Allen: mujeres tontitas, música de jazz y créditos al principio.
Mucho mejor un finde semana chez adrimedia.
Después de los créditos, por cierto, se descubre que no sólo la productora española y privada Mediapro ha puesto pasta en la peli, sino que también cuenta con la ayuda de TV3 y del Ministerio Español de Cultura, los dos igualmente españolas pero, oh sorpresa, pagadas con la pasta de los contribuyentes. Me pregunto qué interés puede tener España en promocionar París...


