Indiferente Australia

Escribo el que probablemente será el penúltimo post del año para hablaros de uno de los estrenos de las navidades: Australia, de Baz Luhrmann. El amigo Baz, que se ganó su crédito con la sorprendente Moulin Rouge (2001) -con Nicole Kidman de protagonista- no había vuelto a ponerse tras las cámaras desde entonces, más allá de algunos spots para Chanel... con Nicole Kidman de protagonista.

En fin, que Australia, película protagonizada por los australianos Hugh Lobezno Jackman y, lo habéis adivinado, Nicole Kidman, narra la historia de unos granjeros entre 1939 y 1942. La acción transcurre en el norte de... Australia.

Si os soy sincero, mis expectativas para esta película, que ya en el trailer se anunciaba como un pasteleo entre los dos protagonistas, eran bajas. Pues bien, como decía a la salida mi tía Marina, es tan mala que en lugar de dormirte, te encabrona.


El despropósito empieza, como no podía ser de otra manera, por el guión. Una historia que pretende resultar épica y resulta confusa, pretenciosa y sobre todo, muy indiferente. En ningún momento el público conecta con los personajes, posiblemente ayudado por lo previsible de la historia y la incapacidad expresiva -que no es noticia- de Nicole Kidman. Si bien Moulin Rouge funcionaba a pesar de ella, Australia se hunde en el barro un poquito más gracias a ella.
Hugh Jackman, que tiene un tópico papel de rudo vaquero, hace lo que puede dentro del esperpento que le rodea.


Y sin embargo, ni Hugh ni Nicole llevan la película al desastre interpretativo. Tal honor (¿?) recae en David Wenham, antes visto como el soso de Faramir en la trilogía del Señor de los Anillos. El amigo Wenham -en la foto, aprendiendo a montar a caballo, que es el 80% de lo que hacía en El Señor de los Anillos- da vida al malo de la película, y de tanta cara de malo y tantas frases de malo y tantas veces que hace cosas malas, cruza la delgada línea que separa la actuación sublime del ridículo más espantoso. No sólo la cruza, sino que se pasa los 180 minutos de metraje subido en el barco de la sobreactuación más lamentable.


Mención especial para el amigo Luhrmann. Su dirección es un rosario de imprecisiones, incluyendo planos cortos que deberían ser medios, planos largos de promoción del turismo australiano, cámaras lentas que pretenden realzar el dramatismo y acaban provocando la carcajada, contraplanos a ninguna parte... Posiblemente, el director ciego que interpretaba Woody Allen en Un final made in Hollywood no lo habría hecho peor.


Y luego están los efectos visuales. No sé si os acordáis de esos borrosos planos generales de París hechos por ordenador que salían en Moulin Rouge y que daban la impresión de haber puesto un folio de plástico delante del objetivo de la cámara. A pesar del cante a píxel que daban, tenían un doble pase: por un lado, eran escenas en plan onírico-festivo, y por otro, estábamos en 2001.
En Australia, que los aviones, los barcos, el pueblo y hasta las vacas se vean borrosos ya no cuela.

En definitiva, un horror, un auténtico esperpento de dimensiones épicas, que deja a Baz Luhrmann por debajo del nivel de Tim Burton tras El planeta de los simios, en el mismo pozo que quedó Guy Ritchie después de su demencial Barridos por la marea. ¿Será capaz de recuperarse? Quiero pensar que sí, pero mucho me temo que pasará mucho tiempo hasta que pueda pronunciar el nombre de Baz sin soltar una risita burlona.

Adiós Paco, adiós

Pues sí. Independientemente de la mierda que ha sido la eliminación de nuestro representativo racinguístico de la copa de la UEFA, ayer 18 de diciembre de 2008 fue un día histórico para la ciudad de Santander porque, después de 44 años, de los cuales 30 en democracia, la estatua de Franco ha sido retirada del ayuntamiento.

Tengo que decir que me fastidia un poco ese final tan épico, montado en su caballo cual llanero solitario. Me hubiera gustado más un derribo popular al estilo Saddam, pero en Santander es posible que hubiese más gente aguantando el pedestal que tirando de la estatua.

Para no repetir la galería de fotos de El Diario Montañés (ojo al pájaro que se encaramó al caballo armado de una bandera de Falange), os pongo la noticia que ha salido aquí en el gratuito Direct Matin que me da todas las mañanas Rosalie (nombre totalmente ficticio pero muy poético) antes de subirme al metro.
Total, que arrivederci Paco y hasta luego Lucas...

La miopía laboral europea

Si hay un asunto importante que ha pasado bastante desapercibido en los medios, hasta hoy, es la proposición de aumentar la semana laboral de 40 a 65 horas. Independientemente de que la diferencia de Europa con el resto del mundo es la cantidad de derechos sociales que tenemos. Independientemente también de que la sencilla división 65/5=13 horas de curro al día, creo que el error gordo en Europa, el que lastra la productividad, es la manía de trabajar por tiempo.

De la misma manera que unos seres humanos corren más que otros, que unos son más altos que los demás y que algunos -pocos- consiguen aprenderse de memoria las páginas amarillas, me parece de cajón entender que a una persona X le puede llevar menos tiempo editar una película, hacer un presupuesto o poner un ladrillo que a una persona Y.

Posiblemente, tenía mucha lógica hace veinte, treinta o cincuenta años que la gente trabajase los unos al lado de los otros, calentitos, mientras escribían con una Olivetti y le enviaban cartas a los clientes. Supongo que, entre carta y carta, les daría tiempo a pensar, que es una cosa que cada vez se da menos en las empresas.
La cosa empezó a cambiar con la llegada del fax, allá por los ochenta. Fax va, fax viene, el ritmo de trabajo se incrementaba, pero seguías teniendo que ir a la oficina porque sólo ellos tenían una máquina de fax.

Ahora, en pleno siglo XXI, con el webmail, la banda ancha, la blackberry, el webcast, los SMS los discos duros virtuales y la ciberlocura generalizada, uno es exactamente igual de operativo en casa que en la oficina. Perder el tiempo se pierde igual, leyendo el Marca, chateando en el MSN o comprando en Amazon. Quizás la diferencia está en que en lugar de tomar café con el de al lado, en casa nos distraemos con la tele.
Por lo tanto, ¿qué sentido tiene que haya que aparecer, hola buenos días, todas las mañana por la oficina? Más aún, ¿qué sentido tiene quedarse diez horas en la oficina?
Tiene más sentido que al trabajador X le digan el día 1 del mes: señor Pérez, este mes tiene que hacer usted 27 proyectos. O facturar 50.000 euros. O escribir n artículos, o componer z canciones. No sé si me explico. Y luego que cada cual se distribuya como le plazca. ¿Y qué si decido pasarme dos semanas sin dormir para adelantar proyectos y luego me paso los restantes quince días tocando la bandurria en la playa de El Sardinero?.

Una vez más, Europa demuestra que va por detrás del debate a plantear. Tanto criticar a los americanos, y ellos tienen muy claro lo del delivery. Allí, en muchos trabajos, apareces por la oficina una o dos veces a la semana, y el resto del tiempo puedes estar en un atolón del Pacífico Sur, siempre que haya cobertura telefónica y conexión a internet.
Al que da resultados, no se le piden cuentas. Faltaría más.

Sesión de frikismo: The Star Wars Holiday Special

Terrorífico. Es el único término que se aproxima -de lejos- a lo que me ha parecido lo que acabo de ver: el Star Wars Holiday Special de 1978.

La historia de esto es que, a raíz del éxito del episodio IV, a la CBS se le ocurrió que quizás hacer un especial de thanksgiving de Star Wars -total, ya se había hecho con Elvis Presley unos años antes- era una buena idea.
Así que contactaron a Lucas, que nunca le ha hecho ascos al dinero fácil, y se llevaron a los acto
res originales para hacer cameos a cada cual más espantoso. Pero vayamos a la trama del tema.

La historia va del "Life Day" en el planeta de Chewbacca, que viene a ser como acción de gracias en la tierra (¿?). Ahí conocemos a la familia de Chewie: su mujer Malla, su padre Lumpy (literalmente traducido, lleno de bultos) y su hijo Itchy (literalmente de nuevo, que pica).


La cosa empieza regular, pero si algo caracteriza a este programa es su capacidad de empeorar por momentos: sale el rótulo con el título y, sí amigos, una voz en off estilo años setenta dice "The Star Warssss Holiday Speciaaaal!".

Los primeros diez minutos, en casa de los Chewbacca, son un intercambio de gruñidos a tres b
andas. Directamente y sin anestesia. Entonces aparece, tachán, Mark Hamill como Luke Skywalker con una capa de maquillaje (se había pegado una leche en coche unos meses antes) de un dedo de espesor.

Mientras tanto, intercalan escenas de Han y Chewie escapando de un control imperial... reciclando efectos especiales y planos enteros de la película. Con un par.

Luego sigue un festival del despropósito que incluye un videoclip musical de un grupo preochentero, la mujer de Chewie viendo un programa de cocina para wookies, y una pelea de Han con un stormtrooper que se salda cuando Han le hace un amago, y el
soldado imperial se tropieza con su arma y cae al vacío.

Aunque lo mejor de todo, el terror definitivo, lo dejan para el final, cuando Leia, ensaimadas en la cabeza incluidas, se canta un temita llamado "We celebrate a day of peace". Os dejo el
link, porque me da verguenza postear el vídeo en mi blog.

Treinta años después, el amigo Lucas sigue sin reconocer la existencia de este programa. Qué poco sentido del humor, y sobre todo, qué poca vergüenza torera. ¿Hará lo mismo con Indiana Jones 4 dentro de unos años?

Películas que hasta qué punto hay que hacer

Desde hace una temporada, los amigos hollywoodienses se han dado cuenta de que, a falta de buenos guiones nuevos, han decidido utilizar buenas historias... viejas.

De ahí la ola de remakes que se nos han venido encima en los últimos años, desde La matanza de Texas, Solaris, Ladykillers, Viernes 13, Psicosis, Italian Job, King Kong, etc. la mayoría de ellos con la relación pasta/guión inversamente proporcional a la de su original.


Lo que pasa es que, salvo quizás en el caso de Psicosis -cuyo original por cierto es muy inferior a otras obras maestras de Hitch como Con la muerte en los talones, El hombre que sabía demasiado y sobre todo La ventana indiscreta-, el resto de películas a mí directamente no me parecían nada del otro jueves en su versión original.


La cosa cambió cuando hace una temporada comenzó a rumorearse una posible versión de Mary Poppins a cargo de Steven Spielberg. Evidentemente, una gota de sudor frío se deslizó por mi espalda con sólo imaginarme a un Jack Black de la vida haciendo el papel de Bert que bordó Dick Van Dyke. Al final parece que el proyecto se queda en agua de borrajas. Uf.


El problema de los remakes es que, como veréis, la mayor parte de las pelis son previas a 1980, con lo cual no me afectaban directamente. Sin embargo, en un movimiento que parece destinado a decirnos a los de mi generación chavales, os estáis haciendo viejos, los estudios de Hollywood se empiezan a plantear remakes de las películas de nuestra infancia. Y eso sí que no.
Como muestra, un botón (o mejor tres):

Speed3: con Keanu Reeves y Sandra Bullock a la cabeza... quince años después del original. Si ya la secuela aquella en un barco fue mala, no me puedo imaginar el interés de ver a caradepalo Reeves y a una Sandra Bullock cuyo mayor talento interpretativo -sí amigos, hablo de su culo- lo debe tener de capa caída, persiguiendo un carrito de la compra lleno de dinamita.

Karate kid 5, con el hijo de Will Smith de prota. Y digo 5 aunque supongo que la mayoría de vosotros jamás llegó a ver la cuarta en la que Daniel San era reemplazado por Hillary Swank. Y además, el señor Miyagi hace una temporada que se fue a pulir cera al otro barrio.


Robocop: innecesario remake donde los haya, y más con Darren Aranofsky a la cabeza. No digo que dentro de diez años no se pueda hacer, pero es que ahora la película sigue siendo tan actual como hace veinte años. Y el que no me crea, que se compre el blu-ray.


Y claro, uno no puede evitar pensar en ese ejecutivo de la Universal que necesita cerrar su balance anual que está dando pérdidas -a quién se le ocurre hacer Air Force One 2, con Harrison Ford a la cabeza- y se lanza a rehacer Regreso al Futuro. Se avecinan tiempos duros para nuestra generación...


Pd: para levantar el ánimo os dejo el que para mí es el mejor vídeo jamás en YouTube: el trailer de Titanic 2.