Hay pocos directores que generen tanto amor y odio como Quentin Tarantino. Sus interminables diálogos, su violencia brutal, sus actores insólitos, sus bandas sonoras inconexas, forman un universo único, personal. Django Unchained forma parte de la mitología tarantiniana al ir poniendo una equis en todas y cada una de las casillas mencionadas.
Desde mi punto de vista la filmografía de Tarantino es consistente en estilo, pero no en calidad. Para mí tiene una película por encima del resto -Pulp Fiction-, un par de ellas que cualquier director habría considerado su obra maestra -Kill Bill y quizá Reservoir Dogs-, un puñado de películas con momentos brillantes -Jackie Brown, Inglorious Basterds- y un par de mierdas -El bulevar de la muerte, Four rooms-. Pues bien, además de los ya mencionados, para mí todas esas películas tienen un punto en común: nunca me aburrí viéndolas. Con Django Unchained me he aburrido. Me he aburrido un huevo.
Y es que dos horas y tres cuartos de película, en la era de YouTube, hay que saberlos llevar. Y Tarantino, en este caso, no sabe. Por hacer una analogía baloncescística, el segundo y el cuarto cuarto se hacen largos. Es especialmente llamativo que la última media hora se haga tan cuesta arriba. Sí, acaba con un BANG como todos los Tarantinos, pero cuando llega el momento de la explosión uno lleva un rato deseando que se acabe.
No es el principal problema de la película, pero los actores están regular en su gran mayoría. Jamie Foxx no es carismático en ningún momento y no da esa sensación de estar desatado que, según el título de la película, debería dar. Christoph Waltz tiene un personaje de brillante diálogo pero interés limitado, y Leonardo Di Caprio mola pero le cortan el rollo demasiado pronto para mi gusto. Ah, y alguien tendrá que explicarnos por qué el padre de Dexter está en todas partes.
Ojalá QT hubiese tenido la misma facilidad que tiene para sacar el revólver a la hora de sacar la tijera. En su estado actual, Django está encadenado. Encadenado a interminables bobinas de metraje.
PS tras acabar esta crítica leo que es el primer Tarantino no editado por Sally Menke, su montadora habitual, que murió en 2010. Tout s'explique.
Desde mi punto de vista la filmografía de Tarantino es consistente en estilo, pero no en calidad. Para mí tiene una película por encima del resto -Pulp Fiction-, un par de ellas que cualquier director habría considerado su obra maestra -Kill Bill y quizá Reservoir Dogs-, un puñado de películas con momentos brillantes -Jackie Brown, Inglorious Basterds- y un par de mierdas -El bulevar de la muerte, Four rooms-. Pues bien, además de los ya mencionados, para mí todas esas películas tienen un punto en común: nunca me aburrí viéndolas. Con Django Unchained me he aburrido. Me he aburrido un huevo.
Y es que dos horas y tres cuartos de película, en la era de YouTube, hay que saberlos llevar. Y Tarantino, en este caso, no sabe. Por hacer una analogía baloncescística, el segundo y el cuarto cuarto se hacen largos. Es especialmente llamativo que la última media hora se haga tan cuesta arriba. Sí, acaba con un BANG como todos los Tarantinos, pero cuando llega el momento de la explosión uno lleva un rato deseando que se acabe.
No es el principal problema de la película, pero los actores están regular en su gran mayoría. Jamie Foxx no es carismático en ningún momento y no da esa sensación de estar desatado que, según el título de la película, debería dar. Christoph Waltz tiene un personaje de brillante diálogo pero interés limitado, y Leonardo Di Caprio mola pero le cortan el rollo demasiado pronto para mi gusto. Ah, y alguien tendrá que explicarnos por qué el padre de Dexter está en todas partes.
Ojalá QT hubiese tenido la misma facilidad que tiene para sacar el revólver a la hora de sacar la tijera. En su estado actual, Django está encadenado. Encadenado a interminables bobinas de metraje.
PS tras acabar esta crítica leo que es el primer Tarantino no editado por Sally Menke, su montadora habitual, que murió en 2010. Tout s'explique.

