Los Vengadores: las partes y el todo

Iron Man, Hulk, Capitán América y Thor. Todos ellos con su(s) propia(s) película(s), todas ellas comentadas en este blog. Los Vengadores (que creo que en España mantiene su título en inglés, vaya usted a saber por qué) es una reunión de las virtudes y los defectos de cada uno de esos títulos. 


El resultado de Los Vengadores es que la suma de sus partes es lo que prometía: dos personajes mal concebidos, mal escritos y mal interpretados -Thor y sobre todo el Capitán América-, un personaje mejor de lo esperado -el Bruce Banner / Hulk de Mark Ruffalo- y un personaje maravilloso como siempre -Robert Downey Jr / Iron Man-. 


El problema de las películas corales es que es muy difícil conseguir que a uno le interesen no ya cada personaje de manera individual, sino la interacciones entre ellos. Por eso hay que reconocerle el mérito a Peter Jackson y su Señor de los Anillos. El caso de los Vengadores no es el mismo: en la primera mitad de la cinta da la impresión de que Josh Whedon, el director de la función, cronometra el tiempo en pantalla de cada personaje, saltando de uno a otro según marque el reloj. Así que, con contadas excepciones, me aburrí bastante en toda la parte introductora de buenos, malos, amigos y enemigos. 


Eso sí, si pasamos por alto el guión escrito en torno a un MacGuffin guarro al más puro estilo Transformers, y nos olvidamos del papelón del pobre Chris Evans, que es tan expresivo como lo que es, una bandera estadounidense con patas, los Vengadores tiene sus momentos. Los mejores, siempre, protagonizados por Tony Stark y por Hulk. Y la batalla final, que es un in your face en toda regla a Michael Bay.


La duda que me queda es qué pasaría si en esta película hubieran tenido cabida los otros dos personajes clave del universo Marvel, Lobezno y Spider-Man, cuyos derechos fueron vendidos de manera separada para sacar más pasta, y ahora seguro que en Marvel se dan cabezazos contra la pared. 


Así las cosas, no me he quedado con más ganas de Vengadores... y en cambio no puedo esperar para otra ronda de Iron Man.


PD: la imagen que dejo es de una maravillosa campaña de promo de la película, cortesía de la agencia Wieden & Kennedy para el supermercado Tesco. La campaña entera está aquí.

El Cuarto Jinete, o cómo lograr que me guste una historia de zombis

Escribo estas líneas desde mi enohpi por ausencia de toda conexión a internet en mi nueva casa.
Acabo de acabar El Cuarto Jinete, la primera novela que le publican a mi compinche Blaski.
Antes de entrar en el libro, un poco de historia. Si bien es verdad que en lo cinematográfico coincidimos al 99%, en literatura Blaski es un tipo que afirma que "La ficción es y será mi única realidad" mientras que a mí me suele apasionar más la Historia con hache mayúscula. Aún así, los dos somos fans de las aventuras de Dirk Pitt.

No nos vamos a engañar: jamás pensé que leería un libro de zombis. De hecho cuando empecé ECJ no sabía qué cojones era un zombi. Después de leerlo, me queda la impresiòn de que son como vampiros tontos. De hecho, ni siquiera saben abrir puertas cual velocirraptor.
En fin, al tema.

El Cuarto Jinete me ha gustado contra todo pronóstico. Y digo eso porque Blaski hasta ahora había sido mucho mejor escritor de historias cortas que de relatos largos. Su otro defecto, los diálogos poco naturales -"Esta situaciòn es jodidamente comprometida" y cosas así- lo ha ido puliendo con el tiempo, y quiero pensar que mejoró decisivamente gracias a horas de diálogos para Independizados.

Lo que más me sorprende de la novela es el narrador. Como he dicho, no soy un gran lector de ficción y probablemente una solución parecida ya se le había ocurrido a Stephen King. Pero para mí la cosa es nueva. Es el paso más allá que un narrador omnisciente, y me recuerda a aquel cowboy en El Gran Lebowski que al final se acaba tomando una zarzaparrilla con el protagonista de la historia. Es obviamente tramposo, porque facilita enormemente la narración, pero le da al libro una sensación cinematográfica que lo hace muy fácil de leer. Egoístamente, me sentí comp si el propio Blaski estuviese ahí, contándome la historia, como me contaba otras historias (que en lugar de muertos vivientes incluían mujeres de pelo azul) enas mañanas de resaca que pasamos juntos.

El mayor problema que he tenido al leer el libro no han sido los zombis, sino los personajes. Y es que ECJ no es un libro de zombis, es un libro de personas que luchan por sobrevivir entre 3.000 muertos vivientes. Sin embargo, hay taaaantos personajes que me cuesta engancharme. Ahí se agradece eae narrador que te recuerda quién es quién de cuando en cuando. Pero bueno, aún así hay personajes memorables, como el de Brad Blueman, periodista corrupto y tramposo, y sin embargo entrañable. O Elvira nosferatu Tuckson, cuya casa visitamos con gran pompa al comenzar la novela en plan AQUÍ ARDE TROYA y al final la pobre palma a manos de un jardinero zombi a las primeras de cambio.

Aunque con lo que más he disfrutado es sin duda con algunas muertes. Es más, el hecho de que ningún personaje me cayese demasiado bien hizo que esperase la muerte de cada uno. Dos muertes destacan por encima de las demás: la del niño malo al empezar la invasión (aunque no se menciona que se convirtiese en zombi, quiero creer que sí y vive para vengarse) y la del pesado del cura, que después de mucha diserción teológica muere en plena plegaria.
También disfruté con la historia de los dos amantes de los que uno -no diré quién para no spoilear más- se convierte en zombi. Quiero pensar que el vínculo de esa subtrama con aquel (fantástico) guión que Blaski tituló El Club no es casual. Y es precisamente esa historia la que cierra el libro. O la que da paso a una segunda parte.

Yo, en cualquier caso, acabé el libro satisfecho como lector y orgulloso como amigo. Y si hay segunda parte, ahí estaré.