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Tintín: GRACIAS Mr Spielberg

Vaya por delante que una de las dicotomías que me corroen por dentro -creo que de esto ya hemos hablado aquí- es la que separa a Tintín de Astérix. Pues bien, desde que ayer vi El Secreto del Unicornio, versión Spielberg, la dicotomía está un pelín decantada hacia el reportero belga dibujado por Hergé.


La película me ha parecido, sencillamente, tal cual yo lo imaginaba cuando recorría las viñetas de Hergé con mis ojos de niño primero, y de (algo) mayor también. Como me la describió mi tintinófago amigo Sebas, la película es sobrecogedora. Y así me sentí en el cine, con la boca abierta y acertando sólo a mascullar "joder" de vez en cuando. 


Además, El Secreto del Unicornio siempre fue mi álbum favorito de Tintín, con ese velero con un unicornio en proa y toda la historia que lleva a descubrirnos Moulinsart por vez primera. Para ser estrictos, la película es una mezcla de las historias de El Secreto del Unicornio, El Tesoro de Rackham el Rojo y El Cangrejo de las Pinzas de Oro. Sin embargo, el guión está tan bien tejido que parece que los tres álbumes jamás hubiesen sido publicados por separado. 


Siempre he sido muy de Spielberg, aunque tras la última y penosa aventura de Indiana Jones me empecé a plantear si no se estaría haciendo mayor. Cual paloma de Alberti, me equivocaba. Vaya si me equivocaba. Tintín es sin duda la mejor película de aventuras que he visto en años, me pregunto si desde -glups- La Última Cruzada. Todo es perfecto desde los maravillosos títulos de crédito hasta el gran primer plano de Milú con el que, como hacía Hergé, cierra la historia.


La pregunta es ¿qué opinarán de ella los pobres desgraciados que nunca leyeron a Hergé? Spielberg explicaba en una entrevista que la idea es que se acerquen a la película como lo hicieron a, por ejemplo, Shrek, con la ventaja añadida de descubrir el universo de Tintín por vez primera. En cualquier caso, para los tintinófilos, la película es una delicia de guiños (¡Hergé caricatura a Tintín! ¡Un periódico habla del Cetro de Ottokar! ¡Latas de cangrejo en conserva! ¡Un jarrón de China!) que invita a no pestañear en todo el metraje.


¡Y los personajes! Tenía mis dudas en este punto, porque a) dudaba que la recta moral norteamericana fuese a sacar a Haddock bebiendo whisky Loch Lomond; b) Hernández y Fernández podían ser cargantes o si c) Milú sería el típico animal que no se sabe muy bien qué pinta. Además, no tenía nada claro que fuesen a sacar el flashback al Caballero de Hadoque, sin duda mi parte preferida del libro. Pues todo esto es tal cual debería ser. Incluso los secundarios (Allan el contramaestre, Néstor el mayordomo, la Castafiore) son tal cual los pintó Hergé. Y la batalla de Hadoque contra Rackham el Rojo es magnífica, probablemente la mejor batalla naval que yo he visto en una sala de cine. 


En fin, que no puedo recomendaros suficientemente que la veáis. El Tintín de Spielberg es de esas cintas mágicas que te devuelven la capacidad de emocionarte delante de una pantalla como cuando eras un niño. Y de esas hay muy, muy pocas películas.

Películas y generaciones

He visto por fin Lawrence de Arabia. Tenía 216 razones para no verla, tantas como minutos de metraje tiene la película. Aún a riesgo de que suene petulante, me cuesta encontrar tres horas y media para pasarlas delante de una película. 

Los estudios dicen que pertenezco a la generación Y, esa en la que los niños nos criamos entre ordenadores, videoconsolas y mandos a distancia. Y reconozco que me cuesta mucho mantener la concentración durante más de dos horas. Demasiados estímulos externos -internet, móvil, etc.- y demasiadas cosas en la cabeza pendientes por hacer. 

Aún así, me senté conmigo mismo a ver la que dicen es la obra maestra de David Lean. La película que se disputa con Ciudadano Kane y alguna otra el honor de ser La Mejor Película de la Historia del Cine. La favorita e inspiración de Steven Spielberg. Guau.

La historia me la sabía antes de verla: TE Lawrence, oficial del ejército inglés que lideró la insurrección de los árabes contra los turcos en la Primera Guerra Mundial. Suficiente para que me interesase. 

La cosa es que, hablando pronto y mal, Lawrence de Arabia me ha parecido un aburrimiento. 

Sé que es políticamente incorrecto decirlo y probablemente merezco que me lapiden a los pies del Muro de las lamentaciones, pero qué queréis que os diga. Esos planos interminables. Esa acción estática. Esas secuencias que no aportan nada. Esos actores que parecen recién salidos de una representación de Othello en un teatro londinense. Ese Obi Wan Kenobi haciendo de árabe. Esa música machacona. Esas tres horas y pico de peli. Se me ha hecho duro.

Una de mis grandes ilusiones es sentarme un día con mis hijos y ponerles todas esas películas que me hicieron amar el cine desde que era pequeño: Indiana Jones, Regreso al Futuro, las veintidós de 007, el Lebowski, Toy Story, Superman II, Jurassic Park... los que me conocéis ya sabéis de qué hablo. Y después de haberme aburrido con Lawrence de Arabia, una película realizada sólo veinte años antes de que yo naciera, me pregunto si algún día mis hijos no bostezarán viendo las películas con las que yo crecí. Ahora al menos sé que no les culparé por ello. 

Es más, me temo que serán ellos los que tendrán que sentarme a ver sus películas favoritas, y no al revés.