La mejor animación de 2009 (so far)

Call of Duty 5 (o cómo explicar la historia a la generación Y):

Acabáramos

Desenfrenada valkyria

Por fin he conseguido ver Valkyria, la película de Bryan Singer sobre el último complot para asesinar a Hitler.
La película tenía por lo menos dos elementos que me interesaban: la recreación de la Alemania nazi en una película de gran presupuesto, y el esperado retorno de Christopher McQuarrie como guionista de Bryan Singer, después de la brillante Sospechosos habituales.

Lo que más me ha sorprendido de la película es su ritmo. Cuando comenzó, pensé que se me había ido el dedo y había empezado a verla por la mitad. Valkyria entra a saco en la acción, y se salta olímpicamente presentación de personajes o contexto.
Podría ser una elección consciente del director, pero dado el larguísimo proceso de postproducción de la película, me atrevo a apostar a que a Singer le obligaron a sacar la tijera hasta dejarla en la hora y cincuenta y cinco minutos que dura.


En cualquier caso, la elipsis del primer acto no me influyó, ya que la historia me la sabía de pe a pa. De hecho,
hace no mucho vi la versión alemana de la misma historia, más pobre de medios pero más rigurosa y con el fantástico Sebastian Koch como Stauffenberg.

A todo esto, el casting de Valkyria es de lujo. Quizás la elección de Tom Cruise es la que más me rechina, más que por incapacidad técnica del actor, por el hecho de que uno no deja de pensar
¡coño, Tom Cruise vestido de nazi! cada vez que entra en plano. Los secundarios, que son muchos, son de postín: Kenneth Brannagh, Bill Nighy, Tom WIlkinson, Terence Stamp... Y, sin embargo, a ninguno de ellos le dejan desarrollar su personaje; especialmente sangrante es el caso del general von Tresckow de Brannagh.

Es la segunda vez consecutiva en que Bryan Singer deja pasar una ocasión de reivindicarse como director. Valkyria es una película que pasa por delante de uno como un tren de mercancías cuesta abajo. Ni siquiera hay un momento de respiro, de pausa, en la escena final. Pim, pam, pum, -nunca mejor dicho- y a créditos. Quizás una pausa, después de seis películas en trece años, es precisamente lo que necesita Bryan Singer.

Brillante.

Agárralo

Sin duda una de mis trilogías favoritas es Agárralo como puedas. Sé que no es glamouroso de decir, pero mi problema con Leslie Nielsen es que, sólo verle aparecer en pantalla, me parto.

Actor canadiense clásico -se le puede ver de capitán de barco en La aventura del Poseidón-, Leslie Nielsen descubrió su vis cómica como secundario en Aterriza como puedas.
Más adelante, los creadores de esa película decidieron darle el papel de su vida, el del policía despistado Frank Drebin, primero en formato serie de TV, y después a lo largo de tres películas.

Leyendo las críticas en Rotten Tomatoes, descubro que en EE. UU. la primera Agárralo -allí llamada The naked gun, lo que constituye otra exhibición creativa de los traductores españoles- es considerada como una comedia buena porque tiene una historia detrás (¿?).
A mí, que soy incondicional del humor grueso de los Zucker desde Top Secret, y más aún mientras Nielsen se pasea frente a la cámara con cara de despistado, las tres películas me parecen del mismo nivel. O, lo que es lo mismo, o te gustan o las odias. Las tres tienen momentos míticos, aunque yo aquí pongo dos:
1- El himno americano versión Frank Drebin, sustituyendo al tenor Enrico Palazzo:


2- El prólogo de la tercera parte, homenaje a Los intocables:


Y la cosa es que hoy leo en Aint it cool que hay un guión para una cuarta película, en la que Frank entrena a un sustituto. No me pone nada la idea de imaginarme a nadie imitando a Leslie Nielsen, de la patética manera que Steve Martin intenta hacer de Peter Sellers en las nuevas panteras rosas. Y, sin embargo, leo de lo que va el guión, con homenaje a 24 incluido, y pienso que lo mismo es la mejor manera de despedirnos del teniente Drebin. Al fin y al cabo, jamás podría ser más triste que la despedida de Indy.

Una de videojuegos peliculeros

Uno de los misterios más insondables del universo geek es por qué demonios los videojuegos basados en películas son tan horrorosos.

Mi teoría personal es que ninguna productora de Hollywood se
toma el tema en serio (¿será que no les da dinero?) y, a un año vista del estreno, más menos cuando terminan la fotografía principal del cine, alguien se golpea la frente y exclama ¡demonios, el videojuego!.
La prueba de mi teoría es que la película más taquillera del año, y segunda que más ha recaudado en la historia, The Dark Knight, no ha tenido su correspondiente videojuego.


Según muchos críticos, posiblemente el peor videojuego de todos los tiempos estuvo inspirado en una película: ET, el videojuego, se inspira en ET, la película (que a mí por cierto no me gustó, ni me gusta, ni me gustará).
Independientemente de que corriese el año 1982 cuando los píxels hacían el diseño del muñeco imposible, la
mecánica de juego era tal infierno del cual resultaba imposible salir.

Años después llegó la adaptación de Regreso al futuro. Como yo de aquella ya tenía consciencia y un Spectrum, me lancé a la aventura... que me duró poco, porque la primera pantalla era infernal. Además, la historia no tenía nada que ver con la película, y ni siquiera podías poner el DeLorean a 140 kilómetros por hora.


La cosa mejoró en 1990, cuando esa máquina de merchandising que fue el primer Batman de Tim Burton se asoció con Ocean, mítica casa de juegos ochentosos, y sacó Batman, el videojuego. Y oye, después de haber probado el terrorífico Batman del 86, esta nueva aproximación, aunque sólo sea porque te dejaban conducir el Batmóvil, ya valió la pena.


La siguiente película que se lanzó a la arena de los videojuegos fue Parque Jurásico. Y, como buena película de Spielberg, el videojuego resultó miserable. Sólo la imagen que aquí pongo, de un Alan Grant perseguido por el cruce de ET con un tiranosaurus rex, me da escalofríos.

El que entró con fuerza en el tema fue 007: Goldeneye, de la Nintendo 64, no sólo fue el mejor juego jamás sobre esa consola, sino que justificaba por sí mismo la compra de la misma. La historia era la misma de la película, los gráficos eran buenos, y tenía un modo a dos jugadores que te dejaba desbloquear personajes clásicos que era una pasada. Un juego que hoy, trece años más tarde, sigue siendo entretenido.
Desafortunadamente, en lugar de ceñirse a la fórmula que funcionaba, los siguientes juegos de James Bond optaron por la innovación y el resultado fue... trece años de penuria, hasta el Quantum of Solace de este año, que está bien.

Años más tarde llegaría 24: the videogame, que parte de una buena idea -hacer un videojuego de las aventuras de Jack Bauer- y acaba e
n una mala idea -que dure tres horas de juego-. Era tan chusquero como entrañable. Con todo, Blaski y yo nos echamos unas risas dándole al tema.

Hay otros muchos, muchísimos ejemplos, a los que no jugué, pero según las crónicas, se cumple la máxima: Transformers, El Señor de los Anillos, Iron Man, Spider-Man, Los Simpsons...

Y por último, nos llega el videojuego de... Dexter. Lo primero que se nos viene a la cabeza es WTF??? (nota del autor: WTF=What The Fuck). Es decir, ¿cuál es el punto de hacer un videojuego sobre un asesino en serie? Y entonces uno se ve el teaser y... se queda con las mismas pocas ganas de tenerlo.


Concluyendo, que es gerundio, a la vista de la calidad de la mayoría de adaptaciones cinematográficas al mundo de los unos y los ceros, posiblemente haya que dar las gracias al que no se le ocurrió sacar The Dark Knight, el videojuego.

Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad

¿Y de esto no tiene nadie nada que decir? ¿la ONU? ¿Obama? ¿Durex?

Benedicto XVI: "El sida no se resuelve con preservativos"

El papa Benedicto XVI ha llegado hoy a Yaundé, capital de Camerún, la primera etapa de su primer viaje apostólico a África, que le llevará también a Angola. Poco después de que despegara el Boeing 777 de Alitalia en Roma, el Papa ha comparecido ante el medio centenar de periodistas que le acompañan y ha afirmado que el SIDA "no se puede superar con la distribución de preservativos, que, al contrario, aumentan los problemas".
Según Benedicto XVI, la "única vía eficaz para luchar contra la epidemia es una renovación espiritual y humana de la sexualidad", unida a un "comportamiento humano moral y correcto, destinada a "sufrir con los sufrientes".


¿Y si?

Una de las contadas -contadísimas- cosas en las que disiento con mi maestro jedi Obélix es mi afición por los what if. En otras palabras, las hipótesis a toro pasado. ¿Qué habría pasado si en lugar de x, hubiese pasado y?

Obviamente, son ejercicios puramente teóricos (por cierto, como la física que se estudia en el colegio... algún día entraré en ese apasionante tema) sin ningún tipo de validez científica, más que nada porque lo que pasó, pasó, y de nada sirve el
consuelo del y si?.

A lo que voy. Los what if los descubrí, como otras muchas cosas de la vida, leyendo cómics. Marvel sacó en los ochenta una colección de hipótesis basadas en sus propias historias. Temas capitales para el devenir del planeta Tierra estaban en juego: ¿Y si Spider-Man se hubiese unido a los 4 fantásticos? ¿Y si Thor luchase contra Conan? ¿Y si los X-Men hubiesen muerto en su primera misión? ¿Y si Veneno hubiese poseído a El Castigador? ¿Y si Wolverine fuera el Señor de los V
ampiros?

Como véis, temas todos ellos del calado de la fosa de las Marianas.
Pero el caso es que me descubrieron el entretenido mundo de la hipótesis, que luego sería ampliado, de otra manera diferente, por lo libros de "Elige tu propia aventura" en los que, como todos los que los leíamos, dejaba dedos metidos en el libro para marcar la página en la que había tomado una decisión clave en el futuro de mi aventura.

Hace una temporada de tropecé con un libro de what ifs de la Segunda Guerra Mundial, que me pareció muy revelador en cuanto a que las diferencias que hicieron girar la guerra en uno u otro sentido fueron en ocasiones mínimas. Los dos ejemplos más gruesos son el ¿y si Alemania no hubiese atacado Rusia? y el ¿Y si Japón no hubiese bombardeado Pearl Harbor?
, pero había otros muchos ejemplos de pequeños detalles que acabaron condicionando el final de la historia.

El pasado viernes, descubrí gracias a esa gran cadena de TV que es Arte, una película de 1980 con Kirk Douglas y Martin Sheen llamada "The final countdown" en la que se plantea qué podría haber pasado si el portaaviones Nimitz, el mejor de la flota americana en los setenta, hubiese estado presente en Pearl Harbor el 6 de diciembre de 1941. Curiosa peli, por cierto con efectos visuales a cargo del gran Maurice Binder, autor de las mejores títulos de crédito de las películas de James Bond.

Aprovecho para darle un toque interactivo al blog y lanzar una pregunta: ¿qué puerto natural es el más grande del mundo después de Pearl Harbor?

El peñazo corso

El pasado finde estuvimos la madre que me parió y un servidor en Córcega. La elección vino precedida de las alabanzas que le hacen los parisinos a la isla, a la que no dudan en catalogar como paraíso mediterráneo. Así que compré la correspondiente guía verde Michelin, y allá fuimos.

Llegamos en una coctelera de Easyjet a Bastia, cuyo aeropuerto es el típico de una pista, y no te pases de frenada que te vas a la hierba. Alquilamos un Golf Plus diesel 1.9 5 puertas que era como ir en una bañera con ruedas. Por mucho que se clavase el pie en el acelerador, aquello se tomaba su tiempo para reaccionar. Y, claro, en una isla donde la mejor carretera es como la N-623 que une Burgos con Santander, tener un coche poco ágil se paga.
Saliendo del aeropuerto, por aquello de que eran más allá de las tres de la tarde, decidimos parar en un supermercado a comprar croissants, embutidos y pains au chocolat. Esto más adelante se convertiría en la clave para no pasar hambre en el resto del viaje.

La primera impresión que nos dio Córcega, para que mentir, es la de estar en un país centroamericano: carretera pequeña, coches viejos, y muchos, muchísimos carteles anunciando los más variados negocios, desde afiladores de cuchillos hasta vendedores de antigüedades.
Después de casi tres horas de travesía, llegamos a nuestro destino, un hotel en Bonifacio que estaba bastante bien, aunque la primera sorpresa que nos llevamos fue saber que el "restaurante panorámico" estaba cerrado de octubre a abril.

El primer día nos lanzamos a lo que parecía lo más prometedor de la isla: Ajaccio, ciudad donde pasó los nueve primeros años de su vida el
amigo Bonaparte.
Pasamos primero por Sartène, que era una ciudad en la ladera de la montaña, con algunas casas al estilo Cuenca, pero hechas con hormigón gris. Las montañas son, sin lugar a dudas, lo más espectacular de Córcega. Una isla de 200x100 km con cinco picos de más de 2.000 m es algo insólito. Había momentos en los que se veían calas de aguas cristalinas y, más allá, montañas nevadas, como en la canción falangista.
Ajaccio, una ciudad al borde del mar, daba la impresión de ser un pueblo aleatorio de la Costa Brava de los setenta. La ciudad antigua, que es donde se encuentra la casa de la familia Bonaparte, no está mal, pero parece La Habana con sus casas hechas de arena y pintadas de colores estridentes. Para colmo de males, la tienda de merchandising napoleoniano estaba cerrada por vacaciones.

A la vuelta al hotel hicimos parada en Bonifacio, que según todos los testimonios es la auténtica joya corsa. Y sí, es una ciudadela amurallada en una colina sobre el mar. Bien, pero una hora después, ya estaba vista. Next!
En vista del éxito, y de las pocas perspectivas que ofrecía el sur, cancelamos la noche que nos quedaba y regresamos sobre nuestros pasos a Bastia.

La capital de Córcega cumplió -rozando el larguero, eso sí- con nuestras expectativas. Se trata de una ciudad originalmente intra muros, ahora extendida en paralelo a la costa y que basa su economía en la actividad de su puerto. Tiene algún rinconcito que vale la pena y, sobre todo, restaurantes presentables.

A mi vuelta a París, obviamente, los mismos seres humanos que me la habían recomendado, intentaron justificar mi desencanto con el clásico argumento de no, es que has ido en temporada baja. Y sí, la temporada baja influye en que haya algún restaurante cerrado o menos gente por la calle. Pero la ausencia total de museos, tiendas, iglesias, monumentos, etc. no es cuestión de temporadas. Mi conclusión sobre Córcega es que es una isla en la que, si el ser humano jamás hubiese puesto el pie, todo habría ido mucho mejor.
Nos acabamos dos libros por cabeza... en tres días. Creo que es una representación muy gráfica de lo peñazo que es la isla de Córcega.

Watching the Watchmen


No he podido resistirme a semejante título de post. Como seguro que a mucha gente se le ha ocurrido antes que a mí, disculpas por el plagio involuntario.

Watchmen, la película, está basada en Watchmen, el cómic de los 80, en el que se plantea una realidad alternativa en el que los vigilantes nocturnos disfrazados -no digo superhéroes, porque no tienen super poderes- recorren la ciudad.


Básicamente, mi problema parte de que la historia original, catalogada por Time como una de las cien mejores novelas de la historia, no me parece para tanto. Sobre todo, porque es sobre pretenciosa en su v
oluntad de reinventar las historias de hombres enmascarados.

Muchos autores, gente tan dispar como Terry Gilliam, Tim Burton o Darren Aranofsky, se han estrellado frente a la adaptación de Watchmen. Ha tenido que ser Zack Snyder, el director de la genial 300,
el que se eche el desafío a la espalda. Y sale airoso del envite.

Watchmen condensa en dos horas y cuarenta y tres minutos lo esencial del cómic, y es absolutamente fidedigno a la historia de la que bebe.

Así, los momentos buenos de la historia original -el planteamiento de base y especialmente dos personajes como el Comediante y Rorsach- y las partes aburridas también se mantienen -sobre todo, el pedanterismo cuántico del Dr. Manhattan-.


Lo único que me llamó poderosamente la atención es el acabado chusquero de algunos apartados de la película,
específicamente del sonido, pobre, el maquillaje de Nixon (me recordaba profundamente a "Al ataque", el programa aquel de Alfonso Arús) y sobre todo y ante todo de los efectos especiales, como el lince digital y las escenas en Marte. Lo mismo sucede con los posters promocionales: de un teaser de concepción (arriba) y ejecución brillante, a una penosa resolución con los personajes aglomerados a golpe de Photoshop sobre un fondo genérico (izquierda).
Da la sensación de que a Snyder le pilló el toro, y le dio un buen revolcón, en la planificación de la post producción de esta película. La culpa, como casi siempre en estos casos, del productor.

Watchmen es totalmente recomendable para esas personas a las que el cómic les parece una obra maestra. Para los que lo odiaron, huelga decir que se ahorren el precio de la entrada. Y para todos los demás, yo creo que vale la pena esperar al Blu Ray o DVD. Quién sabe, igual para
entonces sí que es una película acabada.