Taken, take 2.


Por alguna razón que se me escapa, a todo el mundo que vio Taken le gustó. Una película de acción como hay cientos, pero quizá con una mezcla un tanto particular entre la falta de complejos del guión, el ritmo del montaje y un Liam Neeson espectacular, empezando todas sus frases con un "listen to me very carefully..." y acabando por su lista de habilidades muy particulares.

Lo más interesante del fenómeno Taken es cómo la cultura internet ha convertido al propio Liam Neeson en un meme, en un Chuck Norris 2.0, y cómo el actor irlandés ha aceptado encantado el papel, y se cachondea de sí mismo a la menor oportunidad.

Como era de esperar, la segunda parte ha tardado en llegar pero ha llegado. El problema es que, como suele pasar en las secuelas, intenta parecerse demasiado al original. Ahora el giro es que el secuestrado es el propio Liam Neeson, y es su hija la que debe rescatarle. La cosa da para lo que da, hora y media de persecuciones y el antiguo agente de la CIA Bryan Mills matando gente con o sin arma. 

Para el recuerdo queda el método que enseña Liam a su hija para localizarle a base de lanzar granadas en pleno centro de Estambul. Aparte de eso no hay gran cosa, ninguna pelea o persecución particularmente para el recuerdo, ninguna frase como en la primera película. Ni siquiera el malo, el gran Rade Serbedzija (Boris the Blade en Snatch), parece una gran amenaza para una walking killing machine como Bryan Mills. 

Harán tercera parte, seguro. El guión será igual de previsible. Y aún así, iremos a ver a Liam Neeson una vez más. Es lo que tienen los actores con una lista de habilidades muy particulares