La película definitiva sobre Spider-Man todavía no ha llegado. Esta es la conclusión que saco después de ver la cuarta versión del trepamuros en diez años.
Relanzar la franquicia no me pareció mal, porque después del Spider-Man 3 de Sam Raimi, en el que Tobey Maguire iba cantando por la calle, falta le hacía un lavado de cara a la cosa. El lavado de cara se llama Marc Webb y Andrew Garfield. El problema del lavado de cara se llama Vic Amstrong y James Horner.
Por un lado, tanto director como protagonista cumplen. Webb -qué apropiado nombre para ocuparse del hombre araña, pardiez- parece más interesado en hacer una película sobre Peter Parker que sobre su alter ego. Y, como pasaba en Batman Begins, tarda una hora en sacar al héroe en pantalla. Y, como Batman Begins, consigue que la espera no se nos haga pesada.
Garfield es un Peter Parker totalmente distinto del anterior. Si el otro era un nerd de perfil bajo, éste es un geek de la era Facebook: va en skate, tiene sentido del humor y un pelín de mala leche. Estos dos últimos puntos fundamentales para componer un buen trepamuros.
Lo malo de rebootear una franquicia como Spider-Man, es que hay que hacerlo entero. Aparte de que los productores siguen siendo los mismos, la acción no aporta nada y la música es sonido de fondo. Esto se debe a que la segunda unidad la lleva Vic Amstrong, que para hacerse a una idea de lo fresco del personaje, doblaba a Harrison Ford como Indiana Jones. La música es de James Titanic Horner. Al menos, eso sí, nos hemos quitado de en medio al pelma de Danny Elfman.
En fin, que aún dejándose ver, The Amazing Spider-Man no está al nivel de otras pelis de Marvel como la primera Iron Man o la precuela de X-Men que vimos el verano pasado. Así que a la espera de que alguien se decida a hacer la película de Spider-Man definitiva, seguiremos esperando la conclusión de la trilogía de Batman made in Christopher Nolan.
Relanzar la franquicia no me pareció mal, porque después del Spider-Man 3 de Sam Raimi, en el que Tobey Maguire iba cantando por la calle, falta le hacía un lavado de cara a la cosa. El lavado de cara se llama Marc Webb y Andrew Garfield. El problema del lavado de cara se llama Vic Amstrong y James Horner.
Por un lado, tanto director como protagonista cumplen. Webb -qué apropiado nombre para ocuparse del hombre araña, pardiez- parece más interesado en hacer una película sobre Peter Parker que sobre su alter ego. Y, como pasaba en Batman Begins, tarda una hora en sacar al héroe en pantalla. Y, como Batman Begins, consigue que la espera no se nos haga pesada.
Garfield es un Peter Parker totalmente distinto del anterior. Si el otro era un nerd de perfil bajo, éste es un geek de la era Facebook: va en skate, tiene sentido del humor y un pelín de mala leche. Estos dos últimos puntos fundamentales para componer un buen trepamuros.
Lo malo de rebootear una franquicia como Spider-Man, es que hay que hacerlo entero. Aparte de que los productores siguen siendo los mismos, la acción no aporta nada y la música es sonido de fondo. Esto se debe a que la segunda unidad la lleva Vic Amstrong, que para hacerse a una idea de lo fresco del personaje, doblaba a Harrison Ford como Indiana Jones. La música es de James Titanic Horner. Al menos, eso sí, nos hemos quitado de en medio al pelma de Danny Elfman.
En fin, que aún dejándose ver, The Amazing Spider-Man no está al nivel de otras pelis de Marvel como la primera Iron Man o la precuela de X-Men que vimos el verano pasado. Así que a la espera de que alguien se decida a hacer la película de Spider-Man definitiva, seguiremos esperando la conclusión de la trilogía de Batman made in Christopher Nolan.

