Un día chungo de noviembre. Por la tarde nos ha dejado un fenómeno del cine: Irvin Kershner, el director que fue capaz de hacer las secuelas de dos peliculones como Star Wars y Robocop, y no sólo no cagarla sino graduarse con nota. Es más, El Imperio Contraataca es mejor peli que la primera. Y Robocop 2 es una película autónoma, que funciona incluso sin haber visto la obra maestra que dirigió Paul Verhoeven.
Por la mañana nos enterábamos de la muerte de Leslie Nielsen. De las muchas piezas que componen mi infancia en Santander, el pelo blanco de Leslie es una de ellas. Hace años que perdí la cuenta de las veces que vi las tres de Agárralo como puedas, primero dobladas, luego en VO. Lo cojonudo del teniente Drebin no era sólo su capacidad para la slapstick comedy (pienso en esa maravillosa secuencia de los Oscars en Agárralo 33 1/3), sino que conseguía hacer reir a todo el mundo -desde que palmó Michael Jackson no veía tanta consternación online- mientras que él mantenía la mueca seria. Con el tiempo, las Agárralo se han convertido en una especie de vínculo que nos une a todos los que fuimos juntos al colegio. Seguimos siendo amigos después de tantos años, y cada cierto tiempo las repasamos juntos, descojonándonos como la primera vez. Estas navidades volveremos a pasar un rato en compañía de Leslie Nielsen.
No soy muy fan de las despedidas, pero me quito el sombrero con estos dos tipos que, detrás y delante de las cámaras, contribuyeron a hacer del mundo un sitio más entretenido.
Buried: Hitchcock, made in Spain
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Buried,
cine español
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Hace cuatro años hicimos un (buen) corto en el que dos personajes se quedaban atrapados entre los escombros de un edificio derrumbado. Buried parecía la versión larga de nuestro trabajo, pero al final es mucho más que eso.
Como digo, la premisa no es original. Ni siquiera es la primera historia de un tipo encerrado en un ataúd -mi historieta de Hazañas Bélicas favorita iba de un soldado enterrado vivo, y tampoco se puede olvidar la maravillosa escena de Kill Bill 2 con Uma Thurman bajo tierra, flashback parriba, flashback pabajo-. Pero Buried es un tour de force: un solo actor, un solo decorado, y 90 minutos por delante.
A Ryan Reynolds, el prota del asunto, le había visto en una comedia romántica tontorrona de la que no recuerdo el título, y también a raíz de ese bodrio superheroico que se anuncia como Green Lantern. Pero el mayor mérito de Reynolds había sido fuera de las pantallas, al haber fichado a Scarlett Johansson y acostarse con ella cada noche. Total, que el chaval llegaba con unas credenciales flojitas, y sin embargo deja una interpretación que para sí quisieran muchos actores de primera fila. Si le saben mover entre las bambalinas hollywoodienses, carne de Oscar.
Reconozco que soy muy fan de las películas con un solo escenario -*sigh*, La ventana indiscreta-, y en eso Buried es insuperable. Gana mucho, sospecho, en la pantalla de cine. Por momentos resulta angustiosa, por momentos repugnante, por momento brutal. Por darles tiempo, hasta llegan a colocar tres marcas -Blackberry, Zippo y Hamilton- a lo largo de la hora y media escasa.
Por último, desde el punto de vista patriotero, me gusta ver que a) en España de vez en cuando se hacen películas que da gusto ver -y con Celda 211 ya van dos en el mismo año-, y b) que esas películas funcionan comercialmente más allá de los Pirineos.
Como digo, la premisa no es original. Ni siquiera es la primera historia de un tipo encerrado en un ataúd -mi historieta de Hazañas Bélicas favorita iba de un soldado enterrado vivo, y tampoco se puede olvidar la maravillosa escena de Kill Bill 2 con Uma Thurman bajo tierra, flashback parriba, flashback pabajo-. Pero Buried es un tour de force: un solo actor, un solo decorado, y 90 minutos por delante.
A Ryan Reynolds, el prota del asunto, le había visto en una comedia romántica tontorrona de la que no recuerdo el título, y también a raíz de ese bodrio superheroico que se anuncia como Green Lantern. Pero el mayor mérito de Reynolds había sido fuera de las pantallas, al haber fichado a Scarlett Johansson y acostarse con ella cada noche. Total, que el chaval llegaba con unas credenciales flojitas, y sin embargo deja una interpretación que para sí quisieran muchos actores de primera fila. Si le saben mover entre las bambalinas hollywoodienses, carne de Oscar.
Reconozco que soy muy fan de las películas con un solo escenario -*sigh*, La ventana indiscreta-, y en eso Buried es insuperable. Gana mucho, sospecho, en la pantalla de cine. Por momentos resulta angustiosa, por momentos repugnante, por momento brutal. Por darles tiempo, hasta llegan a colocar tres marcas -Blackberry, Zippo y Hamilton- a lo largo de la hora y media escasa.
Por último, desde el punto de vista patriotero, me gusta ver que a) en España de vez en cuando se hacen películas que da gusto ver -y con Celda 211 ya van dos en el mismo año-, y b) que esas películas funcionan comercialmente más allá de los Pirineos.
Deseable Indeseable
A punto de hacer doblete cinematográfico hoy, aunque al final el Racing-Espanyol ha sido demasiada tentación, y por eso he visto Moi, moche et méchant (Despicable Me en inglés, algo así como Despreciable Yo). Película de animación de Universal Pictures, si no me equivoco la primera que hacen. Huelga decir que no es Pixar, pero eso no tiene por qué ser completamente malo. Por ejemplo, la película se permite más licencias de lo que permite el corsé de Disney, como cuando el malvado protagonista de la función va al Banco del Mal y debajo del rótulo de entrada pone "Antiguamente Lehman Brothers".
La historia no es nada del otro jueves, con un tipo supuestamente malvadérrimo, un cruce entre Drácula, Bloefeld y Lex Luthor que acaba siendo un ejemplar padre de familia. Entre tanto secuestra la luna, organiza un ejército de bichos amarillos y narra un cuento de gatitos. Bastante surrealista.
Lo mejor, de lejos, es la falta de pretensiones del conjunto -de nuevo, algo que jamás encontramos en las producciones de Lasseter & Co.-, con un guión más preocupado en el set pièce de risa fácil que en la elaboración de personajes hamletianos. Incluso con muchos momentos cómicos -en el primer cuarto de hora de peli los niños del cine se rieron más que en todo Toy Story 3-, la película hace bastantes guiños a los padres, como por ejemplo la escena en la que el prota se encuentra la cabeza de una muñeca bajo sus sábanas, homenaje claro a la escena de la cabeza del caballo en El Padrino.
En definitiva, igual que en su día dije que Toy Story 3 es una buena película de animación que no es para niños, Despicable Me es lo contrario, un homenaje al descerebre, un carrusel de paridas frescas que nos recuerdan, como Ice Age primero y Kung Fu Panda después, que hay vida después de Pixar.
La historia no es nada del otro jueves, con un tipo supuestamente malvadérrimo, un cruce entre Drácula, Bloefeld y Lex Luthor que acaba siendo un ejemplar padre de familia. Entre tanto secuestra la luna, organiza un ejército de bichos amarillos y narra un cuento de gatitos. Bastante surrealista.
Lo mejor, de lejos, es la falta de pretensiones del conjunto -de nuevo, algo que jamás encontramos en las producciones de Lasseter & Co.-, con un guión más preocupado en el set pièce de risa fácil que en la elaboración de personajes hamletianos. Incluso con muchos momentos cómicos -en el primer cuarto de hora de peli los niños del cine se rieron más que en todo Toy Story 3-, la película hace bastantes guiños a los padres, como por ejemplo la escena en la que el prota se encuentra la cabeza de una muñeca bajo sus sábanas, homenaje claro a la escena de la cabeza del caballo en El Padrino.
En definitiva, igual que en su día dije que Toy Story 3 es una buena película de animación que no es para niños, Despicable Me es lo contrario, un homenaje al descerebre, un carrusel de paridas frescas que nos recuerdan, como Ice Age primero y Kung Fu Panda después, que hay vida después de Pixar.
Kindle: por un puñado de libros
Un poco porque desde pequeñito me pusieron delante de un libro, un poco por imitación de mis role-models favoritos, el caso es que desde siempre he leído libros. De hecho, leo bastante. Como se puede ver en la columna de la izquierda, llevo 26 libros leídos en lo que va de año, que no está mal. Desde hacía una temporada venía dándole vueltas a dos problemas que empezaban a resultar urgentes: uno, la cantidad de espacio que me consumen en casa todas esas páginas impresas. Y dos, la cantidad de -otra vez- espacio y peso que ocupaban los libros cada vez que cogía un avión (a sabiendas de que raramente facturo equipaje).
Así que, ante el -insistente- ofrecimiento de la misma persona que desde pequeñito me puso delante de un libro, me lancé al mundo del libro electrónico.
Descartada la opción iPad -que me sigue pareciendo una beta de algo bueno-, el elegido, más que nada por el catálogo de libros disponibles, fue el Kindle de Amazon. Lo pedí a EE. UU., y en 10 días lo tuve en casa. Viene en una caja de cartón de su tamaño, con un pequeño manual y un cable USB para cargarlo.
Vaya por delante que no creo que los e-books vayan a sustituir a los "books". Pero sí que sustituirán al 80% de los libros, que son todos aquellos que sólo se lee una vez en la vida, y una vez consumidos pasan a acumular polvo en una librería.
Total, que después de conectarlo a mi wifi y dar de alta el bicho, eché un vistazo a la tienda de e-books en Amazon hasta que encontré un candidato a precio razonable: Adland, Searching for the Meaning of Life on a Branded Planet, de James P. Othmer.
Vaya por delante mi decepción al comprobar que el precio de los libros electrónicos es igual o superior al de las copias en papel. He visto a gente del mundo editorial explicar que el ahorro en papel se va en costes de edición gráfica, programación, etc. pero me parece, como diría un yanqui, bullshit. Espero que al final la competencia (y la piratería) haga bajar los precios de los libros electrónicos.
Por mi parte, hice una comparativa entre los sitios amazon.com y amazon.co.uk basándome en las novelas de Clive Cussler, y resultó que en el sitio global eran más caras. Pero mucho más. Así que envié un email de protesta a Amazon, que me respondieron casi inmediatamente hablándome de las fluctuaciones de los tipos de cambio y nosequé otras paridas. En fin.
Total, que una vez descargado el libro (en apenas 30 segundos), me puse a leer. La pantalla es del tamaño de un libro de bolsillo, y el bicho se puede sujetar con una mano, sin que -como pasa con los libros de papel- se te escape la página doblada y te salga el libro volando. Se pueden subrayar pasajes -lo cual en los libros de papel implica tener un lápiz => engorro), tomar notas, mirar el significado de las palabras en un diccionario e incluso compartir pasajes enteros en Facebook y Twitter. Además, se puede leer en horizontal, en vertical y aumentar o reducir el tamaño de letra e incluso cambiar la tipografía. La tecnología que utiliza no cansa los ojos, aunque hace un efecto un poco extraño al pasar de página.
El problema llegó cuando me lo llevé de viaje. A falta de comprar una funda -no quería que hiciera aumentar el volumen del Kindle-, lo metí en la funda del portátil y a su vez en la maleta. Al llegar a mi destino, la pantalla tenía unas líneas extrañas. Intenté reiniciarla como decían en los foros de internet, y nada. Al final concluí que había batido un nuevo récord, jodiendo un kindle apenas una semana después de haberlo recibido.
Los foros, además, advertían de que el servicio post-venta de Amazon era fantástico. Y vaya si lo era. Les escribí, y a los pocos minutos me llamaron. Les expliqué mi caso, y me pidieron que les enviara el Kindle roto. Ellos me enviaron uno nuevo -que recibí 48h después sin coste alguno- y me reembolsaron el coste del envío por DHL. Es decir, aparte del engorro de ir a enviar un paquete por mensajero, no tuve nada que hacer. Espectacular.
Así que lo primero que hice al recibir mi segundo Kindle -así se llama, Adrian's Second Kindle- fue pedir una fundita de neopreno verde, que ahora llevo a todas partes. He acabado Adland y ya he empezado con Perfect Pitch, un libro de mi admirado Jon Steel. Y tengo pre-reservado el nuevo Dirk Pitt, que aterrizará mágicamente en mi Kindle exactamente dentro de una semana.
Y huelga decir que coger ahora un tomo de 300 páginas en papel me da una pereza infinita...
Así que, ante el -insistente- ofrecimiento de la misma persona que desde pequeñito me puso delante de un libro, me lancé al mundo del libro electrónico.
Descartada la opción iPad -que me sigue pareciendo una beta de algo bueno-, el elegido, más que nada por el catálogo de libros disponibles, fue el Kindle de Amazon. Lo pedí a EE. UU., y en 10 días lo tuve en casa. Viene en una caja de cartón de su tamaño, con un pequeño manual y un cable USB para cargarlo.
Vaya por delante que no creo que los e-books vayan a sustituir a los "books". Pero sí que sustituirán al 80% de los libros, que son todos aquellos que sólo se lee una vez en la vida, y una vez consumidos pasan a acumular polvo en una librería.
Total, que después de conectarlo a mi wifi y dar de alta el bicho, eché un vistazo a la tienda de e-books en Amazon hasta que encontré un candidato a precio razonable: Adland, Searching for the Meaning of Life on a Branded Planet, de James P. Othmer.
Vaya por delante mi decepción al comprobar que el precio de los libros electrónicos es igual o superior al de las copias en papel. He visto a gente del mundo editorial explicar que el ahorro en papel se va en costes de edición gráfica, programación, etc. pero me parece, como diría un yanqui, bullshit. Espero que al final la competencia (y la piratería) haga bajar los precios de los libros electrónicos.
Por mi parte, hice una comparativa entre los sitios amazon.com y amazon.co.uk basándome en las novelas de Clive Cussler, y resultó que en el sitio global eran más caras. Pero mucho más. Así que envié un email de protesta a Amazon, que me respondieron casi inmediatamente hablándome de las fluctuaciones de los tipos de cambio y nosequé otras paridas. En fin.
Total, que una vez descargado el libro (en apenas 30 segundos), me puse a leer. La pantalla es del tamaño de un libro de bolsillo, y el bicho se puede sujetar con una mano, sin que -como pasa con los libros de papel- se te escape la página doblada y te salga el libro volando. Se pueden subrayar pasajes -lo cual en los libros de papel implica tener un lápiz => engorro), tomar notas, mirar el significado de las palabras en un diccionario e incluso compartir pasajes enteros en Facebook y Twitter. Además, se puede leer en horizontal, en vertical y aumentar o reducir el tamaño de letra e incluso cambiar la tipografía. La tecnología que utiliza no cansa los ojos, aunque hace un efecto un poco extraño al pasar de página.
El problema llegó cuando me lo llevé de viaje. A falta de comprar una funda -no quería que hiciera aumentar el volumen del Kindle-, lo metí en la funda del portátil y a su vez en la maleta. Al llegar a mi destino, la pantalla tenía unas líneas extrañas. Intenté reiniciarla como decían en los foros de internet, y nada. Al final concluí que había batido un nuevo récord, jodiendo un kindle apenas una semana después de haberlo recibido.
Los foros, además, advertían de que el servicio post-venta de Amazon era fantástico. Y vaya si lo era. Les escribí, y a los pocos minutos me llamaron. Les expliqué mi caso, y me pidieron que les enviara el Kindle roto. Ellos me enviaron uno nuevo -que recibí 48h después sin coste alguno- y me reembolsaron el coste del envío por DHL. Es decir, aparte del engorro de ir a enviar un paquete por mensajero, no tuve nada que hacer. Espectacular.
Así que lo primero que hice al recibir mi segundo Kindle -así se llama, Adrian's Second Kindle- fue pedir una fundita de neopreno verde, que ahora llevo a todas partes. He acabado Adland y ya he empezado con Perfect Pitch, un libro de mi admirado Jon Steel. Y tengo pre-reservado el nuevo Dirk Pitt, que aterrizará mágicamente en mi Kindle exactamente dentro de una semana.
Y huelga decir que coger ahora un tomo de 300 páginas en papel me da una pereza infinita...



