Argo pasa con Ben Affleck

Nunca me ha caído especialmente bien el actor Ben Affleck. Sin embargo, desde que hace un par de años vi The Town empecé a sentir respeto por el realizador Ben Affleck.

Argo es, como The Town, una película con un ritmo fascinante, de esas que te dejan pegado a la butaca hasta que ruedan los créditos. Una película basada en una historia real que, como The Town, podría haber sido hecha hoy o hace veinticinco años. Actores sobrios -Bryan Cranston con pelo pierde... un pelo-, fotografía cuidada, banda sonora que suma sin estorbar y un montaje milimétrico son los ingredientes de Argo. Más que suficiente para mí. 

Como decía Goldfinger, dos veces son coincidencia. Voy a tener que ponerme un día de estos Gone baby gone y comprobar si la cosa es para tanto.

El Hobbit, una película innecesaria

Nunca es bueno ir al cine con pereza. Las tres primeras películas de El Señor de los Anillos me gustaron sin entusiasmarme, y aún creyendo que la cosa va de más a menos. Después de recaudar muchísima pasta con la anterior trilogía, era cuestión de tiempo que adaptaran El Hobbit (y ojo al Sylmarilion coming soon). Al final no sólo han adaptado El Hobbit, sino que lo han exprimido en tres películas, de las cuales la primera es Un viaje inesperado. Tres horas de viaje con hobbits, enanos y Gandalf perseguidos por orcos a través de Nueva Zelanda. Sólo nos falta Viggo Mortensen para volver a 2001. 

Técnicamente, la novedad de la película es haberla rodado a 48 fotogramas por segundo en lugar de los 24 habituales. Luego está el tema del 3D, que yo hábilmente volví a evitar. Pues bien, visualmente la película está al mismo nivel visual de sus tres predecesoras, lo cual no está mal si pasamos por alto los nueve años que han pasado de El retorno del rey. 

El guión no ayuda en la tarea. No he leído El Hobbit -suficiente tiempo perdí en las páginas de Los Anillos- pero da la impresión que la estructura es exactamente la misma, sustituyendo al Monte del Destino por la Montaña Solitaria y poco más. Sólo hay una escena para el recuerdo, en la que Gollum se enfrenta a un duelo de adivinanzas con Bilbo con un tono más cercano a Monkey Island que a Tolkien. 

Y ahí está el punto fuerte del Hobbit, en el propio protagonista: Martin Freeman, el oficinista de The Office y doble de luces en un rodaje porno en Love Actually lo borda como ser pequeño y peludo, muy superior al melodramático Elijah Wood de la trilogía anterior. El resto del cast está bien, sobre todo un Ian McKellen de vuelta de todo y Andy Serkis y un montón de motion capture como Gollum. 

La pregunta que me queda en la cabeza es qué necesidad tenían de hacer esta película. ¿Artístico? Dudoso, pues la película no tiene mayor interés. Económico, sin duda, puesto que llevan 445 millones de dólares recaudados. Con ventas de deuvedés y tal llegará a 600 fácil. Aún así, otra vez un pálido reflejo de sus predecesoras. 

No tengo ningún interés en ver más aventuras en la Tierra Media. Y aún así -maldita sea- estoy seguro de que iré, arrastrando a mi pereza, a ver la siguiente parte de esta historia interminable. 


Skyfall, un Bond de los viejos

La vi dos veces y publiqué la crítica correspondiente en JotDown.

Taken, take 2.


Por alguna razón que se me escapa, a todo el mundo que vio Taken le gustó. Una película de acción como hay cientos, pero quizá con una mezcla un tanto particular entre la falta de complejos del guión, el ritmo del montaje y un Liam Neeson espectacular, empezando todas sus frases con un "listen to me very carefully..." y acabando por su lista de habilidades muy particulares.

Lo más interesante del fenómeno Taken es cómo la cultura internet ha convertido al propio Liam Neeson en un meme, en un Chuck Norris 2.0, y cómo el actor irlandés ha aceptado encantado el papel, y se cachondea de sí mismo a la menor oportunidad.

Como era de esperar, la segunda parte ha tardado en llegar pero ha llegado. El problema es que, como suele pasar en las secuelas, intenta parecerse demasiado al original. Ahora el giro es que el secuestrado es el propio Liam Neeson, y es su hija la que debe rescatarle. La cosa da para lo que da, hora y media de persecuciones y el antiguo agente de la CIA Bryan Mills matando gente con o sin arma. 

Para el recuerdo queda el método que enseña Liam a su hija para localizarle a base de lanzar granadas en pleno centro de Estambul. Aparte de eso no hay gran cosa, ninguna pelea o persecución particularmente para el recuerdo, ninguna frase como en la primera película. Ni siquiera el malo, el gran Rade Serbedzija (Boris the Blade en Snatch), parece una gran amenaza para una walking killing machine como Bryan Mills. 

Harán tercera parte, seguro. El guión será igual de previsible. Y aún así, iremos a ver a Liam Neeson una vez más. Es lo que tienen los actores con una lista de habilidades muy particulares

The Dark Knight Rises: el verdadero Batman forever

Superman 3 estaba protagonizada por un cómico negro y alcohólico.
En Spider-man 3, Peter Parker cantaba por la calle.
Los ewoks salían en la tercera parte de Star Wars. 
En Robocop 3,  Robocop volaba. 
Y El Padrino parte III es directamente una puta mierda de película. 

Toda esta introducción para explicar hasta qué punto es jodido hacer una tercera parte buena, y más después de dos primeras partes brillantes.

Christopher Nolan venía de reinventar a Batman en cine con Batman Begins, y a hacer una obra maestra que iba mucho más allá del cine de superhéroes en The Dark Knight. El problema era manejar las expectativas de la gente. Como dice Empire en su crítica de la peli, The Dark Knight Rises podía haber tenido un unicornio que echase rayos arcoiris por los ojos, y aún así el personal seguiría diciendo que no es tan buena como The Dark Knight. 

Bueno, pues yo voy a decirlo: The Dark Knight Rises es otro peliculón. 

Si Batman Begins era la puerta de entrada a un universo en el que Batman es creíble, y The Dark Knight era una película de Michael Mann con un payaso, TDKR es una película de acción dentro de una película de catástrofes que cierra la historia de Bruce Wayne, versión Christopher Nolan. Y cómo la cierra. 

Como en las dos anteriores películas, el reparto es tremendo. Si bien Christian Bale me parece mejorable como Bruce Wayne y sobre todo como Batman, los dos secundarios principales (sí, han leído bien), Gary Oldman y Michael Caine, lo bordan. Además, fantásticos los tres fichajes de Anne Hathaway -y su Catwoman en la bisectriz entre Michelle Pfeiffer y la vecina del quinto-, del pobre Tom Hardy, que tiene que basar su interpretación en su físico y su mirada, y de Joseph Gordon-Levitt, que hace serio un personaje que siempre ha sido de risa. 

Otra novedad es la fotografía: TDKR es la primera película de Batman que sucede de día. La música de Hans Zimmer, en cambio, recupera temas ya existentes y añade una pieza tan brutal como el malo de la función, Bane. 

Pero bueno, que el mérito de la función tiene nombre y apellido, y es el de Christopher Nolan. Un tipo que supo ver a Batman como algo más que un personaje de cómic, y supo integrarlo en el mundo real hasta convertir su historia en algo real, en algo creíble. Y lo hizo a través de tres películas increíbles. 

La revancha de los frikis: The Amazing Spider-Man

La película definitiva sobre Spider-Man todavía no ha llegado. Esta es la conclusión que saco después de ver la cuarta versión del trepamuros en diez años. 


Relanzar la franquicia no me pareció mal, porque después del Spider-Man 3 de Sam Raimi, en el que Tobey Maguire iba cantando por la calle, falta le hacía un lavado de cara a la cosa. El lavado de cara se llama Marc Webb y Andrew Garfield. El problema del lavado de cara se llama Vic Amstrong y James Horner. 


Por un lado, tanto director como protagonista cumplen. Webb -qué apropiado nombre para ocuparse del hombre araña, pardiez- parece más interesado en hacer una película sobre Peter Parker que sobre su alter ego. Y, como pasaba en Batman Begins, tarda una hora en sacar al héroe en pantalla. Y, como Batman Begins, consigue que la espera no se nos haga pesada.


Garfield es un Peter Parker totalmente distinto del anterior. Si el otro era un nerd de perfil bajo, éste es un geek de la era Facebook: va en skate, tiene sentido del humor y un pelín de mala leche. Estos dos últimos puntos fundamentales para componer un buen trepamuros.


Lo malo de rebootear una franquicia como Spider-Man, es que hay que hacerlo entero. Aparte de que los productores siguen siendo los mismos, la acción no aporta nada y la música es sonido de fondo. Esto se debe a que la segunda unidad la lleva Vic Amstrong, que para hacerse a una idea de lo fresco del personaje, doblaba a Harrison Ford como Indiana Jones. La música es de James Titanic Horner. Al menos, eso sí, nos hemos quitado de en medio al pelma de Danny Elfman.


En fin, que aún dejándose ver, The Amazing Spider-Man no está al nivel de otras pelis de Marvel como la primera Iron Man o la precuela de X-Men que vimos el verano pasado. Así que a la espera de que alguien se decida a hacer la película de Spider-Man definitiva, seguiremos esperando la conclusión de la trilogía de Batman made in Christopher Nolan.

Prometheus y el efecto overpromise

Varias precisiones preliminares sobre Alien:
- tardé veinticinco años en ver Alien, y eso a pesar de que se rodó tres años antes de que yo naciese. 
- la mejor me parece la segunda, con James Cameron convirtiendo una saga de terror una película de acción acojonante
- la cuarta me negué a verla por ser del mismo realizador que Amélie.


Dicho lo cual, me apetecía mucho ver Prometheus. Entre otras cosas porque, aparte del gran Ridley Scott, uno de los protagonistas es Michael Fassbender, posiblemente el mejor actor ahí fuera hoy en día.  Prometheus se anunció durante mucho tiempo como un proyecto de ciencia ficción totalmente independiente de cualquier película. Sin embargo, hace ya unos meses que Scott admitió que, efectivamente, él también se había subido al carro de las secuelas. Y, honestamente, me parece más el carro de Star Wars que el de El planeta de los simios. 


Vaya por delante que, visualmente, la película es la rehostia. El diseño de vestuario, la fotografía, los decorados, los efectos... todo una pasada. A partir de ahí, la cosa decae. Sobre todo por el guión, creo yo. Aún a sabiendas de que se trata de la primera de una trilogía que debería llevar hasta el Nostromo de Alien 1, creo que deja demasiadas cosas en el aire y el guionista del invento se fuma bastantes puros.


Creía que Prometheus iba a ser la película del verano, y acabó siendo, como decimos en publicidad, un overpromise. Ahora ya sabemos que ese título va por defecto al nuevo y último Batman de Chris Nolan. Esperemos.

Los Vengadores: las partes y el todo

Iron Man, Hulk, Capitán América y Thor. Todos ellos con su(s) propia(s) película(s), todas ellas comentadas en este blog. Los Vengadores (que creo que en España mantiene su título en inglés, vaya usted a saber por qué) es una reunión de las virtudes y los defectos de cada uno de esos títulos. 


El resultado de Los Vengadores es que la suma de sus partes es lo que prometía: dos personajes mal concebidos, mal escritos y mal interpretados -Thor y sobre todo el Capitán América-, un personaje mejor de lo esperado -el Bruce Banner / Hulk de Mark Ruffalo- y un personaje maravilloso como siempre -Robert Downey Jr / Iron Man-. 


El problema de las películas corales es que es muy difícil conseguir que a uno le interesen no ya cada personaje de manera individual, sino la interacciones entre ellos. Por eso hay que reconocerle el mérito a Peter Jackson y su Señor de los Anillos. El caso de los Vengadores no es el mismo: en la primera mitad de la cinta da la impresión de que Josh Whedon, el director de la función, cronometra el tiempo en pantalla de cada personaje, saltando de uno a otro según marque el reloj. Así que, con contadas excepciones, me aburrí bastante en toda la parte introductora de buenos, malos, amigos y enemigos. 


Eso sí, si pasamos por alto el guión escrito en torno a un MacGuffin guarro al más puro estilo Transformers, y nos olvidamos del papelón del pobre Chris Evans, que es tan expresivo como lo que es, una bandera estadounidense con patas, los Vengadores tiene sus momentos. Los mejores, siempre, protagonizados por Tony Stark y por Hulk. Y la batalla final, que es un in your face en toda regla a Michael Bay.


La duda que me queda es qué pasaría si en esta película hubieran tenido cabida los otros dos personajes clave del universo Marvel, Lobezno y Spider-Man, cuyos derechos fueron vendidos de manera separada para sacar más pasta, y ahora seguro que en Marvel se dan cabezazos contra la pared. 


Así las cosas, no me he quedado con más ganas de Vengadores... y en cambio no puedo esperar para otra ronda de Iron Man.


PD: la imagen que dejo es de una maravillosa campaña de promo de la película, cortesía de la agencia Wieden & Kennedy para el supermercado Tesco. La campaña entera está aquí.

El Cuarto Jinete, o cómo lograr que me guste una historia de zombis

Escribo estas líneas desde mi enohpi por ausencia de toda conexión a internet en mi nueva casa.
Acabo de acabar El Cuarto Jinete, la primera novela que le publican a mi compinche Blaski.
Antes de entrar en el libro, un poco de historia. Si bien es verdad que en lo cinematográfico coincidimos al 99%, en literatura Blaski es un tipo que afirma que "La ficción es y será mi única realidad" mientras que a mí me suele apasionar más la Historia con hache mayúscula. Aún así, los dos somos fans de las aventuras de Dirk Pitt.

No nos vamos a engañar: jamás pensé que leería un libro de zombis. De hecho cuando empecé ECJ no sabía qué cojones era un zombi. Después de leerlo, me queda la impresiòn de que son como vampiros tontos. De hecho, ni siquiera saben abrir puertas cual velocirraptor.
En fin, al tema.

El Cuarto Jinete me ha gustado contra todo pronóstico. Y digo eso porque Blaski hasta ahora había sido mucho mejor escritor de historias cortas que de relatos largos. Su otro defecto, los diálogos poco naturales -"Esta situaciòn es jodidamente comprometida" y cosas así- lo ha ido puliendo con el tiempo, y quiero pensar que mejoró decisivamente gracias a horas de diálogos para Independizados.

Lo que más me sorprende de la novela es el narrador. Como he dicho, no soy un gran lector de ficción y probablemente una solución parecida ya se le había ocurrido a Stephen King. Pero para mí la cosa es nueva. Es el paso más allá que un narrador omnisciente, y me recuerda a aquel cowboy en El Gran Lebowski que al final se acaba tomando una zarzaparrilla con el protagonista de la historia. Es obviamente tramposo, porque facilita enormemente la narración, pero le da al libro una sensación cinematográfica que lo hace muy fácil de leer. Egoístamente, me sentí comp si el propio Blaski estuviese ahí, contándome la historia, como me contaba otras historias (que en lugar de muertos vivientes incluían mujeres de pelo azul) enas mañanas de resaca que pasamos juntos.

El mayor problema que he tenido al leer el libro no han sido los zombis, sino los personajes. Y es que ECJ no es un libro de zombis, es un libro de personas que luchan por sobrevivir entre 3.000 muertos vivientes. Sin embargo, hay taaaantos personajes que me cuesta engancharme. Ahí se agradece eae narrador que te recuerda quién es quién de cuando en cuando. Pero bueno, aún así hay personajes memorables, como el de Brad Blueman, periodista corrupto y tramposo, y sin embargo entrañable. O Elvira nosferatu Tuckson, cuya casa visitamos con gran pompa al comenzar la novela en plan AQUÍ ARDE TROYA y al final la pobre palma a manos de un jardinero zombi a las primeras de cambio.

Aunque con lo que más he disfrutado es sin duda con algunas muertes. Es más, el hecho de que ningún personaje me cayese demasiado bien hizo que esperase la muerte de cada uno. Dos muertes destacan por encima de las demás: la del niño malo al empezar la invasión (aunque no se menciona que se convirtiese en zombi, quiero creer que sí y vive para vengarse) y la del pesado del cura, que después de mucha diserción teológica muere en plena plegaria.
También disfruté con la historia de los dos amantes de los que uno -no diré quién para no spoilear más- se convierte en zombi. Quiero pensar que el vínculo de esa subtrama con aquel (fantástico) guión que Blaski tituló El Club no es casual. Y es precisamente esa historia la que cierra el libro. O la que da paso a una segunda parte.

Yo, en cualquier caso, acabé el libro satisfecho como lector y orgulloso como amigo. Y si hay segunda parte, ahí estaré.

La parte del otro: ¿y si Hitler hubiera sido Adolf H.?

Hoy va de libros. Aprovechando que sale a la venta El Cuarto Jinete, de mi compinche Blaski, he decidido hablar del último libro que he leído: "La parte del otro" (La part de l'autre), del francés Eric-Emmanuel Schmitt.


El texto es una ucronía, un what if que juega con la posibilidad de que en 1908 Adolf Hitler no hubiese sido rechazado en la Academia de Bellas Artes de Viena. Lo interesante, más allá del planteamiento, es la fórmula del invento. Mientras la mayoría de ucronías acaban siendo una ficción demasiado alejada de la realidad como para que pueda resultarme interesante, "La parte del otro" cuenta al mismo tiempo las dos historias: la de Adolf H., pintor de éxito en París, admirado por la burguesía judía de su época, y la de Hitler, dictador, iluminado y suicida.


Junto a la no admisión en la Academia de Bellas Artes de Viena (que convirtió a Hitler en un amargado cuyo fracaso justificaba en que su verdadero talento era la arquitectura), el otro punto de inflexión en la vida del bigote austriaco es su relación con las mujeres. Así, mientras el verdadero Hitler mantenía una relación enfermiza con ellas (provocó el suicidio de su sobrina al anunciarse que se casaría con él), Adolf H. se sacude los complejos tras ser psicoanalizado por Sigmund Freud, y se convierte en un imán para las mujeres. 


En fin, un libro realmente fantástico. Realmente. Fantástico. 

The Grey: Liam Neeson (contra)ataca

Desde que vi Taken tengo una especial debilidad por Liam Neeson. Quizá la cosa venía de antes, de su papelón en Love Actually. O quizás por ser de lo poco rescatable de La Amenaza Fantasma. En cualquier caso, Taken le convirtió en un héroe de acción fundamental.


Así que cuando anunciaron The Grey, me pasé meses esperando el estreno de la que en internet titularon extraoficialmente "The Wolf Puncher". Y la verdad es que valió la pena. 


The Grey es, sin duda, la película más intensa que he visto en los últimos tiempos. No intensa de acción -puesto que no sucede gran cosa- sino intensa precisamente por aquello que esperas que pase... y casi nunca llega. 


A diferencia de Taken, que era una maravillosa cinta de acción que en ningún momento se tomaba en serio, The Grey es una historia de un realismo escalofriante, y he ahí su fortaleza: consigue que el espectador pase el mismo frío y la misma angustia que los protagonistas. Aunque, eso sí, los once euros pagados garantizan salir con vida de la sala.


Liam Neeson, protagonista absoluto de cada una de las escenas de la peli, justifica su sueldo bordando el papel de John Ottway, un tipo que se gana la vida defendiendo a los trabajadores de una instalación petrolífera del ataque de lobos. Cuando sufre un accidente de avión en medio de las montañas, Ottway y una serie de supervivientes tienen que enfrentarse a una manada de lobos. A partir de ahí, lo demás es un cruce de "¡Viven!" con "Diez Negritos" con Liam Neeson de protagonista. Y sólo por él, ya vale la pena comprarse la entrada. 

Chronicle: superhéroes como nosotros

X-Men meets Heroes meets La Bruja de Blair. 
Con este planteamiento me fui a ver hoy, noche de Oscars, una película que no entra en el radar de la Academia: Chronicle. 


Se trata de un falso documental sobre tres adolescentes que reciben superpoderes y tienen que aprender a la fuerza aquello que decía el tío de Spider-man de que todo poder conlleva una responsabilidad. De hecho uno de los personajes explica en un momento dado que los superpoderes son como un músculo: hay que hacerlo fuerte poco a poco, o se corre el riesgo de que se rompa.


Dicho esto, Chronicle vale la pena. Es la primera vez, Batman Begins incluido, en el que me creo a pies juntillas el arco que lleva a tres pajilleros a convertirse en superhombres. Eso sí, lo del estilo de falso documental me parece totalmente prescindible, porque una cosa es creerse la historia dentro del marco de ficción y otra llegarse a plantear que la cosa es real... lo que en La Bruja de Blair, que me pilló con quince años y sin escepticismo googleiano, sí que sucedía.


En cualquier caso, antes del atracón de máscaras y leotardos que nos vamos a pegar este verano entre The Dark Knight Rises, The Amazing Spider-Man y Los Vengadores, Chronicle -como Kick Ass en 2009- viene bien para desengrasar el género y hacernos creer que otro tipo de película superheróica es posible.




J Edgar: la larga vida del oficinista

J Edgar Hoover fue, durante años, el tipo más influyente en la política norteamericana. Desde su despacho de director del FBI acumulaba montañas de información privada de políticos, banqueros, actores y un largo etcétera, recogida de manera mayoritariamente ilegal a lo largo de cuarenta y ocho años de mandato. 


El problema de todo esto es que casi todo lo hizo sentado en una silla, con un teléfono a su lado. Y con semejante panorama es difícil hacer una película.


Quizá es por eso que Clint Eastwood parece interesarse más por el lado personal de Hoover, atrapado entre una madre ultraconservadora (y que acojona, puesto que la interpreta Judi Dench) y una cierta pulsión homosexual.


El segundo problema de la película es, para mí, el cásting. Contratar a Leonardo Di Caprio para encarnar al protagonista me parece un error de bulto. Di Caprio es demasiado conocido y tiene demasiada mili a la espalda como para resultar creíble. Además, más o menos la mitad del metraje -que se estructura en torno a demasiados flashbacks y flashforwards- muestra a un anciano Edgar Hoover, lo que implica un Di Caprio maquillado hasta el absurdo. 


En fin, que J Edgar me parece un biopic fallido. Lo cual no quiere decir que a Leonardo Di Caprio no le pueda caer un Oscar por ello.