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The Dark Knight Rises: el verdadero Batman forever

Superman 3 estaba protagonizada por un cómico negro y alcohólico.
En Spider-man 3, Peter Parker cantaba por la calle.
Los ewoks salían en la tercera parte de Star Wars. 
En Robocop 3,  Robocop volaba. 
Y El Padrino parte III es directamente una puta mierda de película. 

Toda esta introducción para explicar hasta qué punto es jodido hacer una tercera parte buena, y más después de dos primeras partes brillantes.

Christopher Nolan venía de reinventar a Batman en cine con Batman Begins, y a hacer una obra maestra que iba mucho más allá del cine de superhéroes en The Dark Knight. El problema era manejar las expectativas de la gente. Como dice Empire en su crítica de la peli, The Dark Knight Rises podía haber tenido un unicornio que echase rayos arcoiris por los ojos, y aún así el personal seguiría diciendo que no es tan buena como The Dark Knight. 

Bueno, pues yo voy a decirlo: The Dark Knight Rises es otro peliculón. 

Si Batman Begins era la puerta de entrada a un universo en el que Batman es creíble, y The Dark Knight era una película de Michael Mann con un payaso, TDKR es una película de acción dentro de una película de catástrofes que cierra la historia de Bruce Wayne, versión Christopher Nolan. Y cómo la cierra. 

Como en las dos anteriores películas, el reparto es tremendo. Si bien Christian Bale me parece mejorable como Bruce Wayne y sobre todo como Batman, los dos secundarios principales (sí, han leído bien), Gary Oldman y Michael Caine, lo bordan. Además, fantásticos los tres fichajes de Anne Hathaway -y su Catwoman en la bisectriz entre Michelle Pfeiffer y la vecina del quinto-, del pobre Tom Hardy, que tiene que basar su interpretación en su físico y su mirada, y de Joseph Gordon-Levitt, que hace serio un personaje que siempre ha sido de risa. 

Otra novedad es la fotografía: TDKR es la primera película de Batman que sucede de día. La música de Hans Zimmer, en cambio, recupera temas ya existentes y añade una pieza tan brutal como el malo de la función, Bane. 

Pero bueno, que el mérito de la función tiene nombre y apellido, y es el de Christopher Nolan. Un tipo que supo ver a Batman como algo más que un personaje de cómic, y supo integrarlo en el mundo real hasta convertir su historia en algo real, en algo creíble. Y lo hizo a través de tres películas increíbles. 

The Fighter: en busca del Oscar perdido

Quería ver 127 horas, pero me la han quitado de los cines del barrio, así que acabé metido en The Fighter, por la que Christian Bale rascó un Oscar al mejor actor secundario hace algunas semanas.

Vaya por delante que Bale me parece probablemente el actor más sólido que hay en Hollywood hoy día. Le vi por primera vez hace diez años brillando como prota de American Psycho. Flipé con los veinte kilos que perdió para interpretar The Machinist, me encantó en las dos Batman y se salvó del desastre que fue Terminator: Salvation. En The Fighter interpreta al hermano yonqui del boxeador que interpreta Mark Wahlberg. Nueva pérdida de peso, dientes falsos y una buena interpretación hacen el resto para llevarse la estatuilla. Y ese es el problema: The Fighter parece una película concebida sólo para brillar en la ceremonia de los Oscar.


Podría ahora comentar como suelo la fotografía de la cosa, la interpretación de los actores, la música y todo lo demás. Pero paso. The Fighter es una película que cuenta una historia sin mayor interés. Me pasé la película esperando a que sucediera ese momento crítico que tienen los buenos guiones, ese punto de inflexión que convierte una historia corriente en una película de cine. Y a base de esperar, pasaron hora y cuarenta y cinco minutos y no pasó nada. 


Lo único que vi es a un par de productores -los Weinstein para más señas- frotándose las manos ante la perspectiva de poner a Batman a hacer de yonqui, a Wahlberg a pasar por un boxeador creíble y a hacer todo tan realista y grimoso que parecía una secuela del The Wrestler de Aronofsky -aquí coproductor- de hace un par de años. Todo ello en una peli que sólo costó 25 millones de dólares, ya que las estrellas -la mayor partida presupuestaria en una historia sin efectos especiales como ésta- aceptaron cobrar una miseria por poder tener el honor de participar de esta historia. Como si hubieran ido poniendo equis en todas las casillas que llevan a los Oscar.


Al final la Academia de Hollywood les dio la razón. Y me jode, porque al final se acaban rodando historias del agrado de los tipos que deciden quién se lleva la puta estatuilla, y no del público.


Ah, sí, la película iba de boxeo. Por si os gusta ese deporte, digo.