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Una (otra) de piratería, parte II

Otra costumbre muy nacional es la de poner el grito en el cielo por cualquier cosa, y luego no hacer nada de nada para mejorar la situación. Esto es, concretamente, en lo que se ha basado tradicionalmente la actividad de los sindicatos en España; ni siquiera han sido capaces de conseguir un día al mes libre como recuperación de horas extras, como los franceses.

Vaya por delante que no estoy a favor del pirateo indiscriminado. Yo creo que los autores de contenidos, sea en la forma que sea, deben recibir una remuneración por su trabajo. Ojo, que no digo una remuneración "justa" -la justicia siempre depende del cristal con el que se mire- sino aquella que fije el libre mercado. 
Por lo tanto, también creo que a esa gente que dice que subir un torrent es igual que prestar un libro a un amigo, habría que pasarla por la quilla.

Hace diez o quince años, las ventas de películas de vídeo crecían exponencialmente, cualquier artista de medio pelo podía ganar un disco de oro, los cines estaban hasta la bola y los libros... bueno, dejémoslo en que se vendían unos cuantos más que ahora.

El problema es que llegó internet, y el modelo de negocio saltó en mil pedazos. La tecnología permitió el intercambio de datos a cada vez mayor velocidad, y esto desembocó en un cambio más profundo: la gente se acostumbró a tener acceso a los contenidos sin pagar por ello.

Así que todos las compañías que tradicionalmente se han dedicado a la difusión y venta de contenidos, desde las discográficas hasta las multinacionales de Hollywood, pasando por editores de libros y un largo etcétera, están como los indios cuando se encontraron con el ejército de Cortés, intentando sobrevivir en una batalla que tienen perdida de antemano.

Salía en la edición de ayer del LA Times -el mismo que sacó al Sombrerero Loco en su portada- un artículo que aseguraba que las majors de Hollywood se planteaban dejar de vender DVDs en España a causa del crecimiento de la piratería. Probablemente lo primero que debieran hacer es mirarse al ombligo y bajar los precios de las películas en soporte físico. Desde el momento en que es más barato comprarse un DVD en el Amazon inglés (con sus correspondientes gastos de envío) que acercarte a El Corte Inglés a por él, hay un problemita. Si retiran los discos de las tiendas, una parte de la gente que compra películas lo hará por internet, y otra parte aprenderá a conseguirlas gratis online. Y vaya usted a convencer a estos últimos de volver a pagar por ver una peli en casa.
Dice el adagio que, si no puedes con el enemigo, más vale aliarse con él. Llevado al terreno de los contenidos online, esto es lo que han hecho, por ejemplo, los Monty Python. Conscientes de que sus sketchs se adaptaban perfectamente a los gustos de la generación YouTube, decidieron abrir un canal en YouTube. El texto de bienvenida es sencillamente sublime: "For 3 years you YouTubers have been ripping us off, taking tens of thousands of our videos and putting them on YouTube. Now the tables are turned. It's time for us to take matters into our own hands. We know who you are, we know where you live and we could come after you in ways too horrible to tell. But being the extraordinarily nice chaps we are, we've figured a better way to get our own back: We've launched our own Monty Python channel on YouTube."

A diferencia de otros que también han abierto chiringuito en la web de vídeos de Google, los Python tuvieron la brillante idea de poner, al lado de cada vídeo gratuito, links a sus DVD a la venta en amazon.com. El resultado habla por sí mismo: subieron hasta el número 2 de los más vendidos, con un aumento del 23.000% en sólo dos meses.

Es sólo un ejemplo, pero lo que deja en claro es que hay maneras de conseguir que la creación de contenidos y su difusión online sea rentable. Sólo hace falta tener la suficiente imaginación para saber cómo hacerlo.

Una (otra) de piratería, parte I

Una de las cosas buenas de ser español es que siempre llegamos tarde a todo. Y no sólo estoy hablando de la puta manía de llegar sistemáticamente tarde a las citas, sino también de que todos los problemas que tenemos, los han tenido antes otros países. Y si no que le pregunten al Gobierno, que ya está sacando brillo al cazo después de ver la lluvia de millones en nombre de Europa que le ha caído a los pobrecitos griegos.

Pero volvamos al tema. En Francia, en 2009, aprobaron por fin una ley anti-piratería. La cosa -que según el gobierno francés ha costado 6,7 millones de euros, y según las operadoras de internet 100- viene a ser una medida contra las descargas peer to peer, o P2P. Al que se descargue contenido de manera ilegal, primero se le envía un email, luego una carta y como última medida, se le corta el acceso a internet.

Abro un inciso para contar una anécdota sobre Hadopi. En enero pasado, la agencia francesa Plan créatif presentó en sociedad el logo de la Alta Autoridad para la protección de obras y la protección de derechos en internet (HADOPI en sus siglas en francés). Pues bien, un francés denunció en su Twitter que la tipografía utilizada era una Bienvenue, que había sido creada en 2000 para uso exclusivo de France Télécom (de hecho, era la tipo del antiguo logo de Wanadoo). Ahí no acaba la cosa. Por que resulta que la tipografía del texto en rojo, una Bliss, también había sido utilizada sin pagar derechos. Tres días después, y ante la rechufla generalizada de todo el mundo online y offline francés, Plan créatif compra la licencia de la Bliss, y como la Bienvenue no se la deja utilizar France Télécom, la cambian por una FS Lola, que se parece a la original como un huevo a una castaña. 
Total, que la bandera anti-piratería francesa está hecha de manera ilegal. Y nosotros que creíamos que el sainete era un género exclusivo del sur de los Pirineos.

La ley Hadopi, que cinco meses después de su aprobación todavía no ha entrado en vigor, es ya un fracaso absoluto. Y lo es por la sencilla razón de que no ha tenido en cuenta ni las descargas directas (tipo Megaupload) ni el streaming. A día de hoy, revela un estudio, alrededor del 16% de los usuarios franceses utiliza los servicios P2P. Es decir, que la ley una vez más va un paso por detrás de la realidad, y por lo tanto no sirve para proteger los contenidos ni para cambiar la actitud de los usuarios.

En España, la ministra de turno se ha sacado de la manga una cosa parecida, y con la inestimable ayuda de la Stasi de pandereta que es la SGAE, se ha lanzado a una cruzada de cierre de sitios P2P. Tan tarde y tan mal como de costumbre.