Summer's almost gone


El verano da sus últimos coletazos, y paradójicamente hoy ha sido uno de los días de más calor en París.

El pasado finde estuve de visita en Rouen. Hace justo diez años, en el verano del 99, me pasé un mes en la Alliance Française que estaba entonces en el muelle junto al Sena. Pasé un mes aprendiendo francés allí, viviendo en casa de Madame Dussart y dividiendo mis días entre las clases y el O'Kallaghans, un pub irlandés frente a la iglesia de St Ouen. Allí, como buen hispanoparlante imbécil, me hice amigo de un venezolano llamado Chespi, que entonces sabía tan poco francés como yo.

Diez años más tarde, la catedral sigue ahí, la iglesia de St Ouen y el Grand Horloge, también. Y también sigue ahí mi amigo Chespi, ahora arquitecto, ex-jugador de la primera división de béisbol en Francia y experto rouennais que hizo de cicerone. Y también sigue allí el O'Kallaghan's, aunque han quitado las mesas de picnic de la terraza en la que tantas horas invertimos. Una ciudad fantástica Rouen, muy parecida a Estrasburgo, pero con la ventaja añadida de que, una vez que pongan el TGV, uno se podrá plantar en París en media hora.

Como decía Morrison, summer's almost gone. Almost.

El reloj de Ca la Xiqueta

En Ca la Xiqueta, una casa de pueblo en pleno Ripollés catalán, mi abuela Roser ha pasado prácticamente todos los veranos de su vida. Una de sus pocas aficiones es el coleccionismo de relojes baratos, que distribuye más o menos aleatoriamente por estanterías, paredes, mesas y mesillas. Pero la mayoría de sus relojes no funcionan. Se han ido apagando poco a poco, sus manecillas abiertas en todo tipo de ángulos extravagantes, marcando horas ficticias de días que no volverán.

No muy lejos de su casa fue por donde, en febrero de 1939, tuvo que cruzar hacia Francia, parte de una marea humana que arrastró a medio millón de españoles hacia un exilio forzoso. Me habló del campo de Argelès Sur Mer, y de los ocho largos meses que pasó allí, compartiendo nueve metros cuadrados con otras ocho personas, las maletas colgadas de las vigas del techo, sus vidas en suspenso en una playa al sur de Francia. Tuvo suerte de no formar parte de la primera oleada de emigrantes que llegó a Argelès, cuyos hombres montaban los barracones mientras las mujeres dormían en la húmeda arena.
Pasaban los días sin nada que hacer, custodiados por soldados senegaleses que debían ocuparse de que nadie abandonara aquel campo provisional, como le llamaban los franceses. En aquel invierno del 39, si el gélido viento que barría el litoral no les dejaba salir del barracón, pasaban el día matando pulgas. De ahí, según ella, viene la idea de llamar al dedo gordo el pulgar.

Luego, en mayo de 1940, pudo irse con sus padres a Toulouse, donde pasaron tres años, los últimos bajo dominio alemán, trabajando para la Asociación Católica de Ayuda a los Refugiados por las mañanas y con los cuáqueros americanos -una secta benevolente, precursora de lo que ahora llamaríamos ONG- por las tardes. Tres años más tarde, en mayo del 43, mi abuela y sus padres decidieron que era complicado que la España franquista fuese mucho peor que la Francia ocupada, y emprendieron el camino a casa. Muchos otros jamás regresarían.

Le hemos comprado un reloj nuevo a Roser. De esfera grande y clara, para que pueda leerlo sin mucho esfuerzo. Nos pidió que le ajustásemos la alarma a las ocho en punto. Aún no se pone el sol en Ca la Xiqueta.

THE Rock Band



El próximo 9 del 9 del 09 sale a la venta Rock Band: The Beatles, que supone el primer juego de música para consola que no sólo incluye canciones de los Beatles, sino que está dedicado íntegramente a los Fab Four.

Pues bien, acaba de salir el tercer tráiler del juego, y lo que es todavía mejor, se ha filtrado la que parece será la track list definitiva. Hela aquí:

Singles:
I Want To Hold Your Hand
I Feel Fine
Day Tripper
Paperback Writer
Revolution
Don’t Let Me Down

Please Please Me:
I Saw Her Standing There
Boys
Do You Want To Know A Secret
Twist and Shout

With the Beatles:
I Wanna Be Your Man

A Hard Day’s Night:
A Hard Day’s Night
Can’t Buy Me Love

Beatles For Sale:
Eight Days a Week

Help!:
Ticket To Ride

Rubber Soul:
Drive My Car
I’m Looking Through You
If I Needed Someone

Revolver:
Taxman
Yellow Submarine
And Your Bird Can Sing

Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band:
Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band/With a Little Help From My Friends
Lucy In The Sky With Diamonds
Getting Better
Good Morning Good Morning

Magical Mystery Tour:
I Am The Walrus
Hello Goodbye

The Beatles (White Album):
Dear Prudence
Back In the U.S.S.R.
While My Guitar Gently Weeps
Birthday
Helter Skelter

Yellow Submarine:
Hey Bulldog

Abbey Road:
Come Together
Something
Octopus’s Garden
I Want You (She’s So Heavy)
Here Comes the Sun

Let It Be:
Dig a Pony
I Me Mine
I Got a Feeling
Get Back

Love:
Within You Without You/Tomorrow Never Knows

Aunque me hubiese gustado que pusieran albums enteros (para mí Sgt Pepper's es un loop que empieza y acaba como diría Joaquín Luqui con el Sargento Pimienta y su Banda de Corazones Solitarios), mi primera valoración no puede ser más positiva.

Revisando la track list, me he dado cuenta de la cantidad de temas gigantes que tienen los Beatles. Es verdad que echo en falta una serie de canciones, algunas de ellas fundamentales e imperdonables -Love me do, You've got to hide your love away, In my life, Eleanor Rigby, A day in the life, Strawberry fields, All you need is love, Across the universe- y otras favoritas mías como I don't want to spoil the party, You're going to lose that girl, She said she said o I will. Espero que las vayan sacando poco a poco.

No me va a quedar más remedio que invitar a mi primo Álvaro a tocarnos un Birthday a coro. Se van a cagar los de la Alltogether Band.

Un anuncio turbador

De las cosas que más nervioso me ponen -intento deliberadamente evitar el verbo turbar, que me parece tan inmaduramente cómico- es la publicidad que no entiendo. Posiblemente haya veces que me falte el contexto adecuado o simplemente el conocimiento para decodificar una campaña, aunque la mayoría de las veces me temo que la desconexión es más voluntad del emisor (la marca o, específicamente, el equipo creativo que trabaja para la marca) que incapacidad del receptor, o sea yo.

El caso es que desde hace un par de semanas, llevo viendo en los mupis -los posters de las paradas de autobús- y en el metro a lo largo y ancho de París una campaña que me trae de cabeza. De hecho, ni siquiera estoy seguro de que se trate de una campaña.
La cosa es que se ve a Darth Vader haciendo levitar una bandeja en McDonald's. "Venez commes vous êtes" (ven tal como eres) reza el titular. Aparte del pequeño detalle de que este póster no tiene ninguna relación con el rollo que se trae McDo de un tiempo a esta parte ("I'm lovin' it"), nada que añadir.

¿O sí?


He pasado bastante tiempo esperando el metro delante de esta imagen, y me he planteado ciertas cuestiones a propósito de ella. Por ejemplo ¿qué hace Darth Vader comiendo en McDonald's? ¿Han montado un McDo para el personal imperial en la Estrella de la Muerte? Más aún: ¿qué hace Darth Vader comiendo solo? ¿no tiene ni un mísero storm trooper que le dé charla en plan hay que ver cómo está el tema de la rebelión? ¿no se le ha ocurrido invitar al Emperador, y ya de paso sacar el tema de su subida salarial? Y a todo esto, ¿por qué hace levitar la bandeja? ¿cómo hace para comerse un Big Mac sin quitarse el casco? ¿y por qué ha metido la pajita -con perdón- en el vaso ANTES de llegar a la mesa?

Pero lo que más me mosquea de este asunto no es el propio Vader, que al final es un trabajador por cuenta ajena, sino la pareja de detrás. ¿Qué demonios hace una pareja, su mano en el muslo de ella, dándose el lote en una publicidad de McDonald's? Y por si eso fuera poco, ¿qué demonios hace una pareja dándose el lote detrás de Darth Vader en un McDonald's?

Sospecho que en algún lugar hay unos creativos partiéndose de la risa. Riéndose de mí.
Los hijoputas.

El extraordinario Jacinto Antón

No todos los días se puede decir que se ha leído un libro genial. Yo, hoy, tengo ese privilegio.

Bueno, sin nos ponemos puntillistas como Seurat, no se trata de un libro per se, sino más bien una recopilación de artículos que Jacinto Antón ha venido publicando en El País edición de Cataluña, a lo largo de los últimos catorce años.


"Pilotos, caimanes y otras aventuras extraordinarias", que así se llama el libro, llegó a mis manos previa recomendación de mi mediático amigo Javi.
La señorita que me atendió en El Corte Inglés se pasó un rato escrutando su base de datos para saber si tenía el título de marras. He de reconocer que, aunque recordaba íntegro el título, preferí darle el nombre del autor para no pasar vergüenza.


En fin, que Jacinto Antón es un autor extraordinario. Se aproxima a la realidad desde una inocencia impropia de un periodista de su experiencia -me atrevería a describirlo como el reverso luminoso de Pérez-Reverte-, y consigue hacer de lo cotidiano algo maravilloso. A los ojos de Antón, la compra de un hámster puede ser una epopeya ("En qué momento se convierte la vida en destino? El otro día, sin ir más lejos, cuando me compré un hámster", comienza el artículo en cuestión) y el desmontaje del árbol de Navidad, en una operación de alto riesgo.
A lo largo de las 344 páginas de aventuras, Jacinto Antón habla de temas tan dispares como los indios Sioux, el standartenführer Skorzeny, su miedo al telesilla, los gorilas que han sido descubiertos en plena postura del misionero o su obsesión particular, el explorador, aventurero y falso noble húngaro Laszlo Almásy. Además, cita a uno de mis héroes particulares, el piloto alemán Hans Rudel, y su maravillosa biografía "Piloto de stukas", de la que creo que ya hablé en su momento.

Antón deja muchas joyitas a lo largo del camino ("Adoro los submarinos: combinan de mis grandes miedos, el mar y los ascensores"), y personalmente me identifico con el artículo en el que confiesa que, de vez en cuando, extravía algún libro interesante en las librerías, a la espera de una mejor ocasión para hacerse con él.

Tengo que admitir lo he pasado mal con los ataques de risa que me ha provocado "Pilotos, caimanes y otras aventuras extraordinarias" en el metro de París. Incluso una vez estaba tan metido en la historia, que tuve que cruzar el vagón de un salto para no pasarme de estación.
No habría sido tan grave; al fin y al cabo, no
tiene uno todos los días la suerte de encontrarse con un libro tan maravilloso como el de Jacinto Antón.

Guía para sobrevivir a la gripe cochina

El otro día me perdí (dammit!) el estreno en CanalSat de la película tailandesa SARS Wars, la epopeya de un grupo de seres humanos que luchan contra zombies fallecidos por la gripe aviar de hace unos años.

Pues bien, sin llegar a estos extremos, la semana pasada me pasaron por fin las recomendaciones del Espíritu Santo en caso de pandemia de gripe cochina. Un poquito cuenta lo que todos sabíamos: que si no le estornudes a la gente en la cara, que si lávate las manos no sea e tengan mierda, que si toma un klínex nuevo...


Lo inquietante no es eso, sino descubrir otra serie de recomendaciones complementarias, que amenzazan seriamente nuestra querida rutina invernal:

- A lo Pretty Woman: prohibido dar la mano, abrazar o besar (en cambio, no dice nada de practicar sexo, así que infiero que vamos a acabar haciéndolo como Julia Roberts le pedía a Richard Gere).

- Virtuales, hasta cierto punto: hay que limitar las actividades de grupo: se recomienda cambiar las reuniones físicas por teleconferencias. En cambio, evitan cuidadosamente recomendar el teletrabajo, que tanto ansiamos algunos.

- Viva el Sofing: evitar deportes de equipo: a tomar por saco todo partido que no sea en una pantalla.

-Por lo menos no pareceremos mimos: no utilizar guantes de látex (y ahora se lo dicen a Michael...).

- Convertirnos en justicieros enmascarados: llevar una máscara -modelo FFP2, precisan- cuando a) estemos en contacto con gente, b) en el transporte público, c) con invitados y d) cada vez que realicemos limpieza. Puntualizan que no es necesario llevarla cuando se trabaja solo en una oficina cerrada. Así que vamos a acabar autistas y sucios.

- Y para colmo, la máscara, por cierto, sólo es efectiva "hasta un máximo de entre 4 y 8 horas". Es decir, que entre la cuarta y la octava hora de uso, lo mismo te contagias incluso llevando la mascarilla como un panoli.

Está claro que, si la gripe no acaba con nosotros, lo que parece improbable con su tasa de mortalidad del 1%, este tipo de chorradas conseguirán rematarnos.

Cuando pasábamos la tarde liberando al mundo

Con el verano cinematográfico dando sus últimos estertores hollywoodienses -el verano real no acaba para mí hasta el 14 de septiembre-, hoy he ido a ver GIJoe. Junto a los Masters del Universo, los GIJoe han sido sin duda mis juguetes favoritos. Miles de tardes me pasé, la mayoría mano a mano con mi gran amigo Luis, los dos armados de yiyous y mucha imaginación.
No sólo estaban muy bien hechos -ese agujero en la espalda en el que se encajaban las mochilas-,
sino que además tenían el mejor repertorio de armas, naves y otros accesorios del mundo juguetil. A diferencia de los Transformers, los Joes sí que me interesan. Me preocupan.

No puedo evitar el paralelismo con los Transformers. Para empezar, porque ambos comparten fabricante -Hasbro- y pro
ductor cinematrográfico -Lorenzo di Bonaventura-. A partir de ahí, ambas franquicias son polos opuestos. Principalmente, porque una se la dan a un director de acción genial como Michael Bay y la otra se la dan a un vendedor de alfombras como Stephen Sommers, autor de espantos espantosos como La Momia (1 y 2) o Van Helsing.
Para que lo entendamos todos, con el mismo presupuesto uno crea un Lago de los cisnes cibernético mientras el otro organiza unos sanfermines bélicos.


A un director chapucero, GIJoe añade un cast imposible, con Marlon Wayans haciendo de negro gracioso,
un tal Channing Tatum como el héroe Duke y Christopher Eccleston haciendo de malo bobalicón.
Más aún, la música corre a cargo de Alan Silvestri, compositor de la música de Regreso al Futuro hace veinte años, y en cuyos muertos ya me cisqué en mi reciente crítica de Noche en el Museo 2. Empiezo a sospechar que el mismo ovni que se llevó a el Auténtico George Lucas también reemplazó al bueno de Silvestri por un clon malvado.


Y el caso es que GIJoe me ha gustado. La película no se toma en ningún momento muy en serio a sí misma, y eso ayuda a que la trama, un batido de tramas bondianas cruzadas con Star Wars, se haga tolerable.
Los efectos visuales están, salvo contadas excepciones, muy correctos. La representación de la tecnología, equipamiento y naves es una pasada, muy en la línea de los juguetes originales. Y hasta Sommers, que por lo demás da la sensación de elegir sistemáticamente la peor toma disponible, firma una persecución de lo más digna a través de París. Casi al final de la peli, cuando por fin vi sobre el costado de una nave el logotipo de la organización terrorista Cobra, casi me deshago en la butaca.

A nivel personal, lo más tremendo es la representación de mi personaje favorito, Ojos de Serpiente, un pistolero ninja mudo. Toma Shakespeare. Pues bien, no sólo el vestuario es tal cual el muñeco que yo tengo en casa, sino que sus movimientos son tal cual me lo llevo imaginando desde que, allá por 1986, le saqué de su envoltorio original. El actor que lo clava, por cierto, es el único acierto de cásting: Ray Park, el mismísimo Darth Maul de la saga de las Galaxias.
A su lado Sombra, el ninja malo que resulta ser el hermano de mi héroe, y del que se disfrazó mi amigo Luis en un carnaval del cole, parece un chinorris afeminado.


Unos años después de dejar de jugar con los GIJoe, alguien me dijo que los Joes no eran más que armas de propaganda americana, perversa creación de un Goebbels yanqui que habita un oscuro despacho en Washington. Y entonces me imaginé a Luis a mi lado, los dos sobre un portaaviones escuchando el Star Spangled Banner, preparados para pasar la tarde combatiendo por la libertad del mundo.

Up: qué malo es hacerse adulto

No voy a ser justo en mi crítica de Up. Y no lo voy a ser porque, de haber sido producida por cualquier estudio, Up sería una gran película. El hecho de haber sido producida por Pixar, sin embargo, la convierte en una buena película a secas. Al fin y al cabo, estamos hablando de un estudio que todavía no ha hecho una mala película, aunque Cars y Bichos flirtearan peligrosamente con el aburrimiento.

De los cuatro libros que más me influenciaron cuando era pequeño -posiblemente fui la última generación que tuvo al menos una parte de su infancia libre de ordenadores-, uno de ellos se llamaba "El viaje en globo de Guillermo". Básicamente, la historia de un niño que ata a su cama los globos que ha recibido como regalo de cumpleaños, y cuando se despierta está volando sobre su cama.
El hecho de haber leído dicha historia hace que, para mí, la premisa de Up pierda un poquito de gracia.

Pero bueno, Up no es sólo la historia de una casa voladora. Hay mucho más, como por ejemplo la historia de dos personas que envejecen juntas con sueños de viajar lejos, y (el que quiera saber, que pase el ratón sobre el texto)
al final ella muere sin conseguirlo. Todo eso narrado en los cinco primeros minutos de peli.
La historia de la casa voladora viene después, y da pie a la historia más surrealista jamás concebida por Pixar, que incluye perros que hablan, pájaros arcoiris, aventureros centenarios, un zeppelin gigante y alguna que otra ardilla omnisciente.


Sí, Up es una ida de olla general, pero no una cosa sin pies ni cabeza, al estilo Dreamworks, sino con unos personajes que la sustentan por detrás made in Pixar.
Y sobre los personajes y la historia quería detenerme. Siempre se ha dicho que las películas de Pixar gustan a todos porque tienen un nivel de lectura para niños y otro para adultos.
Si bien el año pasado con Wall-e ya aparecía una historia compleja por detrás -la humanidad ha destruido la Tierra, etc-, en Up vuelvo a ver que la historia adulta -no hay una sino dos muertes de personajes protagonistas- toma más fuerza.


Y por paradójico que parezca, me doy cuenta de que, cuanto más adultas son las películas de Pixar, menos me gustan.

Fuck you very much


Lily Allen - Fuck You [Official Video] (Non Censuré)
par Lily-Allen-Tv

Quizás en España no, pero en Francia la canción del verano es sin lugar a dudas el Fuck you very much de Lily Allen. Yo, que suelo ser un démodé en cuanto a música, conocí este tema por medio de las sesiones interminables de Virgin Radio que amenizan el verano parisien metido en una agencia de publicidad, y me quedé con la copla.

La canción me llama la atención por la incorrección política de su mensaje. En tiempos en que Jack Bauer tiene que decir dammit, Gallardón censura los escaparates de los sex shops y la guerra es más real en la PlayStation que en la CNN, supone todo un puñetazo en la mesa que triunfe una voz femenina como la de Allen al grito de Fuck you.
Probablemente ése sea el secreto de su éxito: poca gente se ha parado a entender la letra, que habla de homosexualidad, racismo, y no sé cuántas cosas más, pero sin duda todo el mundo entiende y acompaña el pegadizo estribillo.

Precisamente que sea en 2009, en medio de la peor crisis económica que muchos vivimos, cuando el hit del verano, la canción por la que se recuerda todo un año, sea este Fuck you very much, me parece una maravillosa ironía.

Fuck el sistema financiero.
Fuck la especulación inmobiliaria.
Fuck Madoff.
Fuck el barril de petróleo.
Fuck you very much.

Habemus himno anti-crisis.