Die Hard 5: un buen día para matar una saga

El título es fácil pero creo que resume el propósito: la quinta película de Die Hard / La Jungla de Cristal, es tan innecesaria y prescindible como la anterior, y me hace temer que, sí amigos, es el momento en el que Bruce Willis debe dejar a John McClane -su personaje fetiche- de lado y disfrutar de un final de carrera lo más digno posible. 

El problema de esta saga es que alguien en la Fox no ha entendido la ecuación de Die Hard: Bruce Willis, una unidad de espacio (un edificio, un aeropuerto, una ciudad), un malo que mole y un giro argumental que te deja patedefuá. Ah, y un yippee-ka-yay motherfucker al final.

Esta quinta parte arrastra un guión absurdo en Rusia en el que Bruce Willis apenas tiene tiempo de encajar un par de chistes, de los cuales uno sobre la guerra fría. Jai Courtney, que me encantó en Jack Reacher, aquí pasa sin pena ni gloria. Y para colmo el malo no es ni amenazador ni especialmente brillante. Eso sí, la peli tiene una persecución en coche por el centro de Moscú nada inteligentemente rodada pero sobrecogedora en medios (por una vez no son Ford Escorts los destrozados, sino hasta un Porsche Boxter) y un par de planos de acción al final de la peli bastante logrados. 

A pesar de las dos últimas, yo creo que se podrían seguir haciendo películas de la John McClane con dos condiciones: un buen guión menos megalomaniaco y un director que sepa mover la cámara se ocupe del tema. Ninguno de estos requisitos se cumplieron en las dos últimas entregas de la saga.

Bruce Willis ha anunciado que habrá sexta parte. Sea lo que sea, para mí, la Jungla de Cristal sigue siendo, un pelo por encima de Indiana Jones y ahí ahí con el Batman de Nolan, la mejor trilogía (mejor = mayor calidad media de las tres primeras películas) que hay ahí fuera. Yippee-ki-yay, John McClane.

La realidad siempre supera a la ficción: Zero Dark Thirty

Como lo oyen. Zero Dark Thirty es la historia de la mayor caza al hombre de la historia de la humanidad, la que lideró Estados Unidos contra Bin Laden después del 11-S. Y Zero Dark Thirty es una gran película porque en casi ningún momento -los actores conocidos la delatan- se da uno cuenta de que está viendo una película, y no un documental. 

A eso contribuyen dos cosas: la dirección de Kathryn Bigelow y Jessica Chastain. La primera, como demostró en su Hurt Locker, sabe exprimir la tensión de escenas de transición como una hamburguesa a mediodía en la cantina del trabajo. La segunda, una total desconocida para mí, compone un personaje central increíblemente creíble. Uno acaba convencido de que sí, que es una mujer cuya única obsesión, el hombre de su vida, es el terrorista más buscado del mundo. 

Lo único que le achaco es que, como casi todos los documentales, se hace demasiado denso (¿demasiado real?) en ocasiones. Pero por lo demás Zero Dark Thirty, la historia de la caza de Osama Bin Laden es una muestra más de que, casi siempre, la realidad supera la ficción.