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Explorando los límites de la ciencia ficción

Hace algunos días me obligué, a raíz de un debate facebookero, a establecer mis límites de tolerancia a la ciencia ficción. Mi conclusión principal es que soporto lo plausible, pero no lo irreal. Como esta última frase parece una cita de Sheldon, el antisocial personaje de The Big Bang Theory, pongo algún ejemplo:
- Me gustan Regreso al futuro, Terminator, Alien, Star Wars, The Matrix, Predator y El planeta de los simios (la original, no la del incapaz de Tim Burton).
- No me gustan Blade Runner, las secuelas de Matrix, The prestige, El quinto elemento, Yo Robot, Godzilla, Donnie Darko, Los sustitutos o Soy Leyenda.

En realidad, según repaso la lista, no estoy muy seguro de que mi clasificación siga una lógica racional. ¿Es más plausible hacer de un DeLorean una máquina del tiempo que crear clones que nos sustituyan? Posiblemente no.
La prueba de esto es que, dentro de un mismo universo conceptual (la realidad es un programa informático llamado The Matrix), una película me gustó, y dos no.
Supongo que al final la ciencia ficción es exactamente igual que cualquier otro género, y lo que cuenta es que la historia y los personajes te importen mínimamente.

En fin, que mientras tanto, os dejo el tráiler de la siguiente película de Christopher Nolan, el director de los dos últimos Batman (y del aburrimiento que me pareció The Prestige). No sé si alguien entenderá jamás de qué habla la peli, pero desde luego el minuto 0:18 del vídeo es sensacional. Tanto, como para comprarme una entrada de cine.



Avatar, una y no más, santo James Cameron


Si James Cameron sólo hubiera hecho una de sola de sus películas (recordemos que la lista incluye las dos primeras Terminators, Aliens y Mentiras Arriesgadas), ya habría mucha expectación por su última obra. Si a esto se le suman los doce años que han pasado desde su Titanic que se llevó muchos más Oscars de los que merecía, y se le añade que ha hecho la primera película cuyos 250 millones de dólares de presupuesto estaban pensados al 100% para ser proyectados en 3D, el resultado es un hype como el que se está viviendo con Avatar.

Después de un primer intento infructuoso antes de Navidad, hoy volví al cine. A pesar de la cola enorme, conseguí entrada y hueco en una sala de las grandes que estaba hasta la bandera. Gafas de plástico a la entrada y una toallita marca Carrefour para quitarles la mugre acumulada durante la sesión anterior.

Como a estas alturas Avatar está entre las cinco películas más vistas de la Historia, doy por supuesto que la mayoría de vosotros, queridos lectores, ya la habéis visto. Así que sin desvelar ningún detalle -tampoco hay grandes sorpresas, o más bien ninguna- voy al meollo de la cuestión: sí, la experiencia de Avatar es la primera vez que se borran las barreras entre el cine real y la animación. Uno se pasa dos horas y pico inmerso en un bosque lleno de gatos azules. Supongo que, hasta cierto punto, el 3D contribuye a ello -la gente que la ha ido a ver en 2D habla de una peli del montón-, pero es verdad que el nivel de los efectos especiales, creados por Weta cinco años después de El Señor de los Anillos, son impresionantes.
El problema llega en lo de siempre: qué más me dan los efectos, cuando los personajes me importan una puta mierda. Por un lado, es la segunda vez que veo a Sam Worthington en mi vida, y la segunda vez que me deja indiferente. Por el otro, los secundarios, salvo Sigourney Ripley Weaver y el malo malísimo, no aportan nada. No hay ni rastro del humor negro de Mentiras arriesgadas, ni el argumento retrofuturista de las Terminators, ni la acción sin pausa de Aliens. Da la impresión de que Cameron le da a todos los palos, compensando cada secuencia de acción con una intimista, para que nadie salga del cine descontento.

No me queda más remedio que preguntarme por qué estos medios no se utilizan para contar historias interesantes. Si no quedan guionistas imaginativos ya, que relean los libros de historia, y nos hablen de Cortés, de Bonaparte o de Aníbal.

Conociendo el panorama, meto a Avatar entre las favoritas a los Oscar. Al fin y al cabo, ha sido Cameron el primero en conseguir que a) la gente vuelva al cine y b) pague una entrada más cara de lo habitual. 
Yo sólo espero que James Cameron ahora no se acomode en su poltrona y se dedique, como otros grandes ex-directores, a parir secuela tras secuela de este mundo tan intrascendente.