Online = offline, sí o sí

No soy fan de la geolocalización. La razón es muy simple: es el pegamento que une para siempre la vida online de la vida offline.

El palabro del mes es "mass mingling". ¿Qué es mass mingling? -os preguntaréis sin duda. Pues es la nueva tendencia de moda surgida a raíz de los servicios de geo-localización online. Es decir, que gracias a sitios como Foursquare, Gowalla or Latitude, la gente está ya compartiendo en internet el sitio en el que están físicamente. No sólo eso, sino que además, se están organizando quedadas masivas a través de esos soportes.

No es que yo esté en contra de las quedadas a través de internet -no puedo estarlo después de tantas y tantas sanatoriadas racinguistas-, pero sí que me temo que va a llegar el momento en el que esté twitteando desde un bar en la Latina, y el pibe de mi lado me dé unos golpecitos en el hombro y me pregunte si yo soy adrimedia. Y hombre, una cosa es que no me importe tener amigos de Facebook con los que no hablo nunca, o subscriptores a mi Tweeter que no me interesan en absoluto, y otra que los peñazos online (que se pueden ocultar, banear, borrar, o simplemente evitar dándole a la ruedecilla del ratón para abajo) se conviertan ahora en peñazos físicos.

Y eso sin entrar en casos específicos, como esa entrevista para un nuevo trabajo para la que te das cita en la cafetería de un hotel, e inmediatamente todos tus compañeros de curro -jefe incluido- saben que no estás en la silla del dentista, sino en el bar del Hilton. Y olvidémonos del clásico "estoy llegando" cuando vas tarde a una cita con alguien, y en realidad estás dando la segunda vuelta a la llave de casa.


Porque ahí es a donde estamos llegando; no es el hecho de querer separar la identidad on y offline (cada vez más complicado), sino el hecho de poder controlar cuándo queremos que las dos converjan.

Me encanta que las adaptaciones salgan bien

Después de un par de semanas cerrado por vacaciones chinas, vuelvo a la vida para hablar de la película que más esperaba de este verano 2010: El Equipo A.
Para mí es una serie mítica, con la que pasé muchísimas horas en mi más tierna infancia (y nótese que, a diferencia de lo que dicen los expertos, pocos de los niños que vimos pistolas en El Equipo A hemos acabado siendo asesinos en serie). 

El Equipo A era en realidad una serie de dibujos con personajes de carne y hueso, unos guiones absurdos que en manos de cualquier otro grupo de actores habrían sido una catástrofe televisiva. Sin embargo, los Dirk Benedict, Dwight Schulz, Mr T y por supuesto George Peppard le daban vida al invento.

Así las cosas, lo complicado de adaptar El Equipo A era encontrar una historia que diera para 90 minutos (a poder ser sin toda la parte "camp" de la serie original) y sobre todo acertar con la elección de los actores. Y vaya si han acertado: Sharlto Cooper hace un Murdock fantástico, un loco con una misión como en la serie original; el luchador Quinton Rampage Jackson da vida a M.A. (B.A. en inglés, aunque se empeñan en llamarle por su nombre "real", Bosco, media peli), quizá no tenga el carisma de Mr T, pero cumple de requetesobra; Bradley Cooper como Fénix, otro acierto porque la verdad es que es como Hugh Jackman, un tipo guapo que te cagas, y además buen actor de comedia; y por último Liam Neeson como John Hannibal Smith, que me parece el que peor parado sale de los cuatro, probablemente porque le tengo asociado a muchos de los otros papeles que ha interpretado, y porque a diferencia de los otros, parece estar en la peli por la pasta, y no por divertirse.
 
Además, todos los gimmicks de la serie están ahí: los puros de Hannibal, las chicas de Fénix, la gorra de Murdock, el mohawk de M.A y, por supuesto, la furgoneta GMC negra con la raya roja.
La historia es tontorrona, pero al menos en ningún momento aspira a ser seria. Esto no es discutible, porque a partir del momento en el que incluyes un tanque que cae del cielo en paracaídas, ya puedes asesinar a una camada de gatitos a sangre fría, que a la gente le va a dar la risa. 
Precisamente el humor es lo que mejor funciona en la versión 2010 de El Equipo A: sin caer en la acción de dibujos animados de la serie, el tono general de la peli es tan grotesco que al final incluso el espectador más tiquismiquis dice qué coño, pone el cerebro en off y disfruta del viaje. 

La película, en cambio, tiene dos problemas: uno, fundamental, el director. Joe Carnahan tiene unas credenciales decentes como director de acción, pero aquí intenta imitar a Michael Bay... sin ser Michael Bay. El resultado son escenas de acción sin pies ni cabeza, ilegibles.
El segundo problema es Alan Silvestri, cuya música es genial para películas como Regreso al futuro o Forrest Gump, pero que con todos mis respetos no sabe orquestar cine de acción. Además de casi no utilizar la partitura original de la serie (tan-tanan-taaaan), hay una escena particularmente bochornosa en la que parece que ha robado a Hans Zimmer el cedé de The Dark Knight.
También da lástima que los dos cameos de Dirk Benedict y Dwight Schulz pasen totalmente desapercibidos. Yo, pese a saber más o menos cuándo deberían aparecer en pantalla, ni los vi pasar. No tienen ni una línea de guión, y es una pena porque habría sido muy cachondo verles actuar después de 25 años.

En fin, que El Equipo A ha vuelto, y aunque el cierre de la peli deja vía libre para una secuela, de momento la taquilla está demostrando que a veces los planes no salen del todo bien...