Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Desde Coppola y su Padrino II, el cine ha demostrado que este lugar común no tiene por qué ser dogma de fe.
En el particular universo de las adaptaciones cinematográficas de cómics, segundas partes han ido de hecho tradicionalmente buenas, hasta el punto de mejorar las originales. Así, Superman II era mucho mejor peli que Superman I, en parte gracias a Terence Stamp y en parte gracias a que Supes no retrocedía en el tiempo para salvar a Lois; Spider-Man 2 fue la mejor de la trilogía de Raimi a años luz de las otras dos; X2 con Hugh Jackman en su salsa fue un gustazo, y The Dark Knight es un clásico no ya del cine de superhéroes, sino del Cine con mayúsculas.
Dicho lo cual, Iron Man 2 es mucho peor peli que Iron Man 1. La primera parte se beneficiaba del hecho de que nadie daba un duro por el personaje, y poca gente veía en Robert Downey Jr la estrella de Hollywood en la que (por fin) se ha convertido.
El error principal de Iron Man 2 es seguir el Libro de la Buena Secuela, que dice que la segunda parte tiene que ser más oscura que la anterior. El ser más oscura, aunque quizá sea más seria, más adulta, no implica mejor que la anterior.
Aquí nos encontramos a un Tony Stark que está muriendo poco a poco por culpa del propio Iron Man. La presión de haber "privatizado la paz mundial", como él dice, le ha llevado a ser alcohólico e irresponsable.
Así que tenemos a Downey Jr con una motivación y un problema. Hasta ahí todo bien. La cosa se empieza a joder -como en la primera parte- con la némesis del héroe, que dirían los pajilleros de mi facultad. Igual que la última vez escogieron a un actor con talento como Jeff Bridges y le dieron un guión flojo, ahora hacen lo mismo con Mickey Rourke, que para colmo se pasa la peli encerrado en un laboratorio y mascullando en ruso.
Las otras estrellas que se unen al cast son Scarlett Johansson, que justifica su sueldo en un plano subiendo unas escaleras con la cámara tras su trasero, y Sam Rockwell, que interpreta a una especie de sosías de Tony Stark, una especie de Bill Gates frente al Steve Jobs que es Downey Jr. El problema es que Rockwell no es creíble en ningún momento, con lo cual acaba pareciendo más el comic relief (como se diga en castellano) que uno de los malos de la función.
El principal problema de esta peli es que el director Jon Favreau parece olvidarse de que está en el género palomitero-adolescente-desenfadado por excelencia, y aburre con miles de escenas de diálogo como si de un guión de Shakespeare se tratase. Y es que mirarse en el espejo de The Dark Knight es peligroso. De hecho, en Iron Man 2 apenas hay dos escenas de acción, correctas, pero bastante aburridas.
No todo es decepcionante en IM2: las nuevas armaduras son la caña, incluida la de War Machine y la maleta-armadura. Aunque lo que más mola, de lejos, son los guiños al mundo de Marvel, como la escena de Stark con Nick Furia en una tienda de donuts, el escudo del Capitán América o la escena de después de los créditos.
En fin, que da la sensación de que Iron Man 2 le ha quedado un poco grande a Jon Favreau, como si tuviera complejo de director palomitero y hubiese querido hacer cine adulto. Y ahí es cuando se ve la diferencia entre un muevecámaras como Favreau y un Director como Chris Nolan.

