Mientras poco a poco voy viendo asomar el fin de esta interminable ITV que me está tocando pasar, me he dado cuenta de que me apetece hablar de muchas cosas, pero ninguna daría por sí sola para rellenar un post comme il faut. Así que he decidido meterlas todas de golpe. La poca vergüenza de Hopewell y su no-crítica a Indiana Jones y el Guión Infernal; los huevos que tiene Rafa Nadal, y cómo me gusta verle jugar aunque sea mucho menos elegante -y gay- que Federer; el que me he dado cuenta que mi maravillosa tarjeta Euro -26 que tantas satisfacciones en forma de descuento me ha dado ya es historia; los dos (flojetes) libros que llevo engullidos de Jeff Lindsay sobre Dexter, y en los que se basa mi adorada serie de TV; la campaña de Endesa, con esos niños repelentes de patada en la boca; Cloverfield, que alquilé en DVD y que ni siquiera es la suma de La bruja de Blair+Godzilla, si no directamente el making of de esta última; la boda express de mi primo JuanRa, cuya exclusiva se rumorea que ha vendido a Hola!, Hello! en su versión en inglés; la campaña de Cuatro que veo unas catorce veces al día y que dice que este año sí, que nos llevamos la Euro, que podemos. Y claro, uno que no es de piedra, ya se ha vuelto a ilusionar con los de siempre.
Acabo de salir de ver Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. No he hecho nada entre medias: hemos salido del cine, y veinte minutos después estoy delante del ordenador. Así que esto va en caliente... aunque casi puedo jurar que no me voy a arrepentir de nada de lo que diga a continuación.
Venía pensando en el coche en la cantidad de palabras que empiezan en castellano, como Indiana, por el prefijo in-: insípido, indignación, insoportable, inverosímil, innecesario, etc. Pues bien, TODAS ellas son aplicables a esta película y a mi sensación post-film. Me siento como si durante dos horas hubiese estado atado a una butaca de cine, y George Lucas (o acaso su clon) y Steven Spielberg (¿idem?) hubiesen estado meándose encima de mí, y al acabar me hubieran sacado los ojos con palillos chinos y hubiesen escupido en las cuencas.
Pero dejémosnos de prolegómenos y pasemos al film en sí mismo. Con spoilers y todo. Desaventurado el que siga leyendo y no la haya visto aún.
La cuarta película de Indiana Jones arranca en una carretera en Nevada. Junto a un convoy militar pasa un coche lleno de adolescentes engominados al ritmo de "Hound dog" de Elvis Prestley, para que nos quede claro que estamos en los cincuenta. El convoy llega al área 51, mítica porque se supone que es donde se ocultan los extraterrestres caídos en territorio norteamericano. Allí aparece Indy con un tipo gordo y bigotudo que nadie sabe muy bien qué pinta ahí, sensación que se prolonga durante toda su presencia en pantalla. Está rodeado de soviéticos, capitaneados por Cate Blanchett con peluca y sable (¿?), quienes le piden identificar un artefacto. Mucha atención a la dirección de fotografía en la escena de exteriores, que es más falsa que la de El coche fantástico. Y a todo esto, van cinco minutos de película.
El espectador más cuco se da cuenta de que estamos en el mismo almacén donde se guardaba el arca perdida al final de la primera película. Tirando pólvora al aire (¿?) Indy descubre la caja que le piden los rusos. La abren y resulta ser un alien. A todo esto, Jones escapa, hay una persecución absolutamente aburridísima y al final los rusos se piran con el botín e Indiana acaba en un pueblo desolado en mitad de Nevada. Pronto descubrimos que se trata de un pueblo fantasma, utilizado por el ejército para pruebas nucleares. Nuestro héroe, en medio de una set pièce de corta y pega que nadie se explica, se mete en una nevera de plomo (¿?) y escapa indemne no sólo a la explosión, sino también a la radiación posterior. Y es que ya no se fabrican neveras como las de antes... Cortamos directo a la universidad donde Indy da clase y nos enteramos de que le han despedido sin saber por qué, y además es una escena de siete segundos nos explican que Marcus Brody murió dos años antes y que Henry Jones Sr. (foto de Sean Connery incluida) la diñó un año después de Marcus. Qué rachita llevamos, le comenta Indiana a un señor que quiere imitar a Denholm Elliott haciendo de Marcus. Indy se sube en un tren para irse con la música a otra parte y en el andén aparece un joven en moto (¿?) que parece el doble de luces de Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo (creo que es esa peli; no la he visto). Tenemos nueva (y soporífera again) persecución de los rusos, Indiana de paquete en la moto incluido, que acaba en una biblioteca después de muchas vueltas.
A todo esto, el chaval ha explicado que a su madre la han raptado bla bla bla y hay que irla a rescatar, así que los dos y la moto del chaval (¿?) se embarcan y marchan a Perú. A partir de aquí, la peli es un sinfín de estupideces a cada cual más grande que la anterior. Descubrimos que la madre del chaval es Marion (por ti sí pasan los años, querida), y que Indy es no menos que su padre. recordemos el clavito que echan en aquel submarino en El arca perdida. Al chaval, a todo esto, hace un ratito que toda la sala le desea una muerte lenta y dolorosa a manos de un ñu del altiplano maya.
Aparece por allí John Hurt, que lejos de ser Abner Ravenwood -a la sazón padre de Marion- como todos hubiésemos deseado, es un viejo arqueólogo loco que se pasa el resto de la peli babeando incoherencias que por lo visto son superbrillantes porque ayudan a Indiana a resolver todos los acertijos. Tenemos otra persecución, ésta por el medio de la selva, a tres coches. La cito aquí porque tiene dos momentos cumbres en la historia de la estupidez cinematográfica: uno, la lucha de espadas entre dos coches de Cate Blanchett y el hijo de Indy; y sobre todo dos, el momento en el que Indy Jr. se balancea por la jungla de liana en liana al estilo Johnny Weissmuller. Ese momento solo ya justifica levantarse de la sala y dejar atrás semejante horror, o alternativamente morderse la lengua y tragársela para morir asfixiado.
Luego uno ya se pierde entre historias mayas, conquistadores españoles y... alienígenas. Si en la primera peli el rollo esotérico era un poder divino, en la segunda se trataba de unas piedras luminosas y en la tercera hablábamos del Santo Grial y la vida eterna, en esta nos hablan de marcianos. Genial, Lucas, te has currado el McGuffin mogollón.
El final de la peli, después de una escena de acción (¿?) que parece el festival del efecto digital (Spielberg se jactaba de haber hecho esta peli a la vieja usanza...ja!), tenemos un epílogo que incluye boda entre Indy y Marion. No seré tan friki como para quejarme de que entre los invitados al convite no estén ni Tapón ni sobre todo Sallah -aunque esto me llama poderosamente la atención-, pero sí digo que hay un momento de indignación bestial en el que le cae el sombrero de Indiana Jones a los pies del niño de los cojones y suenen los acordes de la fanfarria creada por John Williams en plan "el nuevo Indy ya está aquí, queridos adolescentes!". Así cerramos el círculo de un film horroroso de principio a fin.
En definitiva, un insulto al personaje (quizás Harrison y su secuencia con la serpiente en las arenas movedizas es lo único salvable de este sainete para descerebrados), una broma pesada al legado de tres películas fantásticas, un aburrimiento infinito (manda huevos), y sobre todo un sensación de que después de veinte años esperando esta película, jamás debieron prolongar aquella magnífica escena del final de la Ultima cruzada en la que Marcus, Sallah, Indy y su padre cabalgan heróicos hacia la puesta de sol, camino de la leyenda.
Después de partidos en Barakaldo, en Las margaritas, un ascenso, otro ascenso, el 5-0 al Barça, los miércoles de copa y manta con el Numancia, el descenso, el ascenso otra vez, el fútbol bonito, el fútbol horrible, el 2-3 en el Bernabéu, las salvaciones in extremis con Yosu y muchas fuentes de Cacho, ayer había que conseguirlo por lo civil o por lo criminal. Y se consiguió.
El año que viene a pasear la verdiblanca por Europa. Grande Racing, grande Cantabria. Y yo, como dice mi amigo Marcos, doy por amortizada mi enfermedad, pues me ha permitido vivir y disfrutar un día histórico como ayer.
Cuando los Beatles sacaron Abbey Road (1969), se corrió el rumor de que Paul McCartney estaba muerto y había sido reemplazado por un clon. La fotografía de la portada, con Paul siendo el único beatle descalzo y con el paso cambiado, junto con la inquietante matrícula del Volkswagen Beetle aparcado detrás de ellos, 28IF -28 years old if Paul was alive- alimentaron esta leyenda urbana. A juzgar por la carrera de McCa en solitario, lo mismo es verdad.
Yo sostengo la misma teoría para George Lucas. Un tipo que tenía ideas como American grafitti, THX1138 o, sobre todo, la primera space opera de la historia que le llevó tres años concebir y que acabó llamándose Star Wars. Incluso, en 1979, le habló a Steven Spielberg de un personaje que se le había ocurrido, mitad aventurero, mitad playboy, llamado Indiana Smith.
Hasta ahí, apuntaba maneras de genio.
Pero algo se torció tras El arca perdida. En aquel año, según mi teoría, George Lucas falleció / fue abducido, clonado y reemplazado por un malvado clon destinado a amargarnos la vida al resto de la humanidad. Repasemos el curriculum de George Lucas a partir de ese momento para convencernos de ello: - El retorno del jedi: a caballo entre el remake de la primera parte y la apoteosis del merchandising, siempre lo recordaremos por los ewoks, lamentando su no deshollamiento por las tropas imperiales.
- Indiana Jones y el templo maldito: erróneo guión para la secuela de Indy, basado por supuesto en lo mal que lo pasaba el pobre Lucas por su divorcio. Nos ha jodido, nunca fue fácil vivir con un malvado clon en casa.
- Los ewoks (la película y la serie de dibujos). Para qué incidir más sobre el tema. Horrible.
- Howard, un nuevo héroe: "pensé que en 1986 sería una buena idea hacer una película con un tipo disfrazado de pato". Sin comentarios, maestro.
- Willow: aquí algo le salió mal, porque lo que quería ser una peli de serie b, con protagonistas de baratillo y efectos especiales chungos, al final se convirtió en una peli de culto. No contaba el clon de George con el frikismo del personal.
- Indiana Jones y la última cruzada: sostengo que en esta película el amigo Spielberg, después de la braga que fue El templo maldito, le dijo a George que no se molestase ni en aparecer por el rodaje. De hecho, no he visto ni una foto de Lucas con Sean Connery. Y así salió el clásico que salió.
- Star Wars episodios I, II y III: horribles y prescindibles precuelas de las películas originales. Para siempre quedará en nuestro recuerdo Jar Jar Binks, el bicho que consiguió ser más odiado que los ewoks. También salían las guerras clon. Que me ahorquen si no es un guiño a la teoría de este post.
Y hasta ahí el -impresionante- currículum del llamado George Lucas desde 1981 hasta la fecha. Como podréis comprender, pánico me da que el ok final al guión del nuevo Indy lo haya dado él.
A todo esto, la última del malvado clon de George Lucas es que, de cara a Indy 5, se le ha ocurrido darle el protagonismo a Shia LeBoeuf y que Harrison Ford sólo salga de contrapunto cómico, à la Sean Connery en La última cruzada. De ser esto así, propongo poner bote para contratar un sicario que se ventile a este ser humano... clónico.
Habemus equipo para la Eurocopa. El amigo Aragonés, que a mí como entrenador no me gusta pero como psicólogo me parece un fenómeno, se ha llevado a los 23 que se tenía que llevar. Teniendo los pies en el suelo, puesto que seguimos teniendo una defensa lamentable (quizás me falta Piqué), me gusta mucho un detalle: ya tenemos a cinco jugadores que juegan fuera de España, entre ellos el amigo Fernando 25 goles en Inglaterra Torres. Y también tenemos a tres jugadores de talla mundial: Casillas, Ramos y Cesc. Si Dinamarca se llevó la Euro sin haberse clasificado en el 92 y Grecia ganó en 2004 jugando al pelotazo, lo mismo hay milagro. A ver si pasamos por lo menos de cuartos, que ya toca.
Esta es la historia de Oscar Pistorius. Quizás la hayáis leído en los periódicos o visto en las noticias, pero por si acaso alguien se la ha perdido, me parece importante contarla.
Oscar Pistorius nació en Sudáfrica en 1986. Por un problema congénito, a los 11 meses tuvieron que amputarle ambas piernas a medio camino entre las rodillas y los tobillos. Desde pequeño empezó a hacer deporte, como waterpolo, tenis, rubgy (!) o lucha (!!). Tras una lesión de rodilla en 2004, empezó a correr como terapia de rehabilitación. Y resulta que, cual Forrest Gump con piernas biónicas, Oscar empezó a correr mucho. A correr como alma que lleva el diablo. Tanto esto es así, que en el mismo verano de 2004 le mandaron con el equipo sudafricano a los juegos paralímpicos de Atenas (que se celebran después de los olímpicos y que nadie ve). Y Oscar no sólo se plantó en la final de 100 m, sino que se llevó la medalla de oro y record del mundo al correr los 200 metros en 21,97 segundos. Intentad correr 200 metros (dos veces el largo de un campo de fútbol) en ese tiempo, y me lo contáis después.
En el campeonato mundial de paralímpicos de 2006, Oscar no sólo repitió en 200, mejorando su récord, sino que arrasó en 100 y en 400 metros lisos. Así que pasó lo que tenía que pasar: Oscar consiguió que le dejaran competir con la gente sin discapacidad. En el verano de 2007, compitió en 400 metros en un meeting en Sheffield, e hizo séptimo con 47,65 segundos. El ganador, para que os hagáis a la idea, corrió en dos segundos menos. Así que Oscar pensó que sería una buena idea ir a correr a Pekín. Sin embargo, alguien en el comité de la federación internacional de atletismo pensó que sus piernas prostéticas, lejos de ser una putada, son una ventaja competitiva, y que si dejaban correr con ellas a Oscar, pronto la gente no dudaría en amputarse las piernas para convertirse en Robocops con zapatillas deportivas. Después de muchos dimes y diretes, con sus tribunales parriba y pabajo, parece que a alguien se le ha ocurrido que las piernas (blades en inglés, de ahí lo de Blade Runner) de Oscar no son tantísima ventaja, y que a lo mejor el chaval se las puso para poder correr. A secas. Así que nuestro amigo Oscar ahora se encuentra ante la oportunidad de poder correr en unos Juegos Olímpicos. Sólo tiene que conseguir bajar su marca en 400 m. de 46,56 a 45,95 segundos, mínimo olímpico, para que sus piernas biónicas alucinen al personal en los juegos de Pekín. Así que todos con el Blade Runner sudafricano. Ánimo, chaval.
Como si de una escena de Mira quién habla, aquella comedia de los 80 con John Travolta, se tratara, de vez en cuando me toca hacerme una ecografía para ir viendo a) qué pasa con mi infección en el hígado y b) cuánto líquido tengo en la pleura (es decir, en el pulmón). Gracias a mis contactos con el mundo del hampa médico, he podido tener acceso a las imágenes exclusivas de mi última prueba, calentitas de esta mañana. Como podréis ver, la tecnología de visualización médica no ha avanzado gran cosa en los últimos veinte años...
En la imagen de arriba, se ve (?) hacia la mitad-izquierda una forma como de huevo con una rayita horizontal blanca. Esa rayita son burbujas que contienen a las celebérrimas bacterias caccae, y la zona con forma de huevo alrededor es toda la parte afectada del hígado.
En la imagen de abajo veréis que hacia el centro izquierda hay como una forma de cuña en un color más clarito que el resto. Eso es un trozo de mi pulmón derecho, y es clarito porque tiene aire dentro. Eso es bueno. Veréis que en su interior hay una zona casi con la misma forma, pero en negro. Es oscurito porque eso es líquido de mi maravilloso derrame pleural. Eso es malo.
Resumen y conclusión, que para quitar mi infección higadil (mucho mejor término que "hepática") sigo con mi antibiótico por vena, y para mejorar mi capacidad pulmonar y que se reabsorba el puto líquido, me han dado un jueguecito con tres bolas que hay que hacer subir al chupar aire. Suena sencillo, pero es como el Tetris, una cosa fácil que se puede convertir en un auténtico infierno. Como me decía una enfermera esta mañana: "paciencia y resignación cristiana". Paciencia y resignación, la que usted quiera, señora. Pero cristiano, lo justito. Faltaría plus.
Ayer sábado sabadete, a falta de otros menesteres que hacer, pude ir al cine -convenientemente escoltado- a ver Iron Man. Iba a ver una española, pero me equivoqué de sala. You know. Al principio pusieron dos tráilers (o sólo recuerdo dos tráilers), el del nuevo Indy -muuuucho peor doblado- y el de El increíble Hulk -distinto collar, mismo perro-. Tal y como prometía el tráiler de Iron Man, fantástica peli, muy fiel al cómic original. Pero empiezo por el principio: el personaje de Iron Man.
El Hombre de hierro, como se le conocía en España en los ochenta, es de esos superhéroes de segunda fila de la Marvel, junto con Hulk, Thor, etc., lejos del glamour -y el nivel de ventas- de los 4F, los X men o, por supuesto, Spider-Man A mí siempre me ha gustado mucho, sobre todo por el rollete ese de que a) se la sopla su identidad secreta y b) es pública y notoriamente alcohólico. Es decir, que el personaje en sí es tan divertido como lo puedan ser Logan o Peter Parker. Para retratar a Tony Stark en la película, los productores cometieron el grave acierto de firmar a Robert Downey Jr., que como siempre ofrece una interpretación llena de mala baba y genial en alguna improvisación. No puedo darle un diez porque mi querido Santander tiene un problemita que se llama "no hay cines en VO con películas de después de 1995", con lo cual me chupé un doblaje como mandan los cánones.
El problema de Iron Man, como suele pasar a la mayoría de superhéroes, es que tiene una galería de enemigos de todo a 100. En este caso han optado para contratar a Jeff Bridges (Lebowski) para dar vida a Obadiah Stane, que se convierte en Iron Monger, o lo que es lo mismo un bicho con una armadura mucho más grande que el héroe. Bridges me parece un poco fuera de su elemento, con unas líneas de diálogo pobretonas y un final (?) bastante tristón.
Los efectos especiales, lo fuerte de la peli, son la caña. Son responsabilidad de ILM, la cual es la primera vez en mucho tiempo que veo que no ha puesto a los becarios a ocuparse de una película. El diseño del traje, tremendo, es obra del gran Stan Winston, y se nota. Y sin embargo, cuando ves cómo Stark se convierte en Iron Man, uno no puede sino imaginar cómo sería Robocop en el año 2008...
Ese curioso a la par que repugnante nombre es el que tiene el bicho que me cooooorre por las venas con la fuerza de un ciclónnnn. Ahora ha tocado cambiar de antibiótico, siempre por mi maravilloso drum vena p'arriba, y seguir con la cantinela.
A todo esto, ayer me levanté con lo que ilustra la foto: un agujero en el ombligo. Y no me refiero al rollo cordón umbilical bla bla bla, sino a un agujero que se ve negro y al apretarlo suelta aire y suena como los globos al quitarles el nudo prrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrlllllllllllllllllllllll. Todo esto rollo del aire viene de que para operar una apendicitis a lo moderno te agujerean el ombligo y meten aire para poder maniobrar dentro. Muy limpio. Muy lógico. Muy innovador. Pero cuando tu ombligo hace ruido asusta, creedme. Hoy parece que el agujero está en remisión. , aunque todavía he oído esta mañana música de viento para ombligo solista.
A todo esto, después del paseo futbolístico del miércoles (con escaso éxito desde el punto de vista deportivo) ayer escapé al videoclub y me alquilé Disturbia, cuyo nombre no me explico cómo no han cambiado en España. Es esa peli de Shia Laboeuf y David Morse remake entre La ventana indiscreta y Escape de Absolom. No sé si sabéis cuál. No está mal, aunque el último tramo de la peli, cuando el malo decide que es malo, me pareció un poco chusquero, como si le faltase una explicacioncita. Próximo objetivo: Iron Man (de una puta vez) el fin de semana.
Mientras espero a que me concedan la libertad condicional y pueda escaparme al cine a ver Iron Man, pongo aquí los nuevos trailers de las dos películas que más concentran mi atención en los próximos meses:
Por un lado, el esperado regreso de Henry Jones Jr. Trailer más explicativo que el anterior, momentazo incluido cuando le dice a su colega que baje los brazos para salvarles de hacer el ridículo.
Por otro lado, la vuelta a las andadas del amigo Bruce Wayne en su traje de neopreno acompañado del espíritu de Heath Ledger, cuya composición del Joker parece de lejos lo mejor de la película. Dejo, por último, la primera foto de Dos caras, versión Aaron Eckhart, con un trabajazo de maquillaje/CGI/Photoshop de lo más rico que he visto en mucho tiempo. Tommy Lee Jones se debe estar revolviendo en su tumba... o donde sea.
Ya sabéis que la medicina para principiantes con ejemplos se entiende mejor. Vaya por delante que no me gusta convertir a este blog en un diario de enfermo, pero qué queréis, that is life... lately.
Total, que hoy nuevo paso por el hospital con un triple objetivo: hacerme una nueva ecografía (gel helador de tripas incluido), una placa de tórax (que no me han dejado en jpg para incluir en este blog como prueba gráfica) y ponerme un drum.Ahorro la pregunta retórica: un drum es un catéter largo que te meten desde el brazo hasta más menos el corazón (en mi caso se han cortado un pelo y lo han dejado en la vena cava). La ventaja es que, a diferencia de las vías normales, no se parte al meter antibiótico a chorro y, por lo tanto, me ahorra el aguantar a una enfermera cada día diciéndome con acento del barrio pesquero "ay hijín qué venas más malas tienes ¿no?". Así que, a pesar del rollo terminator que me da tener una conexión entre mi antebrazo y mi corazón, pues por lo menos es útil. La parte de Allen Iverson viene provocada por el cómo tapar este drum en mi brazo y hacerlo compatible con una vida normal, que en mi caso se limita a sostener un libro con dos manos y a escribir en este mi blog. La solución al dilema la proporciona la mismísima NBA: si os fijáis en el brazo derecho del amigo Iverson en la imagen... el mío está igual. Clavado, al menos de aspecto. Eso sí, me queda un poco para poder volver a los terrenos de juego. De momento, el miércoles, vuelvo a la grada. Y eso ya es un triunfo.
De las pocas noticias positivas en los últimos quince días: Extremoduro, el grupo más mítico de mi adolescencia, se vuelve a reunir, sacan disco y hacen gira. La rediós.Los descubrí, como la gente de mi edad, gracias a Agila (1996), un disco brutal sin ser perfecto, abierto con cuatro canciones a cada cual mejor que la anterior y una colaboración con Albert Plá -Qué sonrisa tan rara- sensacional.
Luego ya fui descubriendo el resto de discos a base de cintas que me grababa mi primo Álvaro Álvaro.Los discos que siguieron a Agila fueron flojetes con alguna canción memorable -Salir, A la sombra de mi sombra-- hasta que sacaron en 2002 Yo, minoría absoluta, que fue una auténtica pasada con mucho tema al mejor nivel de tiempos pretéritos: A fuego, Standby y por supuesto ese monumento al amor y la lírica llamado simplemente Puta.
A todo esto, no me queda muy claro cuál es la mejor canción de estos chicos...
El nuevo disco, La ley innata, sale a finales de mayo y promete ser una suite al estilo Pedrá, es decir todo de corrido y sálvese quien pueda.PD: vamos a ver, amigo Blaski, si esta vez nos coordinamos y vamos al mismo puto concierto, mano a mano con la botella calimocho. Sin mariconadas ni mujeres, ya me entiendes. Te dejo pillar las entradas a ti :)
Me imaginaréis recuperado a estas alturas de mis últimas aventuras hospitalarias... error! El pasado miércoles, con una fiebre de 38 grados y un insólito dolor en la espalda, volví al hospital de Cochin. Déjà vu de la rehostia al entrar en la sala de urgencias. Me hicieron otro escáner y, voilà, le ha tocado caballero como premio extraordinario un abceso en el hígado. O lo que es lo mismo, una nueva infección. Me pasé la noche, la moral por los suelos, en el mismo escenario de mis últimas aventuras. Distinto compañero de habitación -monsieur Nataf, que por allí seguía, no había tardado en reemplazarme- de nombre monsieur Grégoire, con pinta de veterano pistolero del oeste alcanzado mortalmente por una bala perdida. Por lo menos era silencioso. A la mañana siguiente, consumido de estar allí, pedí el alta voluntaria ante la estupefacción del médico parisino que me atendía y me vine, mano a mano con la de siempre, en un avión hasta Bilbao. De ahí en coche hasta Santander, en cuyo hospital pasé la siguiente noche.
La primera diferencia en el hospital de mi tierra fue la cena. Llegué y había una bandeja tapada con cosas debajo. La abrimos esperando un nuevo cuenco de agua caliente con polvos, y para nada oiga; pollo con patatas, ensalada, sopa de ajo, y natillas Danone a las cuales me niego a llamar Danet. Otro rollo.Me hicieron una ecografía -lo que se ve en las pelis que le hacen a las embarazadas- y me enseñaron mi nueva infección, que era la causa de la fiebre... y de mi dolor de espalda. Qué tiene que ver una infección en el hígado con un dolor de espalda, os preguntaréis. La respuesta se llama derrame pleural.
Como se ve en el gráfico anexo, tengo el pulmón derecho con líquido (al revés de hecho de lo que se ve aquí). Lo que pasa por debajo de los pulmones es el diafragma, que se mueve al respirar/estornudar/toser/reírse. Y debajo inmediatamente del diafragma, tenemos al hígado. Resumen y conclusión, que la inflamación del hígado pega con el diafragma, que roza con los pulmones y éstos, a modo de protesta silenciosa pro Tíbet,sueltan líquido. El dolor resultante, por poneros un símil comprensible, es igual que la escena de Indiana Jones y el templo maldito en la que un niño malo hace vudú a Indy clavándole una aguja de coser a un muñeco de trapo con forma de Indy. Poneos la escena y mirad la cara de Harrison. La risa, vamos. Así que en este momento estoy en casa con hospitalización domiciliaria -arresto domiciliario para los amigos-, antibiótico en vena cada seis horas y esperando a que mi fiebre desaparezca para que me den de una puta vez la libertad condicional... y pueda ir al Sardinero el miércoles por la noche.