
Puente del Pilar. Y en lugar de quedarme en la capital del Imperio de Felipe II a ver desfilar carros de combate de atrezzo y pirados con una cabra montesa de mascota, me he cogido a un par de los amigos más freaks que tengo y me he ido a pasar unos días la pueblo de mi abuelo en el Pirineo catalán.
Nos hemos ido Seno, Jevi y yo a desconectar un poco de esta vida de publicitarios que tan poco tiempo para respirar nos deja pero que tanto nos gusta.
Fantástico sitio, fantástico paisaje, fantástica casa, fantásticos amigos. Qué más puedo pedir.
Ahí podemos ver al Jevi sujetando con los dedos cual banderilla de aceituna y pepinillo la "Senyera", la bandera catalana.
Nos hemos dedicado a dormir mucho, leer bastante (he empezado "Angeles y demonios", de Dan Brown, y pinta tan bien como "El código da Vinci", que en versión novela me encantó) y a jugar al Trivial.

El viaje a lo más profundo de Cataluña (estamos hablando de banderas independentistas en todos lados, mucha butifarra y mucho visca el Barça) me ha servido para comprobar lo absurdo del nacionalismo. Pero no del nacionalismo catalán, ni vasco, sino de cualquier tipo de nacionalismo, incluido el español. Y tengo un 25% de catalán, un abuelo franquista y una abuela republicana, así que me pienso explayar hasta quedarme a gusto.
Pero de eso hablaré en un próximo post...

1 comentarios:
¿Te gusto El codigo Da Vinci en versión novela? Hombre, no es un mal libro, pero tampoco la maravilla que parece creer todo el mundo...
Sobre el nacionalismo... ya sabes cual es mi opinión sobre cualquier nacionalismo.
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