
Lo sabía hace bastante tiempo: los Beatles sacaban disco. Mi mamá me quiso sorprender, lo compró y me lo mandó por correo express. Tenía que tererla el primero. Un beatlemaniaco no espera a que le llegue la música; sale a por ella.
Así que, nervioso, abrí el paquete y saqué un CD con la carátulaamarilla, preciosa. Y le di a play. ¿Algo nuevo? No. ¿algo a partir de grabaciones incompletas? Tampoco. ¿Un disco de versiones? Afortunadamente no. Y resultó que el Circo del Sol quería sacar un espectáculo sobre los Beatles.
Alarmado, recordé el musical llamado "All you need is love" que vimos el Chucho y yo hace algunos años en Londres. Canciones encajadas en una historia lamentable, metidas con calzador dentro de un argumento (ejem) que permitía frases como "we all live in a yellow submarine!" Y se arrancaban sin más con el "In the town, where I was born...". Patético.
Sin embargo, los del Circo del Sol consiguieron no sólo el permiso de ellos, de Apple Records y de (supongo) Michael Jackson, sino que el mismísimo George Martin, productor de todos los discos de los Beatles menos Let it be, que fue un cortaypega y no un disco original, se volvió a sentar con las grabaciones originales para hacer algo "nuevo".
Y el resultado son 1 hora, 18 minutos y 50 segundos de perfección sonora, con momentos increíbles de remix de un tema con otro, melodías que se funden, ritmos que se acompasan como por arte de magia (y tú piensas, por qué coño no se le ocurrió a alguien antes!) y fragmentos míticos uno tras otro, desde el guitarreo inicial de "A hard day's night" hasta "Revolution" o el mix de "Blackbird" con "Yesterday". Increíble.
Por eso es que cuando escucho los debates sobre cuál ha sido el grupo más grande, el disco más revolucionario, el tema más brillante, yo siempre pienso en los Fab Four de Liverpool y me olvido de los demás. Ellos, siempre ellos. Los más grandes.

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