Hancock: que me ahorquen si lo entiendo

Si hay un actor garantía de éxito taquillero en Hollywood en los últimos diez años, ése es Will Smith. Desde Independence Day, allá por 1997, ha encadenado taquillazo tras taquillazo en la taquilla mundial.


Su última película -la última que protagoniza, esto es- se llama Hancock, y parte de la interesante premisa de un superhéroe vagabundo y alcoholizado al que todo el mundo odia.

Bajo esa prometedora premisa, la película arranca muy fuerte: topicazos de películas de superhéroes sacados de madre, efectos especiales solventes y líneas de diálogo brillantes para un Will Smith que consigue hacer reir al público... sin que a él mismo le dé la risa.


Tras una presentación de personajes rápida y eficaz, la peli pasa como un tren de mercancías por el nudo de la acción. Y cuando crees que la cosa debería hacer chimpún, y todos a casa tan contentos, te das cuenta de que sólo llevas 45 minutos en la butaca.

Y ahora qué, te preguntas. Y la respuesta, como aprendí al llegar a casa, está en que Hancock es una película cuyo guión llevaba años circulando por Hollywood. Y un guión que circula por Hollywood tanto tiempo pasa por muchas manos que intentan pulirlo. Y cuando esto pasa, a veces sale El padrino II, y a veces salen varias películas en una sola, como grapadas a mala leche, como es el caso.

Así, Hancock pasa en un puñado de escenas de la comedia de acción a la tragedia griega. Asombroso.

(NOTA: para que lo entiendas, amigo Hopewell, como lo que nos pasó con Click, aquella simpática comedia de Adam Sandler tras la cual a punto estuvimos de hacernos el hara kiri porque la vida era una mierda).

Es a partir de ese cambio de registro cuando Hancock toma una espiral descendente. La historia deja de tener interés -ni sentido-, Will Smith se cree que su personaje es el primo carnal de Alí, y Charlize Theron se materializa de la nada para decir oye, que por algo mi nombre está detrás del de Will en los títulos de crédito.

En fin, un regusto final un tanto agridulce. Me pregunto qué habría pasado si Steven Spielberg, en lugar de rodar secuelas innecesarias, hubiese acogido a Hancock bajo su sombrero de mago. Lo mismo ahora estábamos hablando de la película del verano. Hasta la llegada del Joker, claro está.

1 comentarios:

Hopewell said...

Aquí en Espain aún no se ha estrenado y no la he visto, pero después de tu comentario sobre "Click" se me han quitado todas las ganas... y has reabierto las ganas de cortarme las venas al recordar que la vida es una ful. Señoooooooooooor....
A la espera de WALL-E y de Batman...