El increíble Hulk

Mientras espero impaciente el momento de hincarle el diente a El caballero oscuro, ayer me pegué sesión de cine superheróico con El increíble Hulk. Cine de verano palomitas-free, que para eso estamos en Francia. Mmmm.

Como alguna vez ya he comentado en estas líneas, Hulk es uno de los personajes de Marvel de segunda fila, muy por debajo de Lobezno, Spider-Man o el Capitán América. Nunca me gustaron sus comics, básicamente porque nunca hubo una historia más allá del doctor que se convierte en monstruo. Jekyll y Hyde en versión radiactiva, para que nos hagamos a la idea.

Después de una primera adaptación al cine por parte de Ang Lee, quizás demasiado pretenciosa desde el punto de vista intelectual (¿tiene conciencia Hulk?, se preguntaba con sus ojos medio cerrados, el director de, oh sí, Tigre y Dragón), pero al menos innovadora en cuanto al uso de viñetas de comic en una película, El increíble Hulk es el intento de llevar la franquicia hacia el terreno del encefalograma plano... que al final es de lo que se trata con semejante personaje. O quizás no.

La peli abre muy bien: en unos títulos de crédito de unos tres minutos te cuentan toda la historia de Bruce Banner (Edward Norton), quien se somete a un experimento que sale mal y le convierte en un bicho verde con muy mala leche. Entonces decide, ante el acoso del ejército, dejar a su novia y huir para aprender a dominar al monstruo.
Hop, fantástica intro en tres minutos. Bravo a Louis Leterrier, el director francés a cargo de mover la cámara en esta ocasión.

Después, descubrimos a Banner en una favela brasileña. El plano aéreo que recorre la favela, con miles de casas formando un solo ente en la ladera de una montaña, es acojonante.
Ni que decir tiene que descubren el escondite de Banner... de una manera surrealista. Resulta que mientras trabaja en una fábrica embotelladora de guaraná, se hace una herida y un poco de sangre cae en una botella.
De entrada, leo en imdb que el plano de la gota de sangre cayendo en la botella se tardó un año en hacer (!), y después resulta que esa botella contaminada le llega a un americano (cameo de Stan Lee) y... el ejército se entera! Ni MacGuffin, ni MacHostias. De alucine, oiga.

Los actores, más allá de Norton, que parece inscrito en la escuela del sosismo de Tom Hanks o Nicholas Cage, están flojetes. Liv Tyler, quien por cierto aparece pasadita de peso y luciendo falda hippie para disimular cadera, intenta repetir la actuación de Jennifer Connelly en el Hulk de 2003. Tim Roth, el malo de la función, no resulta creíble ni como mercenario, ni como monstruo, ni como nada.

Sobre los efectos especiales, que son responsables del protagonista y de su némesis, poco a señalar. Al final hay una batalla anunciada con gran pompa entre dos bichos enormes en el medio de Nueva York. Y sí, ves a dos cosas, una verde y otra amarilla, darse cera que da gloria, ora un coche, ora una cadena, se dan leches hasta en el cielo de la boca, pero no notas que dentro de ellos haya un personaje, un ser humano, una historia, un actor, o lo que quiera que debería haber.
En definitva, Hulk me sigue pareciendo increíble, pero no por sus habilidades, sino por su persistente falta de realismo.
La cuestión que queda por resolver es si puede hacerse un bicho verde de tres metros de una manera realista...

1 comentarios:

Anonymous said...

Que una cosa te quede clara: Jennifer Conelly nunca está mal.