Desde el día que aterricé en el Charles de Gaulle con tres maletas -que se me cayeron al suelo-, muchas cosas han cambiado. Profesionalmente, estar aquí me ha enseñado cómo son los franceses, cómo razonan, etc. Estar cerca del sol te permite no sólo coger un buen bronceado, sino aprender un huevo de cosas de los intereses ocultos que mueven la publicidad y, por ende, nuestro mundo.
Desde el punto de vista personal, París ha sido mi primera oportunidad de vivir solo, negociar el alquiler, aprender a organizarme, cocinar, hablar con albañiles, limpiar, contratar la luz e internet en francés, planchar y un largo etcétera. Evidentemente, no me olvido de mi pequeño percance de salud el año pasado, del que salí with a little help from my friends, entre los que obviamente destaco a la Dra Mimamá, que estuvo ahí desde que me desperté de la anestesia hasta que volví a la vida dos meses después.
En París he hecho pocos amigos. Los pocos que he hecho, sin embargo, son pour toujours. Principalmente, mis dos grandes compis aquí son Mathieu, un ch'ti tan grande como su corazón, y sobre todo Antoine, un tipo sencillamente sensacional, espectacular, un hermano francés que, entre otras muchas cosas, me llevó al hospital el día que mi apéndice implosionó. Merci, mec.
Una cosa que me propuse al llegar aquí fue aislarme de los españoles. Ha sido imposible. A gente tan maja como Maite y Quicu y el paisano (mademoiselle) De la Peña, no tiene sentido evitarlos.
He tenido la suerte, además, de ver a la selección levantar la Euro 2008 y a mi querido Racing jugar en el mítico Parque de los Príncipes frente al PSG, golazo de Gonzalo Colsa incluido. El partido lo vi con un montón de racinguistas que conocí en internet, y que algunos de ellos se han convertidos en buenos amigos.
Hablando de amigos, me he hecho muy colega de Javi, presentador de postín en el Canal Plus francés, con el que rápidamente pasó la corriente y así hemos montado Fútbol no es fútbol. Gran tipo, a pesar de ser un poquito más bajo de lo que da en pantalla.
No sé cuánto tiempo más estaré aquí -espero que el suficiente como para ir al Louvre-, pero está claro que París es una ciudad que ya forma parte de mi historia.

3 comentarios:
Paris bien vale una misa, o no? Vete al Louvre no te pase como a mí que llevo 35 años en Santander y todavía no he ido a ver la Cuevas de Altamira, ni en otro orden de cosas, El Soplao
Y la Dratumamá se pone nostálgica leyendo estas cosas... Por supuesto el tema apendicitis no lo quiero ni pensar (menos mal que apéndice no hay más que uno, como las madres, pero estas (nosotras) no jodemos tanto.
Que tierno te pones a veces, enfoire.
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