El mejor documental que he visto desde hace mucho es sin duda la serie que ha sacado National Geographic para conmemorar el 70 aniversario del comienzo de la guerra. Apocalipsis, que así se llama la cosa, es una coproducción anglo-francesa que, a lo largo de seis capítulos, narra la Segunda Guerra Mundial de cabo a rabo. La novedad de la propuesta radica en el uso de multitud de imágenes inéditas, así como otra gran cantidad de imágenes hábilmente coloreadas. Apocalipsis -uno no entiende lo acertado del título hasta que ve las imágenes- es una síntesis casi perfecta del mayor conflicto armado de la historia de la humanidad: 60 millones de víctimas así lo demuestran. Personalmente, el documental me ha aportado poca información nueva, aunque sí me ha sorprendido ver ciertas imágenes que no conocía, como por ejemplo los campos de trabajo para prisioneros alemanes que montaron en Texas y Virginia los americanos. También he aprendido que la segunda ciudad más machacada por la guerra, después de Varsovia, fue contra todo pronóstico Manila. Otra imagen tremenda, que yo no había visto hasta hoy -y que pego aquí- es el cadáver de Goebbels, el ministro de propaganda del Tercer Reich. Antes de inmolarse, Goebbels había envenenado uno por uno a sus siete hijos y, junto a su esposa, había proclamado su orgullo por tener el honor de morir junto a Hitler.

Aunque lo mejor de Apocalipsis es, sin duda, poder ver las imágenes en color. Puede parecer una obviedad, porque no por ser en color debería cambiar nada, pero el hecho de ver la carne de su color y la sangre del suyo, hace que uno caiga en la cuenta de que ese drama mundial no tuvo lugar hace tanto tiempo. El único fallo que le echo en cara es que, si bien uno de los dos factores clave de la derrota nazi, la apertura de un frente en el Este, se detalla ampliamente, el otro, la ruptura del código secreto alemán Enigma por los ingleses desde prácticamente el principio de la guerra. Esto fue clave, por ejemplo, en la famosa batalla de El Alamein, en la que Montgomery jugó viendo las cartas de su adversario Rommel.
La Segunda Guerra Mundial es un tema fascinante que nunca se termina de descubrir. El otro día apareció un viejecito italiano diciendo que había sido enviado por Mussolini para ver las pruebas atómicas de Alemania. ¿Cuánto le faltó a los alemanes para dejar Londres como Nagasaki? Lo dicho, acojonante.

0 comentarios:
Post a Comment