Una obsesión (con mallas) recurrente

Un hombre que se viste con el calzoncillo sobre los leotardos no deja de ser una obsesión como otra cualquiera. Y si uno echa un vistazo a los cuatro años largos de este mi blog, verá cómo el tema que hoy nos ocupa aparece de tanto en tanto.

Desde que se estrenó Superman Returns (Bryan Singer, 2006), hemos pasado cuatro años de rumores, de qué hacer con la franquicia, de a quién hay que pagar un pastuncio por renovar los derechos, etc. Desde hace unos meses sabemos que en la Warner habían puesto a Chris Nolan a producir la nueva versión del Hombre de Acero. Se ve que tener una nueva peli de Batman sobre la mesa se le quedaba corto al hombre. Lo primero que hizo fue poner a David Goyer a trabajar un guión. 
Ayer se anunció en la prensa la elección de Zack Snyder (300, Watchmen) como director de la nueva película de Superman.
La elección parece acertada: Snyder es un tipo que fue capaz de hacer la sorpresa de -precisamente- 2006 con un grupo de tíos musculados frente a una pantalla verde, y después supo salir airoso de una adaptación de cómic tan jodida como Watchmen. 

Al conocer la noticia, he decidido hacer lo que sólo un friki devoto del superhombre judío haría: revisar el Superman Returns de 2006. Un Superman blandito encarnado por el desconocido iowense Brandon Routh. Una peli que cubrió costes pero se quedó corta respecto a las expectativas recaudatorias, dejando a la franquicia en una especie de limbo del que parece que al fin va a salir. 
Vista con la perspectiva de los cuatro años transcurridos, el principal problema de Returns es su acercamiento a la nostalgia. Cuando uno se decide a quitar el polvo a personajes del pasado, hay dos maneras de hacerlo: bien copipegando la fórmula original (como en la serie de El coche fantástico) o reinventando la historia a partir de una premisa similar (como en Batman Begins o en 007: Casino Royale). El problema es que Singer optó por el primer modelo, hasta el extremo de servir a modo de secuela imposible de Superman II, con fanfarria de John Williams incluida. Y al final, ni el público de 2006 era el de 1977, ni Brandon Routh era Christopher Reeve.

¿Se puede volver a contar la historia del último kryptoniano sin morir en el intento? Yo creo que sin duda sí, y la prueba es que un spin off como Smallville, la vida de Supermán antes de Metrópolis, lleva diez temporadas de éxito en la TV americana. Serie de la que, por cierto, no he visto un solo capítulo.

En fin, que los rumores empiezan a hablar del general Zod como malo de la función. Me parece bien, porque si un problema tiene Superman es la ausencia de un malvado tan poderoso como él, y hasta ahora Zod ha demostrado ser el único capaz de estar a la altura.
En fin, ya veremos qué pasa, pero parece que el de Snyder y Nolan es el último tren para un personaje histórico, que si no sale airoso de esta nueva aventura tardaremos muuuucho tiempo en volver a ver en una pantalla de cine.

1 comentarios:

Chopewell said...

Nolan detras me gusta, pero lo de Snyder... no sé, me da pelín de miedo. Ese tio es como Paul Anderson, que se corre con la cámara lenta, aunque no venga a cuento. Le gusta tanto, tanto, tanto, que Watchmen era totalmente a cámara lenta. Hasta la trama. Era un coñazo, por dios...