J Edgar: la larga vida del oficinista

J Edgar Hoover fue, durante años, el tipo más influyente en la política norteamericana. Desde su despacho de director del FBI acumulaba montañas de información privada de políticos, banqueros, actores y un largo etcétera, recogida de manera mayoritariamente ilegal a lo largo de cuarenta y ocho años de mandato. 


El problema de todo esto es que casi todo lo hizo sentado en una silla, con un teléfono a su lado. Y con semejante panorama es difícil hacer una película.


Quizá es por eso que Clint Eastwood parece interesarse más por el lado personal de Hoover, atrapado entre una madre ultraconservadora (y que acojona, puesto que la interpreta Judi Dench) y una cierta pulsión homosexual.


El segundo problema de la película es, para mí, el cásting. Contratar a Leonardo Di Caprio para encarnar al protagonista me parece un error de bulto. Di Caprio es demasiado conocido y tiene demasiada mili a la espalda como para resultar creíble. Además, más o menos la mitad del metraje -que se estructura en torno a demasiados flashbacks y flashforwards- muestra a un anciano Edgar Hoover, lo que implica un Di Caprio maquillado hasta el absurdo. 


En fin, que J Edgar me parece un biopic fallido. Lo cual no quiere decir que a Leonardo Di Caprio no le pueda caer un Oscar por ello. 

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