Pateando las convenciones: Kick-Ass

Siendo un consumidor compulsivo como soy de cine, rara es la película que escapa a mi radar antes de que la gente oiga hablar de ella. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, hay películas -máximo dos al año- que descubro tarde, voy a ver sin apenas referencias, y encima me acaban gustando. A bote pronto, podría citar a 300, Taken, El concierto y poco más en los últimos años.

Kick-Ass se ha colado por méritos propios en este grupeto de películas que me dejan pegado a la butaca.
Y es que Kick-Ass es diferente. En una época de hipocresía moral paroxística, en la que Jack Bauer no puede decir fuck y en cambio triunfa por todo lo alto una web que enchufa tu webcam a la de un tipo aleatorio que probablemente te enseñe el rabo, Kick-Ass es un soplo de aire fresco frente a todas las películas de Hollywood cortadas por el mismo patrón de corrección política y minimización del riesgo comercial. El director de la historia es Matthew Vaughn, que empezó su carrera como productor de Guy Ritchie, y tras conocer al autor del cómic original Kick-Ass, intentó venderle el proyecto a todas las majors americanas. Ninguna lo quiso, así que Vaughn se lió la manta a la cabeza, consiguió que Brad Pitt y otros cuantos pusieran pasta, y rodó la peli a lo bruto. Y digo a lo bruto, porque en EEUU le han dado una R, que sobre el papel significa que los menores de 17 tienen que ir acompañados de un adulto, y en la práctica significa "chavales venid a ver Kick-Ass (literalmente, "pateaculos"), que tiene que molar fijo".
Uno de los problemas clásicos de las películas basadas en comics (o novelas gráficas, para los puristas) es que no suelen saber manejar el tempo de la comedia con el ritmo de una película de acción. Lo bueno que tiene Kick-Ass es que no sólo consigue que el humor sea gracioso y la violencia sea creíble, sino que por el camino pone en pie a un personaje de 11 años que habría podido protagonizar Kill Bill, un malo simpático (Mark Strong, compensándonos por Sherlock Holmes) y hasta consigue componer a un Batman de andar por casa con un Nicholas Cage , que parecía sentenciado a pasarse el resto de su carrera haciendo películas de acción light para la Disney.
En fin, y perdón por la broma fácil, el culo que resulta pateado en este caso es el de la industria americana, acostumbrada a alimentarnos con recetas precocinadas, tan sanas que al final no saben a nada.

Siempre quedarán imbéciles y demagogos, como Roger Ebert, que clamen al cielo diciendo que películas como Kick-Ass son las que hacen que la juventud de hoy sea tan violenta. A mí personalmente, Kick-Ass me parece, como le pasaba a Kill Bill, tan violenta que resulta cómica. 
Y además, ni en los 60 los niños que veían a John Wayne ajusticiaban a continuación a sus padres, ni en los ochenta nos tirábamos por la ventana con una capa roja, ni ahora nadie se va a vestir de superhéroe y va a salir a la calle a repartir mamporros. Salvo los griegos, claro. 

Iron Man 2: la sombra de The Dark Knight es alargada

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Desde Coppola y su Padrino II, el cine ha demostrado que este lugar común no tiene por qué ser dogma de fe. 
En el particular universo de las adaptaciones cinematográficas de cómics, segundas partes han ido de hecho tradicionalmente buenas, hasta el punto de mejorar las originales. Así, Superman II era mucho mejor peli que Superman I, en parte gracias a Terence Stamp y en parte gracias a que Supes no retrocedía en el tiempo para salvar a Lois; Spider-Man 2 fue la mejor de la trilogía de Raimi a años luz de las otras dos; X2 con Hugh Jackman en su salsa fue un gustazo, y The Dark Knight es un clásico no ya del cine de superhéroes, sino del Cine con mayúsculas.

Dicho lo cual, Iron Man 2 es mucho peor peli que Iron Man 1. La primera parte se beneficiaba del hecho de que nadie daba un duro por el personaje, y poca gente veía en Robert Downey Jr la estrella de Hollywood en la que (por fin) se ha convertido.
El error principal de Iron Man 2 es seguir el Libro de la Buena Secuela, que dice que la segunda parte tiene que ser más oscura que la anterior. El ser más oscura, aunque quizá sea más seria, más adulta, no implica mejor que la anterior. 

Aquí nos encontramos a un Tony Stark que está muriendo poco a poco por culpa del propio Iron Man. La presión de haber "privatizado la paz mundial", como él dice, le ha llevado a ser alcohólico e irresponsable. 
Así que tenemos a Downey Jr con una motivación y un problema. Hasta ahí todo bien. La cosa se empieza a joder -como en la primera parte- con la némesis del héroe, que dirían los pajilleros de mi facultad. Igual que la última vez escogieron a un actor con talento como Jeff Bridges y le dieron un guión flojo, ahora hacen lo mismo con Mickey Rourke, que para colmo se pasa la peli encerrado en un laboratorio y mascullando en ruso.
Las otras estrellas que se unen al cast son Scarlett Johansson, que justifica su sueldo en un plano subiendo unas escaleras con la cámara tras su trasero, y Sam Rockwell, que interpreta a una especie de sosías de Tony Stark, una especie de Bill Gates frente al Steve Jobs que es Downey Jr. El problema es que Rockwell no es creíble en ningún momento, con lo cual acaba pareciendo más el comic relief (como se diga en castellano) que uno de los malos de la función.

El principal problema de esta peli es que el director Jon Favreau parece olvidarse de que está en el género palomitero-adolescente-desenfadado por excelencia, y aburre con miles de escenas de diálogo como si de un guión de Shakespeare se tratase. Y es que mirarse en el espejo de The Dark Knight es peligroso. 
De hecho, en Iron Man 2 apenas hay dos escenas de acción, correctas, pero bastante aburridas.  

No todo es decepcionante en IM2: las nuevas armaduras son la caña, incluida la de War Machine y la maleta-armadura. Aunque lo que más mola, de lejos, son los guiños al mundo de Marvel, como la escena de Stark con Nick Furia en una tienda de donuts, el escudo del Capitán América o la escena de después de los créditos.
En fin, que da la sensación de que Iron Man 2 le ha quedado un poco grande a Jon Favreau, como si tuviera complejo de director palomitero y hubiese querido hacer cine adulto. Y ahí es cuando se ve la diferencia entre un muevecámaras como Favreau y un Director como Chris Nolan.

Que me busquen en Irlanda

Hacía mucho tiempo que tenía ganas de ir a Irlanda, o Éire, como su equipo de fútbol se llama. Tenía la impresión de que la ecuación iba a ser algo como Irlanda = (Inglaterra + Escocia) x (Cantabria + Galicia). Y efectivamente, premio.

Los irlandeses, independientes de los ingleses sólo desde 1921, han sabido crearse una personalidad aparte, basada en su bonito país, la simpatía de sus gentes, las cervezas Guinness y, últimamente, los vuelos de Ryanair. Nosotros, por cierto, fuimos en Aer Lingus, una compañía de bajo coste ma non tropo, al estilo de Easy Jet. Vamos, que a diferencia de con sus primos de Ryanair, uno no tiene la impresión de ir camino de Treblinka.

Y es que, si de algo saben los irlandeses, es de marcas. Para empezar, porque se han adueñado del color verde, y lo tienen por todas partes, desde la camiseta de sus selecciones nacionales, hasta los leprechauns. La bandera irlandesa, por cierto, fue un regalo de los franceses, siempre interesados en hacerle el juego a los enemigos de Su Majestad.
El problema de los irlandeses -y esto nunca se le debe mencionar a un irlandés- es que en el fondo son como un spin-off de los ingleses. Es decir, tienen su (ininteligible) idioma irlandés, su música celta, su deporte nacional llamado hurling, y su cerveza Guinness, pero en el fondo todo el mundo habla inglés, escucha a Cheryl Cole, está pendiente de la Premier League y bebe...algunos Guinness, y muchos Heineken.

Uno de los sitios que más quería visitar era Galway, puesto que la historia cuenta que los supervivientes de la tormenta que mandó a pique a la Armada Invencible española acabaron embarrancando en esta ciudad de la costa oeste de Irlanda, y tan a gusto se encontraron que todavía hoy pueden encontrarse nativos de Galway con pinta de españoles. Personalmente, los únicos con pinta de españoles que vi era estudiantes Erasmus, la mayoría demasiado borrachos como para poder precisar de qué parte de España venían.
La mayor aventura de Irlanda, sin embargo, son las carreteras: caminos estrechos con el mínimo de asfalto imprescidible para no tener categoría de camino de cabras, sino de comarcal. Gracias al GPS de Declan, uno podía descubrir que lo que parece la entrada a la caseta de mis tíos menorquines no es ni más ni menos que una carretera clave para salir del Burren y volver a Dublín. Las vistas, eso sí, son acojonantes.

En fin, que para un español del norte, que disfruta lo justo del sol y la playa, Éire es el país definitivo. En cinco días no creo ni haber visto un 5% del país, así que pienso volver. Si algún día la cosa se pone tan negra que no puedo vivir en Santan, que me busquen en Irlanda.

Christopher Walken > Hugh Jackman

Mira que Hugh Jackan no sólo me parece uno de los tipos indiscutiblemente guapos, sino que además me cae bien. Lo que no puede ser es que deje que DDB París le ponga a hacer esto

porque por mucho que lo intenten jamás podrán hacerlo igual que esto

Y además, que Hugh Jackman está bien, pero Christopher Walken sigue siendo un crack.
PD: a mí me daría bastante vergüenza proponer esta campaña a Lipton.

Saliendo de la crisis a hostias

Se cuentan por docenas los gurús del márketing que en los últimos doce meses nos han contado la película de que, en chino, el pictograma de la palabra "crisis" es el mismo que el de la palabra "oportunidad".

La mayoría de las grandes multinacionales no han entendido el mensaje, o han hecho oídos sordos, y sin embargo la mayor multinacional del mundo no ha dejado pasar el tren: la iglesia católica francesa acaba de lanzar una campaña por todo lo alto para reclutar sacerdotes.


Toda acción de márketing empieza por un problema a resolver: desde los 37.555 sacerdotes que repartían hostias en Francia en 1970 se ha pasado a 15.440 en 2008.
Y también toda acción de márketing pasa por explotar una oportunidad de mercado: el descenso en el número de religiosos contrasta con el 10% de desempleo y subiendo que gastan al norte de los Pirineos, con aumentos del 7,2% de los menores de 25 y del 12% entre 25 y 49 años que buscan trabajo.

¿Y qué mejor curro que uno que no exige grandes esfuerzos ni físicos ni intelectuales, y que asegura techo y comida, más primas por trabajar los domingos?

Blanco y en botella, el Servicio Nacional de Vocaciones de la Iglesia Católica ha sacado los tanques publicitarios a la calle, a la caza de candidatos para la Operación Triunfo del sacerdocio.

Según reconoce la propia Iglesia, el target de la campaña son los jóvenes entre 16 y 22 años. Tampoco se ha reparado en gastos para el despliegue de medios, que incluye postales en bares, restaurantes y cines, así como anuncios en prensa, un sitio web -que sorprendentemente se lanzará mañana, con la campaña ya empezada- y hasta una página de Facebook, donde la imagen de cabecera reza "Jesus is my Boss".

La agencia responsable de semejante despliegue (en Francia las agencias suelen firmar sus piezas) es Bayard Service, que investigando en su web descubrimos que se trata de un chiringuito "al servicio de la comunicación comercial de las comunidades cristianas" (sic). Otros trabajos de la agencia incluyen la maquetación de las revistas Le lien ("El vínculo"), Amour et Famille y Rencontres ("Encuentros"), huelga decir que todos ellos blockbusters en sus respectivas diócesis.

Ardo en deseos de ver el ROI de esta campaña. O bueno, si Bayard Services no alcanza a medir estas cosas, por lo menos que incrusten Google Analytics en la web, para ver hasta qué punto la crisis empieza a ser preocupante de verdad.

Menos furia, y más historia

Soy diez años demasiado joven para haber visto las películas de Harryhausen en su momento. El rollo del stop motion ya estaba desfasadísimo cuando empecé a interesarme por otra cosa que no fuera Espinete o MA Baracus. Así que Jasón y los Argonautas la vi entre bostezos ya en la facultad, y jamás me molesté en ver su última peli, Furia de Titanes, hecha en el 81.
En cambio me he animado a ir a ver el remake. Como buen pajillero hollywoodiense, leí primero en internet que el 3D de esta peli se había hecho deprisa y corriendo para aprovechar el efecto Avatar, habiendo completado la adaptación tridimensional en dos meses en lugar de los nueve que suele llevar el proceso. 

Tengo al francés Louis Leterrier por un director de acción solvente, capaz de salir mejor parado que Ang Lee de una película de Hulk, y responsable de una buena peli de mamporros como fue Transporter 2.

El problema es que cuando te dan un guión que incluye un caballo alado, te llames Leterrier o te llames Spielberg, es muy probable que te salga una cosa ridícula. Y es que con las películas de fantasía, de grandes decorados y barrocos vestuarios, o lo clavas, y te sale El Señor de los Anillos o 300, o bien te lo tomas a cachondeo, y te sale Willow. Cualquier término medio, como esta peli, supone cagarla irremisiblemente.
Y es que Furia de Titanes 2010 es una concatenación de escenas de acción, como si de los niveles de un videojuego se tratase, siempre con un nuevo desafío después de haber derrotado al penúltimo enemigo. Como si un puñado de guionistas de doce años hubieran decidido pasar del planteamiento y el nudo, y se hubiesen quedado sólo con el desenlace de la historia. Un desenlace, eso sí, de 100 minutos de duración.

Más allá de la ausencia de personajes interesantes, o de una motivación (paréntesis: se supone que el motor de la historia es salvar a Andrómeda, que tiene tres planos en toda la peli, y sólo el último con el protagonista, que la trata como si fuera la mujer de la limpieza), el mayor problema de esta Furia de Titanes es que es una película que se toma en serio a sí misma. Sólo así se explica que la Warner haya decidido contratar a Liam Neeson, Ralph Fiennes, Mads Mikkelsen o el chico de moda en Hollywood, Sam Worthington. 
Quitando a Mikkelsen -que aún así lo hacía mejor con el ojo que sangraba de Casino Royale- los demás actores parecen estar allí contando los minutos para cobrar su cheque. Neeson (Zeus) se pasa media película vestido como un caballero del zodiaco, berreando frases grandilocuentes con la voz grave, un poco como cuando éramos niños y quieríamos imitar la voz del malo del inspector Gadget. No me extraña que, como se ve en la foto, le tuvieran que dar aire entre toma y toma. Fiennes tampoco es que tenga un papel como el de El Paciente Inglés, pero tampoco le pone mucho cariño al tema. Yel bueno de Sam lo intenta, y hasta juraría que hace parte de sus escenas de acción, pero nació sin talento interpretativo, y no es su culpa. Nos le quieren vender como el nuevo héroe de acción, y ni tiene la mala hostia de Stallone, ni el carisma de Arnie ni la ironía de Bruce Willis.

La buena noticia es que me regalaron las entradas del cine, así que lo único que me duelen son las dos horas invertidas. Ahora empieza la temporada fuerte. Próximas paradas, Kick Ass y Iron Man 2.

You can't beat the Beatles

Hoy se cumplen 40 años de la separación oficial de The Beatles. Aunque gran parte de la culpa la tuvo Yoko Ono, los cuatro de Liverpool se separaron después de más de diez años juntos. 

Como con los filósofos de la Grecia clásica, cuál era la probabilidad de que tres talentos como Lennon, McCartney y Harrison se juntasen en una ciudad como Liverpool. El debate sobre quién tenía más talento de los cuatro creo que está vacío de contenido; basta con ver las carreras por separado de los cuatro para darse cuenta de que el verdadero Genio con mayúscula era Lennon, y McCartney se iluminaba simpáticamente cuando estaba a su lado. Harrison, con mucho más talento que el de su papel en la banda dejaba entrever, se sentía oprimido por el ego del dúo Lennon-McCartney. Y Ringo, tocando los tambores en silencio, era con George Martin y Brian Epstein parte del pegamento que los mantenía unidos.

No tuve la suerte de vivir la beatlemanía en directo, pero apuesto a que la gente que estaba en la Tierra aquel 10 de abril de 1970 se acuerda de dónde estaba cuando se enteró del final de los Beatles.

Os dejo su última actuación en directo, en enero del 69 sobre el tejado de su productora Apple. ¡Cuánto habría dado yo por estar ahí! Pero como no puede ser, voy a darles mi particular homenaje tocando unas cuantas en el Beatles Rock Band.




Tomo prestadas por último las dos fantásticas frases que dejó Paul al anunciar el final de los Fab Four:

"The world is still spinning and so are we and so are you. When the spinning stops, that will be the time to worry. Not now. Until then, the Beatles are alive and well and the beat goes on."

Radioactivität

No lo puedo evitar, me encantan estos gráficos.
Mejor aún si se leen con Kraftwerk de fondo.

Una (otra) de piratería, parte II

Otra costumbre muy nacional es la de poner el grito en el cielo por cualquier cosa, y luego no hacer nada de nada para mejorar la situación. Esto es, concretamente, en lo que se ha basado tradicionalmente la actividad de los sindicatos en España; ni siquiera han sido capaces de conseguir un día al mes libre como recuperación de horas extras, como los franceses.

Vaya por delante que no estoy a favor del pirateo indiscriminado. Yo creo que los autores de contenidos, sea en la forma que sea, deben recibir una remuneración por su trabajo. Ojo, que no digo una remuneración "justa" -la justicia siempre depende del cristal con el que se mire- sino aquella que fije el libre mercado. 
Por lo tanto, también creo que a esa gente que dice que subir un torrent es igual que prestar un libro a un amigo, habría que pasarla por la quilla.

Hace diez o quince años, las ventas de películas de vídeo crecían exponencialmente, cualquier artista de medio pelo podía ganar un disco de oro, los cines estaban hasta la bola y los libros... bueno, dejémoslo en que se vendían unos cuantos más que ahora.

El problema es que llegó internet, y el modelo de negocio saltó en mil pedazos. La tecnología permitió el intercambio de datos a cada vez mayor velocidad, y esto desembocó en un cambio más profundo: la gente se acostumbró a tener acceso a los contenidos sin pagar por ello.

Así que todos las compañías que tradicionalmente se han dedicado a la difusión y venta de contenidos, desde las discográficas hasta las multinacionales de Hollywood, pasando por editores de libros y un largo etcétera, están como los indios cuando se encontraron con el ejército de Cortés, intentando sobrevivir en una batalla que tienen perdida de antemano.

Salía en la edición de ayer del LA Times -el mismo que sacó al Sombrerero Loco en su portada- un artículo que aseguraba que las majors de Hollywood se planteaban dejar de vender DVDs en España a causa del crecimiento de la piratería. Probablemente lo primero que debieran hacer es mirarse al ombligo y bajar los precios de las películas en soporte físico. Desde el momento en que es más barato comprarse un DVD en el Amazon inglés (con sus correspondientes gastos de envío) que acercarte a El Corte Inglés a por él, hay un problemita. Si retiran los discos de las tiendas, una parte de la gente que compra películas lo hará por internet, y otra parte aprenderá a conseguirlas gratis online. Y vaya usted a convencer a estos últimos de volver a pagar por ver una peli en casa.
Dice el adagio que, si no puedes con el enemigo, más vale aliarse con él. Llevado al terreno de los contenidos online, esto es lo que han hecho, por ejemplo, los Monty Python. Conscientes de que sus sketchs se adaptaban perfectamente a los gustos de la generación YouTube, decidieron abrir un canal en YouTube. El texto de bienvenida es sencillamente sublime: "For 3 years you YouTubers have been ripping us off, taking tens of thousands of our videos and putting them on YouTube. Now the tables are turned. It's time for us to take matters into our own hands. We know who you are, we know where you live and we could come after you in ways too horrible to tell. But being the extraordinarily nice chaps we are, we've figured a better way to get our own back: We've launched our own Monty Python channel on YouTube."

A diferencia de otros que también han abierto chiringuito en la web de vídeos de Google, los Python tuvieron la brillante idea de poner, al lado de cada vídeo gratuito, links a sus DVD a la venta en amazon.com. El resultado habla por sí mismo: subieron hasta el número 2 de los más vendidos, con un aumento del 23.000% en sólo dos meses.

Es sólo un ejemplo, pero lo que deja en claro es que hay maneras de conseguir que la creación de contenidos y su difusión online sea rentable. Sólo hace falta tener la suficiente imaginación para saber cómo hacerlo.

Una (otra) de piratería, parte I

Una de las cosas buenas de ser español es que siempre llegamos tarde a todo. Y no sólo estoy hablando de la puta manía de llegar sistemáticamente tarde a las citas, sino también de que todos los problemas que tenemos, los han tenido antes otros países. Y si no que le pregunten al Gobierno, que ya está sacando brillo al cazo después de ver la lluvia de millones en nombre de Europa que le ha caído a los pobrecitos griegos.

Pero volvamos al tema. En Francia, en 2009, aprobaron por fin una ley anti-piratería. La cosa -que según el gobierno francés ha costado 6,7 millones de euros, y según las operadoras de internet 100- viene a ser una medida contra las descargas peer to peer, o P2P. Al que se descargue contenido de manera ilegal, primero se le envía un email, luego una carta y como última medida, se le corta el acceso a internet.

Abro un inciso para contar una anécdota sobre Hadopi. En enero pasado, la agencia francesa Plan créatif presentó en sociedad el logo de la Alta Autoridad para la protección de obras y la protección de derechos en internet (HADOPI en sus siglas en francés). Pues bien, un francés denunció en su Twitter que la tipografía utilizada era una Bienvenue, que había sido creada en 2000 para uso exclusivo de France Télécom (de hecho, era la tipo del antiguo logo de Wanadoo). Ahí no acaba la cosa. Por que resulta que la tipografía del texto en rojo, una Bliss, también había sido utilizada sin pagar derechos. Tres días después, y ante la rechufla generalizada de todo el mundo online y offline francés, Plan créatif compra la licencia de la Bliss, y como la Bienvenue no se la deja utilizar France Télécom, la cambian por una FS Lola, que se parece a la original como un huevo a una castaña. 
Total, que la bandera anti-piratería francesa está hecha de manera ilegal. Y nosotros que creíamos que el sainete era un género exclusivo del sur de los Pirineos.

La ley Hadopi, que cinco meses después de su aprobación todavía no ha entrado en vigor, es ya un fracaso absoluto. Y lo es por la sencilla razón de que no ha tenido en cuenta ni las descargas directas (tipo Megaupload) ni el streaming. A día de hoy, revela un estudio, alrededor del 16% de los usuarios franceses utiliza los servicios P2P. Es decir, que la ley una vez más va un paso por detrás de la realidad, y por lo tanto no sirve para proteger los contenidos ni para cambiar la actitud de los usuarios.

En España, la ministra de turno se ha sacado de la manga una cosa parecida, y con la inestimable ayuda de la Stasi de pandereta que es la SGAE, se ha lanzado a una cruzada de cierre de sitios P2P. Tan tarde y tan mal como de costumbre.

Una reflexión rápida sobre el 3D

El chollo del siglo llegó en formato tridimensional. El 3D, según parece, es bastante rentable: pasar el último bodrio de Tim Burton a 3D costó 20 millones de dólares y dos semanas de trabajo (sobre un presupuesto de 250 millones en este caso concreto, son migajas). 

Las entradas de cine tridimensional cuestan cuatro dólares más; pongamos que de esos 4$ extra, 2 son para la sala y 2 para la productora (normalmente creo que se reparten 20/80, pero en fin) con lo cual no sólo estás logrando dos dólares más por espectador que ya la habría ido a ver en 2D, sino que estás trayendo un puñado de espectadores nuevos al cine, que de otra manera se la habrían bajado de internet.

La mala noticia es que el chollo se acabó antes de llegar: Samsung lanza principios de abril la primera tele en 3D.



Y aquí la única que sale ganando -y perdiendo- es Sony, que vende películas y televisores.

Que le corten la cabeza

Pocas veces he tenido más clara una crítica de una película. Cuando era pequeño, uno de los pocos cuentos de Disney que no me gustaba era Alicia en el País de las Maravillas. Cuando fui mayor, aprendí a detestar el cine pretencioso y sobrecargado de Tim Burton. Pues bien, hoy, con un par, me he dejado arrastrar a ver la versión burtoniana del cuento de Lewis Carroll.

Iba al cine con muy pocas expectativas, pensando que iba a ser demasiado barroca, que los maquillajes y los decorados iban a ser más importantes que el guión y los actores, que la música iba a ser más de lo mismo. Me quedé corto, muy corto, en mis pesimistas presunciones. 

La ambientación es, en efecto, sobrecargada, con mogollón de elementos superfluos -casi todos hechos por ordenador- y los maquillajes y vestuarios son tan abigarrados que te preguntas si hay  un actor ahí dentro. 

Ahí es cuando la cosa se va al garete, con los actores. Porque, a priori, Burton tenía un elenco bastante decente, capitaneado por Johnny Depp (que no Deep como dice el 99% de la población mundial), Anne Hathaway, Crispin Glover, las voces de Alan Rickman, Christopher Lee y Martin Sheen, y la inevitable e insoportable Helena Bonham Carter. Están todos y cada uno de ellos -excepción hecha de la chica que hace de Alicia- sencillamente espantosos: Depp compone un sombrerero loco tan estridente que hace que su locuaz capitán Jack Sparrow parezca salido de Hamlet; Helena Bonham Carter no hace más que chillar su única línea de guión -"¡QUE LE CORTEN LA CABEZA!"- y Anne Hathaway debería llevarse un Razzie honorífico por su terrible interpretación de la Reina Blanca. No sólo consigue crear el secundario más anodino de la historia del cine en el siglo XXI, sino que deja a todo el mundo con la duda de quién coño le sugirió que se pasara la película con los brazos en alto, como si intentase bailar El lago de los cisnes con zancos.

La fotografía también es de premio: más oscura que el sobaco de un grillo la mayor parte del tiempo. Y luego está el tema del 3D -añadido deprisa y corriendo por Disney para poder cobrar tres euros más por la entrada- que no aporta nada, ni ayuda a meterse en el maravilloso mundo de las maravillas, ni mola lo más mínimo. 
No me olvido de la banda sonora de Danny Elfman. Me encantó en el Batman de Burton allá en el 89. Y ya está: se ha pasado los últimos 21 años, que ya son años, repitiendo los mismos acordes, los mismos arreglos vocales, las mismas armonías machaconas. Insufrible.

Pero lo peor de todo -y créanme cuando insisto en que hay un huevo de cosas que odiar en esta película- es el guión. Vaya por delante que no he leído (ni pienso leer) ninguna de las obras de Carroll, pero el libreto de esta historia es infumable, con personajes presentados cual reos en el pelotón de fusilamiento, situaciones absurdas las unas detrás de las otras y cero sentido del humor. No escuché ni una risa en toda la película, ni siquiera en esa estúpida escena final en la que Johnny Depp decide bailar break dance para rellenar metraje.

Han pasado sólo tres meses, pero ya puedo asegurar sin temor a equivocarme que Alicia en el País de las Maravillas es la peor película de 2010. Y lo que te rondaré, morena. 
Hasta que hemos llegado. Que le corten la cabeza a Tim Burton.

Explorando los límites de la ciencia ficción

Hace algunos días me obligué, a raíz de un debate facebookero, a establecer mis límites de tolerancia a la ciencia ficción. Mi conclusión principal es que soporto lo plausible, pero no lo irreal. Como esta última frase parece una cita de Sheldon, el antisocial personaje de The Big Bang Theory, pongo algún ejemplo:
- Me gustan Regreso al futuro, Terminator, Alien, Star Wars, The Matrix, Predator y El planeta de los simios (la original, no la del incapaz de Tim Burton).
- No me gustan Blade Runner, las secuelas de Matrix, The prestige, El quinto elemento, Yo Robot, Godzilla, Donnie Darko, Los sustitutos o Soy Leyenda.

En realidad, según repaso la lista, no estoy muy seguro de que mi clasificación siga una lógica racional. ¿Es más plausible hacer de un DeLorean una máquina del tiempo que crear clones que nos sustituyan? Posiblemente no.
La prueba de esto es que, dentro de un mismo universo conceptual (la realidad es un programa informático llamado The Matrix), una película me gustó, y dos no.
Supongo que al final la ciencia ficción es exactamente igual que cualquier otro género, y lo que cuenta es que la historia y los personajes te importen mínimamente.

En fin, que mientras tanto, os dejo el tráiler de la siguiente película de Christopher Nolan, el director de los dos últimos Batman (y del aburrimiento que me pareció The Prestige). No sé si alguien entenderá jamás de qué habla la peli, pero desde luego el minuto 0:18 del vídeo es sensacional. Tanto, como para comprarme una entrada de cine.



Foto de familia

1) Si en Asia tuviesen un lenguaje racional, dominarían el mundo

2) Sería mucho más interesante si contabilizasen también las horas de internet en el trabajo

3) YouTube ya es más importante que cualquier canal de TV mundial

4) Internet en el teléfono no termina de despegar (y qué decir de las videollamadas)

5) Mientras siga habiendo música gratis, nadie va a pagar por ella

6) Sigo sin entender de dónde viene el spam

Disney spamea Los Ángeles

Si hay una peli que viene dando que hablar antes de su estreno, ésa es la versión de Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton. Ya desde que se conoció el nombramiento del director hubo follón, porque de un cóctel de cuentacuentos empalagosos como Lewis Carroll y Burton algo bizarro -y probablemente aburrido- tenía que salir.

Hace cosa de un mes, Disney anunció que pondría a la venta el DVD de la película dos meses después de su estreno en salas, para aprovechar el incio de verano, época fuerte de ventas que coincide con el final del curso escolar. Los dueños de los cines pusieron el grito en el cielo, porque el plazo acordado por defecto para la explotación de una película exclusivamente en salas es de tres meses. Incluso se habla de que en Europa no la van a estrenar según qué ciercuitos.
A mí me parece un debate un poco tontorrón, porque claramente esta película no va a tener tanto recorrido como Avatar, y supongo que en dos meses ya se habrá corrido la voz de que es insoportable.

En fin, que la última movida viene a cuenta de la portada que ha sacado Los Angeles Times esta semana, en la que aparece a toda página la jeta de Depp en plan Sombrerero Loco. Por cierto, que los dos artículos que acotan la figura de Depp son artículos reales publicados el pasado mes de febrero originalmente.

Es la primera vez que un periódico americano serio pone publicidad a toda página en su portada, así que ya tenemos el escándalo montado.
Antes de emitir un juicio de valor, conviene tener los números en la mano. Y los números dicen que, en 2009, Los Angeles Times perdió un 11% de sus ventas diarias, y se ha desplomado desde los 1,1 millones de ejemplares al día de 2000, a los 657.000 de hoy en día. Eso significa que hay muchos perfiles en LinkedIn de ex-trabajadores del periódico.
La redacción no ha querido dar cifras -de hecho la decisión se dice que fue aprobada por los financieros, no por los periodistas-, pero se rumorea que Disney ha pagado 700.000 dólares por ocupar la portada. Lo cual, a 50 céntimos el ejemplar de Los Angeles Times, supondría el equivalente a 1,400.000 periódicos vendidos.

Desde mi punto de vista, me parece un error a largo plazo. Y me lo parece no por el hecho de haber prostituido la portada de un periódico serio, sino porque imponer al lector un anuncio es contraproducente. Es spam. Y esa publi no va a hacer que nadie vaya a comprar el LA Times al día siguiente, mientras que seguro que hay mucha gente que se pasa al USA Today, con su portada cargada de información.

Personalmente, estoy seguro de que, por ese precio, Disney podría haber contratado a una tropa de periodistas, y haberles pedido que escribieran historias sobre Carroll -cuya sabrosa biografía incluye epilepsia, matemáticas, acusaciones de pederastia y a la mismísima Reina Victoria-, sobre Depp, sobre Disney, sobre la producción de la peli, sobre lo que sea. Piezas que diera gusto leer, y que creasen un cierto interés del lector. Al fin y al cabo, el objetivo último de Disney debería ser el entretenimiento.

Si yo hubiese sido lector del LA Times y al acercarme al kiosko veo eso, me habría comprado otro periódico. Pero bueno, yo en esto no soy objetivo. Y no por publicitario, sino por enemigo declarado del pretencioso autor que es Tim Burton.

Take the Oscar and run

Un año más, habemus Oscar que se acercan, y es el momento de hacer unas apuestitas sobre quién se va a llevar el muñeco chapado en oro a casa. Este año hay diez nominados a mejor película, porque alguien en Hollywood se ha dado cuenta de que lo de poner "nominada a mejor película" multiplica varias veces el potencial de películas como "Up in the air".

He quitado algunas categorías que los seres humanos normales no pueden evaluar con criterio (mejor cortometraje, documental, etc.) y dejo los títulos en inglés, para que no haya lugar a dudas. En negrita, los favoritos de este blog.

Actor in a Leading Role

    * Jeff Bridges in “Crazy Heart”
    * George Clooney in “Up in the Air”
    * Colin Firth in “A Single Man”
    * Morgan Freeman in “Invictus”
    * Jeremy Renner in “The Hurt Locker”

Actor in a Supporting Role

    * Matt Damon in “Invictus”
    * Woody Harrelson in “The Messenger”
    * Christopher Plummer in “The Last Station”
    * Stanley Tucci in “The Lovely Bones”
    * Christoph Waltz in “Inglourious Basterds”

Actress in a Leading Role

    * Sandra Bullock in “The Blind Side”
    * Helen Mirren in “The Last Station”
    * Carey Mulligan in “An Education”
    * Gabourey Sidibe in “Precious: Based on the Novel ‘Push’ by Sapphire”
    * Meryl Streep in “Julie & Julia”

Actress in a Supporting Role

    * Penélope Cruz in “Nine”
    * Vera Farmiga in “Up in the Air”
    * Maggie Gyllenhaal in “Crazy Heart”
    * Anna Kendrick in “Up in the Air”
    * Mo’Nique in “Precious: Based on the Novel ‘Push’ by Sapphire”

Animated Feature Film

    * “Coraline” Henry Selick
    * “Fantastic Mr. Fox” Wes Anderson
    * “The Princess and the Frog” John Musker and Ron Clements
    * “The Secret of Kells” Tomm Moore
    * “Up” Pete Docter

Art Direction

    * “Avatar” Art Direction: Rick Carter and Robert Stromberg; Set Decoration: Kim Sinclair
    * “The Imaginarium of Doctor Parnassus” Art Direction: Dave Warren and Anastasia Masaro; Set Decoration: Caroline Smith
    * “Nine” Art Direction: John Myhre; Set Decoration: Gordon Sim
    * “Sherlock Holmes” Art Direction: Sarah Greenwood; Set Decoration: Katie Spencer
    * “The Young Victoria” Art Direction: Patrice Vermette; Set Decoration: Maggie Gray

Cinematography

    * “Avatar” Mauro Fiore
    * “Harry Potter and the Half-Blood Prince” Bruno Delbonnel
    * “The Hurt Locker” Barry Ackroyd
    * “Inglourious Basterds” Robert Richardson
    * “The White Ribbon” Christian Berger

Costume Design

    * “Bright Star” Janet Patterson
    * “Coco before Chanel” Catherine Leterrier
    * “The Imaginarium of Doctor Parnassus” Monique Prudhomme
    * “Nine” Colleen Atwood
    * “The Young Victoria” Sandy Powell

Directing

    * “Avatar” James Cameron
    * “The Hurt Locker” Kathryn Bigelow
    * “Inglourious Basterds” Quentin Tarantino
    * “Precious: Based on the Novel ‘Push’ by Sapphire” Lee Daniels
    * “Up in the Air” Jason Reitman

Film Editing

    * “Avatar” Stephen Rivkin, John Refoua and James Cameron
    * “District 9” Julian Clarke
    * “The Hurt Locker” Bob Murawski and Chris Innis
    * “Inglourious Basterds” Sally Menke
    * “Precious: Based on the Novel ‘Push’ by Sapphire” Joe Klotz

Foreign Language Film

    * “Ajami” Israel
    * “The Milk of Sorrow (La Teta Asustada)” Peru
    * “A Prophet (Un Prophète)” France
    * “The Secret in Their Eyes (El Secreto de Sus Ojos)” Argentina
    * “The White Ribbon (Das Weisse Band)” Germany

Makeup

    * “Il Divo” Aldo Signoretti and Vittorio Sodano
    * “Star Trek” Barney Burman, Mindy Hall and Joel Harlow
    * “The Young Victoria” Jon Henry Gordon and Jenny Shircore

Music (Original Score)

    * “Avatar” James Horner
    * “Fantastic Mr. Fox” Alexandre Desplat
    * “The Hurt Locker” Marco Beltrami and Buck Sanders
    * “Sherlock Holmes” Hans Zimmer
    * “Up” Michael Giacchino

Music (Original Song)

    * “Almost There” from “The Princess and the Frog” Music and Lyric by Randy Newman
    * “Down in New Orleans” from “The Princess and the Frog” Music and Lyric by Randy Newman
    * “Loin de Paname” from “Paris 36” Music by Reinhardt Wagner Lyric by Frank Thomas
    * “Take It All” from “Nine” Music and Lyric by Maury Yeston
    * “The Weary Kind (Theme from Crazy Heart)” from “Crazy Heart” Music and Lyric by Ryan Bingham and T Bone Burnett

Best Picture

    * “Avatar” James Cameron and Jon Landau, Producers
    * “The Blind Side” Gil Netter, Andrew A. Kosove and Broderick Johnson, Producers
    * “District 9” Peter Jackson and Carolynne Cunningham, Producers
    * “An Education” Finola Dwyer and Amanda Posey, Producers
    * “The Hurt Locker” Kathryn Bigelow, Mark Boal, Nicolas Chartier and Greg Shapiro, Producers
    * “Inglourious Basterds” Lawrence Bender, Producer
    * “Precious: Based on the Novel ‘Push’ by Sapphire” Lee Daniels, Sarah Siegel-Magness and Gary Magness, Producers
    * “A Serious Man” Joel Coen and Ethan Coen, Producers
    * “Up” Jonas Rivera, Producer
    * “Up in the Air” Daniel Dubiecki, Ivan Reitman and Jason Reitman, Producers

Sound Editing

    * “Avatar” Christopher Boyes and Gwendolyn Yates Whittle
    * “The Hurt Locker” Paul N.J. Ottosson
    * “Inglourious Basterds” Wylie Stateman
    * “Star Trek” Mark Stoeckinger and Alan Rankin
    * “Up” Michael Silvers and Tom Myers

Sound Mixing

    * “Avatar” Christopher Boyes, Gary Summers, Andy Nelson and Tony Johnson
    * “The Hurt Locker” Paul N.J. Ottosson and Ray Beckett
    * “Inglourious Basterds” Michael Minkler, Tony Lamberti and Mark Ulano
    * “Star Trek” Anna Behlmer, Andy Nelson and Peter J. Devlin
    * “Transformers: Revenge of the Fallen” Greg P. Russell, Gary Summers and Geoffrey Patterson

Visual Effects

    * “Avatar” Joe Letteri, Stephen Rosenbaum, Richard Baneham and Andrew R. Jones
    * “District 9” Dan Kaufman, Peter Muyzers, Robert Habros and Matt Aitken
    * “Star Trek” Roger Guyett, Russell Earl, Paul Kavanagh and Burt Dalton

Writing (Adapted Screenplay)

    * “District 9” Written by Neill Blomkamp and Terri Tatchell
    * “An Education” Screenplay by Nick Hornby
    * “In the Loop” Screenplay by Jesse Armstrong, Simon Blackwell, Armando Iannucci, Tony Roche
    * “Precious: Based on the Novel ‘Push’ by Sapphire” Screenplay by Geoffrey Fletcher
    * “Up in the Air” Screenplay by Jason Reitman and Sheldon Turner

Writing (Original Screenplay)

    * “The Hurt Locker” Written by Mark Boal
    * “Inglourious Basterds” Written by Quentin Tarantino
    * “The Messenger” Written by Alessandro Camon & Oren Moverman
    * “A Serious Man” Written by Joel Coen & Ethan Coen
    * “Up” Screenplay by Bob Peterson, Pete Docter, Story by Pete Docter, Bob Peterson, Tom McCarthy

Para inspiraros, os dejo un trocito la mejor ceremonia de los Oscar jamás realizada.

The Hurt Locker: acción sin emoción

Ayer vi la última película pre-Oscars que me quedaba pendiente: The Hurt Locker, creo que desacertadamente re-bautizada en España "En tierra peligrosa".
La cosa va de un grupo de zapadores (los que limpian de minas los caminos) destinados en el Baghdad ocupado por las tropas norteamericanas. El prota de la historia, Jeremy Renner, es un tipo que se gana la vida desactivando bombas trampa (sea en carreteras, coches o personas) y que es un adicto de la adrenalina que le produce jugarse la vida en su día a día. Extraños cameos, por cierto, los de Ralph Fiennes y David Morse.
La que mueve la cámara es Kathryn Bigelow, ex-esposa del otro gran favorito a la estatuilla 2010 James Cameron, y responsable de aquel horror con Harrison Ford haciendo de oficial de submarinos ruso.

The Hurt Locker es una buena cinta de acción. Ese Baghdad en el que cada persona es una potencial amenaza, y cada paso esconde una trampa, resulta un trasfondo brutal para la historia. El libreto, además, no se molesta en hacer lectura política alguna, lo que probablemente sea un acierto por su parte. Sólo se preocupa de un personaje, y su particular relación con el mundo.

Ahora bien, es de esas películas -Como en su momento Apocalipsis Now- que se decodifican de manera diferente según uno sea americano o no. A mí personalmente, la guerra en Irak me la trae al fresco, y cuando leo la prensa me pasa igual que con el tema de los palestinos vs israelíes, que no me parece nuevo, novedoso, y ni me molesto en leerlo. Así que por eso digo que para mí es una buena cinta de acción, con secuencias de una tensión brutal (ese coche cargado de explosivos frente a la sede de la ONU) y explosiones brillantes (especialmente la primera) pero nada más, no me toca. Ni siquiera me cae bien el protagonista, que es la mínima emoción que te transmiten los clásicos del género como la Jungla de Cristal o, sin ir más lejos, Taken.

Honestamente, no me parece una película que vaya a pasar a la Historia del Cine, así, con mayúsculas, que diría mi tía Marina. Aunque cada año me queda más claro que los Oscar no entienden de eso.

Elemental, querido Eastwood

Doblete cinematográfico en una heladora tarde de sábado. 

La primera elección fue el blockbuster post-navideño Sherlock Holmes. Personalmente, nunca me gustaron las -pocas- novelas de Conan Doyle que leí, muy descriptivas y excesivamente reduccionistas. De hecho, mi encarnación favorita del detective londinense fue un perro naranja de dibujos animados. 

En este nueva re-imaginación de la historia, Robert Downey Jr es Sherlock, Jude Law es Watson, el clon de Andy García es el malo, y Guy Ritchie mueve la cámara. Un Guy Ritchie, por cierto, que lleva desde 2000 sin hacer una buena película, que entre sus escarceos con Madonna y Ray Liotta estaba viendo su crédito menguar cada vez más, parecía que podía utilizar esta película para relanzar su carrera.

Pues bien, Sherlock Holmes, versión 2010, es una película olvidable. La pareja protagonista está bien -quizás habría estado más canalla de haber llevado más al límite el rollito homogay que se traen Holmes y Watson-, y el director tiene escenas -la pelea de boxeo, la carnicería- que llevan la marca del mejor Ritchie. El resultado final, sin embargo, te deja tan frío como las desaturadas calles del Londres de finales del s.XIX.
Sigo queriendo creer que el problema de la peli es más de guión que de otra cosa, y que una vez solventada la siempre coñazo presentación de personajes e introducido el profesor Moriarty (ojo a ese cásting para la secuela) se puede apañar un buen Sherlock Holmes para el siglo XXI.

Como segundo plato llegaba Invictus, la peli que Clint Eastwood ha montado a partir de la novela del gran John Carlin, con Morgan Freeman por fin interpretando a Nelson Mandela en la gran pantalla. 

La película se resume en el discurso que da Matt Damon a sus compañeros de equipo de rugby durante la gran final. Con el equipo tres puntos abajo, Damon les pide sólo una cosa: defensa, defensa, defensa. Más o menos una metáfora del trabajo de Eastwood: parte de la base del gran parecido físico de Morgan Freeman y Nelson Mandela, tan obvio y esperado, que casi le quita impacto a la buena actuación del actor. Eastwood no se atreve nunca a jugar al ataque, y lleva la película va del punto A al punto B como un tiro, sin desviarse ni un momento, sin un solo arco de personajes, ni un solo momento dramático. Las subtramas, además, brillan por su ausencia (la única que tiene interés es la de los guardaespaldas mitad negros, mitad blancos), y parece que Clint se queda a medio camino en el relato de la (turbia) vida familiar de Nelson Mandela.

¿Y el rugby? Era sospechable y hasta cierto punto comprensible que a Clint Eastwood el deporte en cuestión se la trae al fresco, y así encadena planos brillantes -el contrapicado bajo la mêlée- con horrores -todas las cámaras oh-cuán-dramático-es-este-momento lentas-.
 
Mención aparte merece la música, que parece sacada continuamente de librería de sonido. Hasta puedo imaginar a Kyle Eastwood, responsable de la cosa e hijo de, descargando cedés de música africana para cascarlos en la película. Luego están esas canciones que parecen sacadas de una película Disney de los ochenta. Espeluznantes.

La gran pregunta es: ¿le darán el Oscar a Morgan Freeman? Yo personalmente no se lo daría. Ahora bien, la política de Hollywood es como es, así que no me extrañaría ver al amigo Madiba llevándose la estatuilla a Sudáfrica.

Sin Fronteras (de ningún tipo)

SuperBowl 2010: las muchas miradas al macho americano

Uno empieza a coger perspectiva -y el consiguiente vértigo- de los años que lleva con el blog abierto cuando se da cuenta de que toca volver a hablar del carrusel publicitario que es la SuperBowl. En un año en el que la crisis por fin afectó al Gran Evento Americano, hasta el punto de que Pepsi se borró de la lista de clientes, llama la atención la cantidad de anuncios que ofrecen un valor tangible al consumidor: menús de Taco Bell con descuento, ofertas promocionales de hoteles o hasta pantalones gratis made in Dockers.

La SuperBowl es, además de la final de la liga de fútbol americano, el evento publicitario del año en los EE. UU. La publicidad responde a este festival de testosterona con anuncios de coches, cerveza y aperitivos llenos de barbies descerebradas. Y sin embargo, en la edición de 2009 casi un 40% de los espectadores de la SuperBowl fueron mujeres. 
En cualquier caso, en este festival del macho americano, me parece divertido echarle un ojo a las distintas aproximaciones a lo que Google denominaría "hombre+norteamérica" que han desarrollado las marcas en 2010.
Dodge, por ejemplo, elige -de la mano de su agencia W+K- el tono cómplice:

Dove, en cambio, tiró de Ogilvy para reafirmar a los hombres maduros en su metrosexualidad:

Motorola, por su parte, desperdició el potencial de una agencia como Anomaly para hacer el clásico anuncio con Megan Fox, que curiosamente unos días antes había perdido el concurso de cachonda del año frente a la mucho más curvilínea Kim Kardashian:

Por último queda este spot de ManCruch, prohibido por la CBS y por lo tanto convertido automáticamente en fenómeno viral en internet:


PD: y para los que se pregunten si, liberada de la presión de su competidor, Coca-Cola se soltó la melena, la respuesta es no.

Televisión Española 2010: hipocresía, prevaricación y miopía

Con el año nuevo, los jerifaltes de TVE, EL ENTE, han decidido que, a partir de 2010, la televisión estatal tenía que pasar a ser una herramienta cultural de servicio público, y por lo tanto han decidido suprimir la publicidad de su programación. Bueno, en realidad sí que sigue habiendo publicidad, pero la ley determina que "las autopromociones, la publicidad institucional o las campañas divulgativas de carácter social o de contenidos solidarios, no tendrán la consideración de publicidad y serán gratuitas". 

A falta de una memoria económica que echarse a la boca en la web de RTVE, el sitio nos dice que, en 2008, se habían presupuestado 722 millones de euros de ingresos publicitarios, o lo que es lo mismo, casi 2 millones al día.
Para compensar por la pérdida de ingresos, el Senado decidió que las televisiones privadas cederían generosamente a TVE un 3% de sus ingresos brutos, los operadores de pago un 1,5% y el 0,9% las telecos. 

Añade la ley que "TVE debería emitir al menor un 60% de contenidos elaborados en Europa, y no podrá emitir en el conjunto de sus canales más del 70% de películas de estreno de las grandes productoras internacionales". Que alguien me explique ese párrafo; ¿puede TVE emitir 7 de cada 10 películas de estreno de Hollywood? ¿el 70% de sus emisiones tienen que ser "películas de estreno de las grandes productoras internacionales"? ¿hay una lista que establezca cuáles son las "grandes productoras internacionales" y cuáles las "pequeñas productoras internacionales"? ¿está Blaskimedia dentro de ellas?

La misma ley, por último,  estableció de paso que TVE no puede dedicar más del 10% de su puresupuesto anual a adquirir los derechos de eventos deportivos. Eso sí, esta última cláusula excluye olímpicamente a los Juegos.

Alcanzo a entender que TVE, en su voluntad de ofrecer un servicio público de calidad, renuncie a emitir publicidad comercial, aunque ahora no haga más que pasar las mismas autopromociones de la película del domingo por la noche todo el rato.
Puedo soportar la prevaricación, tan española ella, de obligar a empresas privadas a aflojar un diezmo a un competidor directo exclusivamente por su condición de ente público.
Incluso puedo tolerar que excluyan arbotrariamente los Juegos Olímpicos de la lista de competiciones deportivas de interés. 
Lo que no puede ser es que, precisamente desde septiembre de 2009, TVE haya recuperado los derechos de la Champions League, superando los 47,5 millones de dólares al año que había pagado Antena 3 hasta entonces. 

Que sí, que su coste está dentro del 10% previsto, pero es que yo no creo en la condición de "interés general" o "servicio público" de la Champions League. En pleno siglo XXI, en el que en cualquier punto de España se puede sintonizar Antena 3, Cuatro o Telecinco, y en casi cualquier lugar se puede acceder a internet fijo o móvil, me parece una broma excusarse -como hacen los serviles de los sindicatos- en la omnipresencia de la señal de TVE para justificar la emisión de la Champions en su frecuencia.
Esta ambivalencia de TVE, esa desorientación que le impide decidir si es un servicio público o una empresa con ánimo de lucro, evidentemente, no es de ayer; sin ir más lejos, mi generación aprendió antes la alineación del Barça de Cruyff que la historia de Hernán Cortés.

Yo estoy de acuerdo en la misión educativa de la televisión pública. Es un medio que puede y debe contribuir a una mejor formación e información del personal. Soy el primero que querría ver documentales de la BBC o del National Geographic en TVE o, mejor aún, que TVE los produjera y emitiese directamente. 

En cualquier caso, una vez más en España el miope sector audiovisual toma decisiones a la espalda de la audiencia: los espectadores ya pasan más tiempo en YouTube que frente a la televisión. Y la publicidad, rápida de reflejos como es, se va detrás. 
Al paso que van, dentro de poco los jerifaltes de TVE estarán pregonando en el desierto. Si yo fuera ellos, ya iría dejando caer en el Senado una ley que establezca, por ejemplo, que la página de inicio de todos los ordenadores españoles no sea Google sino la web de Televisión Española.

Fin de fiesta en Jozy

Fin de fiesta en Sudáfrica. Por aquello del qué dirán, esta mañana después del desayuno –durante el que probé por primera vez la fruta de la pasión, que viene siendo el eslabón perdido entre los Rice Crispies y el higo chumbo- pedí que me llevaran a algún sitio en el que pudiera hacer unas compras típicas. El problema es que los sudafricanos, en toda su mejor intención, me mandaron al Santon shopping mall, una especie de La Vaguada para la burguesía johannesburguesa, llena de Vuittones, Bosses y otras marcas tan sudafricanas como yo. Al final encontré una tiendecita de souvenirs y allí me dejé, por fin, unos rands que tanto me quemaban en el bolsillo.

Se da la casualidad de que para este viaje me he traído dos libros, uno rollo nostradámico sobre el futuro de la publicidad y el otro que se llama Bad Science, y está escrito por el Dr Ben Goldacre, que tiene una columna en The Guardian desde la que reparte cera a todos los falsos científicos que nos venden estupideces como la homeopatía o la aromaterapia. Bueno, pues en esas estaba yo cuando me cuenta un tipo de unas de las dos agencias que he visitado que llevaba un tiempo con sobrecarga en un hombro, y que no se la quitaban ni la fisioterapia, ni el masaje, ni nada, y que al final se fue a ver a un médico sudafricano que trabajaba para la NASA y que le curó… ¡por teléfono! La verdad es que las pasé putas para contener la carcajada que me subía esófago arriba. Hay que ser canelo.

La otra cosa interesante sobre Sudáfrica que aprendí gracias al amigo Goldacre es el movimiento anti medicamentos antirretrovirales que hay en el país de Mandela. Aunque el propio Madiba está a a favor de ellos –ojo al dato, hablamos de un país donde el 25% de la población está contagiada por el VIH- mientras él se paseaba por el mundo vendiendo las bondades de su pueblo, sus vicepresidentes se aliaban con un mercachifle alemán que sostiene que las multivitaminas son más eficaces que los tratamientos contra el sida que vende la industria farmacéutica. Evidentemente, este ciudadano alemán, que responde el nombre de Matthias Rath, se dedica a la venta al por mayor de complejos vitamínicos.
El tema es tan serio como que la señora ministra de Sanidad ha estado saboteando activamente la distribución de antirretrovirales, ante las quejas de los médicos de los centros de salud, que veían cómo sus enfermos caían como moscas. Se calcula que entre 2000 y 2005 han muerto como consecuencia de la falta de acceso a fármacos antirretrovirales 330.000 personas sólo en Sudáfrica.

Que sí, que estas son decisiones tomadas por un gobierno elegido en las urnas por el pueblo soberano. Pero no puede ser. Hay veces, como ésta, en que la democracia se equivoca. Y ya me dirán a mí si la CIA puso la isla de Granada patas arriba y sacó a gorrazos a Sadam, si no podían darse una vuelta aprovechando el Mundial 2010 y ventilar un poquito el panorama político sudafricano.
Genocidio por omisión; creo que habemus una nueva modalidad de bestialidad (in)humana.

Y ya para rematar, el más difícil todavía: me encuentro un poco más tarde de leer al señor Goldacre hablando con un responsable de márketing de un laboratorio, no diré cuál. Me cuenta, orondo cual hipopótamo con retención intestinal, que uno de los productos de los que él es responsable es una marca que fue retirada del mercado americano en 2007, y ha quedado relegada al ostracismo en Europa, después de que varios pacientes tratados con el medicamento en cuestión acabasen dos metros bajo tierra con el hígado hecho fuagrás. Pues bien, en Sudáfrica el producto no sólo se sigue vendiendo, sino que además me comentaba este buen hombre que la marca era tan eficaz que se vendía sola. En un golpe de flashback, me imaginé escuchando el mismo comentario de la boca del Dr Mengele a propósito del gas Zyklon B. Pobre Sudáfrica.

Me voy sin haber visto mucha cosa y, lo que es peor, sin Charlize Theron colgada del brazo.

Sudáfrica, en blanco y negro


No he visto lo suficiente de Sudáfrica como para poder hablar con criterio. Pero bueno, la primera impresión que me ha dado es que es un país norteamericano habitado por ingleses.
¿Por qué? Bueno, Johannesburgo está lleno de autovías de tres y cuatro carriles, llenas de coches japoneses -Toyota, Mitsubishi-, americanos -Ford- y algún europeo -Renault, Volkswagen-. Hay un montón de centros comerciales rodeados de restaurantes de comida rápida. Todo es muy yanki.
La gente, en cambio, se divide entre los blancos, herederos de los colonos ingleses, holandeses y alemanes, que hablan Afrikaans, y los negros, que hablan cuatro dialectos diferentes, según me contó el conductor que me llevaba de un sitio a otro. Sudáfrica, por cierto, tiene 11 lenguas oficiales. Y luego nos quejamos de España.

Por lo demás, todo aquí gira alrededor de la Copa del Mundo que organizan en cinco meses. El aeropuerto está forrado de publicidad de Coca-Cola, todas las compañías sudafricanas pegan su logo al de la FIFA -pagando o sin pagar-, hay una cadena que emite fútbol 24/7 (por cierto, que aquí le dicen soccer, manda huevos), balones de fútbol de todas las formas y colores, incluido uno junto al hotel que en realidad es un globo aerostático. A cualquiera que le digo que soy español, se le iluminan los ojos y me empieza a hablar de lo bien que jugamos al fútbol. La verdad es que, por una vez, da gusto hablar de la selección.
Probablemente sea pan para hoy, y hambre para mañana, pero por lo menos se les ve más ilusionados que a los mamones de los coreanos en 2002.

Por lo demás, aparte del fútbol el otro tema universal es Madiba, o lo que es lo mismo, Nelson Mandela. Y es que a pesar del final del apartheid, se nota todavía que los negros van por un lado, y los blancos por otro. Yo pensaba que la cosa es que los negros se ocupaban de la intendencia -camareros, fotocopias, conductores, obreros- y los blancos en plan jefazos. Luego, hablando con la gente de las agencias de publi, me dicen que entre la mano de obra cualificada, los negros están más valorados, porque son menos y es "políticamente correcto" contratarlos. Así que básicamente los blancos jóvenes están puteados por culpa de la discriminación positiva. Cosas veredes.

Todo el mundo es muy amable, aunque hay una diferencia entre la amabilidad de los blancos, más estilo hipocresía americana, y la sinceridad de los negros, que se pasan el día sonriendo y como poseídos por una inexplicable joie de vivre, un poco como los pobres de la India.
Y ahora que lo pienso, en la de sitios que he estado últimamente, y las pocas cosas que he podido ver...

Avatar, una y no más, santo James Cameron


Si James Cameron sólo hubiera hecho una de sola de sus películas (recordemos que la lista incluye las dos primeras Terminators, Aliens y Mentiras Arriesgadas), ya habría mucha expectación por su última obra. Si a esto se le suman los doce años que han pasado desde su Titanic que se llevó muchos más Oscars de los que merecía, y se le añade que ha hecho la primera película cuyos 250 millones de dólares de presupuesto estaban pensados al 100% para ser proyectados en 3D, el resultado es un hype como el que se está viviendo con Avatar.

Después de un primer intento infructuoso antes de Navidad, hoy volví al cine. A pesar de la cola enorme, conseguí entrada y hueco en una sala de las grandes que estaba hasta la bandera. Gafas de plástico a la entrada y una toallita marca Carrefour para quitarles la mugre acumulada durante la sesión anterior.

Como a estas alturas Avatar está entre las cinco películas más vistas de la Historia, doy por supuesto que la mayoría de vosotros, queridos lectores, ya la habéis visto. Así que sin desvelar ningún detalle -tampoco hay grandes sorpresas, o más bien ninguna- voy al meollo de la cuestión: sí, la experiencia de Avatar es la primera vez que se borran las barreras entre el cine real y la animación. Uno se pasa dos horas y pico inmerso en un bosque lleno de gatos azules. Supongo que, hasta cierto punto, el 3D contribuye a ello -la gente que la ha ido a ver en 2D habla de una peli del montón-, pero es verdad que el nivel de los efectos especiales, creados por Weta cinco años después de El Señor de los Anillos, son impresionantes.
El problema llega en lo de siempre: qué más me dan los efectos, cuando los personajes me importan una puta mierda. Por un lado, es la segunda vez que veo a Sam Worthington en mi vida, y la segunda vez que me deja indiferente. Por el otro, los secundarios, salvo Sigourney Ripley Weaver y el malo malísimo, no aportan nada. No hay ni rastro del humor negro de Mentiras arriesgadas, ni el argumento retrofuturista de las Terminators, ni la acción sin pausa de Aliens. Da la impresión de que Cameron le da a todos los palos, compensando cada secuencia de acción con una intimista, para que nadie salga del cine descontento.

No me queda más remedio que preguntarme por qué estos medios no se utilizan para contar historias interesantes. Si no quedan guionistas imaginativos ya, que relean los libros de historia, y nos hablen de Cortés, de Bonaparte o de Aníbal.

Conociendo el panorama, meto a Avatar entre las favoritas a los Oscar. Al fin y al cabo, ha sido Cameron el primero en conseguir que a) la gente vuelva al cine y b) pague una entrada más cara de lo habitual. 
Yo sólo espero que James Cameron ahora no se acomode en su poltrona y se dedique, como otros grandes ex-directores, a parir secuela tras secuela de este mundo tan intrascendente.

2010: Ctrl+Alt+Supr

- No tener que limpiar la casa (ya conseguido)

- Ganar pasta con FNF

- Pasar más tiempo en LinkedIn y menos en Facebook

- Publicar un artículo en una revista de publicidad

- Cambiar de capital europea

Sergio Canales: el buzz de la semana

Un fantástico Concierto

Esta tarde, ante la ausencia de fútbol potable y desafiando a las nieves perpetuas que decoran las calles de París, me he acercado a La Pagode a ver El Concierto. Para empezar, La Pagode es un edificio inspirado en la arquitectura japonesa, edificado por el dueño de los almacenes Le Bon Marché para su mujer, y ahora reconvertido en salas de cine. Aunque lo de ver cine en ese contexto puede tener rollito, una de las actividades recomendadas era tomarse un té antes o después de la película en la encantadora terraza del lugar. Las mesas estaban sobre la terraza, pero a -6º y con estalactitas colgando de las ramas de los árboles, lo más que podía hacerse era hacer una fogata y abrirse una lata de Nestea.

A todo esto, en La Pagode hay dos salas, y una sola taquilla. De manera que, como una película empezaba 15 minutos antes que El Concierto, decidieron que nos pusiéramos a un lado para que comprasen sus entradas los de la otra sala. Cuando la otra sala se hubo llenado, allí quedaban dos filas paralelas para una sola taquilla, que pronto se fundieron en una masa de gente reclamando su derecho a pasar. Fue uno de esos momentos en los que uno entiende cómo es verdaderamente Francia.

A todo esto, El Concierto es una co-producción franco-rusa. Es básicamente la historia de unos músicos censurados por el régimen soviético, que treinta años más tarde -hoy- viajan a París haciéndose pasar por la orquesta del teatro Bolshoi de Moscú.

A mí, que soy muchas cosas menos sospechoso de gafapastismo, me ha parecido un peliculón. No sólo el guión es a prueba de bombas, sino que los actores, rusos y franceses, están espléndidos. Tiene un montón de momentos cómicos (esa escena genial del doblaje de una película porno en Moscú) y al final se puede hasta mojar el ojo.

Me pregunto cuándo saldrán los nominados a los Oscar. Y, si El Concierto no está entre los participantes a la mejor película extranjera, la estatuilla dorada habrá perdido un poquito más de su brillo.