Argo pasa con Ben Affleck

Nunca me ha caído especialmente bien el actor Ben Affleck. Sin embargo, desde que hace un par de años vi The Town empecé a sentir respeto por el realizador Ben Affleck.

Argo es, como The Town, una película con un ritmo fascinante, de esas que te dejan pegado a la butaca hasta que ruedan los créditos. Una película basada en una historia real que, como The Town, podría haber sido hecha hoy o hace veinticinco años. Actores sobrios -Bryan Cranston con pelo pierde... un pelo-, fotografía cuidada, banda sonora que suma sin estorbar y un montaje milimétrico son los ingredientes de Argo. Más que suficiente para mí. 

Como decía Goldfinger, dos veces son coincidencia. Voy a tener que ponerme un día de estos Gone baby gone y comprobar si la cosa es para tanto.

El Hobbit, una película innecesaria

Nunca es bueno ir al cine con pereza. Las tres primeras películas de El Señor de los Anillos me gustaron sin entusiasmarme, y aún creyendo que la cosa va de más a menos. Después de recaudar muchísima pasta con la anterior trilogía, era cuestión de tiempo que adaptaran El Hobbit (y ojo al Sylmarilion coming soon). Al final no sólo han adaptado El Hobbit, sino que lo han exprimido en tres películas, de las cuales la primera es Un viaje inesperado. Tres horas de viaje con hobbits, enanos y Gandalf perseguidos por orcos a través de Nueva Zelanda. Sólo nos falta Viggo Mortensen para volver a 2001. 

Técnicamente, la novedad de la película es haberla rodado a 48 fotogramas por segundo en lugar de los 24 habituales. Luego está el tema del 3D, que yo hábilmente volví a evitar. Pues bien, visualmente la película está al mismo nivel visual de sus tres predecesoras, lo cual no está mal si pasamos por alto los nueve años que han pasado de El retorno del rey. 

El guión no ayuda en la tarea. No he leído El Hobbit -suficiente tiempo perdí en las páginas de Los Anillos- pero da la impresión que la estructura es exactamente la misma, sustituyendo al Monte del Destino por la Montaña Solitaria y poco más. Sólo hay una escena para el recuerdo, en la que Gollum se enfrenta a un duelo de adivinanzas con Bilbo con un tono más cercano a Monkey Island que a Tolkien. 

Y ahí está el punto fuerte del Hobbit, en el propio protagonista: Martin Freeman, el oficinista de The Office y doble de luces en un rodaje porno en Love Actually lo borda como ser pequeño y peludo, muy superior al melodramático Elijah Wood de la trilogía anterior. El resto del cast está bien, sobre todo un Ian McKellen de vuelta de todo y Andy Serkis y un montón de motion capture como Gollum. 

La pregunta que me queda en la cabeza es qué necesidad tenían de hacer esta película. ¿Artístico? Dudoso, pues la película no tiene mayor interés. Económico, sin duda, puesto que llevan 445 millones de dólares recaudados. Con ventas de deuvedés y tal llegará a 600 fácil. Aún así, otra vez un pálido reflejo de sus predecesoras. 

No tengo ningún interés en ver más aventuras en la Tierra Media. Y aún así -maldita sea- estoy seguro de que iré, arrastrando a mi pereza, a ver la siguiente parte de esta historia interminable. 


Skyfall, un Bond de los viejos

La vi dos veces y publiqué la crítica correspondiente en JotDown.

Taken, take 2.


Por alguna razón que se me escapa, a todo el mundo que vio Taken le gustó. Una película de acción como hay cientos, pero quizá con una mezcla un tanto particular entre la falta de complejos del guión, el ritmo del montaje y un Liam Neeson espectacular, empezando todas sus frases con un "listen to me very carefully..." y acabando por su lista de habilidades muy particulares.

Lo más interesante del fenómeno Taken es cómo la cultura internet ha convertido al propio Liam Neeson en un meme, en un Chuck Norris 2.0, y cómo el actor irlandés ha aceptado encantado el papel, y se cachondea de sí mismo a la menor oportunidad.

Como era de esperar, la segunda parte ha tardado en llegar pero ha llegado. El problema es que, como suele pasar en las secuelas, intenta parecerse demasiado al original. Ahora el giro es que el secuestrado es el propio Liam Neeson, y es su hija la que debe rescatarle. La cosa da para lo que da, hora y media de persecuciones y el antiguo agente de la CIA Bryan Mills matando gente con o sin arma. 

Para el recuerdo queda el método que enseña Liam a su hija para localizarle a base de lanzar granadas en pleno centro de Estambul. Aparte de eso no hay gran cosa, ninguna pelea o persecución particularmente para el recuerdo, ninguna frase como en la primera película. Ni siquiera el malo, el gran Rade Serbedzija (Boris the Blade en Snatch), parece una gran amenaza para una walking killing machine como Bryan Mills. 

Harán tercera parte, seguro. El guión será igual de previsible. Y aún así, iremos a ver a Liam Neeson una vez más. Es lo que tienen los actores con una lista de habilidades muy particulares

The Dark Knight Rises: el verdadero Batman forever

Superman 3 estaba protagonizada por un cómico negro y alcohólico.
En Spider-man 3, Peter Parker cantaba por la calle.
Los ewoks salían en la tercera parte de Star Wars. 
En Robocop 3,  Robocop volaba. 
Y El Padrino parte III es directamente una puta mierda de película. 

Toda esta introducción para explicar hasta qué punto es jodido hacer una tercera parte buena, y más después de dos primeras partes brillantes.

Christopher Nolan venía de reinventar a Batman en cine con Batman Begins, y a hacer una obra maestra que iba mucho más allá del cine de superhéroes en The Dark Knight. El problema era manejar las expectativas de la gente. Como dice Empire en su crítica de la peli, The Dark Knight Rises podía haber tenido un unicornio que echase rayos arcoiris por los ojos, y aún así el personal seguiría diciendo que no es tan buena como The Dark Knight. 

Bueno, pues yo voy a decirlo: The Dark Knight Rises es otro peliculón. 

Si Batman Begins era la puerta de entrada a un universo en el que Batman es creíble, y The Dark Knight era una película de Michael Mann con un payaso, TDKR es una película de acción dentro de una película de catástrofes que cierra la historia de Bruce Wayne, versión Christopher Nolan. Y cómo la cierra. 

Como en las dos anteriores películas, el reparto es tremendo. Si bien Christian Bale me parece mejorable como Bruce Wayne y sobre todo como Batman, los dos secundarios principales (sí, han leído bien), Gary Oldman y Michael Caine, lo bordan. Además, fantásticos los tres fichajes de Anne Hathaway -y su Catwoman en la bisectriz entre Michelle Pfeiffer y la vecina del quinto-, del pobre Tom Hardy, que tiene que basar su interpretación en su físico y su mirada, y de Joseph Gordon-Levitt, que hace serio un personaje que siempre ha sido de risa. 

Otra novedad es la fotografía: TDKR es la primera película de Batman que sucede de día. La música de Hans Zimmer, en cambio, recupera temas ya existentes y añade una pieza tan brutal como el malo de la función, Bane. 

Pero bueno, que el mérito de la función tiene nombre y apellido, y es el de Christopher Nolan. Un tipo que supo ver a Batman como algo más que un personaje de cómic, y supo integrarlo en el mundo real hasta convertir su historia en algo real, en algo creíble. Y lo hizo a través de tres películas increíbles. 

La revancha de los frikis: The Amazing Spider-Man

La película definitiva sobre Spider-Man todavía no ha llegado. Esta es la conclusión que saco después de ver la cuarta versión del trepamuros en diez años. 


Relanzar la franquicia no me pareció mal, porque después del Spider-Man 3 de Sam Raimi, en el que Tobey Maguire iba cantando por la calle, falta le hacía un lavado de cara a la cosa. El lavado de cara se llama Marc Webb y Andrew Garfield. El problema del lavado de cara se llama Vic Amstrong y James Horner. 


Por un lado, tanto director como protagonista cumplen. Webb -qué apropiado nombre para ocuparse del hombre araña, pardiez- parece más interesado en hacer una película sobre Peter Parker que sobre su alter ego. Y, como pasaba en Batman Begins, tarda una hora en sacar al héroe en pantalla. Y, como Batman Begins, consigue que la espera no se nos haga pesada.


Garfield es un Peter Parker totalmente distinto del anterior. Si el otro era un nerd de perfil bajo, éste es un geek de la era Facebook: va en skate, tiene sentido del humor y un pelín de mala leche. Estos dos últimos puntos fundamentales para componer un buen trepamuros.


Lo malo de rebootear una franquicia como Spider-Man, es que hay que hacerlo entero. Aparte de que los productores siguen siendo los mismos, la acción no aporta nada y la música es sonido de fondo. Esto se debe a que la segunda unidad la lleva Vic Amstrong, que para hacerse a una idea de lo fresco del personaje, doblaba a Harrison Ford como Indiana Jones. La música es de James Titanic Horner. Al menos, eso sí, nos hemos quitado de en medio al pelma de Danny Elfman.


En fin, que aún dejándose ver, The Amazing Spider-Man no está al nivel de otras pelis de Marvel como la primera Iron Man o la precuela de X-Men que vimos el verano pasado. Así que a la espera de que alguien se decida a hacer la película de Spider-Man definitiva, seguiremos esperando la conclusión de la trilogía de Batman made in Christopher Nolan.

Prometheus y el efecto overpromise

Varias precisiones preliminares sobre Alien:
- tardé veinticinco años en ver Alien, y eso a pesar de que se rodó tres años antes de que yo naciese. 
- la mejor me parece la segunda, con James Cameron convirtiendo una saga de terror una película de acción acojonante
- la cuarta me negué a verla por ser del mismo realizador que Amélie.


Dicho lo cual, me apetecía mucho ver Prometheus. Entre otras cosas porque, aparte del gran Ridley Scott, uno de los protagonistas es Michael Fassbender, posiblemente el mejor actor ahí fuera hoy en día.  Prometheus se anunció durante mucho tiempo como un proyecto de ciencia ficción totalmente independiente de cualquier película. Sin embargo, hace ya unos meses que Scott admitió que, efectivamente, él también se había subido al carro de las secuelas. Y, honestamente, me parece más el carro de Star Wars que el de El planeta de los simios. 


Vaya por delante que, visualmente, la película es la rehostia. El diseño de vestuario, la fotografía, los decorados, los efectos... todo una pasada. A partir de ahí, la cosa decae. Sobre todo por el guión, creo yo. Aún a sabiendas de que se trata de la primera de una trilogía que debería llevar hasta el Nostromo de Alien 1, creo que deja demasiadas cosas en el aire y el guionista del invento se fuma bastantes puros.


Creía que Prometheus iba a ser la película del verano, y acabó siendo, como decimos en publicidad, un overpromise. Ahora ya sabemos que ese título va por defecto al nuevo y último Batman de Chris Nolan. Esperemos.

Los Vengadores: las partes y el todo

Iron Man, Hulk, Capitán América y Thor. Todos ellos con su(s) propia(s) película(s), todas ellas comentadas en este blog. Los Vengadores (que creo que en España mantiene su título en inglés, vaya usted a saber por qué) es una reunión de las virtudes y los defectos de cada uno de esos títulos. 


El resultado de Los Vengadores es que la suma de sus partes es lo que prometía: dos personajes mal concebidos, mal escritos y mal interpretados -Thor y sobre todo el Capitán América-, un personaje mejor de lo esperado -el Bruce Banner / Hulk de Mark Ruffalo- y un personaje maravilloso como siempre -Robert Downey Jr / Iron Man-. 


El problema de las películas corales es que es muy difícil conseguir que a uno le interesen no ya cada personaje de manera individual, sino la interacciones entre ellos. Por eso hay que reconocerle el mérito a Peter Jackson y su Señor de los Anillos. El caso de los Vengadores no es el mismo: en la primera mitad de la cinta da la impresión de que Josh Whedon, el director de la función, cronometra el tiempo en pantalla de cada personaje, saltando de uno a otro según marque el reloj. Así que, con contadas excepciones, me aburrí bastante en toda la parte introductora de buenos, malos, amigos y enemigos. 


Eso sí, si pasamos por alto el guión escrito en torno a un MacGuffin guarro al más puro estilo Transformers, y nos olvidamos del papelón del pobre Chris Evans, que es tan expresivo como lo que es, una bandera estadounidense con patas, los Vengadores tiene sus momentos. Los mejores, siempre, protagonizados por Tony Stark y por Hulk. Y la batalla final, que es un in your face en toda regla a Michael Bay.


La duda que me queda es qué pasaría si en esta película hubieran tenido cabida los otros dos personajes clave del universo Marvel, Lobezno y Spider-Man, cuyos derechos fueron vendidos de manera separada para sacar más pasta, y ahora seguro que en Marvel se dan cabezazos contra la pared. 


Así las cosas, no me he quedado con más ganas de Vengadores... y en cambio no puedo esperar para otra ronda de Iron Man.


PD: la imagen que dejo es de una maravillosa campaña de promo de la película, cortesía de la agencia Wieden & Kennedy para el supermercado Tesco. La campaña entera está aquí.

El Cuarto Jinete, o cómo lograr que me guste una historia de zombis

Escribo estas líneas desde mi enohpi por ausencia de toda conexión a internet en mi nueva casa.
Acabo de acabar El Cuarto Jinete, la primera novela que le publican a mi compinche Blaski.
Antes de entrar en el libro, un poco de historia. Si bien es verdad que en lo cinematográfico coincidimos al 99%, en literatura Blaski es un tipo que afirma que "La ficción es y será mi única realidad" mientras que a mí me suele apasionar más la Historia con hache mayúscula. Aún así, los dos somos fans de las aventuras de Dirk Pitt.

No nos vamos a engañar: jamás pensé que leería un libro de zombis. De hecho cuando empecé ECJ no sabía qué cojones era un zombi. Después de leerlo, me queda la impresiòn de que son como vampiros tontos. De hecho, ni siquiera saben abrir puertas cual velocirraptor.
En fin, al tema.

El Cuarto Jinete me ha gustado contra todo pronóstico. Y digo eso porque Blaski hasta ahora había sido mucho mejor escritor de historias cortas que de relatos largos. Su otro defecto, los diálogos poco naturales -"Esta situaciòn es jodidamente comprometida" y cosas así- lo ha ido puliendo con el tiempo, y quiero pensar que mejoró decisivamente gracias a horas de diálogos para Independizados.

Lo que más me sorprende de la novela es el narrador. Como he dicho, no soy un gran lector de ficción y probablemente una solución parecida ya se le había ocurrido a Stephen King. Pero para mí la cosa es nueva. Es el paso más allá que un narrador omnisciente, y me recuerda a aquel cowboy en El Gran Lebowski que al final se acaba tomando una zarzaparrilla con el protagonista de la historia. Es obviamente tramposo, porque facilita enormemente la narración, pero le da al libro una sensación cinematográfica que lo hace muy fácil de leer. Egoístamente, me sentí comp si el propio Blaski estuviese ahí, contándome la historia, como me contaba otras historias (que en lugar de muertos vivientes incluían mujeres de pelo azul) enas mañanas de resaca que pasamos juntos.

El mayor problema que he tenido al leer el libro no han sido los zombis, sino los personajes. Y es que ECJ no es un libro de zombis, es un libro de personas que luchan por sobrevivir entre 3.000 muertos vivientes. Sin embargo, hay taaaantos personajes que me cuesta engancharme. Ahí se agradece eae narrador que te recuerda quién es quién de cuando en cuando. Pero bueno, aún así hay personajes memorables, como el de Brad Blueman, periodista corrupto y tramposo, y sin embargo entrañable. O Elvira nosferatu Tuckson, cuya casa visitamos con gran pompa al comenzar la novela en plan AQUÍ ARDE TROYA y al final la pobre palma a manos de un jardinero zombi a las primeras de cambio.

Aunque con lo que más he disfrutado es sin duda con algunas muertes. Es más, el hecho de que ningún personaje me cayese demasiado bien hizo que esperase la muerte de cada uno. Dos muertes destacan por encima de las demás: la del niño malo al empezar la invasión (aunque no se menciona que se convirtiese en zombi, quiero creer que sí y vive para vengarse) y la del pesado del cura, que después de mucha diserción teológica muere en plena plegaria.
También disfruté con la historia de los dos amantes de los que uno -no diré quién para no spoilear más- se convierte en zombi. Quiero pensar que el vínculo de esa subtrama con aquel (fantástico) guión que Blaski tituló El Club no es casual. Y es precisamente esa historia la que cierra el libro. O la que da paso a una segunda parte.

Yo, en cualquier caso, acabé el libro satisfecho como lector y orgulloso como amigo. Y si hay segunda parte, ahí estaré.

La parte del otro: ¿y si Hitler hubiera sido Adolf H.?

Hoy va de libros. Aprovechando que sale a la venta El Cuarto Jinete, de mi compinche Blaski, he decidido hablar del último libro que he leído: "La parte del otro" (La part de l'autre), del francés Eric-Emmanuel Schmitt.


El texto es una ucronía, un what if que juega con la posibilidad de que en 1908 Adolf Hitler no hubiese sido rechazado en la Academia de Bellas Artes de Viena. Lo interesante, más allá del planteamiento, es la fórmula del invento. Mientras la mayoría de ucronías acaban siendo una ficción demasiado alejada de la realidad como para que pueda resultarme interesante, "La parte del otro" cuenta al mismo tiempo las dos historias: la de Adolf H., pintor de éxito en París, admirado por la burguesía judía de su época, y la de Hitler, dictador, iluminado y suicida.


Junto a la no admisión en la Academia de Bellas Artes de Viena (que convirtió a Hitler en un amargado cuyo fracaso justificaba en que su verdadero talento era la arquitectura), el otro punto de inflexión en la vida del bigote austriaco es su relación con las mujeres. Así, mientras el verdadero Hitler mantenía una relación enfermiza con ellas (provocó el suicidio de su sobrina al anunciarse que se casaría con él), Adolf H. se sacude los complejos tras ser psicoanalizado por Sigmund Freud, y se convierte en un imán para las mujeres. 


En fin, un libro realmente fantástico. Realmente. Fantástico. 

The Grey: Liam Neeson (contra)ataca

Desde que vi Taken tengo una especial debilidad por Liam Neeson. Quizá la cosa venía de antes, de su papelón en Love Actually. O quizás por ser de lo poco rescatable de La Amenaza Fantasma. En cualquier caso, Taken le convirtió en un héroe de acción fundamental.


Así que cuando anunciaron The Grey, me pasé meses esperando el estreno de la que en internet titularon extraoficialmente "The Wolf Puncher". Y la verdad es que valió la pena. 


The Grey es, sin duda, la película más intensa que he visto en los últimos tiempos. No intensa de acción -puesto que no sucede gran cosa- sino intensa precisamente por aquello que esperas que pase... y casi nunca llega. 


A diferencia de Taken, que era una maravillosa cinta de acción que en ningún momento se tomaba en serio, The Grey es una historia de un realismo escalofriante, y he ahí su fortaleza: consigue que el espectador pase el mismo frío y la misma angustia que los protagonistas. Aunque, eso sí, los once euros pagados garantizan salir con vida de la sala.


Liam Neeson, protagonista absoluto de cada una de las escenas de la peli, justifica su sueldo bordando el papel de John Ottway, un tipo que se gana la vida defendiendo a los trabajadores de una instalación petrolífera del ataque de lobos. Cuando sufre un accidente de avión en medio de las montañas, Ottway y una serie de supervivientes tienen que enfrentarse a una manada de lobos. A partir de ahí, lo demás es un cruce de "¡Viven!" con "Diez Negritos" con Liam Neeson de protagonista. Y sólo por él, ya vale la pena comprarse la entrada. 

Chronicle: superhéroes como nosotros

X-Men meets Heroes meets La Bruja de Blair. 
Con este planteamiento me fui a ver hoy, noche de Oscars, una película que no entra en el radar de la Academia: Chronicle. 


Se trata de un falso documental sobre tres adolescentes que reciben superpoderes y tienen que aprender a la fuerza aquello que decía el tío de Spider-man de que todo poder conlleva una responsabilidad. De hecho uno de los personajes explica en un momento dado que los superpoderes son como un músculo: hay que hacerlo fuerte poco a poco, o se corre el riesgo de que se rompa.


Dicho esto, Chronicle vale la pena. Es la primera vez, Batman Begins incluido, en el que me creo a pies juntillas el arco que lleva a tres pajilleros a convertirse en superhombres. Eso sí, lo del estilo de falso documental me parece totalmente prescindible, porque una cosa es creerse la historia dentro del marco de ficción y otra llegarse a plantear que la cosa es real... lo que en La Bruja de Blair, que me pilló con quince años y sin escepticismo googleiano, sí que sucedía.


En cualquier caso, antes del atracón de máscaras y leotardos que nos vamos a pegar este verano entre The Dark Knight Rises, The Amazing Spider-Man y Los Vengadores, Chronicle -como Kick Ass en 2009- viene bien para desengrasar el género y hacernos creer que otro tipo de película superheróica es posible.




J Edgar: la larga vida del oficinista

J Edgar Hoover fue, durante años, el tipo más influyente en la política norteamericana. Desde su despacho de director del FBI acumulaba montañas de información privada de políticos, banqueros, actores y un largo etcétera, recogida de manera mayoritariamente ilegal a lo largo de cuarenta y ocho años de mandato. 


El problema de todo esto es que casi todo lo hizo sentado en una silla, con un teléfono a su lado. Y con semejante panorama es difícil hacer una película.


Quizá es por eso que Clint Eastwood parece interesarse más por el lado personal de Hoover, atrapado entre una madre ultraconservadora (y que acojona, puesto que la interpreta Judi Dench) y una cierta pulsión homosexual.


El segundo problema de la película es, para mí, el cásting. Contratar a Leonardo Di Caprio para encarnar al protagonista me parece un error de bulto. Di Caprio es demasiado conocido y tiene demasiada mili a la espalda como para resultar creíble. Además, más o menos la mitad del metraje -que se estructura en torno a demasiados flashbacks y flashforwards- muestra a un anciano Edgar Hoover, lo que implica un Di Caprio maquillado hasta el absurdo. 


En fin, que J Edgar me parece un biopic fallido. Lo cual no quiere decir que a Leonardo Di Caprio no le pueda caer un Oscar por ello. 

Misión imposible con estos mimbres

Le tengo un cierto cariño a la saga de Misión:Imposible. La primera me pareció maravillosa, una especie de James Bond con una trama más cerebral y tramposa. La segunda fue como una montaña rusa, descerebrada pero espectacular. Luego llegó Bourne y redibujó el panorama del cine de espías, haciéndolo más realista, más sucio. Bond respondió con Daniel Craig y Casino Royale, M:I con una tercera parte mucho más intensa que cualquiera de sus predecesoras que se abría con una escena de tortura cojonuda. 


Al igual que Bond, las películas de M:I siempre tienen un director diferente. A diferencia de Bond, los guionistas de M:I siempre son distintos. Y una cosa es darle un guión parecido a Brian de Palma, John Woo y JJ Abrams, y otra que cada película se parezca a la anterior en que sale Tom Cruise y poco más. 


En esas estábamos cuando se estrenó Misión:Impossible 4: Protocolo Fantasma. El director elegido esta vez es Brad Bird, que venía de firmar una película que podía haber sido genial y que en cambio es aburridota como Los Increíbles. 


Por su parte, el guión podría ser perfectamente el de uno de los Bonds de Pierce Brosnan, product placement de BMW y Apple incluidos. 


Pero lo que más me ha sorprendido de la película es la poca acción que hay. Poquísima. Y en una película así, o contratas a Paul Haggis para que te escriba los diálogos como hicieron en Casino Royale, o tienes un guión a prueba de bombas, o tienes un Michael Bay moviendo la cámara. Y M:I:4 no tiene ninguna de las tres cosas. 


Después de cuatro películas, dos cosas son evidentes:
1) Tom Cruise tiene 50 años y se empieza a notar. Si el relevo es Jeremy Renner -que ya tiene 40- mal vamos.
2) Ya nadie sabe de qué va la saga Misión:Imposible. ¿Es cine de espías para adolescentes? ¿Es cine de acción inteligente? ¿Es parodia de 007 y Jason Bourne? Personalmente creo que el desafío como el título indica, es 
conseguir plantear escenarios inconcebibles para el espectador a priori, y que sin embargo después se resuelvan de manera creíble. 


No sé qué taquilla hará este M:I:4, y tampoco sé si Tom Cruise resistirá una entrega más. Yo si fuera el propio Cruise, a la sazón productor del invento, haría lo que nadie ha tenido el coraje de hacer hasta la fecha: envolver Misión:Imposible 5 con un lacito y regalársela a Quentin Tarantino.


PD: de imagen os dejo lo mejor de la cinta, las dos mozas del invento. Cada una en su estilo, tremendísimas.

Unbroken: el libro de 2011

A diferencia de mi gemelo malo, no acostumbro a escribir sobre lo que leo. Desde 2010, es verdad, apunto en la columnita a la izquierda de estas líneas los títulos de los libros que voy leyendo.

En esa lista sólo están los libros que acabo, pues desde hace años decidí no perder el tiempo acabando historias que no me gustan o interesan. Así, he abandonado tres o cuatro libros desde enero pasado.

"Unbroken", en cambio, es de esos libros que uno no olvida. Si Louie Zamperini, el protagonista de esta historia real, hubiese vivido solo un tercio de las cosas que le han pasado, ya habría valido la pena escribir sobre él. Un tipo que participó en los Juegos de Berlin en el 36 y acabó dando la mano a Hitler, que se hizo bombardero en la Air Force americana después del ataque a Pearl Harbor, que sobrevivió 47 días en una balsa en el pacifico, bebiendo lluvia y comiendo gaviotas, que resistió 25 meses en campos de concentración en Japón, y que hoy, a los 94 años, vive para contarlo.

No os digo más. Id a una librería, compradlo ("Invencible", en castellano), y alucinad con la increíble historia de Louie Zamperini.

Tintín: GRACIAS Mr Spielberg

Vaya por delante que una de las dicotomías que me corroen por dentro -creo que de esto ya hemos hablado aquí- es la que separa a Tintín de Astérix. Pues bien, desde que ayer vi El Secreto del Unicornio, versión Spielberg, la dicotomía está un pelín decantada hacia el reportero belga dibujado por Hergé.


La película me ha parecido, sencillamente, tal cual yo lo imaginaba cuando recorría las viñetas de Hergé con mis ojos de niño primero, y de (algo) mayor también. Como me la describió mi tintinófago amigo Sebas, la película es sobrecogedora. Y así me sentí en el cine, con la boca abierta y acertando sólo a mascullar "joder" de vez en cuando. 


Además, El Secreto del Unicornio siempre fue mi álbum favorito de Tintín, con ese velero con un unicornio en proa y toda la historia que lleva a descubrirnos Moulinsart por vez primera. Para ser estrictos, la película es una mezcla de las historias de El Secreto del Unicornio, El Tesoro de Rackham el Rojo y El Cangrejo de las Pinzas de Oro. Sin embargo, el guión está tan bien tejido que parece que los tres álbumes jamás hubiesen sido publicados por separado. 


Siempre he sido muy de Spielberg, aunque tras la última y penosa aventura de Indiana Jones me empecé a plantear si no se estaría haciendo mayor. Cual paloma de Alberti, me equivocaba. Vaya si me equivocaba. Tintín es sin duda la mejor película de aventuras que he visto en años, me pregunto si desde -glups- La Última Cruzada. Todo es perfecto desde los maravillosos títulos de crédito hasta el gran primer plano de Milú con el que, como hacía Hergé, cierra la historia.


La pregunta es ¿qué opinarán de ella los pobres desgraciados que nunca leyeron a Hergé? Spielberg explicaba en una entrevista que la idea es que se acerquen a la película como lo hicieron a, por ejemplo, Shrek, con la ventaja añadida de descubrir el universo de Tintín por vez primera. En cualquier caso, para los tintinófilos, la película es una delicia de guiños (¡Hergé caricatura a Tintín! ¡Un periódico habla del Cetro de Ottokar! ¡Latas de cangrejo en conserva! ¡Un jarrón de China!) que invita a no pestañear en todo el metraje.


¡Y los personajes! Tenía mis dudas en este punto, porque a) dudaba que la recta moral norteamericana fuese a sacar a Haddock bebiendo whisky Loch Lomond; b) Hernández y Fernández podían ser cargantes o si c) Milú sería el típico animal que no se sabe muy bien qué pinta. Además, no tenía nada claro que fuesen a sacar el flashback al Caballero de Hadoque, sin duda mi parte preferida del libro. Pues todo esto es tal cual debería ser. Incluso los secundarios (Allan el contramaestre, Néstor el mayordomo, la Castafiore) son tal cual los pintó Hergé. Y la batalla de Hadoque contra Rackham el Rojo es magnífica, probablemente la mejor batalla naval que yo he visto en una sala de cine. 


En fin, que no puedo recomendaros suficientemente que la veáis. El Tintín de Spielberg es de esas cintas mágicas que te devuelven la capacidad de emocionarte delante de una pantalla como cuando eras un niño. Y de esas hay muy, muy pocas películas.

Películas y generaciones

He visto por fin Lawrence de Arabia. Tenía 216 razones para no verla, tantas como minutos de metraje tiene la película. Aún a riesgo de que suene petulante, me cuesta encontrar tres horas y media para pasarlas delante de una película. 

Los estudios dicen que pertenezco a la generación Y, esa en la que los niños nos criamos entre ordenadores, videoconsolas y mandos a distancia. Y reconozco que me cuesta mucho mantener la concentración durante más de dos horas. Demasiados estímulos externos -internet, móvil, etc.- y demasiadas cosas en la cabeza pendientes por hacer. 

Aún así, me senté conmigo mismo a ver la que dicen es la obra maestra de David Lean. La película que se disputa con Ciudadano Kane y alguna otra el honor de ser La Mejor Película de la Historia del Cine. La favorita e inspiración de Steven Spielberg. Guau.

La historia me la sabía antes de verla: TE Lawrence, oficial del ejército inglés que lideró la insurrección de los árabes contra los turcos en la Primera Guerra Mundial. Suficiente para que me interesase. 

La cosa es que, hablando pronto y mal, Lawrence de Arabia me ha parecido un aburrimiento. 

Sé que es políticamente incorrecto decirlo y probablemente merezco que me lapiden a los pies del Muro de las lamentaciones, pero qué queréis que os diga. Esos planos interminables. Esa acción estática. Esas secuencias que no aportan nada. Esos actores que parecen recién salidos de una representación de Othello en un teatro londinense. Ese Obi Wan Kenobi haciendo de árabe. Esa música machacona. Esas tres horas y pico de peli. Se me ha hecho duro.

Una de mis grandes ilusiones es sentarme un día con mis hijos y ponerles todas esas películas que me hicieron amar el cine desde que era pequeño: Indiana Jones, Regreso al Futuro, las veintidós de 007, el Lebowski, Toy Story, Superman II, Jurassic Park... los que me conocéis ya sabéis de qué hablo. Y después de haberme aburrido con Lawrence de Arabia, una película realizada sólo veinte años antes de que yo naciera, me pregunto si algún día mis hijos no bostezarán viendo las películas con las que yo crecí. Ahora al menos sé que no les culparé por ello. 

Es más, me temo que serán ellos los que tendrán que sentarme a ver sus películas favoritas, y no al revés.

Drive: ¿y si Michael Mann hubiera dirigido Transporter?

Hoy he hecho algo que me encanta y que, por mi amor por el control de las situaciones, no suelo hacer: ir al cine a ver una película sin haber visto antes el tráiler. 


Drive se llama la afortunada. Protagonizada por Ryan Gosling, al que hasta que no he mirado su ficha en IMDB creía que había interpretado a Shaggy en Scooby Doo, y dirigida por un realizador danés que se llevó la Palma de Oro en Cannes al mejor realizador por esta peli.


Si tuviera que resumir Drive en una frase, diría que es la intersección entre Transporter y el Collateral de Michael Mann.


Drive es la historia del personaje de Gosling, un tipo que es doble de acción en Hollywood y mecánico de coches de día, y chófer de criminales de noche. Gosling, que entiendo que tenga su público, no mola tanto como Jason Statham.


La historia, por mucho pajilleo en torno al guión que estoy seguro irá in crescendo en los próximos meses, es bastante corriente, e incluye varios de los clichés que hemos visto en el cine de acción más palomitero: el ex-convicto, el malo malísimo, el maestro jedi, la chica traidora... Con todo, los secundarios televisivos (Bryan Cranston, Christina Hendricks y Ron Perlman) se salen como era de esperar. 


Aunque sin duda lo que queda en la retina de Drive es la mano de su director, el (para mí) desconocido Nicolas Winding Refn, que se toma su tiempo en cada plano sin hacer que al espectador se le haga larga la espera hasta el siguiente corte. Lo contrario que el cine de acción actual, que parece editado por la asociación de montadores epilépticos de Los Angeles. Quizá Winding Refn a veces peca de preciosismo, incluso puede resultar un poco petulante en su manera de enfocar según qué escenas, pero viniendo del mismo país que el soporífero Lars Von Trier, vamos a darle un margen.


Me ha parecido tan original la peli, que voy a pasar por alto que los títulos de crédito del principio estén escritos en Mistral, probablemente la tipografía más guarra de las que incluye Microsoft Office, después de nuestra detestada Comic Sans.


Ah, y ojo a la música de Drive, clara candidata a mejor banda sonora de 2011. 


En fin, Drive es la nueva película de la gente cool. Y si no, al tiempo.

Carpe diem.


“Your time is limited, so don't waste it living someone else's life. Don't be trapped by dogma - which is living with the results of other people's thinking. Don't let the noise of other's opinions drown out your own inner voice. And most important, have the courage to follow your heart and intuition. They somehow already know what you truly want to become. Everything else is secondary.”
Steve Jobs 
1955-2011

Horrible bosses: motherfucking risas

Hacía tiempo que me apetecía ver una comedia chorra, de esas que apagas el móvil y el cerebro al entrar al cine y te pasas dos horas descojonándote sin motivo aparente. Y ésta es del nivel de descerebre visto en "The Hangover", que si no me equivoco en España fue creativamente traducida como "Resacón en Las Vegas". 


La película elegida ha sido "Horrible Bosses", una comedia farrellyesca protagonizada por Jason Bateman, Jason Sudeikis y otro tipo chiquitín. Los tres tipos bordan sus respectivos papeles, pero como era de esperar la función la roban Jennifer Aniston, Kevin Spaceym Colin Farrell y, sobre todo, Jamie Foxx en sus papeles secundarios. La historia es bastante simple: Spacey, Aniston y Farrell son los jefes de los tres protagonistas, a los que hacen la vida imposible. Y Jamie Foxx es un consultor de asesino llamado Motherfucking Jones, nombre que me hizo reír a cada vez que lo pronunciaron en pantalla.


Que no, que probablemente no vale la pena pagar una entrada de cine para ver esta peli, pero que a veces una sala del cine, sin teléfono, ni internet, ni prisas, es la única manera de pasar dos horas concentrado tan sólo en dejar salir tu propia risa.