Mi conclusión después de ver esta película es que a mí el Eastwood que me gusta no es el que mueve la cámara, sino el que hace que la cámara se mueva poniéndose frente a ella. En Gran Torino, que me cuesta un poco decir que esté dirigida por Clint, quien pasa el 95% del metraje dentro de plano, Eastwood interpreta el mejor papel de su vida. El mismo Guapo de El bueno el feo y el malo, el mismo Harry de Harry el Sucio y el Munny de Sin perdón. No le hace falta hablar mucho; sus gruñidos transmiten más que sus palabras.
Inciso: cómo me gustaría que Clint hiciese del Batman viejo de El regreso del Señor de la Noche como se rumoreó en su momento...
En Gran Torino encontramos a un Eastwood jubilado, recién enviudado, de vuelta de todo y sin más objetivo vital que disfrutar de lo que le queda. Sin entrar en los detalles, Gran Torino está en algún lugar entre el thriller y la comedia, entre el melodrama y la crítica social. Tiene momentos cómicos brillantes (por ejemplo, el personaje de Clint se pasa media película llamando Toad (sapo) a un chaval chino) y escenas dramáticas contundentes, como la (pen)última de la película que no comentaré.
Al final, uno se da cuenta de que el Gran Torino del título es el propio Clint Eastwood. Mayor, cierto, pero como el coche que da nombre a la película, sigue ganando valor con el paso de los años.

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