El verano cinematográfico echó por fin su telón para mí anoche, cuando vi Inglourious Basterds, la última de Tarantino. Tarantino + Segunda Guerra Mundial es a priori un cóctel explosivo, y encima Brad Pitt aparecía como protagonista en los posters. Hablando del tema, alguien tendrá que explicarnos por qué demonios en la versión francesa del cartel de la película han decidido quitar la esvástica que aparece dentro de la O del título originalmente. Parto de la base de que IB dura dos horas y media. En cualquier otro director -Spielberg incluido- me parecería una locura, una ida de olla. En el caso de QT, me dije qué coño, Kill Bill y Pulp Fiction también eran películas largas y al salir parecía que habían durado un suspiro.
No es el caso de los Bastardos. La película está dividida en capítulos, como suele hacer Tarantino, y casi me atrevería a decir que cada capítulo es una escena de veinticinco minutos. Alguna tremenda -el interrogatorio a los soldados alemanes en el bosque- y otras -las demás- sencillamente demas
iado largas.Además, no tardamos en descubrir que, en realidad, Brad Pitt no es el protagonista de la peli. Aunque eso al final no es necesariamente malo, porque Christoph Waltz borda el papel de oficial cazajudíos nazi, aunque sí es verdad que nos quedamos con ganas de más minutos de Brad, que se nota que está tan en su salsa como hace unos años en Snatch.
De hecho, me quedé un poco sorprendido de que los Bastardos Sin Gloria al final fuesen un accesorio más -y como todo accesorio, posiblemente prescindible- del guión de Tarantino.
Aún pasando por alto todas las incoherencias del guión de QT -ese pastor francés que habla inglés perfectamente, ese Hitler en París en junio del 44-, la música por primera vez intrascendente e incluso dejando de lado lo previsible del guión, el principal problema de IB es su ritmo. Supongo que Quentin, siempre obsesionado con hacer versiones modernas de los spaghetti westerns de Sergio Leone, estaba convencido de que su habilidad para el diálogo le permitiría mantener al personal pegado a la pantalla. En mi caso personal, no fue así: encontré a mi cerebro en la escena cumbre de la película divagando sobre cosas totalmente alejadas de lo que aparecía en pantalla.
Y luego, una vez más, está el mensaje de fondo sobre los judíos asesinados por los nazis. Que sí, que fue una putada, que pobre gente... pero también hay que recordar que por cada judío muerto en la Segunda Guerra Mundial, hubo diez víctimas que no eran de esa religión. Un día habría que hacer las cuentas para ver cuántas películas sobre la IIGM narran el Holocausto. Me juego el cuello a que son bastantes más del 10%.
En fin, que el autor de estas líneas se va una semana de vacaciones a la maravillosa isla de Menorca. Para ambientarme, he empezado a leer un libro sobre la isla durante la Guerra de Sucesión. A la vuelta más. Sed buenos.

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