Scotland on my mind


Me he pasado una semana en Escocia, adonde me apetecía ir hace tiempo. Y he de decir que mis expectativas se han visto totalmente colmadas y, en varias ocasiones (St. Andrews, OMG), sobrepasadas.

¿Qué tiene Escocia? Pues lo que todos ya sabemos: castillos ruinosos, praderas infinitas, lagos a triscapellejo, macs por todas partes, inglés pronunciado con erre, güisquis miles y minifaldas a cuadros en las tiendas para hombres.

¿Es diferente a Inglaterra? Pues la respuesta es un clarísimo no lo sé. Es muy distinto en cuanto al planteamiento de las ciudades: Escocia tiene una capital muy estilosa, y una serie de pueblecitos encantadores que los ingleses, salvo contadas ocasiones, adolecen. Por otro lado, la comida es muy parecida. O lo que es lo mismo, es tan infame como la inglesa. Me di el gustazo de probar el haggis, una especia de picadillo de morcilla, y me encantó. Pero claro, una semana a base de haggis no la soporta ni William Wallace.

Y hablando de William. Con mucha voluntad integradora, revisé Braveheart antes de salir. Fenomenal película, superior al Robin Hood de Kevin Costner en mi opinión. Lo que pasa es que luego uno llega sobre el terreno y descubre que a) la batalla de Stirling, en la que Wallace le enseña el culo a los ingleses, fue sobre un puente y no sobre un prado; b) los escoceses no empezaron a llevar falda hasta siglos después de William y sus amigos; c) los escoceses dejaron de pintarse la cara de azul para los combates 800 años antes de Wallace y sobre todo d) William Wallace era un paisano barbudo de metro y medio (ver foto), más parecido al Cid Campeador que a Mel Gibson.

Independientemente de eso, lo que más me ha llamado la atención de Escocia es su condición de nación dentro de una nación, y el contraste entre su situación y la situación de Catalunya. En Escocia sólo he visto dos union jacks: una en el castillo de Stirling, y dos, en el castillo de Edimburgo. Ni en los hoteles, ni en los restaurantes, ni por las calles. Nada. Y, sin embargo, todo el mundo hablaba inglés. Con sus acentos. Con sus velocidades. Con sus borracheras. Inglés. Y los que hablan gaélico, o lo que sea el idioma inteligible que gastan en el norte, lo hablan entre sí.
Por lo demás, Escocia es, de facto, una nación independiente. Y no he visto ni banderas inglesas quemadas, ni pintadas que reclamen libertad, ni por supuesto escoceses pintados de azul hostigando a la policía.

Me hubiera gustado enterarme en profundidad del tema de los impuestos, las subvenciones y otras levas, pero me temo que tendré que esperar a una próxima visita.
Visita que, a la vista de lo fantástica que es Escocia, pienso hacer.

3 comentarios:

Anonymous said...

Peazo de viaje tronco ¿estuviste en el lago Ness? ¿Se parece el bicho al que sacó Ted Danson en su peli?

Por cierto, una pregunta impertinente que no tiene nada que ver con el viaje: tu teclado no tiene "ñ" ¿verdad?

;-D

adrimedia said...

jaaaaaajajajaja es para no herir sensibilidades ya sabes...
tienes una foto de nessie en mi facebook, échale un ojo.
besos rey

Hopewell said...

Que a ver si la próxima vez que me llames eres capaz de vocalizar... demagogo...