A day in the brands


El otro día estuve viendo en Canalsat la versión de American Psycho que protagonizó Christian Bale. Fue, por cierto, la primera peli que vi en el cine cuando llegué a Madrid, hace ya casi 9 años, y que luego homenajearíamos en el corto Espanis sico, pero esa es otra historia.
La verdad es que, sin tener un guión muy allá (cierto es que el texto original de Bret Easton Ellis es un referente como historia que va de más a menos), la película se sostiene exclusivamente por la interpretación de Bale. La cara de psicópata la borda, el tío.


Total, que en la película, como en la novela, se hace alusión continuamente a las marcas de las cosas que el protagonista usa. Dicen que somos lo que consumimos, así que puede tomarse esto como un psicoanálisis:

A las 7:50 suena mi despertador Philips. Lleva conmigo unos doce años, pero todos mis intentos de reemplazarlo por algo más glamouroso han sido en balde. Me preparo el desayuno: tostada con queso de untar, marca blanca del supermercado donde compro, y Cola Cao turbo traido de España. Sospecho que Nesquick les vende el producto.

Me ducho utilizando el gel con olor a melón -fresco, con un contrapunto dulce y cítrico- de The soap story, una tienda jabonera de amigos santanderinos.

Me visto, hoy con unos Levi's y unas converse negras. Casual Friday.

Agarro mi bolsa, marca Dockers -que también aspiro a reemplazar, pero se resiste-, mi móvil de empresa, Sony Ericsson y me enchufo el iPod. El disco de Joe Crepúsculo, que lo tengo de deberes. Sobre la cabeza, mi gorro Quiksilver gris, que cumple su función y no me hace parecer Eminem.

Subo al metro, que está moderadamente lleno, y leo el gratuito Direct Matin. Es el único que dan en mi parada. No recuerdo ningún anuncio de los muchos que pagan la edición de ese periódico. Bueno, sé que la contra es entera de un operador de telefonía móvil, pero no sabría decir si Bouyges o SFR.


Llego a la agencia y enciendo el ordenador Hp, marca que es a la vez proveedor y cliente.
A media mañana me tomo un café en la máquina de Nespresso. Idéntico caso que el de Hp. Afortunadamente no soy nada gourmet de café, porque me da la sensación de que ése debe ser bastante malo.
Dado que es viernes, comemos fuera de la cantina de la agencia. Chino genérico, pero dan un arroz cantonés estándar -esto es, bueno- y una sopa picante que me deja con el estómago tocando palmas toda la tarde. Me bebo una cerveza que me dicen que es tailandesa, pero no recuerdo la marca. Un poco aguachirri, para qué nos vamos a engañar.

Por la tarde/noche voy a jugar al fútbol. Me puse pantalón Austral del Racing, herencia de cuando mi amigo Juan jugaba en el b, camiseta Joma de la 07-08, y botas Nike, que encuentro más cómodas que las Adidas. El balón, que no es mío, es un Kipsta, la marca de Decathlon. Me parece demasiado pesado. Me hago una microrrotura de fibras en el cuádriceps derecho en el minuto tres y me paso el resto del partido de portero.


Luego llegando a casa, paro en McDonalds, McDo para los franceses, y compro un McFlurry de M&M's. Sobre el eterno debate McDo-Burger King, me quedo con los accesorios de McDo y las hamburguesas y patatas de BK. La mala noticia es que en Francia no hay BK...


Al llegar a casa y enciendo la tele, una Sony Bravia, y sintonizo Calle 13 (Rue 13 aquí) para quedarme placenteramente dormido frente a la soporífera versión americana de Godzilla...

1 comentarios:

concha said...

Bueno como ejemplo de vida cotidiana. Aussi tout le monde la meme chose. So...what does it mean? Cienes y cienes de marcas que llenan nuestra indumentaria, alimentacion, diversion, comunicacion and so on. En el neolitico no habia. Cuando empezó esta voragine de brands a tout y plain?