Todavía me acuerdo cuando Blaski, en aquellos tiempos felices de Gasómetro, me vino a ver para decirme que había una nueva serie de unos que tienen que escaparse de la cárcel que estaba muy bien. Efectivamente, esa serie era Prison Break.
La premisa de la serie, la del hombre que se hacía encarcelar para liberar a su hermano, era innovadora. La elección de los actores, con sus altos -Robert Knepper- y sus bajos -Wentworth Miller-, la música, el montaje... todo ayudaba a crear una atmósfera de tensión.
Luego vino la segunda temporada, que fue hecha como consecuencia directa del éxito de la primera temporada. Obviamente, cualquiera que viera el final de aquellos 24 capítulos, sabía que no había continuación razonable. Y aún así, consiguieron hilar una temporada bastante decente, sobre todo gracias a la aparición de William Fichner y Paul Adelstein.
La tercera temporada ya fue muy justita argumentalmente. La vieja fórmula cada vez se repetía más, los personajes aburrían, la cara de palo del protagonista ya no era un pero salvable, sino un escollo serio, y la cosa decaía peligrosamente.
La hora de la verdad llegó en la cuarta temporada. Algo de profeta debo tener, porque vi el primer capítulo y le mandé un email a Blaski: esto es una mierda, me bajo del carro. Y no sé si el amigo Hopewell siguió con ella o no, pero el caso es que la serie se ha inmolado poco a poco. Es lo que pasa cuando tienes una premisa tan grande como autolimitada.
Y a todo esto, Jack Bauer ha vuelto. He visto tres de los cuatro capítulos de la temporada siete. Esperaré un poco antes de hacer un juicio de valor.

1 comentarios:
Tu no haces juicios de valor. Tu haces una critica cinematografica demoledora cuando toca y/o buena cuando te lo parece. Así de facil. O asi de dificil. A mi me parece que te podías dedicar a esto. Estarías todo el dia (y a lo mejor la noche) viendo peliculas, yendo a festivales, haciendo temblar a actores, directores, productores and so on. Que fuerte eh? EL PODER
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