On ne passe pas

"Nadie pasa" era la divisa de la línea Maginot. Construida por el gobierno francés durante el periodo de entreguerras con el único fin de proteger Francia de un nuevo ataque alemán, la Línea Maginot está formada por una serie de fortificaciones que se extienden desde la frontera norte con Alemania hasta el linde francoitaliano a orillas del Mediterráneo.

La historia es bien conocida: el ejército nazi decidió atravesar el desprotegido bosque de las Ardenas, en la neutral Bélgica, y alcanzó París, estampida franco-inglesa de por medio, en tan sólo un mes. La Línea Maginot, si bien es cierto que resistió mientras fue atacada de frente, tuvo que sacar la bandera blanca cuando los alemanes llegaron por la retaguardia.

Por fin, después de mucho tiempo esperando, he conseguido visitar la Línea. En un bosque cercano a Estrasburgo, escondido entre los árboles, está el bunker de entrada a la fortaleza de Schoenenburg. Sin apenas turistas, hicimos una visita guiada de dos horas y media a lo largo de los cuatro kilómetros de fortificación subterránea.

En la instalación vivieron seiscientos soldados entre 1930 y 1939. Schoenenburg está dividido en dos partes, una logística, con dormitorios, aseos, cocina, generadores eléctricos e incluso filtros de gas, y una zona de combate con seis cañones diferentes. Ambas partes están unidas por un pasillo de dos kilómetros en forma de V que impide que, en caso de invasión enemiga de una de las dos partes, se pudiese disparar de un extremo al otro.
Curiosamente, en Schoenenburg sólo murieron dos soldados, y ambos durante ejercicios de entrenamiento.

Cuando efectivamente los alemanes atacaron, en ocasiones con obuses de 420 mm, los seiscientos de Schoenenburg se defendían con ridículos cañones de 75 mm. Mientras los stukas alemanes dejaban caer bombas de 250 kg, los franceses habían considerado ridícula la instalación de defensas antiaéreas.
A pesar de la desigualdad ofensiva, es verdad que la Línea Maginot es un prodigio técnico como construcción defensiva. Los seis cañones eran retráctiles, de manera que eran subidos (189 toneladas suben y bajan con tan sólo una palanca) durante quince o veinte minutos, y luego volvían a ocultarse bajo tierra, a salvo de los bombardeos enemigos. El aspecto que dejan sobre el terreno, como puede verse en la foto, es la de un platillo volante haciendo picnic.

La mujer que nos hizo de cicerone a la construcción decía, orgullosa, que la Línea Maginot cumplió su objetivo, porque los alemanes no pasaron por ella. Luego reconoció que los soldados de Schoenenburg, rodeados por los alemanes, sólo tenían provisiones para un máximo de tres meses. O, lo que es lo mismo, habrían acabado saliendo de motu proprio, las manos en la cabeza y en fila de a uno hip-haro.
On ne passe pas? El que no se consuela es porque no quiere.

La chanson del verano est là

Revisitando a los superhéroes de los 90 (I)


Allá por 1992 o 1993, descubrí en el videoclub, en una de esas estanterías bajas que nadie miraba, y que ahora entre los cajeros automáticos e internet nadie mirará más, una película titulada "Capitán América".

Muchos años antes de las superproducciones basadas en cómics llenas de efectos creados por ordenador, las películas de superhéroes eran una cosa cutre, a caballo entre la serie B y la Z, donde el látex, los trucos de cámara y la complicidad del espectador tenían un papel protagonista. Películas de esa época son clásicos geeks como los Masters del Universo, Flash o Las tortugas ninja.

La cosa es que el Capitán América es un personaje salido de la fábrica de Marvel, nacido como arma propagandística durante la Segunda Guerra Mundial. Con su traje hecho a partir de retales de una fábrica de banderas y un escudo-bumerán como única arma, el Capitán América luchaba contra los nazis y el superhombre del III Reich, un personaje ficticio llamado Cráneo Rojo.

La película cuenta el nacimiento del personaje, y su lucha para salvar el mundo del malvado Cráneo Rojo... en 1990. Esta afortunada circunstancia, bastante estúpida desde el punto de vista narrativo, es súper útil cuando se trata de recortar presupuesto. Así, los noventa minutos de metraje son un festival de pelo cardado, chaquetas de tres botones y gafas de sol con montura de plástico negro.

Yo guardaba un buen recuerdo de este Capitán América, y la verdad es que donde en su momento veía una reproducción fiel del uniforme del cómic, hoy veía un espanto de látex; el escudo que en su día parecía un arma infranqueable, hoy parecía un frisbi pro-Bush; las trepidantes escenas de acción se han convertido en coreografías a cámara lenta.

Por encima de todo, me quedo con dos momentos para la historia del cine: el primero, cuando el protagonista está atado a un misil dirigido a la Casa Blanca, y gracias a una patada a un alerón consigue desviarlo a... Alaska!
El segundo momento es cuando el Capi es rescatado de los malvados por un amigo, quien le mete a duras penas en su coche. Unos minutos más tarde, cuando el peligro ha pasado, el Capitán le pide que pare en el arcén, que está mareado, y sale a vomitar en la cuneta. Cuando el amigo se acerca, el Capitán sale como una flecha y se lleva el coche, dejando tirado a su compañero para no arriesgar la vida de éste. Este truco, concretamente, lo hace dos veces a lo largo de la película.

En fin, que este peliculón merece su sitio en el panteón de los superhéroes con leotardos. Próximo objetivo, las pelis setenteras de Spider-man en las que las escenas en las que trepa fachadas están rodadas con la cámara girada 90º.

Otro día en la aldea gala

Ayer fui, después de mucho tiempo, al parque Astérix. De la primera vez que fui, allá en mi primera visita a París en 1991, quedaban algunos recuerdos y un puñado de fotos.
Desde entonces, el reino de los galos ha visto cómo los americanos personajes de Disney se han convertido en un terrible adversario que no hacen más que limarles la clientela.


El pasado sábado ha sido, de lejos, el día que más malo ha hecho en las últimas semanas. Lluvia fina pero insistente -drizzle que dicen los ingleses, orbayu los asturianos- nos acompañó durante toda la visita.
Al llegar, encontramos una pizarrita en el parking que avisaba de que estaban cerradas dos montañas rusas... sobre un total de tres. Estupléndido.


Evidentemente, el buen tiempo ayudó a que la gente se quedase a disfrutar del shopping parisino, y sobre una asistencia esperada de 12.000 personas, sólo hubiese 4.500 en el parque, de manera que las filas pre-atracción se hacían llevaderas.


Los parques temáticos tienen que cumplir, a mi gusto, un requisito esencial: deben ser 100% dedicados a su rollo. En ese sentido, el parque Astérix está, en general, muy conseguido. Todos los letreros están escritos en esa tipografía comic sans made in Uderzo que sale en los c
ómics, los nombres de las cosas acaban en -ix o en -um, hay atracciones directamente relacionadas con las historietas (por ejemplo, el barco vikingo sale de "Astérix y los Normandos") e incluso hay una reproducción exacta de la aldea gala, con casas de Esautomatix, Abraracurcix y Asuranceturix incluidas.

Sin embargo, hay dos reproches a hacerles a los responsables: una es qué coño pinta una zona medieval en mitad del parque (época unos mil años posterior a la Guerra de Galias) y la otra es por qué hay un (lamentable) espectáculo ambientado en 1930.


El nivel de las atracciones que probé, bastante corriente. La montaña rusa -grand huit en fr
ancés- que estaba abierta, llamada Gudurix como el sobrino de Abraracurcix, estaba bien, pero lejos del nivel de, por ejemplo, el Supermán de la Warner. Las atracciones de agua eran las de siempre: el tronco que cae, la barcaza que cae, los rápidos que giran. La novedad 2009, Le défi de César, era una combinación de figuras de plástico en movimiento, animación chusquera y efectos de luz y sonido que nos acabamos preguntando si el punto del tema no era un viaje a 1992.

La pregunta del millón: ¿Eurodisney o Astérix? Pues por mi experiencia, el primero... salvo que se vaya con un niño muy fan de los irreductibles galos.

Comparando publicidades en Santa Mónica




















En alguna ocasión he defendido la publicidad comparativa, que en Europa está prohibida.

Por lo visto, a este lado del Atlántico nos dejamos engañar más fácilmente.


Audi saca el nuevo A4 y dice, con un par: "Te toca mover, BMW"... y BMW responde con un panel más grande y un M3 Coupé.

Jaque mate. Bravo BMW.

Grande Torino

Cómo es la vida. Estaba convencido de que Gran Torino me iba a parecer una película correcta, sobria y cuidada como le gustan a Clint, y poco más. Pero se equivocó la paloma, se equivocaba. Gran Torino es, como ya dijo en su momento Blaski, un peliculote.

Mi conclusión después de ver esta película es que a mí el Eastwood que me gusta no es el que mueve la cámara, sino el que hace que la cámara se mueva poniéndose frente a ella. En Gran Torino, que me cuesta un poco decir que esté dirigida por Clint, quien pasa el 95% del metraje dentro de plano, Eastwood interpreta el mejor papel de su vida. El mismo Guapo de El bueno el feo y el malo, el mismo Harry de Harry el Sucio y el Munny de Sin perdón. No le hace falta hablar mucho; sus gruñidos transmiten más que sus palabras.

Inciso: cómo me gustaría que Clint hiciese del Batman viejo de El regreso del Señor de la Noche como se rumoreó en su momento...

En Gran Torino encontramos a un Eastwood jubilado, recién enviudado, de vuelta de todo y sin más objetivo vital que disfrutar de lo que le queda. Sin entrar en los detalles, Gran Torino está en algún lugar entre el thriller y la comedia, entre el melodrama y la crítica social. Tiene momentos cómicos brillantes (por ejemplo, el personaje de Clint se pasa media película llamando Toad (sapo) a un chaval chino) y escenas dramáticas contundentes, como la (pen)última de la película que no comentaré.

Al final, uno se da cuenta de que el Gran Torino del título es el propio Clint Eastwood. Mayor, cierto, pero como el coche que da nombre a la película, sigue ganando valor con el paso de los años.

417.947 bromistas (¿?)

Imdb es la base de datos cinematográfica online de referencia. Entre las muchas cosas que se pueden encontrar en su web, está una lista de las 250 mejores películas de la historia del cine, puntuadas por los miles de usuarios del sitio.
Pues bien, del 5 al 2, las películas elegidas son Pulp Fiction, El bueno, el feo y el malo, El padrino II y El padrino. Todas ellas películas sensacionales indiscutiblemente.
La sorpresa llega cuando encontramos en el número 1 The Shawsank redemption, que creo que en España se tituló en su momento "Cadena perpetua". Creo.


Película que se me pasó en su momento -allá por 1994 puedo recordar a bote pronto En el nombre del padre, Forrest Gump y la misma Pulp Fiction-, este domingo decidí que, como en la canción de Siniestro Total, de hoy no iba a pasar.


The Shawsank redemption está firmada por Frank Darabont, cuyo currículo en aquel momento incluía los libretos de Pesadilla en Elm Street 3, La Mosca 2 y Las aventuras del Joven Indiana Jones.
Los dos protagonistas son Tim Robbins, en aquel momento poco más que un secundario en Top Gun y un papel en Howard, un nuevo héroe, y Morgan Freeman, que empezaba a ser un actor reconocido gracias a Paseando a Miss Daisy y, sobre todo, Sin perdón.

La película narra la historia de un grupo de presos en la prisión de Shawsank a lo largo de veinte años de condena. En otras palabras y como su título indica, es una de esas historias de redención y lucha contra la injusticia que tanto gustan a los americanos.
The Shawsank redemption es una buena película, no cabe duda. Tiene un planteamiento sólido, un argumento bien llevado -y que saca los coloretes a Prison Break, por cierto-, interpretaciones de nivel y escenas para el recuerdo.


Ahora bien, ¿es The Shawsank redemption la mejor película de la historia? Y mucho me temo que, en contra de la opinión de -agárrense- 417.947 usuarios, la respuesta es que ni de broma.

Fútbol no es fútbol

Pues nada, que por si fuera poco con mantener un blog, me he apuntado a montar una página con un grupo de amiguetes. La gracia del tema, hablar de fútbol sin hablar del juego. El resultado, www.futbolnoesfutbol.com.
Ya me diréis qué os parece...

pd: por motivos que no vienen al caso, todos firmamos con seudónimo, que conste.

La oficina de todos

De los muchos DVDs que normalmente me pasa mi señor padre, la mayoría son películas de tres horas anteriores a 1950, y me suele dar pereza encontrar el momento de verlas.

Sin embargo, hacía un tiempo que me pasó una serie de la BBC llamada "The office" y, el otro día, sin capacidad de no quedarme dormido durante dos horas de peli, me puse con ella.


"The office" es un mockumentary, un falso documental sobre la vida en una oficina de venta de papel en Slough, deep England. En ella, como en cualquier oficina del mundo, existen personajes como el jefe chistoso, el trepa mediocre, el trabajador inseguro o la recepcionista que sueña con ser artista. En una palabra, lo que viene siendo la mediocridad absoluta.

Todo en la serie es gris como el cielo inglés, incluso la música de entrada.
Obviamente, es una obra muy british, sobre todo en lo que al sentido del humor que tiene. Lo que convierte a "The office" en algo diferente es el sabor agridulce que deja después de cada capítulo.

La serie fue creada como proyecto de fin de carrera de Stephen Merchant, y la BBC decidió comprarla ante lo barata que resultaba la apuesta. Con la ayuda de Ricky Gervais, un cómico británico que en "The office" borda el papel del jefe que quiere ser amigo de sus empleados, racista inconsciente, alcóholico y cantante fracasado, la serie se mantuvo en la BBC 2 durante dos temporadas de seis episodios cada una. Consiguió un globo de oro y, sin embargo, la falta de audiencia hizo que fuese retirada al final de la segunda temporada.


Pero los caminos del marketing son insondables, y en una actualización de los hits de videoclub de los 80, su salida a DVD fue acompañada de un efecto boca a boca que la convirtió en un fenómeno de culto.
A tanto fue la cosa, que decidieron hacer un remake americano con el pesado de Steve Carell de prota. No creo que valga mucho la pena.


En todo caso, "The office" queda como un ejemplo más de que la falta de dinero agudiza el ingenio. Idea buena con poca pasta, dos veces buena.

Is Paul dead?

Una de las historias que cuenta el libro que me estoy leyendo, "The rough guide to conspiracy theories", es la del asesinato de John Lennon. Ya sabéis, la vieja historia de que si la CIA había programado (y financiado) a Mark David Chapman, bla, bla.

Lo que me ha hecho pegar un salto sobre el sofá es el que el autor dice, sin cortarse un pelo "Ahora qu
e Ringo Starr es el único Beatle vivo...". ¿Perdón? Y es entonces cuando descubro un cuadro de texto sobre fondo rosita, que titula, en mayúsculas a todo cipote, PAUL MCCARTNEY IS DEAD. Y cuenta la clásica leyenda urbana de la muerte de Paul, añadiendo nuevas señales para probar su argumentación.

Según cuenta la leyenda, Paul se mató en un accidente de coche en 1966. Como eso habría significado el final de los Fab Four, buscaron un sustituto, un tal Billy Shears, que con un poco de cirugía y una conveniente barba -que "Paul" empezó a llevar por esa época, daría el pego. Sin embargo, los Beatles no podían quedarse callados al respecto. Así que decidieron ir dejando pistas al respecto:

Abbey Road
En el primer disco post-Paul, los cuatro salen cruzando el famoso paso de cebra cerca del estudio de grabación (inciso: sí, yo también tengo una foto cruzando Abbey Road, ¿qué pasa?).

Primera pista: Paul lleva el paso cambiado y va d
escalzo (nota mía: va sin barba).
Segunda pista: John va de blanco, como un ministro de la
Iglesia, Ringo de negro, como un portaféretros y George parece un enterrador.
Tercera pista:la matrícula del VW escarabajo aparcado lee 28IF, es decir, "Paul would be 28 if he was alive".
Cuarta pista: dos temas del álbum se refieren a la muerte de Paul. El primero, "Come together",
habla de los tres Beatles en el entierro de McCa. El segundo "Your mother should know" hace referencia al único ser humano que tendría que darse inmediatamente cuenta de que su hijo es, en realidad, un impostor.

Sargent Pepper's Lonely Hearts Club Band
Aquí las referencias se hacen, según el libro, evidentes:

En la portada, los tres Beatles parecen rodear a Paul, que aparece en azul cielo y unos centímetros más alto que los demás, quizás levitando. Además, cuatro figuras de cera de los Beatles miran apenados a lo que parece una sepultura, que lleva dibujado en flores la palabra "Beatles" y una guitarra para zurdos, exactamente el modelo que usaba McCartney.
Dentro del librillo del disco aparece, además, Paul con un brazalete que reza OPD, o lo que lo mismo, "Officially Pronounced Dead".

De nuevo, las canciones de los cuatro de Liverpool vuelven a hacer mención al accidente. Así, en "Sgt. Pepper's" dicen "Let me introduce you to the one and only Billy Shears", en "Good morning, good morning" dicen "Nothing to do to save his life" y en la por otra parte maravillosa "A day in the life" hablan de que "he blew his mind out in a car".


En fin, que independientemente de lo fan que sea cada cual de las teorías de la conspiración, hay dos reflexiones que hacer a partir de la hipótesis de que Paul se mató en 1966: por un lado, engrandecería la figura de John Lennon, que sería el único autor de buena parte de, por ejemplo, "Sgt Pepper's". Por otro, justficaría el por qué Paul ha tenido una carrera tan mediocre en solitario, sobre todo en contraste a su compañero Lennon, pero también con la de George Harrison.

Así que si me preguntan si Paul McCartney está muerto, mi respuesta es que no lo creo, pero desde luego si así fuera, posiblemente me quedaría mucho más tranquilo.

La mejor animación de 2009 (so far)

Call of Duty 5 (o cómo explicar la historia a la generación Y):

Acabáramos

Desenfrenada valkyria

Por fin he conseguido ver Valkyria, la película de Bryan Singer sobre el último complot para asesinar a Hitler.
La película tenía por lo menos dos elementos que me interesaban: la recreación de la Alemania nazi en una película de gran presupuesto, y el esperado retorno de Christopher McQuarrie como guionista de Bryan Singer, después de la brillante Sospechosos habituales.

Lo que más me ha sorprendido de la película es su ritmo. Cuando comenzó, pensé que se me había ido el dedo y había empezado a verla por la mitad. Valkyria entra a saco en la acción, y se salta olímpicamente presentación de personajes o contexto.
Podría ser una elección consciente del director, pero dado el larguísimo proceso de postproducción de la película, me atrevo a apostar a que a Singer le obligaron a sacar la tijera hasta dejarla en la hora y cincuenta y cinco minutos que dura.


En cualquier caso, la elipsis del primer acto no me influyó, ya que la historia me la sabía de pe a pa. De hecho,
hace no mucho vi la versión alemana de la misma historia, más pobre de medios pero más rigurosa y con el fantástico Sebastian Koch como Stauffenberg.

A todo esto, el casting de Valkyria es de lujo. Quizás la elección de Tom Cruise es la que más me rechina, más que por incapacidad técnica del actor, por el hecho de que uno no deja de pensar
¡coño, Tom Cruise vestido de nazi! cada vez que entra en plano. Los secundarios, que son muchos, son de postín: Kenneth Brannagh, Bill Nighy, Tom WIlkinson, Terence Stamp... Y, sin embargo, a ninguno de ellos le dejan desarrollar su personaje; especialmente sangrante es el caso del general von Tresckow de Brannagh.

Es la segunda vez consecutiva en que Bryan Singer deja pasar una ocasión de reivindicarse como director. Valkyria es una película que pasa por delante de uno como un tren de mercancías cuesta abajo. Ni siquiera hay un momento de respiro, de pausa, en la escena final. Pim, pam, pum, -nunca mejor dicho- y a créditos. Quizás una pausa, después de seis películas en trece años, es precisamente lo que necesita Bryan Singer.

Brillante.

Agárralo

Sin duda una de mis trilogías favoritas es Agárralo como puedas. Sé que no es glamouroso de decir, pero mi problema con Leslie Nielsen es que, sólo verle aparecer en pantalla, me parto.

Actor canadiense clásico -se le puede ver de capitán de barco en La aventura del Poseidón-, Leslie Nielsen descubrió su vis cómica como secundario en Aterriza como puedas.
Más adelante, los creadores de esa película decidieron darle el papel de su vida, el del policía despistado Frank Drebin, primero en formato serie de TV, y después a lo largo de tres películas.

Leyendo las críticas en Rotten Tomatoes, descubro que en EE. UU. la primera Agárralo -allí llamada The naked gun, lo que constituye otra exhibición creativa de los traductores españoles- es considerada como una comedia buena porque tiene una historia detrás (¿?).
A mí, que soy incondicional del humor grueso de los Zucker desde Top Secret, y más aún mientras Nielsen se pasea frente a la cámara con cara de despistado, las tres películas me parecen del mismo nivel. O, lo que es lo mismo, o te gustan o las odias. Las tres tienen momentos míticos, aunque yo aquí pongo dos:
1- El himno americano versión Frank Drebin, sustituyendo al tenor Enrico Palazzo:


2- El prólogo de la tercera parte, homenaje a Los intocables:


Y la cosa es que hoy leo en Aint it cool que hay un guión para una cuarta película, en la que Frank entrena a un sustituto. No me pone nada la idea de imaginarme a nadie imitando a Leslie Nielsen, de la patética manera que Steve Martin intenta hacer de Peter Sellers en las nuevas panteras rosas. Y, sin embargo, leo de lo que va el guión, con homenaje a 24 incluido, y pienso que lo mismo es la mejor manera de despedirnos del teniente Drebin. Al fin y al cabo, jamás podría ser más triste que la despedida de Indy.

Una de videojuegos peliculeros

Uno de los misterios más insondables del universo geek es por qué demonios los videojuegos basados en películas son tan horrorosos.

Mi teoría personal es que ninguna productora de Hollywood se
toma el tema en serio (¿será que no les da dinero?) y, a un año vista del estreno, más menos cuando terminan la fotografía principal del cine, alguien se golpea la frente y exclama ¡demonios, el videojuego!.
La prueba de mi teoría es que la película más taquillera del año, y segunda que más ha recaudado en la historia, The Dark Knight, no ha tenido su correspondiente videojuego.


Según muchos críticos, posiblemente el peor videojuego de todos los tiempos estuvo inspirado en una película: ET, el videojuego, se inspira en ET, la película (que a mí por cierto no me gustó, ni me gusta, ni me gustará).
Independientemente de que corriese el año 1982 cuando los píxels hacían el diseño del muñeco imposible, la
mecánica de juego era tal infierno del cual resultaba imposible salir.

Años después llegó la adaptación de Regreso al futuro. Como yo de aquella ya tenía consciencia y un Spectrum, me lancé a la aventura... que me duró poco, porque la primera pantalla era infernal. Además, la historia no tenía nada que ver con la película, y ni siquiera podías poner el DeLorean a 140 kilómetros por hora.


La cosa mejoró en 1990, cuando esa máquina de merchandising que fue el primer Batman de Tim Burton se asoció con Ocean, mítica casa de juegos ochentosos, y sacó Batman, el videojuego. Y oye, después de haber probado el terrorífico Batman del 86, esta nueva aproximación, aunque sólo sea porque te dejaban conducir el Batmóvil, ya valió la pena.


La siguiente película que se lanzó a la arena de los videojuegos fue Parque Jurásico. Y, como buena película de Spielberg, el videojuego resultó miserable. Sólo la imagen que aquí pongo, de un Alan Grant perseguido por el cruce de ET con un tiranosaurus rex, me da escalofríos.

El que entró con fuerza en el tema fue 007: Goldeneye, de la Nintendo 64, no sólo fue el mejor juego jamás sobre esa consola, sino que justificaba por sí mismo la compra de la misma. La historia era la misma de la película, los gráficos eran buenos, y tenía un modo a dos jugadores que te dejaba desbloquear personajes clásicos que era una pasada. Un juego que hoy, trece años más tarde, sigue siendo entretenido.
Desafortunadamente, en lugar de ceñirse a la fórmula que funcionaba, los siguientes juegos de James Bond optaron por la innovación y el resultado fue... trece años de penuria, hasta el Quantum of Solace de este año, que está bien.

Años más tarde llegaría 24: the videogame, que parte de una buena idea -hacer un videojuego de las aventuras de Jack Bauer- y acaba e
n una mala idea -que dure tres horas de juego-. Era tan chusquero como entrañable. Con todo, Blaski y yo nos echamos unas risas dándole al tema.

Hay otros muchos, muchísimos ejemplos, a los que no jugué, pero según las crónicas, se cumple la máxima: Transformers, El Señor de los Anillos, Iron Man, Spider-Man, Los Simpsons...

Y por último, nos llega el videojuego de... Dexter. Lo primero que se nos viene a la cabeza es WTF??? (nota del autor: WTF=What The Fuck). Es decir, ¿cuál es el punto de hacer un videojuego sobre un asesino en serie? Y entonces uno se ve el teaser y... se queda con las mismas pocas ganas de tenerlo.


Concluyendo, que es gerundio, a la vista de la calidad de la mayoría de adaptaciones cinematográficas al mundo de los unos y los ceros, posiblemente haya que dar las gracias al que no se le ocurrió sacar The Dark Knight, el videojuego.

Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad

¿Y de esto no tiene nadie nada que decir? ¿la ONU? ¿Obama? ¿Durex?

Benedicto XVI: "El sida no se resuelve con preservativos"

El papa Benedicto XVI ha llegado hoy a Yaundé, capital de Camerún, la primera etapa de su primer viaje apostólico a África, que le llevará también a Angola. Poco después de que despegara el Boeing 777 de Alitalia en Roma, el Papa ha comparecido ante el medio centenar de periodistas que le acompañan y ha afirmado que el SIDA "no se puede superar con la distribución de preservativos, que, al contrario, aumentan los problemas".
Según Benedicto XVI, la "única vía eficaz para luchar contra la epidemia es una renovación espiritual y humana de la sexualidad", unida a un "comportamiento humano moral y correcto, destinada a "sufrir con los sufrientes".


¿Y si?

Una de las contadas -contadísimas- cosas en las que disiento con mi maestro jedi Obélix es mi afición por los what if. En otras palabras, las hipótesis a toro pasado. ¿Qué habría pasado si en lugar de x, hubiese pasado y?

Obviamente, son ejercicios puramente teóricos (por cierto, como la física que se estudia en el colegio... algún día entraré en ese apasionante tema) sin ningún tipo de validez científica, más que nada porque lo que pasó, pasó, y de nada sirve el
consuelo del y si?.

A lo que voy. Los what if los descubrí, como otras muchas cosas de la vida, leyendo cómics. Marvel sacó en los ochenta una colección de hipótesis basadas en sus propias historias. Temas capitales para el devenir del planeta Tierra estaban en juego: ¿Y si Spider-Man se hubiese unido a los 4 fantásticos? ¿Y si Thor luchase contra Conan? ¿Y si los X-Men hubiesen muerto en su primera misión? ¿Y si Veneno hubiese poseído a El Castigador? ¿Y si Wolverine fuera el Señor de los V
ampiros?

Como véis, temas todos ellos del calado de la fosa de las Marianas.
Pero el caso es que me descubrieron el entretenido mundo de la hipótesis, que luego sería ampliado, de otra manera diferente, por lo libros de "Elige tu propia aventura" en los que, como todos los que los leíamos, dejaba dedos metidos en el libro para marcar la página en la que había tomado una decisión clave en el futuro de mi aventura.

Hace una temporada de tropecé con un libro de what ifs de la Segunda Guerra Mundial, que me pareció muy revelador en cuanto a que las diferencias que hicieron girar la guerra en uno u otro sentido fueron en ocasiones mínimas. Los dos ejemplos más gruesos son el ¿y si Alemania no hubiese atacado Rusia? y el ¿Y si Japón no hubiese bombardeado Pearl Harbor?
, pero había otros muchos ejemplos de pequeños detalles que acabaron condicionando el final de la historia.

El pasado viernes, descubrí gracias a esa gran cadena de TV que es Arte, una película de 1980 con Kirk Douglas y Martin Sheen llamada "The final countdown" en la que se plantea qué podría haber pasado si el portaaviones Nimitz, el mejor de la flota americana en los setenta, hubiese estado presente en Pearl Harbor el 6 de diciembre de 1941. Curiosa peli, por cierto con efectos visuales a cargo del gran Maurice Binder, autor de las mejores títulos de crédito de las películas de James Bond.

Aprovecho para darle un toque interactivo al blog y lanzar una pregunta: ¿qué puerto natural es el más grande del mundo después de Pearl Harbor?

El peñazo corso

El pasado finde estuvimos la madre que me parió y un servidor en Córcega. La elección vino precedida de las alabanzas que le hacen los parisinos a la isla, a la que no dudan en catalogar como paraíso mediterráneo. Así que compré la correspondiente guía verde Michelin, y allá fuimos.

Llegamos en una coctelera de Easyjet a Bastia, cuyo aeropuerto es el típico de una pista, y no te pases de frenada que te vas a la hierba. Alquilamos un Golf Plus diesel 1.9 5 puertas que era como ir en una bañera con ruedas. Por mucho que se clavase el pie en el acelerador, aquello se tomaba su tiempo para reaccionar. Y, claro, en una isla donde la mejor carretera es como la N-623 que une Burgos con Santander, tener un coche poco ágil se paga.
Saliendo del aeropuerto, por aquello de que eran más allá de las tres de la tarde, decidimos parar en un supermercado a comprar croissants, embutidos y pains au chocolat. Esto más adelante se convertiría en la clave para no pasar hambre en el resto del viaje.

La primera impresión que nos dio Córcega, para que mentir, es la de estar en un país centroamericano: carretera pequeña, coches viejos, y muchos, muchísimos carteles anunciando los más variados negocios, desde afiladores de cuchillos hasta vendedores de antigüedades.
Después de casi tres horas de travesía, llegamos a nuestro destino, un hotel en Bonifacio que estaba bastante bien, aunque la primera sorpresa que nos llevamos fue saber que el "restaurante panorámico" estaba cerrado de octubre a abril.

El primer día nos lanzamos a lo que parecía lo más prometedor de la isla: Ajaccio, ciudad donde pasó los nueve primeros años de su vida el
amigo Bonaparte.
Pasamos primero por Sartène, que era una ciudad en la ladera de la montaña, con algunas casas al estilo Cuenca, pero hechas con hormigón gris. Las montañas son, sin lugar a dudas, lo más espectacular de Córcega. Una isla de 200x100 km con cinco picos de más de 2.000 m es algo insólito. Había momentos en los que se veían calas de aguas cristalinas y, más allá, montañas nevadas, como en la canción falangista.
Ajaccio, una ciudad al borde del mar, daba la impresión de ser un pueblo aleatorio de la Costa Brava de los setenta. La ciudad antigua, que es donde se encuentra la casa de la familia Bonaparte, no está mal, pero parece La Habana con sus casas hechas de arena y pintadas de colores estridentes. Para colmo de males, la tienda de merchandising napoleoniano estaba cerrada por vacaciones.

A la vuelta al hotel hicimos parada en Bonifacio, que según todos los testimonios es la auténtica joya corsa. Y sí, es una ciudadela amurallada en una colina sobre el mar. Bien, pero una hora después, ya estaba vista. Next!
En vista del éxito, y de las pocas perspectivas que ofrecía el sur, cancelamos la noche que nos quedaba y regresamos sobre nuestros pasos a Bastia.

La capital de Córcega cumplió -rozando el larguero, eso sí- con nuestras expectativas. Se trata de una ciudad originalmente intra muros, ahora extendida en paralelo a la costa y que basa su economía en la actividad de su puerto. Tiene algún rinconcito que vale la pena y, sobre todo, restaurantes presentables.

A mi vuelta a París, obviamente, los mismos seres humanos que me la habían recomendado, intentaron justificar mi desencanto con el clásico argumento de no, es que has ido en temporada baja. Y sí, la temporada baja influye en que haya algún restaurante cerrado o menos gente por la calle. Pero la ausencia total de museos, tiendas, iglesias, monumentos, etc. no es cuestión de temporadas. Mi conclusión sobre Córcega es que es una isla en la que, si el ser humano jamás hubiese puesto el pie, todo habría ido mucho mejor.
Nos acabamos dos libros por cabeza... en tres días. Creo que es una representación muy gráfica de lo peñazo que es la isla de Córcega.

Watching the Watchmen


No he podido resistirme a semejante título de post. Como seguro que a mucha gente se le ha ocurrido antes que a mí, disculpas por el plagio involuntario.

Watchmen, la película, está basada en Watchmen, el cómic de los 80, en el que se plantea una realidad alternativa en el que los vigilantes nocturnos disfrazados -no digo superhéroes, porque no tienen super poderes- recorren la ciudad.


Básicamente, mi problema parte de que la historia original, catalogada por Time como una de las cien mejores novelas de la historia, no me parece para tanto. Sobre todo, porque es sobre pretenciosa en su v
oluntad de reinventar las historias de hombres enmascarados.

Muchos autores, gente tan dispar como Terry Gilliam, Tim Burton o Darren Aranofsky, se han estrellado frente a la adaptación de Watchmen. Ha tenido que ser Zack Snyder, el director de la genial 300,
el que se eche el desafío a la espalda. Y sale airoso del envite.

Watchmen condensa en dos horas y cuarenta y tres minutos lo esencial del cómic, y es absolutamente fidedigno a la historia de la que bebe.

Así, los momentos buenos de la historia original -el planteamiento de base y especialmente dos personajes como el Comediante y Rorsach- y las partes aburridas también se mantienen -sobre todo, el pedanterismo cuántico del Dr. Manhattan-.


Lo único que me llamó poderosamente la atención es el acabado chusquero de algunos apartados de la película,
específicamente del sonido, pobre, el maquillaje de Nixon (me recordaba profundamente a "Al ataque", el programa aquel de Alfonso Arús) y sobre todo y ante todo de los efectos especiales, como el lince digital y las escenas en Marte. Lo mismo sucede con los posters promocionales: de un teaser de concepción (arriba) y ejecución brillante, a una penosa resolución con los personajes aglomerados a golpe de Photoshop sobre un fondo genérico (izquierda).
Da la sensación de que a Snyder le pilló el toro, y le dio un buen revolcón, en la planificación de la post producción de esta película. La culpa, como casi siempre en estos casos, del productor.

Watchmen es totalmente recomendable para esas personas a las que el cómic les parece una obra maestra. Para los que lo odiaron, huelga decir que se ahorren el precio de la entrada. Y para todos los demás, yo creo que vale la pena esperar al Blu Ray o DVD. Quién sabe, igual para
entonces sí que es una película acabada.