Lección práctica de formación sentimental

Después de pasar la tarde juntos, haber ido al cine y cenado unos crêpes, a los postres me dicen mis amigos Antoine y Emilie, en plan casual, "Nous nous sommes pacsés lundi". El PACS es el pacto civil de solidaridad, figura legal de nombre de indudable origen francés, que viene a ser el equivalente al matrimonio civil en España.

Pues bien, estos dos habían solicitado pacsearse el viernes, les habían dado hora a primera hora del lunes en el ayuntamiento de su arrondissement, habían ido, firmado, y cada uno a trabajar por su lado. Antoine me contó que su jefe, que es bastante gay, se ofendió por la poca importancia que le habían dado. Lógicamente, el PACS es el máximo estatus legal al que puede aspirar en este país (que no en España).

Lo que me hizo gracia de verdad fue la lectura que hacía cada uno del hecho de haber firmado un documento que les acredita como pareja de hecho. Es todo un ejemplo práctico de que las mujeres son de Venus, y los hombres son de Marte:

- Emilie, por su parte, estaba muy contenta, porque después de cinco años notaba que la cosa seguía hacia adelante. El poner su firma negro sobre blanco le daba seguridad. Los siguientes pasos, me decía muy contenta, es la boda por la iglesia (vestido blanco inclusive), comprar un piso y tener un bebé.

- Antoine, por su lado, estaba también contento: gracias al PACS, entre los dos podrán ahorrarse una pasta en impuestos al hacer la declaración de la renta conjunta. Además, añadió, me han asegurado que si en un momento dado lo dejamos, no tengo más que mandar una carta al ayuntamiento y ya está -añadió.

Ni que decir tiene que, al escuchar la palabra boda, mi amigo Antoine sólo acertó a articular una palabra: "Quoi?".

Más demonios que ángeles

Después de cinco semanas en cartelera, hoy por fin he ido a ver Ángeles y Demonios. Basada en la novela homónima de Dan Brown, A&D se plantea, al revés que el libro, como secuela de El código Da Vinci. Vaya por delante, que tanto una como otra obra literaria me parecieron altamente entretenidas.

Durante la semana, me repasé precisamente El código Da Vinci, la lentérrima película de Ron Howard que en 2006 amasó más de 700 millones de dólares a nivel mundial, y sin embargo no conozco a nadie que le gustase.

A&D está dirigida por el mismo Howard, y vuelve a cometer el mismo error de cásting al poner a Tom Hanks en los zapatos del profesor Robert Langdon. Esta vez, eso sí, le quitan el horrible mullet que lucía en la película anterior.
Y hablando de errores de cásting, mucho ojo a Ewan McGregor, que lleva dando palos de ciego desde su aparición en La isla, de mi queridísimo Michael Bay. En A&D, Ewan está fuera de sitio, con un acento irlandés forzadísimo y, aún peor, con cara de estarse aguantando la risa a lo largo de toda la peli.

Como adaptación cinematográfica de una novela, A&D es muy superior a su predecesora. Donde antes había interminables monólogos, ahora hay mucha más acción. Sorprende bastante la mejoría de guión, dado que al lado del correcto David Koepp está el terrorífico Akiva Goldsman, responsable de los libretos de Batman Forever y Batman & Robin. La larga mano de Akiva se nota, sin embargo, en cosas como un profesor de historia en Harvard necesite intérprete para leer latín, mientras Indy leía arameo sin problemas.

Lo mejor de A&D, sin embargo, es la banda sonora de Hans Zimmer. Después de dos composiciones bestiales para los Batman de Chris Nolan, Zimmer utiliza muy eficazmente la percusión y los coros para contribuir a ahondar en el ritmo y el dramatismo de la narración. Sin duda, el mejor compositor de Hollywood a día de hoy.

En mitad de toda esta movida está Ron Howard, un director eficaz capaz de lo mejor -Apolo 13, Una mente maravillosa- y de lo peor -El código Da Vinci, Rescate-. El amigo Howard, si bien como he comentado consigue al menos que esta película no sea una lectura pública del libro original, parece un poco desbordado por la grandiosidad de la Roma que intenta retratar. Así, alterna planos soberbios -sobre todo, los gran primeros planos-, con cosas incoherentes como una grúa que nos mete en la plaza de San Pedro y... se queda a medio camino.

En fin, que una vez más me quedo con las ganas de saber qué habría sido si Ángeles y Demonios hubiese estado dirigida por un director con un poquito más de personalidad y un actor con un registro más amplio. Supongo que, al ritmo de remakes que va Hollywood, en unos veinte años podré tener la respuesta.

Eurostareando

Lo de París los domingos por la mañana es de risa. Me he levantado a las 7h40 para coger un Eurostar que me lleve a Londres. En el metro de camino a la Gare du Nord sólo había clochards (vagamundos) y... chinos!

Después de un cambio de línea en Chatelet, el equivalente parisino a Nuevos Ministerios, he llegado a la Gare du Nord con hora y cuarto de antelación. Sí, soy un poco maniaco a la hora de coger aviones y trenes.

El Eurostar, el tren que lleva de París a Londres o viceversa cruzando el Canal de la Mancha, tiene unas medidas de seguridad como las de un aeropuerto. Hasta tres controles he tenido que pasar, entre frontera francesa, frontera británica y detector de metales.

El plan para hoy es claro: llegaré a Londres, conseguiré pounds (ahí podía haber estado más previsor, pero en fin), iré al hotel que tengo en Baker St (al lado de la casa de Sherlock) y me iré a dar una vueltecita con parada obligada en The Soccer Scene en Carnaby St.

Luego, a ver si consigo ir a ver en primicia, para envidia de propios y marcianos, a la nueva Mediavilla, que ya tiene 48 horas de vida...

Terminator, salvado y poco más

La verdad es que lo decía esta tarde, y me daba la risa: iba a ver Terminator cuatro. Dieciocho años más tarde, todavía me acuerdo de cuando me llevaron mis primos a ver Terminator 2 a un cine de la Gran Vía madrileña.
La verdad es que T2, pese a ser una especie de remake de la película original, es un auténtico peliculón, tan divertido y espectacular como el día de su estreno. Terminator 3, subtitulado La rebelión de las máquinas, fue una película tan correcta como innecesaria.

Con Schwarzenegger preocupado por la crisis mundial desde su poltrona de Governator, parecía que la franquicia estaba muerta y enterrada. Sin embargo, la codicia de los productores llevó a desarrollar una cuarta parte, para la que eligieron al terrorífico director McG (hay que ser imbécil para hacerse llamar McG), cuyo currículum incluía las dos partes de Los ángeles de Charlie.

La sorpresa saltó cuando un actor de primera fila como Christian Bale se subió al carro para interpretar al Jo
hn Connor adulto. A partir de ese momento, las expectativas sobre el proyecto se dispararon. Los tráilers pintaban bien. Qué demonios, pensamos todos, quizás esta cuarta parte no es tan mala idea después de todo.

Y T4, subtitulada Salvación, no está mal. Es terriblemente irregular, con buenas escenas de batalla que se intercalan con escenas de transición aburridísimas.
Precisamente Christian Bale, que se suponía la estrella de la función, acaba siendo un estorbo más que una ayuda. Primero, porque le imaginamos de American Psycho. Segundo, porque es Bruce Wayne. Y tercero, y más importante, por su voz impostada. En serio, ¿de dónde sale esa voz? Me hace pensar en la manera en la que hablan los niños cuando gastan bromas por teléfono. Encima, no se le entiende una mierda. Y por último, no puedo evitar pensar en la cantidad de Strepsils que debe tomar este señor durante los rodajes para
mantener a tono la garganta.

Volviendo a la peli, T4 tiene muchos más puntos positivos de lo esperado. Para empezar, la fotografía, ligeramente desaturada, que le va fantástica al mundo caótico cibernético en el que se mueve la acción.
El segundo punto positivo es el sonido; los ruidos que emiten los terminators son brillantes, y suenan tan mecánicos como amenazantes. El tercer punto positivo son las secuencias de acción, con algunas set pièces brillantes como la huida con el camión o, sobre todo, la escena en la que John Connor despega un helicóptero, intenta huir, y acaba estrellado, mientras la cámara corre con él, sube, entra en el aparato, vuelve a salir, y cae al suelo con el protagonista. Una pasada.

Mi conclusión de T4 es que han evitado un desastre como pasó con la cuarta parte de otras franquicias (que le pregunten al Dr. Jones), pero les ha salido una película que no quedará impresa en huecograbado en la retina de los fans. Siendo justos, ya lo advertía el título de la película: Terminator, salvado. Nada menos, y tampoco nada más.

La amenaza fantasma, diez años después


En un par de meses se cumplirán diez años del estreno de la película más anticipada de la historia: Star Wars, Episodio I, La Amenaza Fantasma, era su título. En rigurosa primicia, y después de ocho años en la nevera, el autor de estas líneas ha sacrificado dos horas largas en pos del progreso de la raza humana (¡timbales!).

Pues bien, mi impresión general, diez años después, es mejor de lo esperado.

Por un lado, sí, los efectos especiales han envejecido mal que te cagas. Pelis como Jurassic Park o T2, del 93 y el 91 respectivamente, son una delicia, mientras que en La Amenaza Fantasma puedes intuir las ensaladas de píxeles, los actores haciendo el gañán delante de un croma azul, las texturas inexistentes por omisión y la cara de auto-satisfacción rozando el onanismo del ente antes conocido como George Lucas.

Por otro lado, la explicación de la Fuerza, que se suponía que es una energía filosófico-religiosa, a través del número de L casei immunitas en sangre, es de cagarse.
Es como pasar de Platón a Aristóteles de golpe y porrazo.
Y sí, Jar-Jar Binks sigue siendo un cruce abyecto de Ewok y Krusty el payaso. Es insoportable, enervante, fusilable con mierda.


En cambio, hay otras cosas que me han gustado. Sobre todo, dos: una, Liam
Neeson, que hace un jedi cojonudo, con el equilibrio justo entre sabiduría y reparte-cera del que carecen los Yoda, Obi-Wan, Luke y demás ralea.
La segunda cosa es el malo, Darth Maul, que mola un huevo con su doble sable láser. La batalla entre él y los dos jedis al final me cuesta creer que haya sido dirigida por Lucas. Es más, me cuesta tanto, que no me lo creo.
También me ha sorprendido, leyendo por internés, saber que Benicio del Toro iba a hacer el papel de Maul, pero rompió el contrato cuando descubrió que Lucas había cortado casi completamente sus líneas de diálogo.

Evidentemente, Lucas la vuelve a cagar cuando le despeña por un acantilado al final de la peli.

La Amenaza Fantasma, sin embargo, es mucho más dura de ver una vez que se pasa la novedad del estreno. Hay secuencias enteras -el reino submarino, la batalla gungan vs droids, los monólogos del Darth Baby- que son directamente insufribles.

Diez años después, da la sensación de que, en realidad, nadie necesitaba un Episodio I. Todos sabíamos quiénes eran, de dónde venían y a dónde iban los personajes de Star Wars.
Eso sí, este nuevo visionado me ha permitido distinguir las escenas de Keira Knightley de las de Natalie Portman. Y me reafirmo en lo que ya creía: Natalie, I love you.


Y a todo esto, ¿qué coño es La Amenaza Fantasma?

La aventura formidable del hombrecillo indomable

Siempre que, en uno de los miles de test que circulan por internet, me preguntan por mi libro favorito, yo respondo que es "La senda del perdedor" de Bukowski. Y sí, la autobiografía de Hank es espectacular, sensacional. Y, sin embargo, hay otros dos libros a los que considero obras geniales, que además fueron de los primeros que leí cuando aprendí a juntar letras y palabras hace... bueno, hace tiempo.

El primero de ellos es "Cuentos por teléfono", de Gianni Rodari. Algún día le haré el homenaje que corresponde. El segundo es el que da título a este post, "La aventura formidable del hombrecillo indomable", escrito e ilustrado por el checo Hans Traxler.

El cuento es pura surrealidad: la aventura de un hombre que, al encontrar una esponja, empieza una aventura que le llevará hasta la luna. Todo eso, en verso. Para colmo, lo leí traducido al castellano, con los azares que eso conlleva cuando se trata de poesía. Pero bueno, es una obra fantástica, delirante, que afortunadamente para aquellos cuya madre no os lo compró en su momento, tenéis disponible aquí. Que lo disfruten.

The clown wars

Por primera vez desde que tengo uso de razón, no vi una película de Star Wars en el cine. La razón: tenía una pinta espantosa. Sin embargo, un par de comentarios positivos de mis primos alcorconeros hicieron que me decidiese a pasar una hora y media viéndola.

La historia: el alienígena que se adueñó del cuerpo de George Lucas decidió seguir explotando la franquicia, esta vez con una serie de animación para TV. Sin embargo, al ver el primer capítulo, se le encendió la bombilla: ¿por qué, ya que está hecho, no lo proyectamos en cines? Y así fue como Star Wars: The Clone Wars, llegó a las salas el pasado verano.


Para empezar, esta serie no está distribuida por Fox, sino por Warner, por lo que el comienzo de la "película" no es igual a las otras.
Para seguir, la clásica banda sonora de John Williams ha sido reemplazada por una cosa orquestada por un tal Kevin Kiner. En lugar de hacer algo totalmente diferente, o puestos a copiar, darle una vuelta a la cosa como
algunos de los brillantes remixes que se han hecho por ahí, el amigo Kiner se saca de la manga unos temas sin carisma, sin... Fuerza.

La calidad de la animac
ión, lejos de los niveles de Pixar, no está mal. El diseño de personajes parece estar inspirado en el manga, y hasta la reproducción de mi querida Natalie Portman se salva de la quema.
Luego, el flujo de la animación es regulero; en alguna de las batallas parece que alguno de los ordenadores que renderizó la cosa se las vio y se las deseó para procesar tanto píxel en movimiento.

El guión es sin duda lo más flojo de este sacacuartos de Lucas: Obi-Wan, Anakin, y la nueva padawan de Anakin (una chica, entiendo que decisión determinada por los estudios de mercado de Lucasfilm), tienen que rescatar al secuestrado hijo de... Jabba el Hutt! Honestamente, ni los niños de ocho años se merecen una chorrada semejante.
Independientemente de la estupidez del punto de partida, el desarrollo de la trama lleva a situaciones esperpénticas -como una batalla en la cual Anakin se infiltra en las líneas enemigas escondido debajo de una caja- y personajes absurdos -como el tío travestido de Jabba-.

En fin, que a mí me parece una pena que se estén cepillando la marca Star Wars y todo lo que lleva detrás a base de subproductos como éste. Pero en fin, George Lucas lo parió, y él (o quien quiera que habita su cuerpo) verá lo que hace.

Back to back blockbusters

Entre los cincuenta y los setenta, en Estados Unidos los cines proyectaban sesiones contínuas de películas de ciencia ficción, lo que se llamaban programas back to back. Hoy, con una cartelera con un incremento del número de blockbusters directamente proporcional a la temperatura en la calle, he tenido que hacer sesión doble para ponerme al día.

Por un lado, he empezado viendo Wolverine, spin off a partir del mejor personaje de las tres películas de X-Men producidas por la Fox: Lobezno.
Sin ser un fanático del personaje al nivel que puedo serlo de Batman, por ejemplo, Wolverine es un tío que siempre me ha caído bien por lo políticamente incorrecto que resulta. En los cómics fuma y mata, indistintamente. Pues bien, Wolverine es no recomendada para menores de 13, y producto de la 20th Century Rupert Murdoch Neocon Fox. Es decir, ni un fuck en todo el metraje, y el único puro que se fuma, acaba pulverizado por una bala.

Aún así, la película la aguanta sobre sus espaldas el propio Wolverine, que es una vez más el -según todas las mujeres del mundo mundial- buenorro Hugh Jackman. A pesar de que pierde un poco el tono rebelde y contestatario que tenía en X-Men, sigue siendo un personaje interesante.


Los guionistas de la función aprovechan la
ocasión para seguir abriendo el universo mutante, representando a personajes clásicos como Gambit o Deadpool, y rehaciendo la personalidad de Sabretooth, que ahora pasa a ser hermano del héroe.
Lo mejor de la película, los créditos iniciales, donde se ve al inmortal Lobezno luchando en todas las guerras del siglo XX. También está sorprendentemente bien el Arma XI, que es en términos videojuegueros el malo de la última pantalla. La verdad es que acojona bastante su aspecto.

En el apartado negativo, la sensación de baratillo generalizado que inunda la película. Más que por falta de presupuesto, yo lo achacaría a la falta de imaginación de Gavin Hood, el director de la función, para hacer brillar los mimbres que tiene. Queda la duda de lo que habría podido hacer un director de verdad, estilo Zack Snyder o David Fincher, con el personaje.

La segunda parte de mi doblete ha sido para el remake de Star Trek. Sorprendentemente, jamás he visto un minuto de las diez películas y miles de episodios de TV que se han hecho sobre esta saga. Siempre me ha parecido demasiado camp, demasiado de baratillo. Este remake, dirigido por JJ Abrams, carece de muchas cosas, pero desde luego que de medios no.

Al entrar en el cine, tenía la sensación de que no me iba a gustar. Al salir de la sala, tuve la confirmación que esperaba. Star Trek es una especie de ciencia ficción erudita. Como si Star Wars hubiese sido escrita por un equipo de ingenieros aeronáuticos de la NASA.
Los personajes son planos y la trama, por querer resultar inteligente, acaba resultado engorrosa.

Si hay un grupo de fans de una película irascibles, esos son los trekkies. Por eso, cuando JJ Abrams desveló que él en realidad era fan de La Guerra de las Galaxias, más de uno le declaró persona non grata. Quizá por eso, en el film aparece Leonard Nimoy, que ha interpretado a Mr Spock (el de las cejas depiladas y las orejas de elfo) a lo largo de cuarenta años. A mí me parece que la presencia de Nimoy no hace sino añadir complejidad innecesaria a la trama, y parece que su presencia es más una concesión a la galería que una necesidad de guión.


En definitiva, estoy seguro de que esta película hará mucho dinero en taquilla, y en algunas semanas empezaremos a escuchar los rumores de una secuela. A mí que no me esperen: no nací para ser Trekkie.

París, deux ans plus tard.

Ayer hizo dos años que hice mi petate y me vine a París. Mientras Sarkozy, elegido el mismo día que yo llegué, hace su balance, yo saco dos años muy positivos en casi todos los sentidos.

Desde el día que aterricé en el Charles de Gaulle con tres maletas -que se me cayeron al suelo-, muchas cosas han cambiado.
Profesionalmente, estar aquí me ha enseñado cómo son los franceses, cómo razonan, etc. Estar cerca del sol te permite no sólo coger un buen bronceado, sino aprender un huevo de cosas de los intereses ocultos que mueven la publicidad y, por ende, nuestro mundo.

Desde el punto de vista personal, París ha sido mi primera oportunidad de vivir solo, negociar el alquiler, aprender a organizarme, cocinar, hablar con albañiles, limpiar, contratar la luz e internet en francés, planchar y un largo etcétera. Evidentemente, no me olvido de mi pequeño percance de salud el año pasado, del que salí with a little help from my friends, entre los que obviamente destaco a la Dra Mimamá, que estuvo ahí desde que me desperté de la anestesia hasta que volví a la vida dos meses después.

En París he hecho pocos amigos. Los pocos que he hecho, sin embargo, son pour toujours. Principalmente, mis dos grandes compis aquí son Mathieu, un ch'ti tan grande como su corazón, y sobre todo Antoine, un tipo sencillamente sensacional, espectacular, un hermano francés que, entre otras muchas cosas, me llevó al hospital el día que mi apéndice implosionó. Merci, mec.

Una cosa que me propuse al llegar aquí fue aislarme de los españoles. Ha sido imposible. A gente tan maja como Maite y Quicu y el paisano (mademoiselle) De la Peña, no tiene sentido evitarlos.
He tenido la suerte, además, de ver a la selección levantar la Euro 2008 y a mi querido Racing jugar en el mítico Parque de los Príncipes frente al PSG, golazo de Gonzalo Colsa incluido.
El partido lo vi con un montón de racinguistas que conocí en internet, y que algunos de ellos se han convertidos en buenos amigos.
Hablando de amigos, me he hecho muy colega de Javi, presentador de postín en el Canal Plus francés, con el que rápidamente pasó la corriente y así hemos montado Fútbol no es fútbol. Gran tipo, a pesar de ser un poquito más bajo de lo que da en pantalla.

No sé cuánto tiempo más estaré aquí -espero que el suficiente como para ir al Louvre-, pero está claro que París es una ciudad que ya forma parte de mi historia.

Hey T-Mobile

Tremendo.

On ne passe pas

"Nadie pasa" era la divisa de la línea Maginot. Construida por el gobierno francés durante el periodo de entreguerras con el único fin de proteger Francia de un nuevo ataque alemán, la Línea Maginot está formada por una serie de fortificaciones que se extienden desde la frontera norte con Alemania hasta el linde francoitaliano a orillas del Mediterráneo.

La historia es bien conocida: el ejército nazi decidió atravesar el desprotegido bosque de las Ardenas, en la neutral Bélgica, y alcanzó París, estampida franco-inglesa de por medio, en tan sólo un mes. La Línea Maginot, si bien es cierto que resistió mientras fue atacada de frente, tuvo que sacar la bandera blanca cuando los alemanes llegaron por la retaguardia.

Por fin, después de mucho tiempo esperando, he conseguido visitar la Línea. En un bosque cercano a Estrasburgo, escondido entre los árboles, está el bunker de entrada a la fortaleza de Schoenenburg. Sin apenas turistas, hicimos una visita guiada de dos horas y media a lo largo de los cuatro kilómetros de fortificación subterránea.

En la instalación vivieron seiscientos soldados entre 1930 y 1939. Schoenenburg está dividido en dos partes, una logística, con dormitorios, aseos, cocina, generadores eléctricos e incluso filtros de gas, y una zona de combate con seis cañones diferentes. Ambas partes están unidas por un pasillo de dos kilómetros en forma de V que impide que, en caso de invasión enemiga de una de las dos partes, se pudiese disparar de un extremo al otro.
Curiosamente, en Schoenenburg sólo murieron dos soldados, y ambos durante ejercicios de entrenamiento.

Cuando efectivamente los alemanes atacaron, en ocasiones con obuses de 420 mm, los seiscientos de Schoenenburg se defendían con ridículos cañones de 75 mm. Mientras los stukas alemanes dejaban caer bombas de 250 kg, los franceses habían considerado ridícula la instalación de defensas antiaéreas.
A pesar de la desigualdad ofensiva, es verdad que la Línea Maginot es un prodigio técnico como construcción defensiva. Los seis cañones eran retráctiles, de manera que eran subidos (189 toneladas suben y bajan con tan sólo una palanca) durante quince o veinte minutos, y luego volvían a ocultarse bajo tierra, a salvo de los bombardeos enemigos. El aspecto que dejan sobre el terreno, como puede verse en la foto, es la de un platillo volante haciendo picnic.

La mujer que nos hizo de cicerone a la construcción decía, orgullosa, que la Línea Maginot cumplió su objetivo, porque los alemanes no pasaron por ella. Luego reconoció que los soldados de Schoenenburg, rodeados por los alemanes, sólo tenían provisiones para un máximo de tres meses. O, lo que es lo mismo, habrían acabado saliendo de motu proprio, las manos en la cabeza y en fila de a uno hip-haro.
On ne passe pas? El que no se consuela es porque no quiere.

La chanson del verano est là

Revisitando a los superhéroes de los 90 (I)


Allá por 1992 o 1993, descubrí en el videoclub, en una de esas estanterías bajas que nadie miraba, y que ahora entre los cajeros automáticos e internet nadie mirará más, una película titulada "Capitán América".

Muchos años antes de las superproducciones basadas en cómics llenas de efectos creados por ordenador, las películas de superhéroes eran una cosa cutre, a caballo entre la serie B y la Z, donde el látex, los trucos de cámara y la complicidad del espectador tenían un papel protagonista. Películas de esa época son clásicos geeks como los Masters del Universo, Flash o Las tortugas ninja.

La cosa es que el Capitán América es un personaje salido de la fábrica de Marvel, nacido como arma propagandística durante la Segunda Guerra Mundial. Con su traje hecho a partir de retales de una fábrica de banderas y un escudo-bumerán como única arma, el Capitán América luchaba contra los nazis y el superhombre del III Reich, un personaje ficticio llamado Cráneo Rojo.

La película cuenta el nacimiento del personaje, y su lucha para salvar el mundo del malvado Cráneo Rojo... en 1990. Esta afortunada circunstancia, bastante estúpida desde el punto de vista narrativo, es súper útil cuando se trata de recortar presupuesto. Así, los noventa minutos de metraje son un festival de pelo cardado, chaquetas de tres botones y gafas de sol con montura de plástico negro.

Yo guardaba un buen recuerdo de este Capitán América, y la verdad es que donde en su momento veía una reproducción fiel del uniforme del cómic, hoy veía un espanto de látex; el escudo que en su día parecía un arma infranqueable, hoy parecía un frisbi pro-Bush; las trepidantes escenas de acción se han convertido en coreografías a cámara lenta.

Por encima de todo, me quedo con dos momentos para la historia del cine: el primero, cuando el protagonista está atado a un misil dirigido a la Casa Blanca, y gracias a una patada a un alerón consigue desviarlo a... Alaska!
El segundo momento es cuando el Capi es rescatado de los malvados por un amigo, quien le mete a duras penas en su coche. Unos minutos más tarde, cuando el peligro ha pasado, el Capitán le pide que pare en el arcén, que está mareado, y sale a vomitar en la cuneta. Cuando el amigo se acerca, el Capitán sale como una flecha y se lleva el coche, dejando tirado a su compañero para no arriesgar la vida de éste. Este truco, concretamente, lo hace dos veces a lo largo de la película.

En fin, que este peliculón merece su sitio en el panteón de los superhéroes con leotardos. Próximo objetivo, las pelis setenteras de Spider-man en las que las escenas en las que trepa fachadas están rodadas con la cámara girada 90º.

Otro día en la aldea gala

Ayer fui, después de mucho tiempo, al parque Astérix. De la primera vez que fui, allá en mi primera visita a París en 1991, quedaban algunos recuerdos y un puñado de fotos.
Desde entonces, el reino de los galos ha visto cómo los americanos personajes de Disney se han convertido en un terrible adversario que no hacen más que limarles la clientela.


El pasado sábado ha sido, de lejos, el día que más malo ha hecho en las últimas semanas. Lluvia fina pero insistente -drizzle que dicen los ingleses, orbayu los asturianos- nos acompañó durante toda la visita.
Al llegar, encontramos una pizarrita en el parking que avisaba de que estaban cerradas dos montañas rusas... sobre un total de tres. Estupléndido.


Evidentemente, el buen tiempo ayudó a que la gente se quedase a disfrutar del shopping parisino, y sobre una asistencia esperada de 12.000 personas, sólo hubiese 4.500 en el parque, de manera que las filas pre-atracción se hacían llevaderas.


Los parques temáticos tienen que cumplir, a mi gusto, un requisito esencial: deben ser 100% dedicados a su rollo. En ese sentido, el parque Astérix está, en general, muy conseguido. Todos los letreros están escritos en esa tipografía comic sans made in Uderzo que sale en los c
ómics, los nombres de las cosas acaban en -ix o en -um, hay atracciones directamente relacionadas con las historietas (por ejemplo, el barco vikingo sale de "Astérix y los Normandos") e incluso hay una reproducción exacta de la aldea gala, con casas de Esautomatix, Abraracurcix y Asuranceturix incluidas.

Sin embargo, hay dos reproches a hacerles a los responsables: una es qué coño pinta una zona medieval en mitad del parque (época unos mil años posterior a la Guerra de Galias) y la otra es por qué hay un (lamentable) espectáculo ambientado en 1930.


El nivel de las atracciones que probé, bastante corriente. La montaña rusa -grand huit en fr
ancés- que estaba abierta, llamada Gudurix como el sobrino de Abraracurcix, estaba bien, pero lejos del nivel de, por ejemplo, el Supermán de la Warner. Las atracciones de agua eran las de siempre: el tronco que cae, la barcaza que cae, los rápidos que giran. La novedad 2009, Le défi de César, era una combinación de figuras de plástico en movimiento, animación chusquera y efectos de luz y sonido que nos acabamos preguntando si el punto del tema no era un viaje a 1992.

La pregunta del millón: ¿Eurodisney o Astérix? Pues por mi experiencia, el primero... salvo que se vaya con un niño muy fan de los irreductibles galos.

Comparando publicidades en Santa Mónica




















En alguna ocasión he defendido la publicidad comparativa, que en Europa está prohibida.

Por lo visto, a este lado del Atlántico nos dejamos engañar más fácilmente.


Audi saca el nuevo A4 y dice, con un par: "Te toca mover, BMW"... y BMW responde con un panel más grande y un M3 Coupé.

Jaque mate. Bravo BMW.

Grande Torino

Cómo es la vida. Estaba convencido de que Gran Torino me iba a parecer una película correcta, sobria y cuidada como le gustan a Clint, y poco más. Pero se equivocó la paloma, se equivocaba. Gran Torino es, como ya dijo en su momento Blaski, un peliculote.

Mi conclusión después de ver esta película es que a mí el Eastwood que me gusta no es el que mueve la cámara, sino el que hace que la cámara se mueva poniéndose frente a ella. En Gran Torino, que me cuesta un poco decir que esté dirigida por Clint, quien pasa el 95% del metraje dentro de plano, Eastwood interpreta el mejor papel de su vida. El mismo Guapo de El bueno el feo y el malo, el mismo Harry de Harry el Sucio y el Munny de Sin perdón. No le hace falta hablar mucho; sus gruñidos transmiten más que sus palabras.

Inciso: cómo me gustaría que Clint hiciese del Batman viejo de El regreso del Señor de la Noche como se rumoreó en su momento...

En Gran Torino encontramos a un Eastwood jubilado, recién enviudado, de vuelta de todo y sin más objetivo vital que disfrutar de lo que le queda. Sin entrar en los detalles, Gran Torino está en algún lugar entre el thriller y la comedia, entre el melodrama y la crítica social. Tiene momentos cómicos brillantes (por ejemplo, el personaje de Clint se pasa media película llamando Toad (sapo) a un chaval chino) y escenas dramáticas contundentes, como la (pen)última de la película que no comentaré.

Al final, uno se da cuenta de que el Gran Torino del título es el propio Clint Eastwood. Mayor, cierto, pero como el coche que da nombre a la película, sigue ganando valor con el paso de los años.

417.947 bromistas (¿?)

Imdb es la base de datos cinematográfica online de referencia. Entre las muchas cosas que se pueden encontrar en su web, está una lista de las 250 mejores películas de la historia del cine, puntuadas por los miles de usuarios del sitio.
Pues bien, del 5 al 2, las películas elegidas son Pulp Fiction, El bueno, el feo y el malo, El padrino II y El padrino. Todas ellas películas sensacionales indiscutiblemente.
La sorpresa llega cuando encontramos en el número 1 The Shawsank redemption, que creo que en España se tituló en su momento "Cadena perpetua". Creo.


Película que se me pasó en su momento -allá por 1994 puedo recordar a bote pronto En el nombre del padre, Forrest Gump y la misma Pulp Fiction-, este domingo decidí que, como en la canción de Siniestro Total, de hoy no iba a pasar.


The Shawsank redemption está firmada por Frank Darabont, cuyo currículo en aquel momento incluía los libretos de Pesadilla en Elm Street 3, La Mosca 2 y Las aventuras del Joven Indiana Jones.
Los dos protagonistas son Tim Robbins, en aquel momento poco más que un secundario en Top Gun y un papel en Howard, un nuevo héroe, y Morgan Freeman, que empezaba a ser un actor reconocido gracias a Paseando a Miss Daisy y, sobre todo, Sin perdón.

La película narra la historia de un grupo de presos en la prisión de Shawsank a lo largo de veinte años de condena. En otras palabras y como su título indica, es una de esas historias de redención y lucha contra la injusticia que tanto gustan a los americanos.
The Shawsank redemption es una buena película, no cabe duda. Tiene un planteamiento sólido, un argumento bien llevado -y que saca los coloretes a Prison Break, por cierto-, interpretaciones de nivel y escenas para el recuerdo.


Ahora bien, ¿es The Shawsank redemption la mejor película de la historia? Y mucho me temo que, en contra de la opinión de -agárrense- 417.947 usuarios, la respuesta es que ni de broma.

Fútbol no es fútbol

Pues nada, que por si fuera poco con mantener un blog, me he apuntado a montar una página con un grupo de amiguetes. La gracia del tema, hablar de fútbol sin hablar del juego. El resultado, www.futbolnoesfutbol.com.
Ya me diréis qué os parece...

pd: por motivos que no vienen al caso, todos firmamos con seudónimo, que conste.

La oficina de todos

De los muchos DVDs que normalmente me pasa mi señor padre, la mayoría son películas de tres horas anteriores a 1950, y me suele dar pereza encontrar el momento de verlas.

Sin embargo, hacía un tiempo que me pasó una serie de la BBC llamada "The office" y, el otro día, sin capacidad de no quedarme dormido durante dos horas de peli, me puse con ella.


"The office" es un mockumentary, un falso documental sobre la vida en una oficina de venta de papel en Slough, deep England. En ella, como en cualquier oficina del mundo, existen personajes como el jefe chistoso, el trepa mediocre, el trabajador inseguro o la recepcionista que sueña con ser artista. En una palabra, lo que viene siendo la mediocridad absoluta.

Todo en la serie es gris como el cielo inglés, incluso la música de entrada.
Obviamente, es una obra muy british, sobre todo en lo que al sentido del humor que tiene. Lo que convierte a "The office" en algo diferente es el sabor agridulce que deja después de cada capítulo.

La serie fue creada como proyecto de fin de carrera de Stephen Merchant, y la BBC decidió comprarla ante lo barata que resultaba la apuesta. Con la ayuda de Ricky Gervais, un cómico británico que en "The office" borda el papel del jefe que quiere ser amigo de sus empleados, racista inconsciente, alcóholico y cantante fracasado, la serie se mantuvo en la BBC 2 durante dos temporadas de seis episodios cada una. Consiguió un globo de oro y, sin embargo, la falta de audiencia hizo que fuese retirada al final de la segunda temporada.


Pero los caminos del marketing son insondables, y en una actualización de los hits de videoclub de los 80, su salida a DVD fue acompañada de un efecto boca a boca que la convirtió en un fenómeno de culto.
A tanto fue la cosa, que decidieron hacer un remake americano con el pesado de Steve Carell de prota. No creo que valga mucho la pena.


En todo caso, "The office" queda como un ejemplo más de que la falta de dinero agudiza el ingenio. Idea buena con poca pasta, dos veces buena.

Is Paul dead?

Una de las historias que cuenta el libro que me estoy leyendo, "The rough guide to conspiracy theories", es la del asesinato de John Lennon. Ya sabéis, la vieja historia de que si la CIA había programado (y financiado) a Mark David Chapman, bla, bla.

Lo que me ha hecho pegar un salto sobre el sofá es el que el autor dice, sin cortarse un pelo "Ahora qu
e Ringo Starr es el único Beatle vivo...". ¿Perdón? Y es entonces cuando descubro un cuadro de texto sobre fondo rosita, que titula, en mayúsculas a todo cipote, PAUL MCCARTNEY IS DEAD. Y cuenta la clásica leyenda urbana de la muerte de Paul, añadiendo nuevas señales para probar su argumentación.

Según cuenta la leyenda, Paul se mató en un accidente de coche en 1966. Como eso habría significado el final de los Fab Four, buscaron un sustituto, un tal Billy Shears, que con un poco de cirugía y una conveniente barba -que "Paul" empezó a llevar por esa época, daría el pego. Sin embargo, los Beatles no podían quedarse callados al respecto. Así que decidieron ir dejando pistas al respecto:

Abbey Road
En el primer disco post-Paul, los cuatro salen cruzando el famoso paso de cebra cerca del estudio de grabación (inciso: sí, yo también tengo una foto cruzando Abbey Road, ¿qué pasa?).

Primera pista: Paul lleva el paso cambiado y va d
escalzo (nota mía: va sin barba).
Segunda pista: John va de blanco, como un ministro de la
Iglesia, Ringo de negro, como un portaféretros y George parece un enterrador.
Tercera pista:la matrícula del VW escarabajo aparcado lee 28IF, es decir, "Paul would be 28 if he was alive".
Cuarta pista: dos temas del álbum se refieren a la muerte de Paul. El primero, "Come together",
habla de los tres Beatles en el entierro de McCa. El segundo "Your mother should know" hace referencia al único ser humano que tendría que darse inmediatamente cuenta de que su hijo es, en realidad, un impostor.

Sargent Pepper's Lonely Hearts Club Band
Aquí las referencias se hacen, según el libro, evidentes:

En la portada, los tres Beatles parecen rodear a Paul, que aparece en azul cielo y unos centímetros más alto que los demás, quizás levitando. Además, cuatro figuras de cera de los Beatles miran apenados a lo que parece una sepultura, que lleva dibujado en flores la palabra "Beatles" y una guitarra para zurdos, exactamente el modelo que usaba McCartney.
Dentro del librillo del disco aparece, además, Paul con un brazalete que reza OPD, o lo que lo mismo, "Officially Pronounced Dead".

De nuevo, las canciones de los cuatro de Liverpool vuelven a hacer mención al accidente. Así, en "Sgt. Pepper's" dicen "Let me introduce you to the one and only Billy Shears", en "Good morning, good morning" dicen "Nothing to do to save his life" y en la por otra parte maravillosa "A day in the life" hablan de que "he blew his mind out in a car".


En fin, que independientemente de lo fan que sea cada cual de las teorías de la conspiración, hay dos reflexiones que hacer a partir de la hipótesis de que Paul se mató en 1966: por un lado, engrandecería la figura de John Lennon, que sería el único autor de buena parte de, por ejemplo, "Sgt Pepper's". Por otro, justficaría el por qué Paul ha tenido una carrera tan mediocre en solitario, sobre todo en contraste a su compañero Lennon, pero también con la de George Harrison.

Así que si me preguntan si Paul McCartney está muerto, mi respuesta es que no lo creo, pero desde luego si así fuera, posiblemente me quedaría mucho más tranquilo.