Leo en La Vanguardia al delantero del Barça francés Thierry Henry explicando alegremente que Cataluña no es España. Esto es paradójico que lo diga un tipo de 32 años, que ha jugado en las mejores ligas europeas, y cuyos antepasados eran tan franceses como la papaya.
Me vienen bien las palabras de Henry, porque el finde pasado estuve de visita en Barcelona, ciudad para mí bastante más desconocida de lo que debería. Y digo esto porque soy un 25% catalán. Entiendo su lengua, me muero por unas mongetes con butifarra y, cuando puedo, me voy unos días a la Vall de Camprodon. Es más, mi abuela fue de las que se comió las bombas que repartió el amigo Franco en el 38. Así que me siento un poco en deuda con Barcelona.
Total, que me pasé casi 72 horas allí, y pude ver cómo está la ciudad hoy, diecisiete años más tarde de los Juegos Olímpicos que la pusieron en el mapa de las grandes ciudades europeas -por cierto, con Milán y Munich, posiblemente las únicas grandes ciudades europeas que no son capital-.
Y la verdad es que vi a Barcelona muy desmejorada. Mejor dicho, vi una Barcelona como una actriz decrépita, con varias capas de maquillaje. Una, acaso su rostro original, viviendas de los cincuenta y sesenta en pleno centro de la ciudad, como la que se ve en la foto, sacada en la calle Entença. a pocos metros de la Diagonal. La segunda, el lavado de cara que le hicieron a la ciudad para los JJOO, y que incluye la villa olímpica, el estadio de Montjuic y una mayor apertura hacia el mar. La tercera y última, la que le aplicaron en 2004 a raíz de ese Forum de culturas que nadie sabe muy bien qué es lo que fue. Esta última capa se puede ver en la llamada "diagonal mar", que no es más que una zona de negocios cortapegada en un antiguo arrabal barcelonés.
Por lo demás, la Barcelona histórica sigue en su sitio: las Ramblas tan llenas de sabor como de mierda -quizás en este caso aplica la propiedad asociativa-, la plaza de Cataluña, Gràcia... Quizás la zona con más interés ahora es El Borne, un equivalente a la Malasaña madrileña, llena de bares y tiendas de diseño.
Honestamente, me dio la sensación de que Barcelona se ha quedado anclada en los 90. La vi con necesidad de, más que de una mano de pintura, un remake. O, por seguir con el símil, más que otra capa de pote, pide a gritos una operación de estética. Un poco como lo que hizo el barón Haussmann en el París del siglo XIX o, salvando las distancias, el amigo Gallardón en Madrid. Luego está el tema del nacionalismo. Si alguien me pregunta si creo que Cataluña es nacionalista, mi respuesta es que son nacionalistas con perspectiva. Es decir, saben dónde están los límites de lo razonable y, salvo una minoría exaltada, no tienen ninguna intención de hacer una kosovada. Eso sí, hay pueblos de la Cataluña profunda donde el español -castellano para ellos- no se habla.Pero bueno, no es ruso, así que con un poco de buena voluntad, se puede llegar rápido a una entente cordiale. Ahora bien, si se me pregunta si es Barcelona nacionalista, mi respuesta es un rotundo no. Independientemente de lo que diga la Generalitat, bastante venida a menos por cierto desde que el honorable Jordi Pujol colgó las botas, no noto un sentimiento separatista en el pueblo barcelonés. Ni siquiera una conciencia nacional. En 72 horas, hasta tres personas en contextos distintos me vinieron a decir que estaban hartos de que les impusieran el catalán en su vida diaria. Incluso me explicaron el caso de un cirujano, súper cualificado, formado en EE. UU. y toda la pesca, que fue desechado por no aprobar el examen de catalán. Como si hiciera falta conocer las hazañas (¿?) de Companys para manejar el bisturí.
Y pese a todo, sigo en deuda con Barcelona. Me preguntaron si me importaría en un momento dado irme a vivir allí, y la verdad es que me parece un plan tentador. Podría aprender el catalán -voluntariamente, eso sí- y comer mongetes hasta reventar.Ja ho veurem, que dicen por allí.
Achievement in music written for motion pictures (Original song)
“Down to Earth” from “WALL-E” (Walt Disney), Music by Peter Gabriel and Thomas Newman, Lyric by Peter Gabriel
“Jai Ho” from “Slumdog Millionaire” (Fox Searchlight), Music by A.R. Rahman, Lyric by Gulzar
“O Saya” from “Slumdog Millionaire” (Fox Searchlight), Music and Lyric by A.R. Rahman and Maya Arulpragasam
Best motion picture of the year
“The Curious Case of Benjamin Button” (Paramount and Warner Bros.), A Kennedy/Marshall Production, Kathleen Kennedy, Frank Marshall and Ceán Chaffin, Producers
“Frost/Nixon” (Universal), A Universal Pictures, Imagine Entertainment and Working Title Production, Brian Grazer, Ron Howard and Eric Fellner, Producers
“Milk” (Focus Features), A Groundswell and Jinks/Cohen Company Production, Dan Jinks and Bruce Cohen, Producers
“The Reader” (The Weinstein Company), A Mirage Enterprises and Neunte Babelsberg Film GmbH Production, Anthony Minghella, Sydney Pollack, Donna Gigliotti and Redmond Morris, Producers
“Slumdog Millionaire” (Fox Searchlight), A Celador Films Production, Christian Colson, Producer
Achievement in sound editing
“The Dark Knight” (Warner Bros.), Richard King
“Iron Man” (Paramount and Marvel Entertainment), Frank Eulner and Christopher Boyes
“Slumdog Millionaire” (Fox Searchlight), Glenn Freemantle and Tom Sayers
“WALL-E” (Walt Disney), Ben Burtt and Matthew Wood
“Wanted” (Universal), Wylie Stateman
Achievement in sound mixing
“The Curious Case of Benjamin Button” (Paramount and Warner Bros.), David Parker, Michael Semanick, Ren Klyce and Mark Weingarten
“The Dark Knight” (Warner Bros.), Lora Hirschberg, Gary Rizzo and Ed Novick
“Slumdog Millionaire” (Fox Searchlight), Ian Tapp, Richard Pryke and Resul Pookutty
“WALL-E” (Walt Disney), Tom Myers, Michael Semanick and Ben Burtt
“Wanted” (Universal), Chris Jenkins, Frank A. Montaño and Petr Forejt
Achievement in visual effects
“The Curious Case of Benjamin Button” (Paramount and Warner Bros.), Eric Barba, Steve Preeg, Burt Dalton and Craig Barron
“The Dark Knight” (Warner Bros.), Nick Davis, Chris Corbould, Tim Webber and Paul Franklin
“Iron Man” (Paramount and Marvel Entertainment), John Nelson, Ben Snow, Dan Sudick and Shane Mahan
Adapted screenplay
“The Curious Case of Benjamin Button” (Paramount and Warner Bros.), Screenplay by Eric Roth, Screen story by Eric Roth and Robin Swicord
“Doubt” (Miramax), Written by John Patrick Shanley
“Frost/Nixon” (Universal), Screenplay by Peter Morgan
“The Reader” (The Weinstein Company), Screenplay by David Hare
“Slumdog Millionaire” (Fox Searchlight), Screenplay by Simon Beaufoy
Original screenplay
“Frozen River” (Sony Pictures Classics), Written by Courtney Hunt
“Happy-Go-Lucky” (Miramax), Written by Mike Leigh
“In Bruges” (Focus Features), Written by Martin McDonagh
“Milk” (Focus Features), Written by Dustin Lance Black
“WALL-E” (Walt Disney), Screenplay by Andrew Stanton, Jim Reardon, Original story by Andrew Stanton, Pete Docter
Si algo tiene internet, muchas veces para bien y alguna que otra para mal, es que da voz al que tome la palabra. Esto viene a cuento de que la película de la que hablo a continuación difícilmente podría haberla descubierto hace... ¿doce años? Probablemente jamás la veamos en cines. Nunca veremos el póster en las paradas de autobús. En la vida se llevará una nominación a nada. Y el caso es que tiene todos los ingredientes para ser objeto de culto de aquí a unos meses: malos malísimos, acción, chicas guapas, efectos especiales, banda sonora clásica y hasta lección de historia. Lástima que se olvidasen del guión... ¡Premio al primero que ponga un torrent a Dead Snow!
Hace un par de semanas nos desayunábamos con la noticia de que Michael Phelps había aparecido en la portada del tabloide News of the world fumando en una pipa de marihuana. El gigante de hierro, el plusmarquista de Pekin, el hombre que se colgó más oros que ningún otro, se estaba fumando un porro. Inmediatamente, los americanos empezaron a practicar uno de sus deportes favoritos, el linchamiento públicos de ídolos.
Llama poderosamente la atención el caso de Phelps, dado que sucede de un país en el que el 50% de la población adulta reconoce haber probado la marihuana, entre ellos los dos últimos presidentes, el (prematuramente) endiosado Obama y el denostado Bush.
Sin embargo, lo que me interesa aquí es la reacción de Kellogg's, uno de los principales patrocinadores de Phelps, que incluso imprimió su cara sobre las míticas cajas de Corn Flakes. Cinco días después de saltar la noticia, Kellogg's anunciaba a bombo y platillo la "no renovación" del contrato de patrocinio del nadador americano. Como era previsible -o al menos a mí me lo parece-, internet se ha llenado de voces a favor o en contra de esta decisión. Unos llaman a Phelps a madurar, los otros piden directamente el boicot a la marca de cereales.
Independientemente de los juicios de valor de cada uno, lo que me parece grave es que Kellogg's haya tardado sólo cinco días en tomar una decisión de este tamaño. Es decir, en un momento de crisis para una marca -presuponiendo que esto sea una crisis- lo que hay que valorar es el impacto a largo plazo de las acciones que tomamos. Si apretamos el botón de fast forward, nos encontraremos el año que viene con el mundial de natación, en el que posiblemente Phelps arrase, y vuelva a ser el Capitán América en el que se convirtió en los últimos JJOO. Hurra por Phelps, qué tío más grande, he did it again. ¿Quién se acordará entonces de la marihuana? Más interesante aún: en 2004, Phelps fue detenido por conducir borracho. ¿Alguien oyó un comentario sobre esto cuando se colgó su octava medalla de oro en el cuello?
Desde mi punto de vista, la estrategia inteligente por parte de Kellogg's habría pasado por hacer una evaluación a largo plazo del impacto de la marca Michael Phelps sobre su propia marca. Además de eso, era una ocasión fantástica para ponerse del lado del deportista y darle la vuelta a todo este ruido mediático mediante, por ejemplo, la creación de un programa infantil contra la droga patrocinado por un arrepentido Michael Phelps.
Seguiré con atención los próximos pasos de Kellogg's... y los de su competidor, General Mills.
Igual que muchos aprendimos inglés con los Beatles, aquí os dejo una canción muy romántica en francés cortesía del cómico Max Boulbil, con su letra incluida...
Est-ce que tu rappelles quand on prenait le temps De s'aimer vraiment Est ce que tu te souviens de tes sourires innocents On était des enfants Ce soir je suis là pour toi, j’ai coupé mon téléphone Je ne veux voir personne Je veux qu’on soit comme avant Qu’on ait les mains qui tremblent Je veux plus attendre
Ho ! Ce soir tu vas prendre Oui tu vas prendre
Comme si je sortais de prison Après 20 ans de réclusion
Ho ! Ce soir tu vas prendre Oui tu vas prendre
J’ai vu des culs toute la journée Tant pis c’est toi qui va payer
Ho tu vas prendre !
Je suis fragile comme une fleur Fragile comme la soie J’ai besoin de toi. Je ne tarderais pas mon cœur Glisses toi dans les draps Mais surtout ne t’endors pas Parce que ce soir tu vas prendre
Ho tu vas prendre !
Je vais t’en mettre pour 10 ans Tu raconteras a tes enfants
Ho tu vas prendre !
Oui tu vas prendre
J’espère que tu es véhiculé Parce que tu pourras plus marcher
Ho tu vas prendre !
L’amour c’est un peu ca C’est comme au cinéma D’ailleurs j’ai pris la caméra
Et ce soir tu va prendre ! Ho tu vas prendre !
Je sais ta bouffé chez ta mère Mais je t’ai ramené le dessert Ho tu vas prendre ! Oui tu vas prendre ! Si jamais tu as encore faim J’ai ramené 2/3 copains
David Fincher siempre es garantía de cine de calidad e inteligencia. Pruebas de ello son Seven, Zodiac, El club de la lucha o, sobre todo, la menospreciada The game. El curioso caso de Benjamin Button no es una excepción.
Sin embargo, a diferencia de su filmografía precedente, Benjamin Button parece una película que no corresponde a Fincher. Parte de un guión del autor de Forrest Gump -los paralelismos entre las dos películas son sorprendentes y, hasta cierto punto, sospechosos-, texto más hecho a medida de un Tim Burton o incluso un Steven Spielberg que del director de Alien 3. La historia de Benjamin Button, un hombre que rejuvenece al envejecer, parece permanentemente dudar entre el biopic oscuro, o si la fantasía más desenfrenada. Quizás su ambigüedad es lo mejor que aporta su director, o quizás sea lo peor.
Posiblemente más preocupado por encontrar el tono de la historia y controlar la evolución de los actores, la mano de David Fincher se deja sentir muy poco en esta película. Hasta en su título más flojo, La habitación del pánico, Fincher nos regalaba ese plano que pasaba a través del asa de una tetera. En Benjamin Button, parece querer algo similar en la escena del accidente de París, pero al final la cosa queda en predecibles fuegos artificiales. Más preocupante es la presencia de escenas totalmente estériles, y las relaciones entre personajes -el padre de Benjamin- decididamente inverosímiles.
Mucho se ha hablado sobre los excelentes efectos especiales que hacen rejuvenecer o envejecer a los actores. Si bien es cierto que en las edades extremas, vejez y juventud, la cosa funciona, en la mayor parte de momentos que salen Brad Pitt y Cate Blanchett, la piel se nota demasiado lisa, sin textura. Quizás el problema viene de intentar transformar a dos actores tan mainstream, rostros familiares para todo espectador medio, que los ha visto cientos de veces en su estado... real.
Las tres horas de metraje se hacen eternas. Al final de la película, el dolor en las piernas es tan intenso, que uno tiene la sensación de que la vida de Button la han narrado en tiempo real.
Yo diría que El curioso caso de Benjamin Button es una de esas candidatas al Oscar (y posiblemente ganadora de alguna estatuilla) de la cual nadie se acordará unos años después. Personalmente, y aún a riesgo de dar pistas de cara a la quiniela de los Oscar, no creo que el film de David Fincher deba competir con... bueno, ya sabéis con qué otra película.
Ya están ahí otra vez. Hablo de los de siempre, de quién va a ser. De los que siguen negando el Holocausto -y mira que yo tampoco soy fan de la exaltación sistemática de los pobres judíos- y rechazando la eutanasia de una pobre chica que lleva quince años en coma. Que se dice pronto.
Pero lo peor, insisto, LO PEOR, es la connivencia del poder político. El compadreo que se siguen trayendo los unos y los otros, igual que siempre pero ahora, para que no se entere el personal, entre bambalinas.
Berlusconi anuncia en Italia una ley exprés para impedir la eutanasia de Eluana, que así se llama la pobre chica. Se ve que es Dios el que lleva quince años ocupándose de sus cuidados, y no los familiares que deben estar a estas alturas hechos unos zorros. Parece que se trata del mismo Dios que jamás permitiría que el exterminio sistemático de seres humanos se produjese. Me pregunto si también será Dios el que paga, por último, los gastos derivados de mantener a Eluana respirando (ojo, porque aquí el matiz es importante: eso no implica mantenerla con vida). Mientras tanto, en España, el número dos del Vaticano, la mano derecha del Emperador Razinger, el equivalente en términos galácticos a Darth Vader, queda a comer con el gobierno -socialista- y con su majestad el Rey para limar asperezas en torno al tema del aborto, porque España tiene que seguir dando ejemplo -y pasta- en tanto que nación católica. Me voy a saltar el tema del fundador de los Legionarios de Cristo, que por lo visto se pasaba por la piedra a los monaguillos como si no costara. Se ve que, en ese tema, Dios también hace la vista gorda. Por la cuenta que le trae. Y mientras tanto, en Francia, Sarkozy sale esta noche en televisión a explicar sus medidas para frenar la crisis. ¿Alguien se imagina a Solbes en la misma situación?
En fin, que prefiero quedarme con lo positivo del día, que es esta campaña del Eurostar que me he encontrado en la prensa de hoy. El titular dice "Londres, rápidamente". Brillante.
Pues sí, un año más voy a hablar de la Super Bowl, y un año más no voy a contar nada del partido de fútbol americano, que por lo visto fue un tostón que se decidió sobre la bocina. En fin, a lo que vamos.
La Super Bowl es todos los años uno de los puntos culminantes de la publicidad americana, y por lo tanto mundial. Este año, sin embargo, es el que peor nivel ha habido. O al menos eso creo. De manera que, en lugar de poner los mejores anuncios de las marcas "gordas", voy a poner los peores, y a comentarlos. El peor, para mí sin duda, es el de Coca-Cola de los insectos:
Independientemente del nuevo slogan de la marca, "Open happiness", creado porque en muchos idiomas el "Coke side of life" era ininteligible, creo que Coca-Cola empieza a sobreexplotar el rollo fantástico-onírico en su comunicación. Hombre, que ya sabemos que a estas alturas no se puede cerrar con un plano de producto, o un chico guapo empinando el codo y el logo en sobreimpresión. A estas alturas de la película, sin embargo, Coca-Cola es una marca tan conocida, que ni siquiera tendría necesidad de sacar el producto.
Por si acaso nos quedábamos con sed de más (catapún-chas para mi chiste), la empresa de Atlanta nos ofrece otro spot, esta vez de Coca-Cola Zero, producto sin azúcar dirigido a un target masculino.
Pues bien, independientemente de que no me diga nada, más allá de asociar la marca con ooootra celebridad, me parece una cagada prostituir a los personajes de esa obra maestra que es esta campaña de 2007.
Por si no tenéis suficiente bebida carbonatada con extractos de coca, aquí os pongo lo que sacó al aire Pepsi:
Aparte de la nueva lata, que a mí me mola, es un spot facilón, buscando la lagrimilla y el qué grande es América a más no poder. Diríase que dejan un poco de lado su imagen de ir contracorriente, en favor de un tono más políticamente correcto. Es un posicionamiento muy loable si no fuera porque es el de... Coca-Cola.
Supongo que para compensar el tono mohíno del anterior spot, el equipo de marketing de Pepsi decidió sacar este otro spot:
Una parodia de una serie de los ochenta, con el mismísimo McGyver como co-protagonista. Busca claramente el efecto viral, que como diría mi amigo Cover no es algo a priori, sino que una campaña la convierte en viral la gente al pasársela de unos a otros. En mi humilde opinión, aparte de que no me gustan las viralidades forzadas (toma ya), me parece mal dirigido, mal interpretado y mal todo.
El lado positivo de la Super Bowl, no todo van a ser desastres, es este spot de Careerbuilder.com, que me parece que es uno de los pocos portales de empleo a nivel mundial que ha decidido apostar por la creatividad, y sin ver sus números sospecho que debe estarles dando resultado. Bravo por ellos.
El título de este post es puramente comercial; la verdad es que casi hace once años que se estrenó El gran Lebowski.
El otro día discutía sobre las mejores comedias de los últimos veinte años, y se me olvidó hablar de Lebowski. Para mí, sin lugar a dudas, la mejor película de los Coen. Recoge lo mejor de Barton Fink, elimina la falta de ritmo de Fargo y no cae en el error de contratar a George Clooney como comediante. Como digo, la mejor película de los hermanos Coen. La primera vez que la vi, lo recuerdo perfectamente, fue un día que no tuve clase en el instituto -el profesor no vino- así que, con toda la mañana libre, pasé por el videoclub y alquilé siguiendo el criterio que se seguía entonces: por la carátula.
Sin entrar en referencias de esta peli a la obra de Raymond Chandler y otras pajas mentales que le gustan al gafapastismo, El gran Lebowski, diez años más tarde, se ha convertido en película de referencia de los 90 y en clásico generacional. Como muestra de ello está el Lebowski Fest, que se celebra por todo EE. UU. y sirve para homenajear a la peli, beber rusos blancos y, por supuesto, jugar a los bolos.
Independientement del retorcido guión -macguffin incluido-, la brillante mezcla de estilos musicales (¡Mozart, los Gipsy Kings y unos falsos Kraftwerk en una misma banda sonora!) y la fotografía del gran Roger Deakins, lo que hace del Lebowski una película brillante es el casting. Empezando por un Jeff Bridges que nunca estuvo tan fino, pasando por John Goodman bordando a su amigo judío militarista, hasta acabar en toda la pléyade de secundarios de lujo que adornan la función: Peter Stormare, John Turturro ("nobody fucks with the Jesus!"), un desconocido entonces Philip Seymour Hoffman y mi favorito personal, el gran Steve Buscemi.
Para los que no la tengáis a mano, os dejo un resumen cortesía de YouTube.
Como dije en su momento, una de mis 20 películas favoritas. Un clásico básico que no me cansaré nunca de ver. Fucking A.
Pues ya está. Lo que parecía un proyecto maldito de Hollywood, la adaptación de Tintín a la pantalla grande, ya va sobre ruedas. Han tenido que juntarse dos directores como Spielberg y Peter Jackson para poder ponerlo en marcha, y aún así han tenido que vender su alma al diablo para que se lo financien mano a mano Paramount y Sony, después de que la Universal dijera verdes las han segado. La idea es rodar una trilogía, con Steven a los mandos de la primera, Peter a los mandos de la segunda, y González Iñárritu dirigiendo la tercera. Esto último me lo he inventado, pero apuesto a que a alguno le ha recorrido un escalofrío al pensar cómo podía acabar Milú bajo el yugo del autor de Amores perros. La primera película se basa en la que para mí es la mejor aventura del reportero belga, algo por encima de El cetro de Ottokar: El secreto del Unicornio.
Total, que han decidido que lo mejor que podían hacer para plasmar el comic de Hergé es recurrir al motion capture, técnica consistente en rodar a los actores llenos de sensores de movimientos contra un croma, y después convertirlos en un dibujo animado. Es la técnica que se utilizó, por ejemplo, en la soporífera Polar express (ver a Tom Hanks en versión digital junto a estas líneas).
La técnica, si bien resulta discutible, merece mi confianza por tratarse de Steven. En lo que ya no estoy de acuerdo es en el casting: Tintín será interpretado por el (entonces) niño de Billy Elliott frente a mi favorito, el loveactually Thomas Sangster. Daniel Craig dará vida al malvado pirata Rackham el Rojo (esta elección me produce más curiosidad que inquietud) y el capitán Haddock será impersonado por Andy Serkis, que viene siendo el actor que hizo de Gollum en los Anillos y que apestó hasta extremos insospechados en King Kong haciendo de... marino. Mala elección a todas luces, y menos para una historia en la que el protagonista es el borracho marino barbudo. Sigue sin estar claro quién será el otro personaje clave del relato, el profesor Tornasol, pero miedo me da que quien sea caiga en la trampa de sobreactuar para darle el punto cómico al genial y sordo inventor.
Más allá de todo este debate, inútil a todas luces salvo que Spielberg lea este blog (por si acaso, permitidme: ¡hola maestro!), lo que me inquieta es lo difícil que es retener la esencia de las historias de Hergé, basadas en historias demasiado complejas -me temo- para los niños de ahora, con un tono realista que lo distancia de los harrypotters y otros éxitos infantiles de los últimos años, y sobre todo apoyadas en el lápiz experto de Hergé que elevaba cada viñeta a la categoría de obra de arte.
El otro día estuve viendo en Canalsat la versión de American Psycho que protagonizó Christian Bale. Fue, por cierto, la primera peli que vi en el cine cuando llegué a Madrid, hace ya casi 9 años, y que luego homenajearíamos en el corto Espanis sico, pero esa es otra historia. La verdad es que, sin tener un guión muy allá (cierto es que el texto original de Bret Easton Ellis es un referente como historia que va de más a menos), la película se sostiene exclusivamente por la interpretación de Bale. La cara de psicópata la borda, el tío.
Total, que en la película, como en la novela, se hace alusión continuamente a las marcas de las cosas que el protagonista usa. Dicen que somos lo que consumimos, así que puede tomarse esto como un psicoanálisis:
A las 7:50 suena mi despertador Philips. Lleva conmigo unos doce años, pero todos mis intentos de reemplazarlo por algo más glamouroso han sido en balde.Me preparo el desayuno: tostada con queso de untar, marca blanca del supermercado donde compro, y Cola Cao turbo traido de España. Sospecho que Nesquick les vende el producto. Me ducho utilizando el gel con olor a melón -fresco, con un contrapunto dulce y cítrico- de The soap story, una tienda jabonera de amigos santanderinos. Me visto, hoy con unos Levi's y unas converse negras. Casual Friday. Agarro mi bolsa, marca Dockers -que también aspiro a reemplazar, pero se resiste-, mi móvil de empresa, Sony Ericsson y me enchufo el iPod. El disco de Joe Crepúsculo, que lo tengo de deberes. Sobre la cabeza, mi gorro Quiksilver gris, que cumple su función y no me hace parecer Eminem. Subo al metro, que está moderadamente lleno, y leo el gratuito Direct Matin. Es el único que dan en mi parada. No recuerdo ningún anuncio de los muchos que pagan la edición de ese periódico. Bueno, sé que la contra es entera de un operador de telefonía móvil, pero no sabría decir si Bouyges o SFR. Llego a la agencia y enciendo el ordenador Hp, marca que es a la vez proveedor y cliente.A media mañana me tomo un café en la máquina de Nespresso. Idéntico caso que el de Hp. Afortunadamente no soy nada gourmet de café, porque me da la sensación de que ése debe ser bastante malo. Dado que es viernes, comemos fuera de la cantina de la agencia. Chino genérico, pero dan un arroz cantonés estándar -esto es, bueno- y una sopa picante que me deja con el estómago tocando palmas toda la tarde. Me bebo una cerveza que me dicen que es tailandesa, pero no recuerdo la marca. Un poco aguachirri, para qué nos vamos a engañar. Por la tarde/noche voy a jugar al fútbol. Me puse pantalón Austral del Racing, herencia de cuando mi amigo Juan jugaba en el b, camiseta Joma de la 07-08, y botas Nike, que encuentro más cómodas que las Adidas. El balón, que no es mío, es un Kipsta, la marca de Decathlon. Me parece demasiado pesado. Me hago una microrrotura de fibras en el cuádriceps derecho en el minuto tres y me paso el resto del partido de portero. Luego llegando a casa, paro en McDonalds, McDo para los franceses, y compro un McFlurry de M&M's. Sobre el eterno debate McDo-Burger King, me quedo con los accesorios de McDo y las hamburguesas y patatas de BK. La mala noticia es que en Francia no hay BK... Al llegar a casa y enciendo la tele, una Sony Bravia, y sintonizo Calle 13 (Rue 13 aquí) para quedarme placenteramente dormido frente a la soporífera versión americana de Godzilla...
Hoy me he levantado de bonheur, que dicen los franceses, y después de hacer unos recados me he ido a mi cine parisino favorito -no diré cuál es para mantenerlo tan vacío como suele estar- con la sana intención de hacer sesión doble.
Tenía más opciones de las que pensaba, y al final descarté Che y la última de Daniel Craig, que aquí se llama Les insurgés y va de la resistencia soviética en la II Guerra Mundial.Compré entradas para Largo Winch, la adaptación del comic homónimo de Van Hamme y Francq, y Slumdog millionaire, la última peli de Danny Boyle.
Sobre la primera, resulta una traducción plana de la historieta original. No merece la pena ni comentarla.
Sin embargo, Slumdog millionaire... oh, Slumdog millionaire. Entré sabiendo que era una peli rodada por Danny Boyle -quien tiene crédito casi infinito conmigo desde Trainspotting- en Bollywood, en pleno corazón cinematográfico de la India.
Y salí enamorado. Qué película. Corrijo: qué PELÍCULA.
Redonda, son dos horas de maestría cinematográfica. Ya no es sólo el hecho de que, como todas las grandes historias, parte de una premisa brillante -un chaval de los suburbios de Bombay que gana la versión india de ¿Quién quiere ser millonario?- sino que además lo complementa con un trabajo espléndido por parte de actores, músicos, DOP, producción... todo ello dirigido con mano experta por el amigo Boyle.
Slumdog millionaire es un extraño cruce entre Ciudad de Dios y Forrest Gump; es la demostración de que la fantasía no consiste en construir decorados de colores y situaciones surrealistas. Que aprenda el amigo Burton. Hubo varios momentos de esos que te estremeces en la butaca y no sabes si reír o llorar, pero de todas formas te dan ganas de levantarte y aplaudir.
Cuando la película echó el cierre la mayoría de los que allí estábamos nos quedamos clavados en la butaca mientras los créditos pasaban, saboreando la experiencia e intentando asimilar -siempre es difícil- que acabábamos de presenciar una obra maestra.
Estamos a día 17 de enero y puedo decir sin miedo a equivocarme que Slumdog es una de las tres mejores películas de 2009. Danny Boyle lo ha hecho de nuevo. Enhorabuena.
Desde finales de los años 80, el mundo entero vivió la llegada de unos cines distintos. IMAX era la marca de estas salas que llegaban dispuestas a revolucionar la manera de proyectar películas.
Basadas básicamente en dos tecnologías, el 3D, primero clásico (analógico y con gafas un ojo verde, el otro rojo) y ahora digital (con las mismas gafas, pero sin los colores) y la proyección en cúpulas que permiten una visión de 360 grados (OMNIMAX).
Sin entrar en tecnicismos, la gran diferencia inicial entre IMAX y el cine convencional es el tamaño del negativo: 70 mm frente a los 35 mm del celuloide normal. Esto tiene una pega: para rodar una película en IMAX, se necesita una cámara especial, capaz de manejar estos negativos. Como consecuencia, la poca cantidad de salas con tecnología IMAX y la elevada inversión en nuevas cámaras que se requería hicieron que los estudios de Hollywood le dieran la espalda al sistema.
Todo cambió con la llegada del cine digital. Ahora, muchas películas se graban directamente en discos duros, con lo que el problema del negativo desaparece de raíz.Así, algunas majors Hollywood, conscientes del valor añadido de IMAX, han empezado a rodar partes de sus películas con cámaras de IMAX. Yo, por ejemplo, tuve la suerte de ver cómo un petardo del tamaño de Superman Returns mejoraba sensiblemente en el IMAX del Lincoln Centre en Nueva York, con pantalla gigante, gafas 3D y toda la pesca. IMAX no transforma una peli mala en buena, pero sí que es una gran diferencia respecto a quedarte en casa y verla en tu tele.
Porque esa es otra: cada vez más ahogados por la piratería y la calidad de los sistemas de cine en casa, los estudios de Hollywood se han dado cuenta que hace falta algo más que palomitas de maíz para atraer a los espectadores. Así que se han abrazado el formato IMAX como el futuro de la proyección cinematográfica.
Al poco de volver a España, se estrenaba Casino Royale, y ni corto ni perezoso decidí llamar al IMAX de Méndez Álvaro a ver cuándo la proyectaban. El telefonista que me atendió, tan amable como lelo, me dijo, textual, que allí no estrenaban películas de esas. Y claro, me calenté y, además de pedirle hablar con su jefe -cosa que no conseguí-, le conté mi opinión sobre su modelo de negocio y el interés de sus películas. Hoy, si uno entra en la web del IMAX madrileño, la programación es la siguiente: Gigantes del océano, Everest, Profundidades marinas, Los alpes, India misteriosa, Dinosaurios alive 3D, Castillo encantado y Australia. No sé si para bien o para mal, esta última no es el maravilloso film (¿?) de Baz Luhrmann.
Todo esto viene al caso de que esta mañana estaba leyendo la prensa gratuita en el metro, y vi que había un festival de películas IMAX en la Géode, en París. Entré en su página web, para ver qué películas me interesaban y, además de las que proyectan en Madrid, hay éxitos como Gran cañón, Yo: Van Gogh, Delfines y ballenas 3D o Egipto 3D. La única que vale la pena es U23D, que ya vi -y comenté en estas líneas- hace un año, más o menos. Así que lo siguiente que hice fue irme a mirar la programación del IMAX de NYC. El resultado: Fuerzas de la naturaleza, Madagascar 2 y Ultimátum a la Tierra. Y próximamente reponen el último Batman, que necesita volver a las salas para meterse en la carrera por los oscars. Por si acaso las películas interesantes se pierdesen al cruzar el Atlántico, me metí en el IMAX de Londres. El resultado en este caso: las mismas pelis que en París... y además 300, Batman, Madagascar y hasta aguanta Superman Returns. Parecido para Berlín.
Por las películas que exhiben, uno diría que en Francia y en España el IMAX es como La2 o Arte, es decir, que tiene una vocación más educativa que comercial. Dado que cada vez que he ido a salas IMAX -en España y en Francia- están semivacías, me pregunto si verdaderamente creen que su programación es interesante para el público, que al final es quien paga la entrada. Es más, me pregunto si las salas IMAX son sostenibles. Porque la alternativa, como siempre, es que IMAX esté subvencionado por la Unión Europea con nuestros impuestos. No lo sé a ciencia cierta, pero no me parece inverosímil.
Mi conclusión es que, una vez más, a los franceses y a los españoles se nos olvida que el cine es un negocio y que hay que dar a la gente lo que demanda. ¿Que no queremos vernos colonizados por el cine americano? En el nombre del padre, El enemigo íntimo, The transporter, El paciente inglés, El hundimiento, La vida es bella... son sólo algunos ejemplos de películas europeas que llenaron salas convencionales y podrían llenar salas IMAX.
Otra vez más, el caso IMAX deja la sensación de que el cine europeo utiliza un proteccionismo desfasado para ocultar sus propios complejos. O al menos así me lo parece a mí.
El otro día se podía leer en la prensa que Steve Jobs deja provisionalmente la dirección de Apple hasta el mes de junio. Según el comunicado oficial, el CEO de Apple tiene un desajuste hormonal. Yo -y muchos otros- a juzgar por su evolución en las fotos que han salido en los medios, diría que tiene un cáncer como un jamón. Espero equivocarme.
La gente suele pensar que Steve Jobs es el pavo que creó Apple. Pues sí, pero también es el pavo que creó la que es mi compañía favorita a día de hoy: Pixar.
Steve Jobs empezó a montar ordenadores cuando era un adolescente. En 1976, cuando tenía 21 años, creó Apple Computer, y a partir de 1984, cuando lanzó el primer Mac, la cosa se disparó.
En 1985, apenas un año después, Jobs abandona Apple para crear NeXT.Mientras tanto, se entretiene comprándole a George Lucas Pixar, y convirtiéndolo en el primer -y mejor- estudio de animación por ordenador.
En 1997, Jobs vuelve a Apple. La compañía tenía un 3% de cuota de mercado y productos fracasados como el Newton (la primera PDA de la historia, todo sea dicho), el QuickDraw o el PowerPc, del cual yo fui víctima colateral.Jobs cierra todo eso y se concentra en desarrollar un nuevo sistema operativo a partir de los desarrollos que había hecho en NeXT, compañía adquirida por Apple por la nada despreciable cifra de 429 millones de dólares.
A partir de ahí, comienza la era de la i, con el iMac, el iPod, iTunes, etc. Jobs incluso se refirió a sí mismo en una ocasión como iCEO. Apple Inc. ostenta a día de hoy el 10% de cuota de mercado a nivel mundial.
Lo que más me gusta de Jobs, que por otra parte en persona debe ser un auténtico cretino, es su genialidad. Aparte de ser un visionario de su negocio, un apóstol de la innovación, Jobs deja una estela de anécdotas buenísimas: - contrató a John Sculley, entonces CEO de Pepsi, preguntándole si quería pasar el resto de su vida vendiendo agua con azúcar a los niños o quería tener una oportunidad de cambiar el mundo. - cuando volvió a Apple encontró una habitación llena de modelos clásicos de Mac, que se guardaban como tesoros de la historia de la sociedad. Jobs los tiró todos a la basura, y dijo que aquel que se detuviera a admirar el pasado sería atropellado por el futuro. - le soltó a Michael Dell que su compañía sólo hacía cajas beiges sin innovación alguna.
En resumen, un tipo genial, un auténtico líder y un visionario adelantado a su tiempo. La cuestión es: ¿podrá Apple sobrevivir después de Steve Jobs?. La respuesta no es evidente, ya que en el periodo en que Steve no estuvo a las riendas, la compañía de la manzana lo pasó realmente mal. Sin embargo, Ford sobrevivó a Henry Ford, Disney sobrevivió a Walt y Heinz sobrevivió a Henry Heinz. Así que ¿por qué no?.
Sometimes when you innovate, you make mistakes. It is best to admit them quickly, and get on with improving your other innovations. Steve Jobs.
Hoy he leído que la Fox ha decidido acabar con una de las pocas series que he seguido en los últimos cinco años: Prison Break se acaba al final de esta temporada.
Todavía me acuerdo cuando Blaski, en aquellos tiempos felices de Gasómetro, me vino a ver para decirme que había una nueva serie de unos que tienen que escaparse de la cárcel que estaba muy bien. Efectivamente, esa serie era Prison Break.
La premisa de la serie, la del hombre que se hacía encarcelar para liberar a su hermano, era innovadora. La elección de los actores, con sus altos -Robert Knepper- y sus bajos -Wentworth Miller-, la música, el montaje... todo ayudaba a crear una atmósfera de tensión.
Luego vino la segunda temporada, que fue hecha como consecuencia directa del éxito de la primera temporada. Obviamente, cualquiera que viera el final de aquellos 24 capítulos, sabía que no había continuación razonable. Y aún así, consiguieron hilar una temporada bastante decente, sobre todo gracias a la aparición de William Fichner y Paul Adelstein.
La tercera temporada ya fue muy justita argumentalmente. La vieja fórmula cada vez se repetía más, los personajes aburrían, la cara de palo del protagonista ya no era un pero salvable, sino un escollo serio, y la cosa decaía peligrosamente.
La hora de la verdad llegó en la cuarta temporada. Algo de profeta debo tener, porque vi el primer capítulo y le mandé un email a Blaski: esto es una mierda, me bajo del carro. Y no sé si el amigo Hopewell siguió con ella o no, pero el caso es que la serie se ha inmolado poco a poco. Es lo que pasa cuando tienes una premisa tan grande como autolimitada.
Y a todo esto, Jack Bauer ha vuelto. He visto tres de los cuatro capítulos de la temporada siete. Esperaré un poco antes de hacer un juicio de valor.
A falta de fútbol o tenis por culpa del hielo que hay en París (hielos perpetuos al paso que vamos, como si esto fuera un glaciar en Laponia), me he tenido que entregar en cuerpo y alma a repasar la sexta temporada de 24 y a echarle horas a Quantum of Solace (doblado como "Cuánto sol hace" por alguna enajenada) para PS3 que me dejó el Mapá Noel.
Soy muy fan de 007, y como tal, he jugado a absolutamente todos los juegos de James Bond que han salido en los últimos 15 años. El mejor de todos, no hay debate, es el Goldeneye de la Nintendo 64.No sólo fue el primero en jugarse en la piel de 007 -en ese caso, Pierce Brosnan-, sino que tenía un montón de misiones, mucha interactividad para la época, y tenía un modo desafío para dos jugadores que incluía personajes clásicos como Oddjob o Tiburón.
Total, que metí el disco en la consola y me encuentro con una intro decente, y con las voces de los actores originales. Esto es un buen punto, aunque no llega a ser tan guapo como cuando hicieron Desde Rusia con amor con la voz del mismísimo Connery.
La primera escena, que por cierto va, como en las películas, antes de los títulos de crédito, tiene lugar en la mansión del final de Casino Royale. Pasamos a créditos y nos encontramos con... una escena de Casino Royale! Miré la carátula del juego -lo juro- por si me había equivocado, o por si había dos juegos en uno o algo así. Y no.La brillante idea de mezclar las dos películas supongo que viene del arrepentimiento de haber sido tan estúpidos como para no sacar un juego con cada película del agente 00. Así que ahora corrigen y mezclan dos del tirón. El resultado, un batiburrillo de escenas sin conexión entre sí, que si has visto las películas te enteras más o menos y, si no, agachas la cabeza y te pones a dar tiros a todo lo que se mueve.
El juego es fácil. Lo puse en nivel 2 sobre 4 y sobrado. Para empezar, la energía se recarga por sí misma; es decir, que uno traga balas y, con esconderse detrás de un muro, vuelve a estar como una rosa. A nivel de gráficos, la cosa no está mal. Escenarios elaborados, con muchos objetos pero con poca interacción (cuánto daño ha hecho el GTA). Los enemigos son tirando a lelos, aunque tienen la puta manía de intentar flanquearte continuamente, lo que les convierte en un auténtico pain in the ass que se agradece. Imperdonable que no hayan incluido la persecución con el Aston Martin del principio de Quantum.Otro punto negativo es que la opción multijugador sólo esté disponible en línea, y no puedas jugar con un segundo mando a matar a un colega.
En definitiva, un juego que no está mal, pero que podía perfectamente haber sido de PS2. Sobre la pregunta clave ¿es mejor que Goldeneye? la respuesta es un rotundo no. Doce años después. vale la pena conservar intacta mi Nintendo 64 sólo para echarse una partidita con nuestro agente secreto favorito.
Pues eso, que año nuevo, vida nueva. O vida reciclada. O remake de vida. Whatever.
Aquí os dejo lo que espero de este año:
1- Volver al fútbol después de 8 años y medio 2- Hacer la vuelta a la Galia de Astérix 3- Retomar (y acabar) al menos una de las tres historias que tengo a medio escribir 4- Conseguir que el Chucho, Obelix y Blaski pisen París 5- No tener apendicitis
Creo en 2009. A pesar de la crisis, a pesar del pesimismo, a pesar de los israelíes y los otros, a pesar de los pesares, 2009 va a molar. TIENE que molar.2008 ha sido, en términos generales, una ful, maquillada por los éxitos deportivos conseguidos. Para abrir boca en 2009, Jack Bauer regresa a finales de enero. Pero cómo no va a molar el año nuevo!
Escribo el que probablemente será el penúltimo post del año para hablaros de uno de los estrenos de las navidades: Australia, de Baz Luhrmann.El amigo Baz, que se ganó su crédito con la sorprendente Moulin Rouge (2001) -con Nicole Kidman de protagonista- no había vuelto a ponerse tras las cámaras desde entonces, más allá de algunos spots para Chanel... con Nicole Kidman de protagonista.
En fin, que Australia, película protagonizada por los australianos Hugh Lobezno Jackman y, lo habéis adivinado, Nicole Kidman, narra la historia de unos granjeros entre 1939 y 1942. La acción transcurre en el norte de... Australia. Si os soy sincero, mis expectativas para esta película, que ya en el trailer se anunciaba como un pasteleo entre los dos protagonistas, eran bajas. Pues bien, como decía a la salida mi tía Marina, es tan mala que en lugar de dormirte, te encabrona.
El despropósito empieza, como no podía ser de otra manera, por el guión. Una historia que pretende resultar épica y resulta confusa, pretenciosa y sobre todo, muy indiferente. En ningún momento el público conecta con los personajes, posiblemente ayudado por lo previsible de la historia y la incapacidad expresiva -que no es noticia- de Nicole Kidman. Si bien Moulin Rouge funcionaba a pesar de ella, Australia se hunde en el barro un poquito más gracias a ella. Hugh Jackman, que tiene un tópico papel de rudo vaquero, hace lo que puede dentro del esperpento que le rodea.
Y sin embargo, ni Hugh ni Nicole llevan la película al desastre interpretativo. Tal honor (¿?) recae en David Wenham, antes visto como el soso de Faramir en la trilogía del Señor de los Anillos. El amigo Wenham -en la foto, aprendiendo a montar a caballo, que es el 80% de lo que hacía en El Señor de los Anillos- da vida al malo de la película, y de tanta cara de malo y tantas frases de malo y tantas veces que hace cosas malas, cruza la delgada línea que separa la actuación sublime del ridículo más espantoso. No sólo la cruza, sino que se pasa los 180 minutos de metraje subido en el barco de la sobreactuación más lamentable.
Mención especial para el amigo Luhrmann. Su dirección es un rosario de imprecisiones, incluyendo planos cortos que deberían ser medios, planos largos de promoción del turismo australiano, cámaras lentas que pretenden realzar el dramatismo y acaban provocando la carcajada, contraplanos a ninguna parte... Posiblemente, el director ciego que interpretaba Woody Allen en Un final made in Hollywood no lo habría hecho peor.
Y luego están los efectos visuales. No sé si os acordáis de esos borrosos planos generales de París hechos por ordenador que salían en Moulin Rouge y que daban la impresión de haber puesto un folio de plástico delante del objetivo de la cámara. A pesar del cante a píxel que daban, tenían un doble pase: por un lado, eran escenas en plan onírico-festivo, y por otro, estábamos en 2001.En Australia, que los aviones, los barcos, el pueblo y hasta las vacas se vean borrosos ya no cuela.
En definitiva, un horror, un auténtico esperpento de dimensiones épicas, que deja a Baz Luhrmann por debajo del nivel de Tim Burton tras El planeta de los simios, en el mismo pozo que quedó Guy Ritchie después de su demencial Barridos por la marea. ¿Será capaz de recuperarse? Quiero pensar que sí, pero mucho me temo que pasará mucho tiempo hasta que pueda pronunciar el nombre de Baz sin soltar una risita burlona.