Quizás sea porque soy nostálgico por defecto, o quizás porque uno de mis defectos es la nostalgia, pero el caso es que este fin de semana que he pasado fugazmente en Madrid me pregunté más veces de las que caben en una mano qué cojones hago yo lejos de aquello. Lejos de los domingos en La Latina. Lejos de los bocatas de calamares. Lejos de la plaza de Oriente. Lejos de la caña de Mahou. Lejos de la gente con la que más me gusta estar.
Será el efecto noviembre, que es sin duda el peor mes del año. A ver si llega ya el día 27 y se me pasa este momento morriña.
Esta tarde al salir del trabajo me fui con Antoine a casa del ch'ti por excelencia, Mathieu, a revivir un referente de nuestras infancias: Cazafantasmas. Es de esos momentos en que te das cuenta que los franceses son, a pesar de los pesares, verdaderamente un pueblo hermano: aquí todo el mundo de mi generación conoce a Steve Urkel, ha jugado al Monkey Island o sabe qué es lo que pasa cuando pones un DeLorean a 140 kilómetros por hora.
El caso es que Cazafantasmas (S.O.S Fantômes en versión gabacha) es una de esas películas que nos han marcado a todos. Yo personalmente llevaba sin verla unos quince años, porque curiosamente nunca la llegué a tener en VHS.
Total, que la película es espectacular, tiene un humor bestial y Bill Murray gana un montón en versión original. Luego está Rick Moranis, que es un secundario ochentero sensacional, al nivel de Steve Buscemi en los 90. Y la música, el logo, el coche, el marshmellow... brutal peli.
En lo que sí hemos coincidido los tres es en lo mal que ha envejecido la película. A diferencia de Star Wars o la misma Regreso al futuro, Cazafantasmas da la sensación de tener unos efectos especiales que ya eran malos el día de su estreno.
Por eso mi reflexión ha sido que no obligaré a mis hijos a ver las películas de mi infancia. Como dice Antoine, no me digas que no te jode cuando tu padre te pone películas en blanco y negro de los años cincuenta... Pues eso.
Unos cachondos, eso es lo que son. Leo en internés que Batman, una ciudad en Turquía, ha decidido demandar a la Warner Brothers por utilizar su nombre en las películas del hombre murciélago.
Paso ya de decir que los señores pro-kurdos del ayuntamiento de la ciudad no deberían demandar a Warner Brothers, sino a DC comics, propietaria de los derechos del personaje desde su creación, allá por 1939. Lo que yo digo, señores batmanianos o batmanienses (vaya usted a saber), es que han perdido ustedes una gran ocasión de hacer una campaña de promoción positiva, convirtiéndose en un lugar de culto para el mundo geek. ¿A quién no le gustaría decir en la oficina aquello de "me voy de vacaciones a Batman"? "¿y esas fotos del viaje de novios, él vestido de robin y ella de catwoman? ¿cuánto podría molar crear un bar heavy allí que se llame "la batcueva"? ¿simplemente hacerse la foto junto al letrero de la ciudad? En fin, que muy poca visión comercial, estos amigos turcos.
pd: el guión de la peli, por cierto, ya está disponible online. Concretamente aquí.
De pequeño uno de mis libros de cabecera (junto con "Cuentos por teléfono" y "Mi abuelo el pirata") era "El viaje en globo de Guillermo". La historia era tan sencilla como un niño que ataba todos los globos que le regalaban por su cumpleaños a su cama, y por la noche atravesaba el tejado y salía volando con ellos.
Pues bien, a esta idea le han dado una vueltecita los chicos de Pixar, y nos presentan Up, la historia de Carl Frederickson quien, para evitar perder su casa, la llena de globos y se va con la música a otra parte.
En una carambola inesperada, me veo obligado a reflejar dos noticias -como suele ser habitual, una buena y la otra mala- directamente ligadas con los últimos posts de este mi blog.
La buena: que según leo en la prensa, el censor de los de antes, que respondía al nombre de José Juan Bartolomé, ha dado con sus huesos en la puta calle. La noticia dice que le han botado no por retirar una campaña perfectamente legal, sino por saltarse la cadena de mando. España es así.
La mala: si ayer hablaba de Jurassic Park, hoy leo estupefacto que Michael Crichton se ha muerto. Yo nunca fui fan de su obra literaria -la misma novela de JP es un tueste XL-, pero sí creo que ha aportado un montón a la ciencia ficción de los últimos veinte años. En fin, que te vaya bonito allá donde andes, Michael.
Como lo oís. Leo en El Mundo que se ha encontrado el mayor yacimiento de ámbar del Cretácico en la cueva de El Soplao, en mi Cantabria natal:
"Devastadores incendios en el Cretácico inferior en la actual Cantabria forjaron el mayor y más fructífero yacimiento de ámbar de Europa. Hace 110 millones de años, las exudaciones de resina de las coníferas que crecían en las tierras emergidas se calentaron súbitamente con esos fuegos, y en su caída hacia la tierra atraparon numerosos insectos que hoy se pueden ver en fragmentos de ámbar recién recuperados.sto ha ocurrido hace sólo unos meses.
El viernes pasado terminaron su primera excavación de sólo 15 días. Lo hallado es una joya. No sólo se trata de un ámbar de color púrpura inédito hasta ahora, sino que en sólo cuatro días de laboratorio han descubierto siete nuevas especies de insectos. "Cuando logremos analizar el material sladrán un centenar de nuevas especie", declaró Enrique Peñalver, paleontólogo del IGME, una institución dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación."
Como sabéis los que habéis visto la peli -es decir, todos-, el ADN a partir del cual se creaban los dinosaurios salía de mosquitos que les habían picado y se habían quedado atrapados en ámbar. Y por si queda alguna duda, sí, el tiranosaurio vivió en el Cretácico superior.
En lo que tardan en crear los dinosaurios, os recomiendo a todos la visita a la cueva de El Soplao, a mi gusto más espectacular que Altamira, que por otra parte ya no podéis ver. Y para el que tenga lagunas, aquí os dejo Jurassic Park explicada por conejos, que siempre lo dejan más claro.
Todos los que hemos estudiado algún tipo de carrera de comunicación -especialmente los que lo hicimos en la Complu- nos quejábamos de la cantidad de teoría que había que estudiar, y su poca correspondencia con los problemas de comunicación del mundo real.
Ya saldé en parte mi deuda con la Complu cuando creamos la Liga de la Publicidad, pero aún así, nunca está de más contar un caso de comunicación real como la vida misma.
El caso es que hace seis meses, mi señor padre me vino con una idea en la cabeza, que era la de crear un cazatalentos de médicos, de manera que los hospitales y autoridades sanitarias pudieran pedirle que les encontrara un especialista en oncología -por ejemplo- en medio del déficit de médicos que hay en España.
Executive Medical Search, le quería llamar al invento, y para ello me pidió un logo. Al final, después de muchas vueltas, le convencí de que con esa marca no iba a ningún lado, y le hice una contraoferta: de ahí nació Medical Finders.
Total que después de mucho trabajo, marca, logo, icono, mensajes clave, página web, nota de prensa, folleto informativo y la madre que lo parió, la semana pasada fue su puesta de largo, con rueda de prensa en un hotel madrileño y toda la pesca, como mandan los cánones.
Pues en algún punto lo hemos debido de hacer mal, o la peña descodifica los mensajes de maneras insólitas, porque este es el primer email que se recibió en la página web. Insisto, real como la vida misma:
"Necesito cirujano para operaciòn de tiroides,odontologo para revisar dentandura y ver que se puede hacer. Mi correo rasines@rasinescerrajeria.com."
Hay que joderse, cinco años de carrera destruidos en dos líneas de email, y encima sin tildes.
Me he pegado unas últimas 24 horas llenas de cine, así que aquí os pongo lo que he visto:
- Hellboy (la primera): sospechaba que no me iba a gustar. Lo que no sospechaba es que me fuera a parecer repugnante. Hellboy es un personaje nacido en forma de comic, cuya gracia es que es mitad hombre, mitad demonio, y es muy políticamente incorrecto. Pues bien, en manos del Guillermo del Toro (que se confirma como un Tim Burton de la vida) todo se convierte en un festival del maquillaje, el frikismo y el efecto especial de videojuego. Destaco sobre todo al coleguita hombre pez que lee el futuro. Me pasé la película deseando su muerte lenta y dolorosa. Lo dicho, un horror que me lleva a dos conclusiones: a) la segunda parte la va a ver su vieja y b) Del Toro, si no fuera porque va a hacer El hobbit, se sienta junto a Robert Rodríguez en mi salita de directores vetados.
- Superhero movie: parodia de las películas de superhéroes. Humor grueso, de las escuela de Agárralo como puedas. Lo mejor, sin duda, la presencia del ídolo Leslie Nielsen, absolutamente genial cuando le dice al prota "todo poder acarrea... un montón de zorras".
- Death race: Jason Statham debe ganar una carrera mortal para escapar de la cárcel y vengarse de los asesinos de su mujer. Con semejante premisa, el que la vea voluntariamente y se venga quejando, es directamente gilipollas. A mí me ha gustado... y más porque no he pagado entrada de cine por verla.
- Quantum of solace: el nuevo Bond, que no he podido ver el día de su estreno como a mí me gusta. Encima en Francia las entradas no son numeradas, con lo cual he tenido que plantarme 45 minutos antes de la sesión para poder agarrar un buen sitio.
La peli es una continuación directa de Casino royale. Lo único que aparentemente cambia es el director: Marc Forster por Martin Campbell. Digo aparentemente porque hay muchos otros cambios que llevan la película en otra dirección. Por un lado, contratan al director de la segunda unidad de Bourne, que hace lo que sabe hacer: escenas de acción muy realistas pero con un regusto a... Jason Bourne. Por otro, cambian (por motivos evidentes) a la chica. Olga Kurylenko -que está de toma pan y moja, por cierto- da vida a un personaje requetevisto, el de la chica que busca venganza, muy alejado de la complejidad de Eva Green en Casino royale.
Quantum abre con una persecución sensacional. Cuando entran los títulos de crédito, uno se da cuenta de que se ha pasado los tres minutos previos sin respirar. Los créditos, que los ha hecho una agencia de diseño llamada MK12, me parecen flojos, sobre todo comparados con los geniales títulos de crédito de Casino Royale, obra de Daniel Kleinman. El tema principal, Another way to die, de Jack White, me parece correcto, que no memorable.
Quantum, a diferencia de Casino, es una película de 007 al estilo más tradicional. Es decir, menos dialéctica, y más pim, pam, pum. Menos sorpresa, y más déjà vu. Ya no se nos presenta a un nuevo Bond, sino que Daniel Craig ya es el asesino frío y eficiente que siempre hemos conocido. Hasta tal punto es frío, que sólo se acuesta con una chica, y ni siquiera es la amiga Kurylenko, sino la sosaina agente (Strawberry) Fields.
Craig está fantástico como Bond, aunque no queda muy claro -ni para el espectador ni creo que para él mismo- adónde va, ni por qué actúa como lo hace. Lo mejor de la película, sin duda, su relación materno-filial con Judi M Dench, con especial atención a la escena a la que ésta, mientras se desmaquilla en su casa, va dando órdenes a sus los agentes del MI6. El malo, el francés Mathieu Amalric, está más o menos al nivel del Le Chiffre de Casino, quizá un poco menos intimidador, y desde luego que no tiene una escena al nivel de la tortura de Royale.El principal malo, como en el film precedente, es esa organización, llamada Quantum, que viene a ser un Spectra sin las guaridas guays.
El nuevo Bond es, en definitiva, la primera secuela directa de James Bond, con todo lo que la palabra secuela lleva detrás. Y en este caso, Quantum of solace es una montaña rusa que te deja sin aliento, pero en la que al acabar no estás muy seguro de querer volverte a subir.
Una de las primeras cosas que aprendí al llegar a Madrid, hace muchos años ya, es que allí a las bolsas que llevan pipas, maizitos-kikos allí-, cacahué, etc. no se llaman mezcladitos.
Después de esta sabrosa anécdota, allá va el resto de post, que, cual bolsa de mezcladitos, lleva varios temas:
- por un lado, Dexter me sigue inquietando en esta segunda temporada que ya llega a su ecuador. Los personajes secundarios entre flojeras e irritantes, y las subtramas un poco confusas... aunque si llegan hacia donde veo que van, lo mismo cierran bien el tema.
- por otra parte, el otro día entré en mi librería favorita de París, WH Smith, y me encontré de bruces con un nuevo Clive Cussler. Escéptico, eché un vistazo a la portada y, contra todo pronóstico, descubrí Arctic Drift, una nueva novela de Dirk Pitt. No la he empezado aún -Largo Winch atrae mi atención en estos momentos- pero ardo en deseos de hincarle el diente.
- el otro día estuve viendo en DVD Stauffenberg, que viene siendo la versión alemana de la Operación Valkiria que Brian Singer y Tom Cruise llevan dos años para conseguir estrenar. A todo esto, el tema va de un complot de oficiales alemanes para asesinar a Hitler. La verdad es que les salió mal de churro. - están echando en la tele Terminator 2. Dieciséis años después, los efectos especiales me siguen pareciendo excepcionales. Por cierto Blaski, acabo de descubrir que el padrastro de John Connor es George Mason!
- es oficial: he traicionado uno de mis videojuegos de referencia, el PES, y me he pasado al Fifa. De momento, estoy encantado. El próximo paso, la creación de mi yo futbolístico virtual...
- este finde pinta bien. Tenemos (creo) el estreno de Quantum of Solace -que by the way está siendo masacrada en las primeras críticas- y fiesta de Halloween. Con mi disfraz de Clark Kent de baja, creo que apostaré una vez más por la innovación más absoluta.
Todos hemos recibido algún vídeo alguna vez que te mandaba un amigo diciéndote cómo mola, mira esto, haz click en tal sitio... Pues bien, eso se llama, cuando hay una marca de por medio que paga el vídeo, marketing viral.
El marketing viral consiste en desarrollar ideas contagiosas, que una vez lanzadas a internet deberían, idealmente, transmitirse como el virus de la gripe, de persona a persona, aumentando su difusión exponencial y gratuitamente.
Normalmente las mejores campañas de marketing viral son ideas muy buenas realizadas de una manera muy sencilla, que triunfan por a) son graciosas o b) son inesperadas. Lo que a mí me alucina es precisamente cómo saber si una idea va a cuajar o no. Internet es bastante impredecible, y me parece casi imposible saber a priori qué va a tener éxito y qué no. Quizás por eso las agencias de publicidad inteligentes venden este tipo de iniciativas con una cláusula que dice "si no consigue 100.000 visitas, no cobramos".
A continuación os pongo una serie de ejemplos de vídeos exitosos en internet. Primero, un vídeo perteneciente a la última campaña de Diesel, que está pegando mucho últimamente y que me descubrió el gurú del marketing J Coverletter:
Después, este vídeo del limpiador Cillit Bang, curiosamente no pagado por nadie y hecho por un espontáneo, que ha cosechado 2 millones de visitas sólo en YouTube
Y finalmente, el más raro de todos, este de una ardilla/nutria/marsopa con oscuras intenciones, y más de 11 millones de visionados
Ayer estuve viendo Tropic thunder, que en España vaya usted a saber cómo se llamará. Es una comedia descerebrada sobre la historia del fallido rodaje de una película sobre la guerra de Vietnam. Toma jeroma.
Fui sin mucha convicción, porque la experiencia me decía que Ben Stiller, como intérprete a sueldo muy bueno -Algo pasa con Mary, Los padres de ella-, pero como intérprete-realizador -Zoolander-, regulero. Pues bien, en esta ocasión, se confirma que el amigo Ben se diluye cuando se autorrealiza. La diferencia en este caso, y el motivo por el que Tropic thunder funciona, está en los actores que le rodean: Robert Downey Jr, haciendo de actor rubio con ojos azules que se somete a una operación para ser negro e interpretar a un sargento de Vietnam -"yo no leo el guión, el guión me lee a mí", proclama-; Jack Black haciendo el papel de estrella hollywoodiense obesa y heroinómana y, sobre todo, Tom Cruise dando vida a un productor de cine judío. Impagable la actuación de Tom Cruise. Me atrevo a decir que justifica por sí mismo el precio de la entrada.
Otro punto buenísimo son los tráilers falsos al principio de la película, en la que se nos presentan a los actores de Tropic thunder. Es complicado de explicar, pero es absolutamente genial. Os pongo el que más sinvergüenza me pareció, Satan's Alley, con Tobey Maguire y Kirk "robertdowneyjr" Lazarus.
En definitiva, una comedia un poco extraña desde el punto de vista narrativo, pero llena de guiños, giros absurdos, bromas pesadas y mucha, mucha, mala baba.
La figura del censor siempre me ha llamado la atención. uno, que nació ya en democracia, no se hace a la idea de esa persona que tenía que dar su visto bueno a la publicación de textos, la realización de películas y en general, la circulación de ideas.
Se suponía que, desde hace una temporada, estos personajes habían desaparecido. Pero no. Simplemente han mutado, se han hecho intangibles, virtuales. El más grande y peligroso de ellos se llama Google, y es el dueño legal de este blog.
Pero hoy quería hablar de censor de los de antes, que se esconde tras el título de subdirector general de Medios Audiovisuales del gobierno español, lo que sea que eso quiere decir. Y el caso es que este señor ha decidido que la nueva campaña de la agencia Remo para Mitsubishi no tiene como fin vender coches, sino que claramente “incita a los niños a cometer delitos”.
Mi conclusión, a la vista del anuncio, es que hay que ser verdaderamente gilipollas para emitir semajante dictamen. Es como si por culpa del niño que el otro día se tiró por la ventana con una máscara de Spiderman, se prohibieran los comics de superhéroes.
Soy muy fan de la libertad de expresión, y más cuando a publicidad se refiere, y me jode porque me imagino a ese señor censor, gris, mediocre, frustrado, detrás de una mesa de madera en su despacho con vistas a ninguna parte, sonriendo satisfecho mientras rellena su informe bajo algún membrete del Estado. El muy cabrón.
La publicidad vive de ideas. Ideas que comunican, ideas que conectan con otras ideas, ideas que hacen que la gente piense, ría, llore o compre. ¿Qué pasaría si un día nos quedásemos sin ideas? El problema es doble. Ya no es sólo el hecho de que cada vez hay menos cosas que queden por hacer (el amigo Atilakis puede constatar eso cada vez que se enfrenta a un nuevo briefing), sino que además es muy difícil que una idea que tú tengas no la haya tenido nadie antes. Por eso, cuando alguien tacha a una campaña o a una imagen de ser una copia -me acuerdo ahora de la masacre que sufrió la M de Movistar, que si era como Ono, que si se parecía a nosequé compañía australiana, etc.- yo siempre soy escéptico, porque si los creativos tuvieran -tuviésemos- que pasarnos la vida mirando lo que ya está hecho, al final no tendríamos tiempo de hacer lo nuestro. Sin embargo hay casos flagrantes, como el que os pongo a continuación. La historia es que Nike acaba de sacar esta campaña, que está fenomenal...
... si no fuera porque Adidas sacó esta otra... el año pasado:
En este caso no hay manera de que el creativo trabajando para Nike -asumo que Wieden and Kennedy- defienda la innovación de su campaña. Y si yo fuera Nike, estaría bastante cabreado con mi agencia.
Pues sí, contra todo pronóstico, mi viejo ordenador de casa se ha recuperado de lo que parecía una muerte anunciada, y por lo tanto por fin puedo escribir en una pantalla de más de siete pulgadas.
Poca novedad en la Ciudad de la luz. Fin de semana sin fútbol decente que llevarse a la boca, la alternativa fue reunión de amigos en casa con visionado colectivo de "You, me and Dupree" incluida. Me mantengo en mi opinión de que Owen Wilson no es más que el secundario cómico de Ben Stiller, y nunca jamás una cabeza de cartel.
Hablando de películas, el finde pasado vi "La môme", la biografía de Edith Piaf, diva por excelencia de la canción francesa de la primera mitad del siglo XX. Muy recomendable, eso sí es francés subtitulado, nada de doblajes raros.
Y siguiendo con el tema cine, he cazado por ahí el tráiler de Transporter 3, que tiene una pinta francamente prometedora como película de acción europea, y que creo que terminará de confirmar -si es que hiciera falta- la condición de Jason Statham como relevo de los cláaasicos Arnie, Sylvester, Van Damme, etc. como super estrella del mamporro.
La semana pasada estuvimos en el histórico debut de nuestro Racing en Finlandia. El partido fue una auténtica mierda, pero la verdad es que el fútbol, esta vez, fue lo de menos. Allí fuimos Marcos, su hermano Rufi y yo mismo a pasear las bufandas verdiblancas -las mismas que tenemos desde 1992- por allende los mares. Quién nos lo iba a decir cuando hace no tanto veíamos partidos de copa del rey contra equipos de segunda b los miércoles por la noche, armados con una manta -verdiblanca- y un bocata de jamón con tomate...
En fin, que tanto éxito tuvimos -el caso de cuernos de Marcos le ha convertido en un crack mediático- que El Diario Montañés, ese prestigioso medio que cubre la apasionante vida de nuestra región, no pudo por más que rendirse a la evidencia y sacarnos en su edición del viernes pasado.
Ahora viene lo divertido: próxima estación, París Saint Germain-Racing de Santander. 27 de noviembre, Parque de los Príncipes de París. El partido del año. Qué coño, de la década. Ya tengo la casa llena para esa fecha, y si en Helsinki estuvimos 500, en París no me parece descabellado que nos juntemos tres o cuatro mil. La que se va a liar... otra vez.
Leo en Coming Soon que algún genio genial ha pensado que la mejor idea para sustituir Smallville, esa serie que habla de la infancia de Superman, es hacer una llamada The Graysons que cuente la vida de Robin, el coleguita de Batman, antes de ser Robin.
Sin entrar en debates sobre si la serie es pertinente o no, que claramente no lo es, lo que me interesa es hablar de este infausto personaje, sin duda uno de los más abyectos de la historia del cómic.
Para empezar, su creación en 1940 fue producto de una maniobra marketiniana para acercar la serie a los adolescentes americanos. De esa manera, El caballero oscuro pasaba a ser acompañado de El chico maravilla (aquí no hay error de traducción que valga, es The boy wonder" en el original) en lo que pasó a llamarse El dúo dinámico.
La historia de Robin es la de Dick Grayson, el hijo de unos trapecistas de circo asesinados que es adoptado por Bruce Wayne. Más adelante, en 1983, Dick Grayson se independiza (a los 43 años, ya está bien!) y Jason Todd, un joven mucho más impulsivo, rebelde y ochentero, rellena su hueco.
Hasta que en 1989 DC comics creó una línea 900 para que los lectores decidiesen si Robin debía morir. El resultado fue, por poco margen, que sí. Así que nuestro querido Joker, en uno de los momentos más grandes de la historia del comic, se lo ventila. Tremendo momento... si no fuera porque unos años más tarde decidieron que un panoli llamado Tim Drake sería el nuevo chico maravilla.
Siempre ha existido el debate sobre si Batman en realidad lo que quiere no es un compañero de hazañas, sino un efebo. Sin entrar en ese debate, sí que pongo aquí una fotografía incriminatoria para que decidáis vosotros mismos.
En cualquier caso, más valdría que fuese su efebo y se pasase el día paseando su tanga por la batcueva, y así nos dejara a todos leer las aventuras de Batman en paz.
Tengo que confesar algo: soy un tío chachi. El otro día mi prima Julia me explicó que lo super guay ahora, el equivalente a Parchís en los 80 o las Spice Girls en los 90, se llama High School Musical.
Tras dos entregas directas en DVD y varios vídeos en youtube con millones de visitas (uno con 26 millones concretamente), un genio en Disney ha pensado en estrenar la tercera parte directamente en cine. Y yo, como soy un tío chachi al loro de las novedades novedosas, pienso verla. Por lo civil... o, si mi ordenador tiene a bien, por lo criminal.
Os dejo el trailer por si alguien no conoce el rollo... No perderse el tema en la pista de baloncesto. Fijo que Dani o el Chucho hacían cosas parecidas.
Llevo una semana sin escribir en este mi blog. El motivo es doble, por un lado tuve viaje express a Madrid, donde mi abuela nos dio un sustito previo a su 93 aniversario, y por otro porque al volver a Paris, mi ordenador estaba en panne, o lo que es lo mismo jodido. El caso es que tras descubrir que era un problema de la tarjeta de imagen, la he desenchufado y se ha arreglado... por unos momentos, puesto que inmediatamente ha vuelto a fallecer.
De manera que escribo desde mi Asus, que es estupendo en una sala de espera de un aeropuerto, pero como ordenador principal deja un pouito que desear. Ahora me toca ahorrar para renovar hardware.
Como respuesta a las maravillosas campañas de Mac que llevan varios años dándole sopas con ondas a la compañía de Bill Gates -y consecuentemente cuota de mercado a la de Steve Jobs-, Microsoft contrató a Crispin+Porter+Bogusky para hacerles una campaña (re)lanzamiento de Windows Vista. "I'm a PC" es el resultado de tan ambicioso proyecto. Y, qué queréis que os diga, a mí me deja un poco igual.
Para darle más aliciente al tema, resulta que se ha publicado en Apple Insider que el spot está editado... en un Mac! Me suena a bulo, pero por si acaso Microsoft ya ha retirado el vídeo comprometedor.
"Nosotros ser Europa", reza el título de este post, según el pobretón diccionario inglés-finlandés que hay disponible por la patilla en internet.
Pues sí, como ya narraba hace unos meses en estas mismas líneas, este año tenemos como principal novedad novedosa en el terreno de lo futbolístico a mi Racing de Santander que juega competición europea por primera vez en 95 años de vida.
Ayer tuvimos el debut en la UEFA, y fue nada menos que contra el todopoderoso Honka Espöo finlandés, un club de solera incuestionable y palmarés similar al de Juventus, Barça o Borussia Moenchengladbach. Total, que ganamos 1-0 con golito del chaval Pereira (163 centímetros sobre el nivel del mar).
Así que nos hemos calentado, 95 años esperando son muchos, y el día 2 de octubre nos liamos la manta a la cabeza para ir a ver la vuelta a Helsinki Marcos, su hermano Rufi y un servidor.Quién nos lo iba a decir, nosotros ser Europa.
Pues resulta que los cerveceros neozelandeses de Speights recibieron una carta de un kiwi (gentilicio cariñoso de los neozelandeses) que vivía en Londres y, oh campos de soledad, oh mustios collados, no podía beber su cerveza favorita. Y entonces a alguien, clin, se le encendió la bombilla. Y el resultado es éste:
Si uno se fija en el lateral de este mi blog, verá que uno de los links está dedicado a un blog llamado Renaldinhos y Pavones. Según los creadores de esa web, un renaldinho es un futbolista extranjero que llega a España con ínfulas de crack y acaba estrellándose, mientras que un pavón es una futura promesa que acaba arrastrándose por las categorías inferiores de nuestro fútbol. Pues bien, el concepto del pavón es perfectamente extrapolable a otros dominios de la vida. Y como muestra, allá va el objeto de este post. El gran pavón del cine mundial se llama Kevin Smith.Kevin Smith firmó a principio de los 90 el que para mí es -junto a Duel, de Spielberg, aunque originalmente éste era un TV film- el mejor debut cinematográfico ever. Clerks, la pseudo autobiografía de la vida de Smith como trabajador en unos ultramarinos en Nueva Jersey, era un obra brillante, con un guión sensacional y unos diálogos que podían competir con los que se saca de la manga el amigo Tarantino:
Randal: Embolism in a pool.
Dante: What an embarrassing way to die.
Randal: That's nothing compared to how my cousin Walter died.
Dante: How did he die?
Randal: He broke his neck.
Dante: That's embarrassing?
Randal: He broke his neck trying to suck his own dick.
Después de ese fenomenal debut, Smith hizo otras dos buenas películas, quizás menos brillantes -y sorprendentes- que Clerks, pero igualmente buenas: Mallrats y la favorita de mi primo Álvaro Persiguiendo a Amy. Parecía que la carrera de Smith iba para arriba, que lo tenía todo para ser uno de los nuevos directores jóvenes de Hollywood y entonces... nada.
Desde 1997, año del estreno de Persiguiendo a Amy, Kevin Smith ha sido incapaz de hacer otra película que merezca la pena no ya pagar su entrada en el cine, sino ser vista. Tampoco le ha ayudado su amistad con otro pavón del celuloide como Ben Affleck, aunque para mí el punto más bajo fue caer en el error de hacer una secuela de Clerks tan innecesaria como Indiana Jones y... bueno, la última de Indy de cuyo nombre -lo juro- ya no me acuerdo.
Todo esto viene a cuento de que Kevin Smith contraataca con Zack and Miri make a porno. El primer poster, aquí reflejado, ha sido rechazado por la censora americana Motion Picture Association.
Así que Smith, ni corto ni perezoso, ha sacado una versión b para ver si se la aceptan. Minipunto para Kevin. Ya me ha convencido para pagar la entrada del cine. Otra vez.
Pues menos mal que la piratería estaba acabando con el cine. 966,692,764 dólares ha ingresado globalmente The dark knight, la última de Batman. Se confirma mi teoría de que, cuando una película vale la pena de verdad, poca gente prefiera verla en una pantalla de catorce pulgadas.
Hablando de, ejem, piratas, ayer vi el primer episodio de la tercera temporada de Dexter. Episodio bastante intrascendente, la verdad, aunque siempre es un placer volver a las andanzas de nuestro psicópata favorito. Hoy, Prison Break temporada cuatro. Y última, parece obligado añadir, a tenor de los resultados de audiencia que está teniendo. Y el mes que viene -ya casi puedo sentir su aliento en mi cogote- Jack is back! Mírale en la foto como viene corriendo!
El otro día caminaba por el borde del Sena cuando una avalancha humana de gente vestida de blanco con viseras amarillas se me echó encima. Por los estandartes y las pintas, lo primero que pensé fue en un batallón de fantasmas que se iba a las Cruzadas. Pero no, era las hordas que fueron a ver a Benedicto XVI (luego se quejan de que Loca academia de policía tenía muchas secuelas).
Hoy he leido en el periódico que, después de visitar París y Lourdes, el Papa ha dado a Francia por bendita y se ha largado con la música -y los fieles- a otra parte. Me quedo mucho más tranquilo.
Después de enterarme de que "Quantum of solace" -el título de Bond 22- viene significando "un poco de calma", y aún sin terminar de entender si aspiran a que la gente memorice ese título, nos llega el segundo tráiler de la peli, que promete dos cosas: acción à la Bourne pasado de Red Bull y, sobre todo, la vuelta de la partitura original de 007. Atención amigo Blaski a la escena en la que Bond aterriza sobre una cúpula de cristal en medio de una pelea y la cámara... va detrás. Brrrutal.
Sentado frente a la puerta de embarque de mi vuelo Barcelona-Paris escribo estas lineas, totalmente desconsolado ante lo que es, una vez mas, un final de verano traumatico. El cierre de verano, que desde que tengo memoria paso en Menorca, siempre tiene esa sensacion agridulce entre la dulce resaca de las fiestas de Mahon y la inmediata vuelta a la rutina invernal. Se da ademas la paradojica casualidad de que la puerta de embarque 33, junto a la mia, oculta tras de si un avion de Vueling que tiene por destino -los caminos de la Fuerza son insoportables a veces- el aeropuerto menorquin. Hoy mientras tomaba el desayuno -una excelente coca de albaricoque- mirando al decimotercer yate mas grande del mundo, reflexionaba sobre lo intensa que me resultan los pocos dias que paso en la isla. Y sonreia, satisfecho, al recordar mi 4-3 al pinpon contra mi primo Obeix (enfrentamiento con solera, como refleja la fotografia) y el 1-4 en el parchis madres contra hijos con el que renovamos titulo hasta 2009... Enorme Menorca y los menorquines, como siempre. El 21 de mayo de 2009 nos volveremos a ver.
Me he pasado una semana en Escocia, adonde me apetecía ir hace tiempo. Y he de decir que mis expectativas se han visto totalmente colmadas y, en varias ocasiones (St. Andrews, OMG), sobrepasadas.
¿Qué tiene Escocia? Pues lo que todos ya sabemos: castillos ruinosos, praderas infinitas, lagos a triscapellejo, macs por todas partes, inglés pronunciado con erre, güisquis miles y minifaldas a cuadros en las tiendas para hombres.
¿Es diferente a Inglaterra? Pues la respuesta es un clarísimo no lo sé. Es muy distinto en cuanto al planteamiento de las ciudades: Escocia tiene una capital muy estilosa, y una serie de pueblecitos encantadores que los ingleses, salvo contadas ocasiones, adolecen. Por otro lado, la comida es muy parecida. O lo que es lo mismo, es tan infame como la inglesa. Me di el gustazo de probar el haggis, una especia de picadillo de morcilla, y me encantó. Pero claro, una semana a base de haggis no la soporta ni William Wallace.
Y hablando de William. Con mucha voluntad integradora, revisé Braveheart antes de salir. Fenomenal película, superior al Robin Hood de Kevin Costner en mi opinión. Lo que pasa es que luego uno llega sobre el terreno y descubre que a) la batalla de Stirling, en la que Wallace le enseña el culo a los ingleses, fue sobre un puente y no sobre un prado; b) los escoceses no empezaron a llevar falda hasta siglos después de William y sus amigos; c) los escoceses dejaron de pintarse la cara de azul para los combates 800 años antes de Wallace y sobre todo d) William Wallace era un paisano barbudo de metro y medio (ver foto), más parecido al Cid Campeador que a Mel Gibson.
Independientemente de eso, lo que más me ha llamado la atención de Escocia es su condición de nación dentro de una nación, y el contraste entre su situación y la situación de Catalunya. En Escocia sólo he visto dos union jacks: una en el castillo de Stirling, y dos, en el castillo de Edimburgo. Ni en los hoteles, ni en los restaurantes, ni por las calles. Nada. Y, sin embargo, todo el mundo hablaba inglés. Con sus acentos. Con sus velocidades. Con sus borracheras. Inglés. Y los que hablan gaélico, o lo que sea el idioma inteligible que gastan en el norte, lo hablan entre sí. Por lo demás, Escocia es, de facto, una nación independiente. Y no he visto ni banderas inglesas quemadas, ni pintadas que reclamen libertad, ni por supuesto escoceses pintados de azul hostigando a la policía.
Me hubiera gustado enterarme en profundidad del tema de los impuestos, las subvenciones y otras levas, pero me temo que tendré que esperar a una próxima visita. Visita que, a la vista de lo fantástica que es Escocia, pienso hacer.
Ayer estuve viendo la última de los más grandes, o lo que es lo mismo, respectivamente Wall-e y Pixar. He de decir que en las últimas películas de Pixar, encuentro que los tráilers son especialmente aburridos. Al ver el primer minuto promocional de Cars, Ratatouille y la misma Wall-e, uno diría que está viendo aquel horror que fue el tráiler de Master and Commander. Si bien en el caso de la peli de Russell Crowe, las dos horas de metraje se hacían más cortas que el minuto promocional, el caso de Cars no era tal: la peli era tan o más aburrida que el tráiler. Otro detalle es que Pixar antes de sus largometrajes, siempre regala un cortometraje que a la vez les sirve a ellos como banco de pruebas. Muchas de sus mejores trabajos -Luxo Jr, Pajaritos- son cortometrajes. Pues bien, en el cine donde la vi, decidieron que total, si pueden poner anuncios en su lugar y sacar plus d'argent, tanto mejor. Maldita publicidad.
El caso es que Wall-e es la historia de una Tierra futuro-apocalíptica en la que sólo queda un robot (concretamente, el que da título al film) que se dedica a recoger la basura que la humanidad ha dejado por el camino. Humanidad, que, por cierto, vive en una enorme nave espacial y se pasa el día sentada en unos sillones voladores comiendo y viendo televisión. La historia cambia cuando llega a la Tierra un nuevo robot encargado de encontrar vida vegetal, y Wall-e cae perdidamente enamorado de ella.
El planteamiento, que por sí mismo tiene bastante rollete he de reconocer, da paso a una película irregular, que alterna momentos de aventura pixariana pura con otros impass romanticoides rozando el aburrimiento con la yema de los dedos.
Huelga hablar de la maestría visual de los chicos de John Lasseter. De hecho, hace poco leí en un libro dedicado a Pixar que en ocasiones, como con la recreación del mar en Buscando a Nemo, tienen que cortarse con el realismo para que los personajes de dibujos sean creíbles como tales. En el caso de Wall-e, es de justicia destacar el uso del sonido, ya que es una peli muda durate su primera mitad, y los ruiditos llevan buena parte de la carga narrativa de la historia. Bravo por Ben Burtt. Me da un poco de rabia cada vez que me pasa (la última vez con Cars, hace dos veranos) pero salí de la sala un poco indiferente a lo que había visto.
Yo diría que la diferencia de Wall-e (y por cierto idem para Los increíbles) con las mejores producciones Pixar, y hablo de Monstruos SA y de las dos Toy Story, es el saber ser funny sin dejar de ser fun. O lo que es lo mismo, que el público se parta de risa Y disfrute. Eso, que creo que es el ADN del pixarismo, la comedia de aventura, falta en Wall-e. Te entretiene, pero no te hace reír. O al menos a mí no me lo hizo.
Ya no es sólo porque su publicidad me parezca sencillamente brillante -que también influye-, pero me estoy planteando seriamente pasarme a Mac. Es más bonito, da menos el coñazo, ocupa menos espacio, es 100% compatible, y no lleva Windows horror a la Vista. Las dos únicas pegas que le veo es a) tener que conseguir el software básico en mi vida (office/photoshop/premiere) y solucionar el tema de ver los partidos del Racing en TVU Player. Creo que esto último lo puedo hacer con el simulador de PC. Así que no sé. ¿Opiniones?
Ramón Martínez fue uno de los impulsores del deporte de la esgrima en España. Desde su gimnasio segoviano, donde impartió clase hasta casi el día de su muerte a los 96 años, muchos tiradores aprendieron allí el arte del sable y el florete. Pongo aquí un artículo que se publicó hace un par de años en El Norte de Castilla sobre Ramón Martínez, tirador de esgrima, segoviano y bisabuelo mío.
Las reglas muy claras
Hombre meticuloso y ordenado, Ramón Martínez Esteve (1888-1984) cuidaba los aparatos gimnásticos como nadie, consciente de que eran su herramienta de trabajo. Lo mismo hacía con los sables para la esgrima. En el gimnasio tenía expuesto al público el reglamento que regía el funcionamiento. Las normas exigían a los pupilos llevar el «traje de trabajo» -no se menciona la palabra 'chándal'-, así como los guantes, la careta y la chaquetilla en el caso de los esgrimistas. Si un alumno invitaba a otra persona ajena a la sala a practicar la esgrima en ella, podía hacerlo, pero «pagará las hojas (de los sables) que ésta rompa». Y continúa: «Los discípulos quedan obligados a pagar las hojas que rompan, tanto en lección como en asalto; como también las que rompa el profesor en su lección o tirando».
La preocupación por el legado de su padre se refleja en las normas que regulan las clases de gimnasia: «Se suplica a los señores alumnos el buen trato de los aparatos, quedando obligados a pagar cualquier desperfecto que ocurra siempre que sea por imprudencia».El primer testimonio escrito que da fe del trabajo del maestro de esgrima José María Martínez en Segovia es un anuncio publicitario incluido en la guía de Pedro Hernández Useros, editada en 1889. Dice así: «Gimnasio médico y sala de armas. 10-Trinidad-10. Segovia. Director: José María Martínez, profesor de esgrima de la Academia de Artillería. Lecciones particulares á precios convencionales. Clases especiales para señoras». Recién diplomado por la Escuela Central de Gimnástica de Madrid, Martínez consiguió ese mismo año de 1889 la plaza de profesor de Esgrima y Gimnasia de la Academia de Artillería de Segovia. Valenciano de nacimiento, el esgrimista se trasladó con su familia y se instaló en la ciudad del Acueducto, donde acabó echando raíces gracias al prestigio que su labor adquirió con los años.
En vista del interés que las disciplinas físicas que impartía despertaron en el entorno de la Academia, don José María decidió abrir un gimnasio particular que, según el anuncio mencionado, primero estuvo situado en el número 10 de la calle Trinidad. Ahí comenzó una historia de casi un siglo que los más viejos del lugar conocen al dedillo.
El maestro es un enamorado de su cometido y, por supuesto, de las materias que ha estudiado en Madrid, y conoce a la perfección los entresijos de la gimnasia, sus dificultades físicas y aplicaciones. A finales del siglo XIX aún no existen las casas de material deportivo, por lo que la imaginación y el sentido común deben ser virtudes innatas en un buen profesor de gimnasia. Cuando abre la sala de armas, el profesor Martínez pone en práctica los conocimientos adquiridos en la Escuela de Gimnástica y diseña los aparatos que necesita para poder prestar sus servicios. Él los idea y los plasma en un papel, pero encarga la fabricación a carpinteros y herreros de Segovia. Después empieza a trabajar y a ganar alumnos y alumnas, porque sus clases también tienen en cuenta a las mujeres. José María Martínez es un adelantado a su tiempo.
La sala particular del profesor de la Academia de Artillería pasó por varios locales antes de su instalación definitiva en el número 3 de la plaza de San Martín, lo que debió suceder hacia 1905 a juzgar por una nota que 'El Adelantado' publica el día 8 de febrero de aquel año: «La nueva sala se ha establecido en la casa que anteriormente ocuparon las oficinas de Telégrafos. Ni es grande ni allí hay lujo. Pero en ella reinan entusiasmo, juventud y fuerza, elementos indispensables para toda buena obra y que aquí se emplean y seguirán empleándose, seguramente, con excelentes resultados». La misma información revela que el gimnasio de Martínez llevaba un tiempo cerrado por ausencia del dueño, aunque este regresó para retomar e impulsar su labor con más fuerza si cabe.
Prueba de su afán de superación es la iniciativa que emprende en diciembre de 1906, cuando pone el gimnasio a disposición de los niños que asisten a las escuelas municipales. Para ello solicita permiso, y el Ayuntamiento se lo concede sin dudarlo. Los escolares acudían de 4 a 9 de la tarde de los días no festivos de los meses de septiembre a mayo, tal y como consta en el Archivo Municipal. Los lunes y los martes asistían los alumnos de la escuela de Martín Chico; los jueves, los de Santa Eulalia; los viernes, los de San Lorenzo en fin, el gimnasio estaba siempre lleno de muchachos.
José María Martínez murió en diciembre de 1912, pero, afortunadamente, la actividad no sufrió parón alguno; su hijo, Ramón Martínez Esteve, que ya entonces contaba con éxitos reseñables en campeonatos nacionales de esgrima, cogió las riendas del gimnasio que el progenitor había dejado con rango municipal. El Ayuntamiento acordó «por unanimidad ( ) nombrarle profesor del Gimnasio Municipal en iguales condiciones que lo desempeñaba su difunto padre (q.e.p.d.). El alcalde: Pedro Zúñiga Otero».
El sucesor
Acababa de nacer 'el gimnasio de don Ramón', nombre por el que fue conocido a lo largo del siglo XX. En 1913, el joven Ramón -tenía 25 años- fija las tarifas para el nuevo curso: «Para abono de diez meses á la clase de gimnasia higiénica, 5 pesetas al mes. Fuera de abono, 7,50 pesetas. Por abono durante igual tiempo á las clases de esgrima y gimnasia, 10 pesetas mensuales, y 15 pesetas para los no abonados».
Desde la plaza de San Martín, don Ramón generalizó el interés por la esgrima, deporte que en la década de 1920 vivió en la ciudad uno de sus momentos más dulces, sobre todo en el entorno de la Academia de Artillería, centro donde también impartía clases el sucesor de Martínez. Señala Juan Manuel Santamaría que la Sociedad Deportiva de la Academia organizó con éxito torneos muy reñidos, como el celebrado en 1927, en el que hubo 28 asaltos de espada y 32 asaltos de sable.
La guerra civil fue un paréntesis en el tiempo que, en el caso de la esgrima, dio paso a un periodo aún mejor. Según Santamaría, la mayoría de los alumnos cadetes de la Academia y de los muchachos de las clases acomodadas practicaron con entusiasmo un deporte que en los años que siguieron a la contienda adquirió un auge inusitado, siempre alrededor del gimnasio de don Ramón. Destacó -no podía ser de otra manera- su propio hijo, Ramón Martínez Roig, campeón de España de sable en los años 1947 y 1949 e integrante del equipo español que participó con escasa fortuna en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960.
Aunque atentísimo a las evoluciones de su hijo, Martínez Esteve siguió entregado en cuerpo y alma al gimnasio y a sus clases de educación física en las escuelas públicas segovianas. Los ayuntamientos franquistas le fueron subiendo los emolumentos que cobraba como funcionario -en 1943 percibía 4.000 pesetas al año-, e incluso le propusieron un convenio «para la prestación de servicios profesionales a las Escuelas de Enseñanza Primaria de esta capital» a cambio de 12.250 pesetas anuales, reto que asumió gustoso en enero de 1953 a pesar de sus 64 años. ¿Cuántos segovianos habrá que aún le recuerden dirigiendo los ejercicios físicos y las carreras de turno en los patios de aquellas escuelas de la posguerra o en las escarpadas laderas del Pinarillo! «Era un hombre delicioso, una pura anécdota por la cantidad de vivencias acumuladas», recuerda Mariano García Carretero, actual profesor del INEF y autor de una tesina sobre el gimnasio de don Ramón. «Llevaba Segovia en las venas y tenía una vitalidad tremenda. Con 80 años manejaba la espada como nadie porque tenía una muñeca prodigiosa que conservó siempre. Era un hombre afable y simpático, pero también con un pronto muy suyo».
Jubilado como empleado del Ayuntamiento en 1958, Ramón Martínez Esteve continuó dando clases en su gimnasio particular de la plaza de San Martín hasta casi el final de sus días. Murió el 11 de junio de 1984, al poco de cumplir los 96 años de edad. El local quedó convertido en un bar.
Quería comentar alguna cosa más de Costa Rica, cosa que por cuestiones de tiempo y otras actividades varias no había podido hacer hasta ahora.
Por un lado, no me ha dado tiempo a ver nada. O lo que es lo mismo, he cruzado medio mundo para encerrarme en una sala de ocho de la mañana a siete de la tarde. Ya me pasó en Chicago y me ha vuelto a pasar aquí. Es lo que tiene que te paguen el viaje...
Por lo menos esta vez compré -en la tienda del aeropuerto, entiéndase bien- un imán de nevera para la colección familiar (¿?) y una camiseta que dice "no army since 1948. Costa Rica, pacific republic" que me hizo gracia.
De lo que he podido ver, gente muy amable, amaneceres a las cuatro y pico de la madrugada, coches bien japoneses, bien bemeuves, anocheceres a las cinco de la tarde, mucha -MUCHA- vegetación, tortillas de trigo por todos lados y a cualquier hora y una moneda llamada Colón que es un fraude, porque en dólares se puede pagar desde una pizza hut a domicilio hasta el impuesto que te hacen pagar por salir del país, que por cierto te hace una gracia y una ilusión que no veas.
Qué más... en el apartado anécdotas tenemos a) la nota de la lavandería -foto-, que fui incapaz de completar por no saber la diferencia entre un bloomer y un brassier... y qué diablos quiere decir cada uno de estos términos; y b) la cantidad de veces que pude repetir el verbo "coger", de manera que más de uno por allá piensa que los españoles somos unos pervertidos que sólo sabemos hablar de sexo.
En fin, que volveré algún día, tarde o temprano, sin un colón en el bolsillo, el despertador puesto a las cinco de la mañana y una cámara de fotos para retratar volcanes, tortugas y playas. O lo que sea que haya en Costa Rica.
Apenas aterrizado de Costa Rica, dejo mis cosas en casa, echo un sueñecito reparador... y me voy al cine. La película del año me esperaba: el retorno de Batman y, sobre todo, la rentrée en escena del Joker, encarnado por primera y última vez por Heath Ledger.
Hacía mucho que no me sentía así al salir del cine. Posiblemente desde Terminator 2. Es muy difícil salir de la sala con la certitud de que acabas de ver una obra maestra.
Y ojo, que no hablo de un género en especial, hablo de "obra maestra" en el sentido más amplio del término.
Todo en The dark knight es absolutamente brillante. La historia, desarrollada por los hermanos Nolan a partir de comics de referencia como La broma asesina o sobre todo el magistral The long Halloween, es sencillamente impresionante. Me he pasado el camino desde el cine hasta casa dándole vuelta a todas las tramas, subtramas, elementos, personajes, etc. sin encontrar un solo agujero, un solo cabo suelto. Y no sólo eso, sino que consigue en todo momento que el espectador considere plausible la historia de Gotham City.
Mucho se ha hablado de la interpretación de Heath Ledger del personaje del Joker. Yo, que siempre pensé que era complicado mejorar el trabajo de Jack Nicholson en 1989, me retracto públicamente. Qué exhibición, qué manejo del cuerpo, qué inflexiones de la voz, que manera de caminar entre el histrionismo y la psicopatía y, sobre todo, qué risa tan... jokeresca. La locura en estado puro.
En la otra esquina, Batman -en un doble papel que Christian Bale clava, aunque no entiendo muy bien por qué habla como a gritos susurrados-, Gordon -un lujo tener un secundario que se llama Gary Oldman-, Harvey Dent -un muy sobrio Aaron Eckhart y un sensacional maquillaje final- y sobre todo Michael Caine, que con apenas otra página de diálogo sigue componiendo un Alfred Pennyworth memorable.
Hay más. La acción, dirigida por el propio Nolan sin segunda unidad ni nada, es impecable y absolutamente verosímil. Desde el atraco al banco hasta la persecución final, pasando por el interrogatorio, el estilo de Nolan -y su inspiración michaelmannista- es difícil de superar.
Un detalle que ya me había gustado en Batman Begins, tres años ha, es la música a cargo de Hans Zimmer y James Newton Howard. En esta ocasión, se superan no tanto gracias al tema principal -una suite basada en la percusión y los graves, muy lejos de las fanfarrias clásicas de las películas de superhéroes- sino especialmente gracias a los silencios. En particular, ese inquietante silencio sonoro que rodea al Joker cada vez que toma la palabra.
En definitiva, dos horas y media de espectáculo en cuchara sopera, una ostentación de maestría cinematográfica, una auténtica iluminación para aquellos que amamos el séptimo arte y, si hay justicia en este mundo, una indiscutible candidata a los Oscar.
La foto ilustra perfectamente mi alucine: as ocho de la morning y un sol de justicia. Me he levantado, y tras ducha y batalla a muerte con una araña, he ido a desayunar. El desayuno fenomenal -y sin embargo gratuito-, pero recordad pequeños satamontes que aqui a las tortitas no les ponen mermelada de fresa, sino salsa picante de la muerte. De momento es todo. Voy a ver si consigo un taxi para ir a ver a los diplodocus.
Pues sí, el próximo sábado 9 me mandan -por motivos exclusivamente laborales, que conste en acta- a Costa Rica.
¿Qué sabemos de Costa Rica a priori? Poca cosa, parece ser la (engañosa) respuesta. Colonia española independizada en 1821 junto con otras muchas, con numerosos volcanes y cuya moneda es el prestigiosísimo colón.
Y sin embargo Costa Rica, sin tener el glamour de otros países, ni dictaduras bolivarianas, ni canal, ni pretóleo, ni carnaval, ni miss universos, ni de nada, tiene sus secretos escondidos.
El principal de ellos, la isla Nublar, situada a 120 millas al oeste de la costa, que la compañía americana Ingen convirtió, allá por 1993, en un parque temático con dinosaurios reales.
Más allá del jurásico peligro de la remota isla, Costa Rica presenta a uno de los jugadores de fútbol más estrambótico de todos los tiempos: Paulo Wanchope. Futbolista de escasa técnica pero mucho mucho gol -como su vecino panameño ,el no menos mítico Dely Valdés-, enchufó goles de todos los colores en Inglaterra, España, Japón, EE. UU. y un largo etcétera. En la foto, una muestra de su estrambótico -y sin embargo eficaz- estilo.
Y Costa Rica, por último, tiene esto que ya de por sí justifica la existencia de dicho país:
Hacía una temporada que quería contar aquí la historia del crucero Indianapolis, uno de los últimos barcos americanos hundidos en la Segunda Guerra Mundial.
El USS Indianapolis partió el 16 de julio de 1944 desde San Francisco hacia Tinian, haciendo escala en Pearl Harbor (foto). En sus bodegas ibas muchas partes de lo que luego sería "Little Boy", la bomba atómica que planchó con raya al medio la ciudad japonesa de Hiroshima.
Una vez entregada la mercancía, el 28 de julio salió con 1.196 hombres a bordo del puerto de Guam hacia Filipinas, desde donde debía partir hacia Okinawa. Jamás llegó a puerto.
En la noche del 30 de julio, dos torpedos lanzados por un submarino japonés le alcanzaron, hundiéndolo rápidamente (en tan solo dos minutos, citan algunas crónicas) y matando a unos 300 hombres. Señales de socorro fueron enviadas, pero desatendidas porque, al estar el Indianapolis en misión secreta, los oficiales que recibieron el SOS consideraron que se trataba de una treta japonesa.
Así que ahí tenemos el 30 de julio cuando sale el sol a 800 y pico hombres en mitad del Pacífico sin botes salvavidas -no hubo tiempo de sacarlos- y sin nadie que los venga a rescatar. Como si no fuera suficiente estar abandonados flotando en el océano más grande del mundo, a primera hora de la mañana empezaron a avistarse tiburones. Los escualos comenzaron a dar vueltas alrededor de los grupos de hombres. A las pocas horas, ya había centenares de tiburones esperando su turno.
Finalmente el 2 de agosto, un piloto que sobrevolaba la zona reportó "muchos hombres en el agua", y a partir de ahí se organizó la operación de rescate.
De los más de 800 hombres que cayeron al agua, sólo 317 hombres salieron del agua con vida. Uno de ellos fue el capitán Charles McVay, quien después sería llevado a la corte marcial acusado de haber arriesgado el barco al seguir un rumbo recto y no zigzaguear como dictaban sus órdenes. Finalmente, y ante la declaración del capitán japonés responsable de su hundimiento afirmando que el zig zag no hubiese mejorado las cosas, McVay fue exonerado de sus cargos.
Muchas de las familias de los marineros muertos le culparon del hundimiento, y McVay llevó sobre sus hombros el peso de la culpa hasta que, en la mañana del 6 de noviembre de 1968, el capitán del USS Indianapolis se voló la sien en su casa de Connecticut.
Mientras espero impaciente el momento de hincarle el diente a El caballero oscuro, ayer me pegué sesión de cine superheróico con El increíble Hulk. Cine de verano palomitas-free, que para eso estamos en Francia. Mmmm.
Como alguna vez ya he comentado en estas líneas, Hulk es uno de los personajes de Marvel de segunda fila, muy por debajo de Lobezno, Spider-Man o el Capitán América. Nunca me gustaron sus comics, básicamente porque nunca hubo una historia más allá del doctor que se convierte en monstruo. Jekyll y Hyde en versión radiactiva, para que nos hagamos a la idea.
Después de una primera adaptación al cine por parte de Ang Lee, quizás demasiado pretenciosa desde el punto de vista intelectual (¿tiene conciencia Hulk?, se preguntaba con sus ojos medio cerrados, el director de, oh sí, Tigre y Dragón), pero al menos innovadora en cuanto al uso de viñetas de comic en una película, El increíble Hulk es el intento de llevar la franquicia hacia el terreno del encefalograma plano... que al final es de lo que se trata con semejante personaje. O quizás no.
La peli abre muy bien: en unos títulos de crédito de unos tres minutos te cuentan toda la historia de Bruce Banner (Edward Norton), quien se somete a un experimento que sale mal y le convierte en un bicho verde con muy mala leche. Entonces decide, ante el acoso del ejército, dejar a su novia y huir para aprender a dominar al monstruo. Hop, fantástica intro en tres minutos. Bravo a Louis Leterrier, el director francés a cargo de mover la cámara en esta ocasión.
Después, descubrimos a Banner en una favela brasileña. El plano aéreo que recorre la favela, con miles de casas formando un solo ente en la ladera de una montaña, es acojonante. Ni que decir tiene que descubren el escondite de Banner... de una manera surrealista. Resulta que mientras trabaja en una fábrica embotelladora de guaraná, se hace una herida y un poco de sangre cae en una botella. De entrada, leo en imdb que el plano de la gota de sangre cayendo en la botella se tardó un año en hacer (!), y después resulta que esa botella contaminada le llega a un americano (cameo de Stan Lee) y... el ejército se entera! Ni MacGuffin, ni MacHostias. De alucine, oiga.
Los actores, más allá de Norton, que parece inscrito en la escuela del sosismo de Tom Hanks o Nicholas Cage, están flojetes. Liv Tyler, quien por cierto aparece pasadita de peso y luciendo falda hippie para disimular cadera, intenta repetir la actuación de Jennifer Connelly en el Hulk de 2003. Tim Roth, el malo de la función, no resulta creíble ni como mercenario, ni como monstruo, ni como nada.
Sobre los efectos especiales, que son responsables del protagonista y de su némesis, poco a señalar. Al final hay una batalla anunciada con gran pompa entre dos bichos enormes en el medio de Nueva York. Y sí, ves a dos cosas, una verde y otra amarilla, darse cera que da gloria, ora un coche, ora una cadena, se dan leches hasta en el cielo de la boca, pero no notas que dentro de ellos haya un personaje, un ser humano, una historia, un actor, o lo que quiera que debería haber. En definitva, Hulk me sigue pareciendo increíble, pero no por sus habilidades, sino por su persistente falta de realismo. La cuestión que queda por resolver es si puede hacerse un bicho verde de tres metros de una manera realista...